Movilización contra Syngenta

 


Ciudadanos de zonas fumigadas alzan la voz contra la empresa Syngenta

El sábado 3 de octubre, organizaciones de Francia, Argentina, Kenia y otros países se movilizaron contra las grandes empresas agroquímicas, denunciando lo que describen como "colonización química": la exportación desde países desarrollados hacia el Sur global de pesticidas que incluyen moléculas prohibidas en sus propios territorios.

El sábado 3 de octubre, en una jornada internacional de acción contra los plaguicidas, agricultores y activistas de todo el mundo se movilizaron para denunciar los productos que venden las grandes empresas agroquímicas, que según afirman dañan su salud y destruyen el medioambiente. "Los plaguicidas se fabrican en Francia y se exportan al Sur Global por empresas que saben perfectamente que contienen moléculas prohibidas aquí. Están ganando dinero, no cumplen con las regulaciones francesas y desafían los derechos humanos", afirmó Fleur Breteau, fundadora de Cancer Colère, una de las cuatro organizaciones francesas que organizaron la campaña. A ellas se sumaron agricultores y organizaciones de todo el mundo -desde Pakistán hasta Argentina- que comparten lo que Breteau describe como "colonización química". "Nosotros, los agricultores, debemos unirnos ante el colonialismo químico de estas poderosísimas empresas agroquímicas", dijo Breteau, que atraviesa un segundo episodio de cáncer de mama.

La preocupación sanitaria en Argentina
En Argentina, Agustín Brun, activista de Exaltación Salud -un grupo que lucha contra el uso de pesticidas químicos en Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires, un pueblo rodeado de campos de soja y maíz-, coincidió con ese diagnóstico. "La Unión Europea y China, grandes compradores de nuestros granos, exportan plaguicidas -algunos de los cuales están prohibidos en sus propios países- mientras importan productos básicos a un precio más barato sin tener que enfrentar los costos socioambientales y los problemas de salud que genera la contaminación por plaguicidas en sus territorios", estimó Brun, y agregó: "en otras palabras, esos países están externalizando sus problemas". Según el activista, los países desarrollados "extraen" productos agrícolas de Argentina que benefician principalmente a grandes empresas farmacéuticas y agroquímicas como Bayer-Monsanto o Syngenta. "En mi pueblo hemos encontrado varias moléculas de agroquímicos, incluida la atrazina, en el suelo, el agua y muestras de sangre humana. Hay una alta tasa de cáncer y otras enfermedades crónicas, más elevada en Exaltación de la Cruz que en las ciudades cercanas", relató. Según Brun, un estudio de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario encontró que los habitantes de municipios fumigados con pesticidas tienen 2,5 veces más probabilidades de enfermarse y morir de cáncer que en otras ciudades argentinas. "Lo sentimos en nuestros propios cuerpos, ¿sabés? Varios miembros de nuestro grupo murieron de cáncer", dijo.

La atrazina, en el centro del reclamo
Existen pruebas científicas que relacionan la atrazina con el cáncer: los científicos la describen como disruptor endocrino, con efectos neurotóxicos, teratogénicos y genotóxicos, además de daño hepático y renal. Según Brun, la atrazina fue desarrollada originalmente por Syngenta, uno de los cuatro gigantes mundiales del sector de semillas y pesticidas junto con BASF, Bayer y Corteva, y también uno de los mayores proveedores de plaguicidas en Argentina. La sustancia está prohibida en 60 países, incluida toda la Unión Europea. En 2019, una avioneta roció ilegalmente plaguicidas sobre una escuela cercana a Exaltación de la Cruz. "Los niños y el personal de la escuela resultaron intoxicados y sufrieron daños a la salud", recordó Brun. Tras ese episodio se introdujo una prohibición de fumigación aérea en todo el municipio -no en la provincia-, aunque la organización viene reclamando esa medida desde 2012.

Una movilización en al menos siete países
Exaltación Salud fue una de las organizaciones que participó de la protesta global, con acciones previstas también en Costa Rica, Pakistán, Hawái, Estados Unidos, Bélgica, Indonesia y Kenia. "Nos hemos dado cuenta de que la ira es saludable. Y nos ha llevado a unirnos y a aunar fuerzas. Somos millones y tenemos razón para estar enojados", declaró Breteau. En Francia, la protesta central se realizó frente a una planta de fabricación de plaguicidas de Syngenta en Saint-Pierre-la-Garenne, a unos 100 kilómetros al noroeste de París, con agricultores, pacientes con cáncer, víctimas de contaminación por plaguicidas, trabajadores de la salud, investigadores y abogados. "Cuatro gigantes de la industria de fabricación de pesticidas y semillas -BASF, Bayer, Corteva y Syngenta- han formado una especie de oligopolio en el que ejercen un poder inmenso a nivel mundial. Están patentando organismos vivos y haciendo que los agricultores dependan de sus pesticidas, semillas y tecnología para cultivar alimentos", denunció Breteau. Syngenta fue adquirida en 2017 por la estatal china ChemChina, subsidiaria de Sinochem Holdings.

La respuesta de Syngenta
La empresa declaró a RFI que los agricultores deben poder contar con una diversidad de soluciones y tecnologías para enfrentar los desafíos interrelacionados de la producción agrícola, el cambio climático y la seguridad alimentaria. "Respetamos plenamente el derecho a reunirse y protestar. Sin embargo, organizar una protesta en las instalaciones de Saint-Pierre-la-Garenne parece infundado dada la realidad de sus operaciones actuales: el 70% de la producción actual de las instalaciones es apta para su uso en la agricultura orgánica", dijo un portavoz de la compañía.

La mirada desde Kenia
En Kenia, Susan Owiti, de la Liga de Campesinos de Kenia -una organización que agrupa a unos 5.000 campesinos en transición hacia la agroecología-, señaló que la mayoría de los plaguicidas usados en el país están prohibidos en el Reino Unido. "Quien te alimenta, te controla. La soberanía alimentaria consiste en tomar el control y la propiedad sobre lo que cultivás. Por eso, al volcar sus productos prohibidos sobre nosotros, el Sur Global, quieren tomar el control de nuestros sistemas alimentarios", afirmó. Owiti, pequeña agricultora de Migori, en el oeste de Kenia, describió su propia práctica: "la agricultura agroecológica ha sido una tradición familiar desde que tengo memoria. Utilizo mis propias semillas, preparo mi propio abono y elaboro mis propios pesticidas basándome en los conocimientos que me transmitieron mi abuela y nuestros mayores. No dependemos de las empresas agroquímicas". Según Owiti, los pesticidas que venden las grandes agroquímicas degradan el suelo, afectan la salud de los agricultores y sus familias, y los atrapan en un ciclo de deudas: "como necesitan los pesticidas para las semillas que compran a estas empresas, los agricultores se ven obligados a pedir dinero prestado a los bancos para pagar los préstamos a las empresas de pesticidas". También relató haber visto a muchas mujeres -la mayoría de los agricultores en Kenia- con enfermedades de piel y pulmonares por no usar equipo de protección al manipular pesticidas, y pidió que el Gobierno ponga en práctica la Estrategia Nacional de Agroecología para la Transformación del Sistema Alimentario 2024-2033, lanzada por el Ministerio de Agricultura en 2024.

Una batalla también política
Breteau acusó además a los legisladores de estar bajo la influencia de los gigantes agroquímicos: "hoy se ha cruzado la línea roja y se ha pisoteado la ética. Los legisladores, en su mayoría del centro a la extrema derecha, están poniendo en duda la evidencia científica que relaciona algunos plaguicidas con las enfermedades que causan. Se están aprobando leyes que reintroducen plaguicidas que antes estaban prohibidos debido a su toxicidad para la salud humana". Breteau se dio a conocer en julio de 2025 cuando gritó desde la tribuna del público, durante el debate del proyecto de ley Duplomb -que incluía el levantamiento de restricciones a plaguicidas como el acetamiprid-, que los legisladores estaban coludidos con el cáncer. En octubre, el Parlamento Europeo examinará un paquete legislativo de simplificación sobre seguridad alimentaria que, según Breteau, "autorizará más del 90% de los plaguicidas que se encuentran actualmente en circulación, incluso si los estudios científicos demuestran que son tóxicos", sin posibilidad de retirarlos del mercado después, aunque se compruebe su toxicidad.


Fecha de Publicación: 05/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia RFI 

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