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El acuerdo UE-Mercosur reaviva el debate ecológico

 


El Acuerdo UE-Mercosur reaviva el debate ecológico global ante el riesgo de deforestación y la asimetría de plaguicidas

Fecha de Publicación
: 25/06/2026
Fuente: Prensa Mercosur
País/Región: Unión Europea - América del Sur


La entrada en vigor provisional del tratado comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, prevista para los próximos meses de este año 2026, ha desatado una intensa oleada de alarmas y movilizaciones por parte de organizaciones ecologistas internacionales, que advierten sobre los devastadores impactos ambientales que la liberalización arancelaria podría ejercer sobre los ecosistemas más sensibles de Sudamérica. Las entidades climáticas señalan que la reducción progresiva de impuestos aduaneros potenciará las exportaciones de materias primas agrícolas —las cuales constituyen actualmente más del 70% de los envíos del Cono Sur hacia el mercado europeo—, ejerciendo una presión insostenible sobre la selva de la Amazonía, Argentina, el Gran Chaco paraguayo y el bioma del Cerrado brasileño. Los expertos argumentan que la sostenibilidad del comercio global se encuentra seriamente comprometida si no se instituyen salvaguardas vinculantes con capacidad de sancionar de manera penal la destrucción del ecosistema nativo americano.
El punto de mayor fricción regulatoria radica en lo que los científicos denominan una asimetría química inaceptable en el comercio transatlántico de agroquímicos. El tratado comercial contempla la eliminación de barreras para la exportación de productos químicos de origen europeo hacia los países del Mercosur, incluyendo una alarmante cantidad de pesticidas y plaguicidas altamente tóxicos que se encuentran estrictamente prohibidos dentro de la propia Unión Europea debido a sus comprobados efectos cancerígenos y su impacto destructivo en los polinizadores naturales. Las organizaciones de salud pública y los colectivos ambientales del Cono Sur denuncian este doble estándar moral e industrial, señalando que la región corre el riesgo de convertirse en un vertedero de insumos químicos obsoletos que contaminarán los acuíferos subterráneos y afectarán la salud de millones de campesinos sudamericanos.
Para mitigar estos profundos riesgos de degradación ambiental, las autoridades de la Unión Europea han defendido la próxima implementación del Reglamento sobre Deforestación (EUDR) en el transcurso de este año 2026, una normativa estricta que exigirá a los exportadores del Mercosur demostrar de forma inequívoca que productos clave como la soja, la carne bovina, el café y la madera provienen exclusivamente de terrenos agrícolas libres de deforestación posterior a los años de referencia internacionales. No obstante, la implementación práctica de este reglamento ha sufrido recurrentes postergaciones, flexibilizaciones y modificaciones logísticas debido a la presión de los gremios agroindustriales del Cono Sur, lo que ha sembrado severas dudas entre los científicos globales sobre la verdadera eficacia y transparencia de los mecanismos de trazabilidad satelital que se pretenden aplicar en el terreno comercial diario.
Por otra parte, los analistas de la CEPAL y defensores del acuerdo comercial argumentan que el tratado no debe ser visto únicamente como una amenaza ecológica, sino como una ventana de oportunidad inédita para elevar la gobernanza ambiental de los países sudamericanos. El texto del acuerdo incorpora de manera explícita el cumplimiento de las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del Acuerdo de París como una cláusula fundamental de la relación bilateral. Aunque estas obligaciones carecen históricamente de mecanismos de sanción económica vinculantes directos, los defensores del pacto sostienen que el marco institucional permitirá a los gobiernos del Mercosur acceder a fondos millonarios de financiamiento verde europeo destinados a la reconversión tecnológica y la protección de las reservas boscosas de la región.
Sin embargo, el panorama ecológico se complica aún más ante el auge de la minería extractiva a gran escala, un sector que se verá fuertemente estimulado por la creciente demanda europea de minerales estratégicos y tierras raras necesarios para la transición energética global del norte desarrollado. La búsqueda intensiva de litio, cobre y cobalto en los territorios indígenas de los países miembros del bloque económico está desencadenando una crisis socioambiental marcada por la contaminación de cuencas hídricas críticas y el desplazamiento forzado de comunidades originarias que habitan en zonas de alta fragilidad ecológica. Los líderes indígenas de la Amazonía han manifestado que la supuesta sostenibilidad de los vehículos eléctricos europeos se está construyendo sobre el expolio ambiental de los ecosistemas del sur del continente americano.
Ante este complejo escenario de tensiones comerciales y ecológicas, las agencias ambientales de los países del Mercosur trabajan contrarreloj para diseñar planes de contingencia y fortalecer las agencias de fiscalización forestal nacionales antes de que el flujo comercial masivo se inicie formalmente. El desafío inmediato del bloque regional será demostrar al concierto de naciones del mundo que es capaz de expandir sus fronteras de intercambio económico sin sacrificar el patrimonio biológico de sus territorios nativos. La vigilancia estricta de la sociedad civil internacional y la rigurosidad científica en los procesos de auditoría ambiental serán las únicas herramientas capaces de evitar que el esperado acuerdo comercial se traduzca en una catástrofe ecológica de proporciones globales en Sudamérica.
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El descarte de plásticos gana prioridad en el debate pesquero

 


La contaminación por plásticos en el mar gana espacio en la agenda pesquera regional

Fecha de Publicación
: 04/06/2026
Fuente: Portal Pescare
País/Región: América del Sur 


Países de América del Sur analizaron en Chile estrategias para reducir la basura plástica marina. Argentina presentó medidas aplicadas en la pesca, mientras la FAO destacó un programa que ya recicló más de 12.500 toneladas de redes y cabos en desuso. 
La problemática de los residuos plásticos marinos generados por la actividad pesquera y marítima volvió a ocupar un lugar central en la agenda regional durante el Segundo Taller y Capacitación del Grupo de Trabajo de América del Sur del proyecto GloLitter Partnerships, realizado entre el 25 y el 29 de mayo en Santiago de Chile.
El encuentro, organizado por la Organización Marítima Internacional (OMI) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), reunió a representantes de Argentina, Brasil, Chile, Perú, Ecuador y Colombia con el objetivo de intercambiar experiencias y coordinar acciones destinadas a prevenir y reducir la contaminación por plásticos en los océanos.
La delegación argentina estuvo integrada por personal de la Dirección de Protección Ambiental de la Prefectura Naval Argentina, que presentó las iniciativas nacionales vinculadas a la implementación del Convenio MARPOL y del Convenio de Londres a través de las ordenanzas marítimas vigentes, así como distintas medidas aplicadas en el sector pesquero para la identificación y recuperación de artes de pesca.
Uno de los aspectos más destacados del encuentro fue la presentación del programa Redes de América, impulsado por la Alianza Latinoamericana para la Pesca Sustentable y Seguridad Alimentaria (ALPESCAS), una iniciativa orientada a recuperar y reciclar redes de pesca y cabos en desuso.
Según se informó durante el taller, el programa ya permitió reutilizar más de 12.500 toneladas de materiales provenientes de la pesca y la acuicultura, evitando que terminen acumulados en basurales o ingresen al ambiente marino como residuos contaminantes.
Desde la FAO destacaron la experiencia como un ejemplo de economía circular aplicable a otros países de la región. El Oficial Principal de Pesca y Acuicultura para América Latina y el Caribe, Javier Villanueva, señaló que «iniciativas de este tipo permiten transformar materiales considerados desechos en nuevos productos, reduciendo el impacto ambiental de la actividad pesquera.«
Durante las jornadas también se revisó y aprobó un catálogo regional de iniciativas vinculadas a la gestión de residuos plásticos marinos procedentes de actividades marítimas y pesqueras, una herramienta destinada a fortalecer la cooperación entre los países sudamericanos.
Además, los participantes intercambiaron experiencias sobre sistemas de marcado de artes de pesca, recuperación de equipos perdidos en el mar y mecanismos de monitoreo de residuos plásticos, considerados elementos clave para reducir una de las principales fuentes de contaminación marina asociadas al sector.
Como parte de las actividades, los asistentes recorrieron el puerto de Valparaíso y visitaron las instalaciones de Comberplast, empresa asociada al proyecto Redes de América dedicada al reciclaje y valorización de materiales plásticos provenientes de la pesca.
Durante la recorrida se mostraron las distintas etapas del proceso de recuperación de cabos y redes, desde la recepción del material hasta la elaboración de nuevos productos. Desde la FAO destacaron la experiencia como un ejemplo concreto de cómo las políticas de reducción de residuos pueden traducirse en soluciones productivas y ambientales de alcance regional.
Oportunamente, en nuestro país habían alertado que el problema excede la gestión portuaria y pesquera local, y alcanza una escala global. Cada año, entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos, mientras la producción mundial pasó de dos millones de toneladas en 1950 a 348 millones en 2017 y podría duplicarse hacia 2040. Esa expansión convierte a los residuos plásticos en una amenaza persistente para la pesca, la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria. 
Con el paso del tiempo, estos materiales se fragmentan en microplásticos, partículas capaces de ingresar en la cadena trófica y ser ingeridas por organismos marinos y seres humanos.
A ese riesgo se suma la presencia de aditivos químicos asociados a impactos hormonales, reproductivos y sanitarios, un frente que hoy concentra estudios científicos cada vez más amplios a nivel internacional.
La actividad concluyó con una evaluación de los avances alcanzados por los países participantes, la identificación de necesidades de asistencia técnica y la presentación de nuevas herramientas de cooperación impulsadas por la OMI.
El encuentro dejó en evidencia que la gestión de residuos plásticos marinos se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales para la actividad pesquera y marítima, y que la cooperación regional aparece como una de las herramientas más importantes para avanzar en soluciones que permitan reducir el impacto de estos materiales sobre los ecosistemas marinos.
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Los bosques tropicales en Sudamérica con menos aves

 


Bosques tropicales más silenciosos: por qué desaparecen las aves en Sudamérica y cuál es el riesgo para el ecosistema

Fecha de Publicación
:11/03/2026
Fuente: Portal MeteoRed
País/Región: América del Sur


En los grandes bosques tropicales de Sudamérica están desapareciendo las aves, aparentemente sin motivo alguno. Esto es lo que han descubierto los científicos hasta ahora y cuál es el estado de salud de los grandes pulmones verdes de la Tierra.
Parece que, desde hace unos quince años, la selva amazónica, junto con otros bosques del continente sudamericano, se ha vuelto mucho más silenciosa. En Brasil, así como en Ecuador, Panamá y Perú, el canto de las aves es cada vez más difícil de escuchar, incluso en zonas no afectadas por la deforestación.
Además, según los científicos, las especies migratorias también se han vuelto más raras, aunque no corren ningún riesgo durante sus viajes, por lo que la causa de su desaparición tampoco puede atribuirse a problemas en otras regiones del mundo.
El pájaro músico, el manachino de corona azul y el tucán de garganta blanca son solo algunas de las especies que antes eran muy comunes en los paraísos de la biodiversidad de Sudamérica. El hecho de que su presencia se haya reducido, si no desaparecido por completo, genera una alarma justificada entre la comunidad científica, que lleva años supervisando la salud de esos bosques.

La "enfermedad" de los bosques tropicales
La pérdida de biodiversidad de la fauna avícola en los bosques tropicales no es un problema reciente. Ya en los años 80, el fenómeno comenzaba a ser evidente.
El Proyecto Dinámica Biológica de Fragmentos de Bosque en Brasil, en Manaus, constató que a lo largo de los años no sólo hubo una disminución sustancial en el número de aves, sino que también de setenta y siete especies diferentes capturadas para fines de estudio, el peso de los ejemplares fue menor, lo que probablemente indica un problema de desnutrición. 
Más al norte, en Panamá, en el Parque Nacional Soberanía, el 70 % de las cincuenta y siete especies presentes han disminuido; de ellas, nueve especies han desaparecido casi por completo.
Perú , por su parte, es una anomalía dentro de la anomalía, con una reducción global en línea con la de otros países, mientras que en una pequeña zona a lo largo del río Madre de Dios, parece que el número de aves prácticamente no ha disminuido en los últimos cincuenta años.

Un fenómeno complejo
La desaparición o reducción drástica de las aves no parece ser consecuencia directa de la intervención humana. De hecho, el fenómeno ocurre incluso en las zonas más remotas, donde no se utilizan pesticidas ni se talan árboles.
La hipótesis más probable, por tanto, es que la causa de todo es el cambio climático, que no sólo está diezmando la población de aves, sino que está provocando una reacción en cadena perjudicial para todo el ecosistema.
Además, en algunos bosques están desapareciendo todas las aves y en otros sólo algunas especies parecen estar disminuyendo, lo que todavía plantea nuevos interrogantes.
Las especies más afectadas por el fenómeno son las que se alimentan de insectos y cazan en el suelo, como el oso hormiguero de cabeza roja y el lancero de cola negra, pero, aunque en menor medida, las especies no insectívoras también están en riesgo.

El experimento más reciente
En 2024, un experimento de la George Mason University con la U.S. National Science Foundation utilizó tuberías de tres kilómetros de largo para regar una zona de la selva de Manaos, recreando los niveles de humedad de la década de 1980.
Durante el primer año de observación, las aves mostraron un menor grado de desnutrición. Al año siguiente, las lluvias fueron mucho más abundantes, lo que hizo innecesario el riego artificial.
En ese año volvió el pequeño pájaro músico, pero los ejemplares capturados y analizados (que luego fueron inmediatamente liberados) mostraban signos de malnutrición.
El experimento aún no ha proporcionado datos completos pero demuestra que en cualquier caso los pájaros necesitan humedad para alimentarse y en consecuencia para poder reproducirse.

Las causas y consecuencias de la desaparición de las aves
Un aumento de las temperaturas de alrededor de 1 °C, largos períodos de sequía que provocan una reducción de las precipitaciones de alrededor del 7 %, alternados con lluvias excesivamente intensas, se consideran las principales causas del problema.
A pesar de la protección natural que brindan las copas de los árboles, el cambio climático parece haber llegado incluso a las partes más internas de los bosques, desestabilizando un ecosistema normalmente no expuesto a ningún tipo de inestabilidad y, en consecuencia, menos preparado para adaptarse.
En los bosques de Panamá, las temporadas secas se han vuelto más largas y calurosas en los últimos quince años, lo que dificulta la reproducción de las aves. Por el contrario, en Ecuador, el exceso de lluvias está provocando una disminución de las poblaciones de insectos, lo que dificulta que las aves encuentren alimento, similar a lo que ocurre en Costa Rica. 
Aunque todavía hay estudios en curso, la conclusión más aceptada es que el número de aves está disminuyendo debido a una combinación de varios factores y que el daño se extiende incluso más allá del riesgo de extinción de especies individuales: con la polinización reducida de las plantas y la imposibilidad de dispersar sus semillas, los bosques no pueden regenerarse.
En ausencia de aves depredadoras, la población de insectos también crece drásticamente, alterando aún más el equilibrio que mantiene vivos los bosques.
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Buscan declarar al Mercosur libre de trofeos de caza

 


El Parlasur debatirá en Córdoba un proyecto con apoyo de más de 70 ONG para declarar al Mercosur libre de trofeos de caza

Fecha de Publicación
: 09/03/2026
Fuente: Portal PrensaMercosur
País/Región: América del Sur


El próximo 9 de marzo, en el marco de las sesiones ordinarias del Parlamento del Mercosur (Parlasur), se tratará un proyecto impulsado por el parlamentario santacruceño Franco Metaza y elaborado por la ONG cordobesa Pumakawa. La propuesta busca declarar al Mercosur como “zona libre de tráfico de fauna y trofeos de caza”, y ya cuenta con el respaldo de más de 70 ONG sudamericanas agrupadas en el Observatorio de lo Silvestre.

Objetivos del proyecto
La iniciativa pretende que los países del bloque implementen políticas públicas para prohibir la comercialización de fauna silvestre y trofeos de caza (cabezas, cuernos, plumas, pieles). Aunque las leyes del Parlasur no son vinculantes, funcionan como recomendaciones que pueden ser adoptadas por los Estados miembros.
Este proyecto se enmarca en una tendencia global hacia la protección de la biodiversidad y la limitación de prácticas que generan impactos ecológicos, sociales y éticos.

Antecedentes en Argentina
En 2022, la Resolución 133/2022 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible prohibió la importación, exportación y tránsito interjurisdiccional de trofeos de caza de especies autóctonas.
También cerró la posibilidad de habilitar criaderos con fines cinegéticos, buscando frenar la explotación comercial de fauna nativa.

Impactos de la caza de trofeos
La caza de trofeos es cuestionada por:
- Impacto ambiental: elimina ejemplares adultos reproductores, debilitando la estructura genética de las poblaciones.
- Impacto social y ético: la mayoría de la población latinoamericana rechaza esta práctica. En Argentina, el 90 % de la sociedad se manifiesta en contra, con porcentajes aún mayores en especies amenazadas.
- Impacto cultural: campañas y muestras como Naturaleza Muerta. Trofeos de Caza visibilizan la violencia y dominación detrás de cada trofeo exhibido.
El 9 de marzo se discutirá la importancia de declarar el Mercosur libre de tráfico de trofeos de caza y fauna silvestre.

Crisis de biodiversidad en Sudamérica
Entre 1974 y 2024, las poblaciones de vida silvestre en América Latina y el Caribe disminuyeron un 95 %, la cifra más alta a nivel global.
- El tráfico de fauna silvestre es el cuarto negocio ilícito más lucrativo del mundo, con ganancias de hasta 20.000 millones de dólares anuales.
- Especies más afectadas: aves canoras, reptiles, primates y grandes mamíferos como el jaguar.
- Mortalidad extrema: el 90 % de los animales muere durante la captura y traslado.
- Países clave: Ecuador y Perú destacan en casos de caza furtiva y exportación ilegal.
- Destinos internacionales: España y Países Bajos figuran entre los principales importadores de aves ilegales desde Sudamérica.

Casos emblemáticos
- Jaguar (yaguareté): redes ilegales en Argentina y Bolivia cobraban hasta 50.000 dólares por ejemplar.
- Argentina como importador: ocupa el puesto 23 mundial en importación de trofeos de caza. Entre 2020 y 2025 ingresaron 456 trofeos, principalmente de elefante africano, león y cebra.
- Regulaciones locales: mientras provincias como Neuquén autorizaron la caza de pumas, aerolíneas como Aerolíneas Argentinas prohibieron transportar trofeos en sus vuelos.

Marco legal y sanciones
En Argentina, la Ley 22.421 de Conservación de la Fauna establece penas de hasta 3 años de prisión por tráfico organizado. La propuesta del Parlasur busca extender este tipo de medidas a nivel regional, reforzando la cooperación entre países.
La declaración del Mercosur como zona libre de tráfico de fauna y trofeos de caza sería un paso histórico en la defensa de la biodiversidad sudamericana. Más allá de su carácter no vinculante, el proyecto refleja un mandato social y ético: terminar con prácticas que representan crueldad, desigualdad y degradación ecológica.
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El Acuerdo UE-Mercosur cuestionado por temas ambientales

 


Acuerdo UE-Mercosur: ¿Cómo afecta al medioambiente y a la biodiversidad?

Fecha de Publicación
: 19/01/2026
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: Unión Europea - América del Sur


Grupos medioambientales como Greenpeace o Ecologistas en Acción temen que el histórico Acuerdo comercial UE Mercosur aumente la deforestación y las emisiones, y sostienen que «pone en peligro la naturaleza».
Tras más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea (UE) dio luz verde al Tratado entre los 27 y los países del Mercado Común del Sur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) en medio de las protestas del sector agrícola en Europa.
Entre las inquietudes de los agricultores figura que ese pacto comercial derive en importaciones baratas de productos provenientes de Sudamérica que no respeten las normativas ecológicas y de seguridad alimentaria por las que se rige el bloque.
Un portavoz de Greenpeace, Miguel Soto, explica a EFE por qué un acuerdo que permitirá la creación de una de las mayores zonas de libre comercio del mundo al suprimir aranceles acarrea elementos nocivos desde un punto de vista ecológico. En este sentido, recuerda que «la misma UE reconoce que va a incrementar la deforestación».
Dentro de las particularidades del polémico pacto que pondrán en jaque al medioambiente, Soto alega que dará «otra vuelta de tuerca más al mundo de los polinizadores, que ya están suficientemente en crisis» al exponerlos a más químicos, con la potencial amenaza a su biodiversidad.
Menciona también el potencial conflicto que se generará entre el tratado y el reglamento europeo de lucha contra la deforestación -el EUDR-, que regula la importación de productos procedentes de zonas de riesgo de deforestación y que se ha aplazado por segunda vez al próximo diciembre.
«Si este acuerdo comercial se firma y la UE quiere poner en marcha la EUDR, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay van a decir ¿Cómo, si hemos firmado un acuerdo comercial para importar soja y vacuno, vais a decir que no ahora a lo que hemos firmado?», se pregunta.
Acerca de esto, el portavoz observa que «no deja claro la prevalencia de los reglamentos europeos respecto a la importación de productos porque lo que hace ese reglamento es obligar a sus importadores a vigilar su cadena de suministro, etc.», con lo que «la EUDR se ve comprometida».

Incumplimiento de la ley y riesgo para la naturaleza
El clamor contra el tratado es generalizado entre las organizaciones medioambientales. Desde Ecologistas en Acción, su miembro y portavoz, Tom Kucharz, manifiesta en declaraciones a EFE el rechazo de ese grupo al pacto por «poner en riesgo la naturaleza, la agricultura familiar, el empleo digno, la salud y los derechos humanos para beneficiar a las grandes empresas multinacionales».
En España, su aplicación «incumple claramente la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que obliga a reducir las emisiones al menos un 23 % antes de 2030 y a proteger los sumideros de carbono, la biodiversidad y los sistemas alimentarios sostenibles», señala.
Esa organización argumenta, además, que es un tratado «incompatible con los compromisos del Acuerdo de París».
Promueve, según Ecologistas en Acción, el incremento masivo del comercio transatlántico -carne, soja, automóviles, etcétera-, la expansión del transporte marítimo intercontinental (con su impacto en el aumento de emisiones), el aumento de la deforestación y el uso de agroquímicos y la competencia desleal frente al a producción europea regulada climáticamente.

Más emisiones y destrucción de ecosistemas
Todo ello dará como resultado «más emisiones, más deforestación y más huella ecológica importada», según Kucharz, que observa cómo la producción de productos agropecuarios para la exportación a la UE ya está destruyendo grandes extensiones de bosque en Argentina, Brasil y Paraguay y el acuerdo «aceleraría la destrucción de la Amazonía y otros ecosistemas en esos países».
Mediante la eliminación de los aranceles a los pesticidas, «aumentará los márgenes de beneficio potenciales para los fabricantes europeos de pesticidas y seguirá impulsando el comercio de estos productos peligrosos para las personas y el medioambiente».
En este sentido, indica que los pesticidas se producen en la UE por empresas como BASF o Bayer, que se venden a Brasil, «donde matan a las personas, contaminan el medioambiente, los recursos hídricos y a miles de personas que los aplican en los campos o consumen los alimentos rociados».
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Proponen crear corredor 'Ríos del Yaguareté'

 


"Ríos del Yaguareté" protege la vida silvestre en el Paraná

Fecha de Publicación
: 03/10/2025
Fuente: Agencia DW
País/Región: Argentina - Bolivia - Brasil - Paraguay


‘Ríos del Yaguareté’ toma el rol de los ríos como corredores para la vida silvestre, para proteger, restaurar y reconectar un área de 2,5 millones de kilómetros cuadrados en Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay.
"Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos ve acompañado”, reza el conocido proverbio africano. Partiendo de esta premisa, cuatro organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, se han aliado para lanzar una ambiciosa propuesta. Se trata de la iniciativa ‘Ríos del Yaguareté', que propone crear un corredor protegido de vida silvestre de escala continental sobre la cuenca del río Paraná, con el objetivo de proteger, restaurar y reconectar un área de 2,5 millones de kilómetros cuadrados en 20 años.
La cuenca del río Paraná es la segunda cuenca más de agua dulce más grande de Sudamérica y se extiende por Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, conectando las ecorregiones Yungas, Gran Chaco, Selva Atlántica y Pantanal , que aglutinan una diversidad de ecosistemas que van desde bosques ribereños y selvas subtropicales hasta sabanas y humedales.
"La gran biodiversidad que alberga es extraordinaria: jaguares, nutrias gigantes, tapires, ciervos de los pantanos, pecaríes, osos hormigueros y numerosas aves acuáticas. En sus ríos viven especies clave como dorados y otras de importancia pesquera", detalla a DW Matías López Bertram, optimizador de procesos de la organización boliviana Nativa.
Presentada en la Semana del Clima de Nueva York, la iniciativa, en la que en el que participan Fundación Rewilding (Argentina), Onçafari (Brasil), Nativa (Bolivia) y Fundación Moisés Bertoni (Paraguay), se basa en el rol de los ríos como corredores para la vida silvestre.
"Entendemos que es la única manera que tiene la fauna de poder moverse de un lado a otro y ocupar el territorio que antes ocupaba, ya que por tierra ya es imposible que se siga moviendo", apunta a DW Marisi López, coordinadora para Argentina de ‘Ríos del Yaguareté', recordando la fragmentación del territorio y que la fauna no conoce límites.
"La cuenca del Río del Paraná está compuesta por ríos principales de cada país que conforma la iniciativa. Estos ríos son refugio y medios para moverse a través de largas distancias de manera segura para muchas especies”, señala a DW Diego Giménez, biólogo especialista en mastozoología de la Fundación Moisés Bertoni de Paraguay, apuntando al jaguar (yaguareté) y la nutria gigante.

El jaguar como emblema
La iniciativa toma el nombre del jaguar por múltiples motivos. "Por su influencia en los ecosistemas donde está distribuida, es una especie clave para impactar positivamente sobre las demás especies y hábitats donde está distribuida”, explica Giménez. "Su capacidad de recorrer largas distancias, ocupar vastos territorios y ser regulador de las especies presa lo hacen una especie bandera para canalizar nuestros objetivos y acciones de la iniciativa”, agrega el paraguayo.
No obstante, solo hay una reducida población que habita en zonas aisladas de los ríos Paraná, Bermejo y Pilcomayo, ya que "prácticamente en toda Sudamérica se están extinguiendo, lamenta Mario Haberfeld, fundador de la organización brasileña Onçafari, en entrevista con DW. 
De ahí, el esfuerzo colectivo para reconectar las poblaciones existentes a través de los ríos Paraguay e Iguazú. "En el Pantanal forma parte de la Amazonía, es donde se puede encontrar el mayor número de jaguares”, destaca el fundador de esta organización brasileña que, después de crear un par de corredores en el norte y el sur del Pantanal, está trabajando en la región de las cataratas de Iguazú, "donde necesitamos jaguares para dispersar la población” de esos animales. "La premisa es que si hay una buena área protegida cada 150 kilómetros es suficiente para que los animales intercambien sus genes”, añade.

Conservación con implicación de las comunidades
Para llevar a cabo el objetivo de la iniciativa, además de los ríos, son necesarias arcas, áreas búfer (zonas de amortiguación) y puntos intermedios. "Son como arcas de Noé, donde ya están de vuelta las especies que antes estaban extintas y donde se ha aumentado el número de ejemplares de cada población y se puede llevar hacia otras regiones que todavía no tienen, o que tienen muy baja representación”, explica Marisi López, coordinadora para Argentina de ‘Ríos del Yaguareté'. Estas arcas, que son áreas protegidas, están rodeadas por las llamadas áreas búfer, donde existen actividades económicas que promueven la coexistencia con la fauna.
"Queremos trabajar en estrecha colaboración con las comunidades, la población local de la zona, y la idea es que puedan beneficiarse de la naturaleza, por ejemplo, trabajando en el ecoturismo, consiguiendo empleos mejor remunerados, trabajando para la naturaleza y no contra ella”, puntualiza Haberfeld.
En este sentido, otra posibilidad para las comunidades es “convertirse en productores de algún elemento, que el mismo monte les da, como el caso de la algarroba, en el Impenetrable chaqueño, u otro tipo de producción, que acompañe la conservación de este monte”, añade López.
Igualmente, para los puntos intermedios, conformados por grandes extensiones de tierra, “se realizarán acciones de conservación activa con los propietarios de la tierra, lo que implicará acciones de investigación y coexistencia entre el ser humano y la fauna local”, subraya Giménez.

Un plan ambicioso que necesita financiamiento
Los primeros cinco años los esfuerzos se concentrarán en la consolidación de las arcas y las primeras acciones en zonas búfer. De este modo se llevarán a cabo "adquisición y protección de tierras, reducción de amenazas como incendios, caza furtiva y ganado”, consigna López Bertram, agregando otras medidas como el "inicio de reintroducciones de especies y programas de suplementación”.
Mientras que, durante los cinco años siguientes, se llevará a cabo la expansión en áreas búfer y puntos intermedios, los últimos diez años estarán enfocados en la restauración de los ríos a gran escala y en la recuperación de especies como el jaguar, la nutria gigante y el ciervo de los pantanos.
"El trabajar de manera conjunta entre cuatro países de la región permite que encaremos las distintas amenazas en la escala adecuada pues de otra forma, es muy difícil enfrentar grandes amenazas que no reconocen fronteras”, considera ante DW Para Iván Arnold, director Ejecutivo de Nativa.
De este modo, estas acciones a gran escala contribuirán a hacer frente a problemas como la contaminación de los ríos, los grandes incendios y la crisis climática, y se complementarán con las medidas concretas que cada organización ha diseñado para implementar en su país.
No obstante, la iniciativa, que se extenderá durante 20 años, precisa, en total, de 400 millones de dólares. Para los primeros tres años se precisan 78 millones de dólares. De momento, ya se ha logrado obtener 26 millones de dólares, pero se necesitará el apoyo de donantes privados, grandes fundaciones, el sector privado y gobiernos y organismos multilaterales para alcanzar la meta.
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Sudamérica con alto potencial para reforestar el planeta

 


Sudamérica posee el mayor potencial para reforestar el planeta

Fecha de Publicación
: 01/09/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: América del Sur


América del Sur tiene el mayor potencial para la plantación sostenible de árboles, en su gran superficie de bosques talados, señaló un estudio que acaba de divulgar la revista Science, sobre la forestación como vía para enfrentar el cambio climático y salvar al agua y a la biodiversidad en el planeta.
En el mundo, señala el estudio, es posible restaurar bosques en una superficie total disponible de 389 millones de hectáreas (el tamaño aproximado de India), lo que permitiría almacenar 39,9 gigatoneladas de carbono para 2050, equivalentes a aproximadamente 63 % del sumidero anual de carbono de la última década.
Los científicos, 14 investigadores de Australia, China, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, llegaron a estos números tras elaborar mapas globales de carbono del suelo -principalmente de su capa superior-, los cuales revelan las ganancias y las pérdidas de carbono con la forestación.
El mayor potencial para la plantación sostenible de árboles se encuentra en Sudamérica. Solo Brasil representa una quinta parte de la superficie potencialmente adecuada para la forestación.
La publicación del estudio llega en un momento clave, a tres meses de que se reúna en Belém, Brasil, la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que los bosques tropicales estarán en el centro de las negociaciones climáticas.
Hasta ahora, los países de todo el mundo se han comprometido a plantar 230 millones de hectáreas de árboles hasta 2030; pero solo la mitad de los compromisos se han realizado en tierras disponibles de forma sostenible.
La cantidad de tierra disponible para la plantación de árboles es la mitad o a lo sumo dos tercios de las estimaciones anteriores, una vez limitadas para evitar impactos negativos sobre la biodiversidad, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos y el calentamiento regional.
Además, esto solo compensa una fracción de las enormes emisiones aportadas por los combustibles fósiles.
En combinación con las limitaciones de la sostenibilidad, los compromisos actuales de plantación de árboles sólo compensarían una pequeña parte de las emisiones de combustibles fósiles.
El estudio también subraya que detener la pérdida de bosques, así como proteger y gestionar los bosques existentes es tan importante, o más, que crear otros nuevos.
En el mundo cerca de un tercio de la superficie terrestre aún está cubierta de bosques, unos 4000 millones de hectáreas, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Detener por completo la pérdida mundial de bosques de aquí a 2030 podría evitar emisiones casi tres veces superiores a los compromisos actuales de plantación de árboles, si se tienen en cuenta los límites de la sostenibilidad.
En general, el estudio concluye que se necesita una planificación y una política más inteligente para liberar el potencial climático de la plantación de árboles.
Zhanghai Qin, coautor del estudio, dijo que “el potencial de la plantación de árboles para almacenar carbono es absolutamente enorme, pero debe hacerse con cuidado. Esto significa utilizar la tierra realmente disponible, prestando atención a las salvaguardias y las limitaciones de sostenibilidad”.
Asimismo, los investigadores señalan que, para asegurar la participación de las regiones tropicales en estos esfuerzos, sobre todo en países de renta baja y media, la financiación internacional es fundamental.
El estudio revela que 90 % de la superficie prometida para la plantación de árboles hasta la fecha se encuentra en países de ingresos bajos y medios.
Brasil, país que presidirá la COP30, planea lanzar el Fondo de Bosque Tropical para Siempre, un mecanismo de financiamiento que busca recompensar a los países que reduzcan la deforestación.
El estudio de Science refuerza la urgencia de que estos esquemas de financiamiento sean diseñados con equidad, pues, aunque la mayor parte del potencial sostenible de forestación está en Sudamérica, los compromisos de plantación de árboles en la región hasta ahora son limitados.
Europa también representa una cuarta parte de la superficie potencial disponible, pero hasta ahora solo ha prometido plantar árboles en 13 % de ese espacio.
En cambio, los países africanos -con mucho menos potencial sostenible, con grandes extensiones de tierras áridas- están asumiendo desproporcionadamente el esfuerzo.
África por sí sola representa la mitad de la superficie comprometida -por ejemplo, en la “muralla verde” a plantar en el Sahel, la franja semiárida que cruza el continente de oeste a este- aunque, una vez considerados los impactos en la biodiversidad, solo cuenta con cuatro por ciento de la superficie potencial mundial.
El Fondo podría ayudar a corregir esos desequilibrios, si viene acompañado de compromisos financieros ambiciosos de los países desarrollados, para apoyar la restauración de bosques y para garantizar la protección de los ya existentes.
Los resultados del estudio también dialogan con los compromisos recientes de los países amazónicos, reunidos la semana pasada en Bogotá bajo la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (Otca).
Allí se insistió en la necesidad de financiamiento internacional para sostener los planes de reducción de la deforestación y restauración de ecosistemas.
El estudio reconoce que “el desarrollo social y económico, las prioridades de conservación y las necesidades e intereses de las comunidades también deben tenerse en cuenta al contabilizar la oferta y la productividad de las tierras” a reforestar “para determinar el potencial de mitigación ‘práctico’, no solo ‘teórico’, por país y región”.
“La efectividad de la forestación como una solución climática natural depende en última instancia de tomar acción: actuar más rápido, establecer objetivos más altos, priorizar áreas con mayores beneficios y coordinar esfuerzos globales para los lugares correctos con especies adecuadas”, concluyen los autores.
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Amazonas. La fábrica de lluvia que está en peligro

 


La deforestación del Amazonas está poniendo en peligro el ciclo del agua que recarga los acuíferos de los que bebe Sudamérica

Fecha de Publicación
: 26/08/2025
Fuente: Portal NovaCiencia
País/Región: América del Sur


En la Cumbre de Países Amazónicos 2025 se advirtió que los «ríos voladores» —corrientes de vapor que viajan desde la selva y riegan el centro de Colombia— están en riesgo por el aumento de la deforestación. Su debilitamiento pone en peligro el 80 % de las lluvias en Yarimaguas (Perú), los páramos de Sumapaz y Chingaza en los alrededores de Santa Fe de Bogotá en Colombia, y muchos otros lugares de Suramérica que dependen del agua amazónica
Durante el conversatorio «Los ríos voladores: el secreto mejor guardado de la Amazonia», realizado en el marco de la Cumbre con expertos de la academia, el Gobierno nacional y las comunidades indígenas, el profesor Germán Poveda, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, recordó que toda el agua de Suramérica depende de la cuenca Amazónica, uno de los 16 pilares climáticos del planeta, cuyo colapso representaría un desastre para la región.
«Entre el 35 y 50 % de las lluvias en la Amazonia provienen de la evapotranspiración, proceso mediante el cual el agua asciende desde el suelo hacia las hojas de las plantas y luego se libera al aire en forma de vapor», explicó el experto.
Este proceso es muy importante en la Amazonia porque ayuda a formar las nubes que luego se convierten en lluvia, no solo para la selva misma, sino también para otras regiones lejanas. Gracias a la evapotranspiración, el bosque amazónico actúa como una gran fábrica de agua que mantiene el clima y alimenta los «ríos voladores», que llevan humedad por el aire hasta lugares tan lejanos como los Andes o el sur de Brasil.
Estos ríos ayudan a regular el clima manteniendo el equilibrio en todo el sur del continente; sin su presencia en la región habría más sequías y temperaturas extremas, fenómenos que, de hecho, se han venido acentuando cada vez más por problemas como la deforestación.
Recordemos que, según la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, la deforestación en esta zona representa un 68,2 % del total del país, con un 62,5 % en áreas protegidas y 9 % en parques nacionales.
«Este sistema es tan importante, que aproximadamente el 80 % de las lluvias en Yarimaguas (Perú), los páramos de Sumapaz y Chingaza en los alrededores de Santa Fe de Bogotá, y muchos otros lugares de Suramérica dependen del agua amazónica. Además, el problema de la deforestación también influye en un 20 % a la emisión de gases de efecto invernadero, e incluso impide que los bosques succionen aire húmedo desde el océano, en algo llamado como mecanismo de la bomba biótica de humedad atmosférica», afirmó el profesor Poveda.

Colombia, un país anfibio que olvida sus ríos y humedales
Por su parte, el profesor Santiago Duque, de la UNAL Sede Amazonia, explicó por qué Colombia es un país anfibio en el que los ríos y humedales necesitan de una atención urgente. «Por eso es crucial reconocer la ronda hídrica que compone el sistema de la Amazonia y cómo inunda el territorio, pues en el país conocemos muy poco como de su funcionamiento».
«Colombia no solo es árboles, debajo de ese paisaje conocido hay toda una gama de ríos que llevan agua, y este recurso es el que soporta las cuencas amazónicas y ha tenido influencia en culturas indígenas como la zenú y los muiscas, pero lastimosamente hemos acabado con los pocos humedales que quedan, y los lagos de lugares como el Magdalena».
De ahí parte la importancia de cuidar el río Amazonas y todos los sistemas que alimenta, como por ejemplo el sistema de lagunas de Yahuarcaca, que tiene cientos de especies de peces como pirarucús, bisagras o tucunarés; vegetación como palmas de canangucha, cedro rojo y blanco, sangretoro, uvos y árboles de caucho; y otros animales como el mono perezoso, del delfín rosado, el martín pescador y el caimán negro.
Abel Antonio Santos, doctor en Estudios Amazónicos de la UNAL, indígena tikuna y gestor del Laboratorio de Lenguas Amazónicas y Diálogos Simétricos de la Sede, manifestó que «el río forma parte de la cosmovisión de su comunidad.
«Lo que mal llamamos mito, para nosotros es la historia de nuestra creación. El origen de la gente tiene que ver con moléculas y partículas de agua. Todo está vivo, y tenemos nueve mundos en los que los ríos están unidos, pues uno no puede existir sin el otro».

La huella amazónica en el agua de Chingaza
Otro de los invitados al evento es Julio Fierro Morales, director del Servicio Geológico Colombiano, egresado y profesor de la UNAL durante varios años, quien explicó el análisis que adelanta esta entidad para determinar cómo influyen los ríos de la Amazonia en el páramo de Chingaza.
«Se han usado técnicas de isótopos estables, que son versiones de los elementos químicos que tienen el mismo comportamiento pero con un peso ligeramente diferente. Por ejemplo, algunas moléculas de agua son un poco más pesadas que otras por los átomos que las forman. Al analizar estas diferencias en el agua de lluvia o de los ríos, los científicos pueden ‘rastrear’ de dónde viene esa agua».
Así han descubierto que parte del agua que llega a lugares como Chingaza (donde se recoge agua para Santa Fe de Bogotá) viene de la Amazonia, transportada por los «ríos voladores», es decir que los isótopos estables ayudan a comprobar que la selva amazónica juega un papel trascendental en llevar humedad hasta los Andes.
«El 25 % del agua que llueve en Chingaza proviene de la Amazonia, fundamentalmente entre abril y octubre. Ese es el momento determinante, todos los análisis que se hicieron establecen ese comportamiento, y allí estamos viendo parámetros meteorológicos para ver qué es lo que llega al páramo», indicó el experto Fierro.
Finalizó enfatizando en que entre la Amazonia y los Andes existe un efecto de modulación, lo que quiere decir que desde hace más de 100.000 años los cambios en una región impactan en la otra, por lo que es determinante hacer estudios para ver cómo ha evolucionado esto en el tiempo y cómo han respondido los ecosistemas del país.
La Cumbre de Países Amazónicos 2025 se realizó en la Hemeroteca Nacional de Colombia y es organizado por el Gobierno nacional con la ayuda del Ministerio de Relaciones Exteriores en Alianza con la Secretaría General de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). Es un espacio de encuentro entre los Gobiernos, el cuerpo diplomático, las autoridades de los pueblos indígenas, la academia y los representantes de plataformas y organizaciones en pro de la Amazonia, como una forma de tejer rutas comunes entre los países de la región.
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Sudamérica sin estudios suficientes sobre contaminación

 


Advierten que Sudamérica no tiene estudios suficientes del efecto de la contaminación ambiental en la salud

Fecha de Publicación
: 09/08/2025
Fuente: Tiempo Sur (Argentina)
País/Región: Sudamérica


Los estudios sobre esta problemática son escasos en el subcontinente, lo que dificulta la identificación de zonas o grupos más afectados. 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las personas que viven en países de medianos y bajos recursos experimentan “desproporcionadamente” los efectos de la contaminación del aire en comparación con quienes habitan en las regiones más ricas. Además, el organismo asegura que una “abrumadora” mayoría de muertes prematuras por esta causa ocurre en esos países. Sin embargo, la Agencia CyTA-Leloir indicó que en Sudamérica, donde se estima que el 80% de la población está expuesta a niveles peligrosos de partículas nocivas al respirar, casi no hay estudios científicos sobre el tema, a diferencia de lo que ocurre en países de Europa, América del Norte y Asia, según concluyó una investigación internacional de la que participó Argentina.
“En Sudamérica faltan estudios que analicen la magnitud del problema en distintos entornos y poblaciones. Uno de los mayores limitantes es la falta de datos detallados de salud. Esto no impide la gestión, pero sí reduce la visibilidad del problema a nivel local y puede dificultar la identificación de las zonas o grupos más afectados”, aseguró la doctora en Ciencias de la Atmósfera, investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) y del CONICET Andrea Pineda Rojas, una autora del estudio.
El trabajo, publicado en Current Opinion in Environmental Science & Health, revisó más de 90 trabajos científicos sobre la temática en el subcontinente y constató que no sólo existe una brecha en cuanto a la producción de investigaciones entre Sudamérica y los países del hemisferio norte, sino que además hay una gran desigualdad hacia el interior del subcontinente: “Brasil es el país que ha producido la mayor parte de la literatura revisada por pares. Chile, Argentina, Colombia y Perú le siguen, cada uno contribuyendo con un tercio o menos de publicaciones que Brasil”, indica el paper.
Por otra parte, la investigación detectó una problemática común, que no contemplan los estudios realizados en otras regiones: “Un aspecto particular y muy relevante en Sudamérica es la quema desmedida de biomasa en la región amazónica, compartida por varios países, relacionadas a la deforestación y la agricultura. Estas emisiones contaminan no sólo el aire a nivel local, sino que afectan también prácticamente toda la región”, explicó la primera autora, Valeria Mardoñez-Balderrama, que actualmente trabaja en el Laboratorio de Física de la Atmósfera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz (Bolivia).

Los niveles alarmantes de la región
Según la investigación, la mayoría de los estudios actuales están dedicados a las mediciones de contaminantes en el aire, y no a su impacto. En ese sentido, al menos cuatro ciudades sudamericanas están muy por encima de lo sugerido por la OMS: por ejemplo, mientras que la directriz del organismo indica que el promedio anual de dióxido de nitrógeno no debería superar una concentración de 10 μg/m3, en 2023 Santiago de Chile tuvo un promedio del 39,5; Sao Paulo, de 36; Quito, de 25,5, y Bogotá, de 24,3. Lo mismo sucedió con las partículas de tamaño inferior a 2,5 μm (milésima de milímetro): las cuatro ciudades superan entre dos y cuatro veces las recomendaciones de la OMS.
Respecto a los escasos trabajos que analizan el efecto de la contaminación del aire en la salud, un estudio realizado en Brasil en 2013 demostró altos niveles de carboxihemoglobina (unión del monóxido de carbono a la hemoglobina de los glóbulos rojos) en los conductores de mototaxis, debido a la exposición ambiental y laboral.
Otra rama de trabajos vinculó la contaminación con las poblaciones más vulnerables. Un estudio en Brasil demostró que los bebés y los niños presentaron mayores riesgos de mortalidad por enfermedades respiratorias -asociadas al aumento de las concentraciones de partículas contaminantes cuyo diámetro es inferior a 10 µm (PM10)- en las megaciudades de Río de Janeiro, San Paulo y Santiago de Chile.
En relación a la exposición a la contaminación en el interior de las casas, Sudamérica tiene una gran cantidad de población rural que todavía utiliza la quema de biomasa para poder cocinar o calefaccionarse. Si bien tampoco existen muchos trabajos al respecto, cuando se realizan los resultados, son preocupantes: en Perú, un estudio demostró que el uso de combustible de biomasa se relacionó con presión arterial más alta y niveles elevados de monóxido de carbono exhalado, ambos marcadores de riesgo cardiovascular e inflamación.
“En muchos países de la región, como Argentina, notamos una falta de recursos de todo tipo. El monitoreo reglamentario es escaso, y la comunidad científica especializada en calidad del aire es pequeña dentro del ámbito de las ciencias ambientales o atmosféricas”, señaló Pineda Rojas y enfatizó que los efectos de la contaminación del aire sobre la salud están sólidamente documentados a nivel internacional, y que las recomendaciones de la OMS para todo el mundo dejan claro que es un tema sobre el que hay que actuar sin perder tiempo.
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Afrodescendientes reducen la deforestación y conservan mejor

 


Tasas de deforestación en tierras reconocidas de afrodescendientes en Brasil, Colombia, Ecuador y Surinam son hasta un 55 % más bajas que el promedio

Fecha de Publicación
: 29/07/2025
Fuente: El Tiempo (Colombia)
País/Región: Internacional


Un nuevo estudio muestra que territorios administrados por comunidades afro reducen la deforestación y conservan carbono irrecuperable.
En un momento en que el mundo busca soluciones urgentes frente a la crisis climática, una nueva investigación publicada por Conservación Internacional en la revista Nature Communications Earth and Environment pone el foco en un actor muchas veces ignorado: los pueblos afrodescendientes. El estudio demuestra que sus territorios, repartidos en cuatro países amazónicos —Brasil, Colombia, Ecuador y Surinam—, no solo presentan tasas de deforestación significativamente más bajas, sino que también resguardan ecosistemas vitales para la biodiversidad y el almacenamiento de carbono.
“Los pueblos afrodescendientes de las Américas han servido durante mucho tiempo como administradores ambientales sin reconocimiento ni compensación”, afirma Martha Cecilia Rosero Peña, directora de Inclusión Social en Conservación Internacional. “Sin embargo, la evidencia es indiscutible; el mundo tiene mucho que aprender de sus prácticas de gestión territorial”.
El estudio es pionero en combinar datos estadísticos, espaciales e históricos para cuantificar el papel de estas comunidades en la conservación. Revela que los afrodescendientes tienen derechos de gestión sobre 9,9 millones de hectáreas, apenas un 1 % del total de tierras de los cuatro países analizados, pero con un valor ecológico desproporcionadamente alto.

Territorios clave para el planeta
Las cifras hablan por sí solas. Las tasas de deforestación en tierras afrodescendientes son 29 % más bajas dentro de áreas protegidas, 36 % más bajas fuera de ellas, y hasta 55 % más bajas cuando se ubican en el borde de dichas áreas. Además, más de la mitad (57 %) de estos territorios se encuentran dentro del 5 % de regiones con mayor biodiversidad global. En Ecuador, el 99 % de las tierras afrodescendientes se localiza en estas zonas críticas.
Estos territorios albergan también más de 486 millones de toneladas de carbono irrecuperable, es decir, carbono que no podría ser restaurado si se libera por transformación del ecosistema. Su preservación, aseguran los autores del estudio, es esencial para mitigar los efectos más severos del cambio climático.
“Durante siglos, las comunidades afrodescendientes han gestionado paisajes que sostienen tanto a las personas como a la naturaleza, sin embargo, sus contribuciones siguen siendo en gran parte invisibles,” señala Sushma Shretha, directora de Ciencia Indígena, Investigación y Conocimiento en Conservación Internacional. “Su administración ambiental no es solo histórica. Está en curso y debe ser reconocida, apoyada y tomada como ejemplo”.

Una herencia de resistencia y sostenibilidad
El estudio también destaca el legado de conservación heredado de los antepasados africanos llevados a América durante el comercio transatlántico de esclavos. Algunas comunidades escaparon de la esclavitud y fundaron asentamientos en zonas remotas; otras, permaneciendo en plantaciones, desarrollaron prácticas agrícolas innovadoras para alimentar a sus pueblos en resistencia.
De allí surgieron sistemas como los “bosques alimentarios”, que integraron conocimientos africanos tradicionales con las condiciones de los nuevos entornos para crear ecosistemas resilientes, ahora reconocidos como refugios clave de biodiversidad y carbono.
“Es importante señalar que aquellos que permanecieron en plantaciones también emprendieron estas prácticas innovadoras, proporcionando alimento para los asentamientos,” explica Rosero.

Del reconocimiento a la acción
A pesar de sus aportes, los pueblos afrodescendientes siguen estando subrepresentados en espacios clave de toma de decisiones ambientales, como las cumbres climáticas de la ONU. “La participación en foros internacionales como la COP30 puede mejorar significativamente la visibilidad, representación e influencia del liderazgo afrodescendiente en la política ambiental global,” afirma Hugo Jabini, líder Maroon de la tribu Saamaka de Surinam.
Para avanzar hacia una conservación más equitativa, el estudio propone tres acciones urgentes: reconocimiento legal de los territorios afrodescendientes; mayor financiamiento e investigación para apoyar sus esfuerzos de conservación; e integración de sus prácticas de gestión territorial en las políticas globales de biodiversidad y clima.
Angélica Mayolo, exministra de Cultura de Colombia y becaria MLK en el MIT, destaca la necesidad de expandir el reconocimiento legal a países donde aún no existe, como Panamá, Costa Rica y República Dominicana. “Igualmente importante es el desarrollo de instrumentos financieros innovadores y oportunidades económicas para las comunidades afrodescendientes que viven en regiones biodiversas bajo presión socioeconómica sustancial y vulnerables a riesgos relacionados con el clima.”

Una plataforma para el futuro
Conservación Internacional trabaja junto a estas comunidades para elevar su liderazgo en conservación y acción climática. A través de programas como becas para mujeres afrodescendientes, investigaciones, y acciones de incidencia global, la organización busca asegurar que sus voces influyan directamente en las decisiones que afectan sus territorios.
“Los afrodescendientes han estado protegiendo la biodiversidad y gestionando ecosistemas durante siglos usando prácticas de conservación sofisticadas que el mundo apenas comienza a comprender,” concluye Rosero. “Su liderazgo no se trata solo de preservar el pasado, se trata de dar forma al futuro de las políticas climáticas y de conservación”.
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Glaciares tropicales sudamericanos en peligro

 


Los glaciares tropicales de Sudamérica, un patrimonio cultural en peligro

Fecha de Publicación
: 06/05/2025
Fuente: Agencia SWI
País/Región: Internacional


Colombia y Ecuador albergan algunos de los últimos glaciares tropicales del planeta. Su localización ecuatorial los hace particularmente vulnerables al cambio climático y su acelerado deshielo tiene consecuencias que van más allá de los impactos sobre ecosistemas y recursos hídricos.
Para los ‘Kogui’ (o ‘Kogi’), una comunidad indígena del norte de Colombia, la Sierra Nevada de Santa Marta es el centro del Universo. Sus ríos y bosques forman parte de un ser vivo donde la montaña es un cuerpo y el glaciar su cerebro. El deshielo de los glaciares, creen, es una señal de desequilibrio entre el ser humano y la naturaleza.
De los 14 glaciares tropicales que existían en Colombia a principios del siglo XX, hoy sólo quedan seis. El último que se ha derretido por completo, el glaciar Conejeras, desapareció hace poco más de un año.
«Hemos perdido el 30% de la superficie glaciar en los últimos doce años», asegura el geógrafo Jorge Luis Ceballos LiévanoEnlace externo, del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) de Colombia, quien es el representante de su país ante el WGMS.
«Si esta tendencia continúa en la segunda mitad de este siglo, los glaciares colombianos podrían extinguirse», advierte. Venezuela, país vecino, es el primer Estado del planeta que ha perdido todos sus glaciaresEnlace externo. La situación es similar en Ecuador, donde la superficie total de glaciares ha disminuido de algo más de 97 km2 a finales de los años 50 a 37 km2 en la actualidad, argumenta Bolívar Ernesto Cáceres Correa, glaciólogo del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI) y corresponsal nacional en Ecuador del WGMS. «Lo más probable es que los glaciares situados por debajo de los 5.130 metros de altitud desaparezcan en la próxima década», predice.

Los efectos de El Niño en los glaciares tropicales de los Andes
Colombia y Ecuador figuran entre los pocos países del mundo que albergan glaciares tropicalesEnlace externo. Estos glaciares se formaron en el cinturón tropical a altitudes superiores a los 4.500-5.000 metros, donde las temperaturas son lo suficientemente frías como para convertir la lluvia en nieve.
También existen glaciares tropicales en Bolivia, Perú, Venezuela, Chile y Argentina; en África Oriental, Kenia, Uganda y Tanzania; y en Indonesia. A diferencia de los glaciares alpinos, los tropicales dependen de la estación lluviosa. El periodo de acumulación, durante el cual crece el glaciar, es relativamente corto, mientras que el derretimiento tiene lugar durante la mayor parte del año.
Estos glaciares son especialmente vulnerables al cambio climático. Al estar situados en zonas ya cálidas, basta un ligero aumento de la temperatura para provocar su rápido deshielo. Según un informe recienteEnlace externo de la Organización Meteorológica Mundial, los glaciares tropicales se derriten diez veces más rápido que la media mundial acumulada. Entre 2000 y 2023, perdieron más del 20% de su masaEnlace externo.
Por otro lado, los glaciares de la cordillera de los Andes son muy sensibles a los efectos de El Niño, según explica el investigador colombiano Ceballos Liévano. El Niño es un fenómeno climático periódico que se manifiesta en un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial y provoca un aumento de las temperaturas globales.

Consecuencias negativas para la biodiversidad y el turismo
Los glaciares andinos alimentan la cuenca del Amazonas -la mayor cuenca fluvial del planeta- y numerosos ríos del continente. A diferencia de otros glaciares, suministran agua a regiones áridas y semiáridas. A largo plazo, el deshielo provocará una grave escasez de agua para millones de personasEnlace externo que dependen de los cursos de agua para beber y cocinar, regar los campos y producir energía hidroeléctrica.
Otra consecuencia es el cambio de la biodiversidad en las proximidades de los glaciares y en el Páramo, la «esponja» de los Andes, explica el experto ecuatoriano Cáceres Correa.
El Páramo es un ecosistema de montaña de los Andes que se asemeja a un brezal o tundra alpina. Tiene la capacidad de almacenar el agua de deshielo de los glaciares y liberarla durante los meses secos. «El aumento de las temperaturas y la reducción de los recursos hídricos pueden alterar la composición de la flora y la fauna de este ecosistema único».
El deshielo también ha creado grietas y zonas inestables que han tenido un impacto negativo en las actividades turísticas en las montañasEnlace externo. «Ha disminuido de manera drástica el número de personas que quieren escalar los nevados ecuatorianos», lamenta Cáceres Correa.
En Colombia, la mayoría de las personas consideran que los glaciares son una parte importante del paisaje montañoso y un patrimonio medioambiental, señala el profesor universitario Ceballos Liévano. Para algunas comunidades indígenas, los glaciares son territorios sagrados y espirituales cuya desaparición amenaza tradiciones centenariasEnlace externo.
«La disminución de los glaciares tiene efectos culturales y espirituales significativos para las comunidades de alta montaña, iniciando transformaciones en la forma en que las personas locales se entienden a sí mismas y dan significado a su relación con el entorno», escribe Elizabeth AllisonEnlace externo, profesora de ecología y religión del Instituto de Estudios Integrales de California, en Estados Unidos.

Dioses menos poderosos sin glaciares
La gestión sostenible de los recursos hídricos y la conservación de ecosistemas de montaña como el Páramo figuran entre las principales estrategias de adaptación al deshielo de los glaciares andinos. Cáceres Correa explica que las iniciativas en Ecuador se centran mayormente en la optimización de la ganadería y en un uso más eficiente del agua en la agricultura. En el pasado, Suiza financió proyectos para introducir nuevos métodos de riego en Bolivia.
Los países sudamericanos también necesitan diversificar sus fuentes de energía. La hidroelectricidad proporciona cerca del 45% de la electricidadEnlace externo producida en el continente (63% en Colombia y 79% en Ecuador, según datos de 2023Enlace externo). A medida que disminuya el escurrimiento glaciar, habrá menos agua para hacer girar las turbinas y producir electricidad. La alternativa es invertir en otras fuentes de energía, como la solar o la eólica.
Las celebraciones asociadas a las deidades que viven en los picos nevados continuarán incluso sin glaciares, aunque algunos rituales se hayan modificado. Por ejemplo, durante las procesiones Quyllurit’i en Perú, ya no está permitido cortar bloques de hielo y llevarlos al pueblo, con la creencia de que el agua del deshielo tiene poderes curativos.
Sin embargo, hay quienes temen que con la reducción de la superficie de hielo, los espíritus de la montaña sean menos poderosos y proporcionen menos protecciónEnlace externo a las comunidades indígenas. Culto o ciencia, ambas perspectivas coinciden en que los glaciares son esenciales para la vida.
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Sudamérica registró 409.099 incendios forestales en 2024

 


Sudamérica: 409.099 incendios forestales hasta septiembre

Fecha de Publicación
: 04/10/2024
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: América del Sur


Sudamérica registra 409.099 incendios forestales en los primeros nueve meses de este año, un 86,9% más que en el mismo periodo del año pasado y la cifra más alta en 14 años, según el Instituto Brasileño de Investigaciones Espaciales (INPE).
De acuerdo con el INPE, que utiliza imágenes de satélite para contabilizar el número de focos de calor en toda Sudamérica, la región no sufría un número tan elevado de incendios en el período enero-septiembre desde 2010, cuando registró 413.751.
Los incendios acumulados hasta septiembre de este año ya superan los anuales de los últimos tres años en Sudamérica (325.334 en todo 2021, 362.918 en 2022 y 344.391 en 2023), según el organismo estatal brasileño.
Tan solo en septiembre, Sudamérica registró 139.943 incendios forestales, un poco más del doble que los contabilizados en el mismo mes del año pasado (68.969) y un número en un 22,4 % superior al de agosto (114.298).
Los incendios de septiembre igualmente fueron los mayores para este mes en Sudamérica en los últimos 14 años, tan solo superados por los 151.929 contabilizados en septiembre de 2010.

Brasil encabeza la lista
Brasil es el país con mayor número de incendios en toda Sudamérica en lo que va del año, con 210.208 focos, el 51,4 % del total, seguido por Bolivia, con 76.717 (18,7 %), y Venezuela, con 39.250 (9,6 %).
Enseguida se ubican Argentina con 27.420 focos de calor (6,7 %), Paraguay con 19.844 (4,9 %), Colombia con 14.842 (3,6 %) y Perú con 13.399 (3,3 %).
Entre los países con menos incendios en lo que va de 2024 destacan Chile, con 2.429, Ecuador, con 1.378, y Uruguay, con 228.
Sudamérica tenía este lunes 2.762 incendios forestales activos y la situación más preocupante era la de Brasil, con 966 focos (34,9 % del total); Bolivia, con 956 (34,6 %), y Argentina, con 659 (23,6 %).
Los incendios se han multiplicado tanto en la Amazonía como en el Pantanal y en la sabana brasileña (Cerrado), y el humo procedente de los mismos ha afectado la calidad del aire en un extenso territorio que va desde el norte de Brasil hasta el centro de Argentina, y ha obligado a suspender vuelos en varias ciudades.
La intensa sequía de este año en la Amazonía, con el caudal de varios importantes ríos en niveles mínimos, ha favorecido el avance del fuego, aunque el Gobierno brasileño asegura que muchos de los incendios fueron causados por la acción humana.
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América del Sur se quema, literalmente

 


América del Sur se quema y el fuego se mete ya en las ciudades

Fecha de Publicación
: 28/09/2024
Fuente: Agencia IPS
País/Región: América del Sur


El fuego, con centenares de miles de incendios de distinto tamaño, ha consumido en pocas semanas millones de hectáreas de bosques y pastizales en la Amazonia, y las llamas han llevado muerte y destrucción a las puertas de aldeas y de importantes ciudades de América del Sur, cuyo territorio se quema.
Quito está en emergencia bajo el fuego y el humo de 2000 hectáreas de bosques quemadas en su zona norte y a su oriente; el principal parque junto a Brasilia perdió 1200 hectáreas de vegetación entre las llamas, y en la central provincia de Córdoba, Argentina, la ciudad del mismo nombre fue sitiada por una decena de incendios.
En Perú murieron 20 personas asfixiadas por el humo de incendios forestales (179 entre enero y agosto de este año, y 234 desde entonces) y en Colombia recibieron el castigo desde mediados de 2024 varios departamentos en suroeste, así como el central de Cundinamarca, que rodea a Bogotá.
El Instituto de Investigación Espacial de Brasil identificó este año en Sudamérica 346 112 focos de incendio, (345 322 el anterior récord, en 2007), con la actividad humana como principal causa, más el impulso de las olas de calor y las sequías.
“Los principales responsables”, dijo a IPS desde Nueva York el líder indígena brasileño Toya Manchineri, “son las grandes empresas que contaminan y financian la devastación del planeta. También las agroindustrias, la minería y el tráfico de recursos naturales”.
En la lista de villanos destacan la expansión de la frontera agrícola, incluida la actividad ganadera, que arrasa bosques para convertirlos en cultivos y pastizales, y el cambio climático inducido por las emisiones de gases de efecto invernadero y que tiene a las naciones industrializadas como principales emisores.
En América del Sur la primera víctima es la selva amazónica, pero también el Gran Chaco, el Cerrado y la Mata Atlántica de Brasil, el Pantanal brasileño con ríos que alcanzan a Bolivia y Paraguay, y el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia, en el oriental departamento de Santa Cruz, donde el fuego y la humareda llegaron a las puertas de pueblos y ciudades.
La temporada crítica de incendios suele ubicarse en agosto y septiembre, pero este año se adelantó a julio –apagadas las brasas de fuegos de meses previos en extremos como la Guayana venezolana y el centro-sur de Chile, envolviendo la región en una atmósfera de fuego, calor, aire enrarecido y cielo de color humo.
Se trata de “regiones que son más vulnerables a los eventos extremos, como los pueblos indígenas de la Amazonia y demás poblaciones que viven exclusivamente de su relación con la tierra”, destacó Manchineri, coordinador general en la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña (Coiab).

Gritos de alarma
“La Amazonia es el corazón del mundo, y está siendo herida de muerte. Los incendios, la deforestación, la minería, todo eso nos está llevando al abismo”, afirmó Herlin Odicio, presidente de la peruana Federación Nativa de Comunidades Kakataibo, durante una conferencia por la Semana del Clima en Nueva York, celebrada entre el 22 y el 26 de septiembre.
En el mismo foro al que IPS asistió telemáticamente, Angela Kaxuyana, líder del pueblo kahyana del norte de Brasil, expuso que “es necesaria una movilización mundial urgente para garantizar el derecho a la vida de los pueblos aislados. No tienen alternativas ni refugios cuando toda la Amazonia está ardiendo, no hay alternativas de supervivencia”.
A un par de kilómetros de distancia, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue el presidente colombiano Gustavo Petro quien clamó: “La selva amazónica se quema, 11 millones de hectáreas de selva perdidas. Si se quema la selva, comienza el fin: el punto de no retorno de la crisis climática mundial”.
El espacio arrasado en pocos meses por las llamas en la Amazonia -el mayor bosque tropical del mundo, con 10 % de la biodiversidad del planeta- supera la superficie de Hungría o Portugal y tiene el tamaño de Bulgaria, Cuba u Honduras.
Pero también el Pantanal registró en lo que va de año 3845 focos de incendio, superando el promedio de la última década; el Cerrado, sabana arbolada, más de 1000 focos de fuego cada día a principios de septiembre, mientras en el Chaco paraguayo y la vecina Chiquitania de Bolivia ardían otras 200 000 hectáreas.
Aunque áreas de los 12 países y la Guayana Francesa fueron presa del fuego este año, las mayores pérdidas se registraron en Brasil, cuyo gobierno informó el 11 de septiembre que los incendios afectaron 6,7 millones de hectáreas; y Bolivia, con casi cuatro millones de hectáreas consumidas, dos tercios de ellas pastizales.

El fuego de al lado
Una característica de la oleada de incendios que arden este año en América del Sur es que ya no están confinados a las boscosas y apartadas áreas de selvas y sabanas en lugares remotos respecto de las ciudades, sino que sus llamas, calor y humo están afectando a millones de personas en los conglomerados urbanos.
El fuego y el humo sobre Quito movieron al presidente Daniel Noboa a abreviar su participación en la 79 Asamblea General de la ONU en Nueva York, y regresar apresuradamente a Ecuador, para dirigir el combate al siniestro y las investigaciones, pues presume que varios de los incendios fueron deliberadamente provocados.
Desde julio hasta septiembre el país soportó 1300 incendios de vegetación, en su mayoría en la oriental región amazónica con 23 000 hectáreas consumidas solo en septiembre, pero el viento y la merma en las lluvias favorecieron la llegada del calor, el humo y finalmente el fuego hasta la cordillera donde está enclavada la capital.
Bogotá sufrió varios meses este año por incendios y sequía en las cabeceras de los ríos que esa capital de Colombia emplea para su abastecimiento de agua –debió ser racionada-, y todavía a finales de septiembre las llamas devoraban bosques de pinos y otras especies en áreas de Cundinamarca próximas a la ciudad.
En Argentina el fuego asoló sobre todo la central provincia de Córdoba, en particular un cinturón de poblaciones que rodean la capital –del mismo nombre y 2,2 millones de habitantes-, y ya consumió 70 000 hectáreas, según las autoridades regionales.
En Bolivia, el aire en la ciudad de La Paz registró un índice de 225 microgramos de cenizas y humo por metro cúbico (μg/m³), y en Cochabamba de 160 μg/m³, cuando el límite tolerable según la Organización Mundial de la Salud es de 50 μg/m³.
En todo el país cerraron temporalmente 3000 escuelas y los alumnos fueron remitidos a la modalidad de clases virtuales.
El lunes 26 de agosto de 2024 los tres millones de habitantes de Brasilia, en el centro del país, amanecieron con su ciudad cubierta por el humo originado en los incendios de vegetación. Dos semanas y 1000 kilómetros después fue el turno para los 23 millones que viven en São Paulo, la megalópolis en el sur del país.
Cruzando fronteras, el humo de los incendios de Bolivia y Brasil llegó al norte de Argentina y a Uruguay, donde se recomendó a la población limitar su exposición al humo, suspender las actividades al aire libre y mantener las ventanas cerradas.

Cerrando el círculo
Especialistas del observatorio británico sobre el clima World Weather Attribution advierten de que el calentamiento provocado por los combustibles fósiles está haciendo que los ecosistemas vitales sean más secos e inflamables.
Sus estudios recientes concluyeron que el cambio climático hizo que fueran cuatro veces más probables y 40 % más intensas las condiciones de calor, sequedad y viento que provocaron los incendios forestales del Pantanal, y lo señalaron como principal impulsor de las excepcionales sequías experimentadas en la cuenca amazónica.
En Brasil, que vive su peor sequía en 70 años, se reconoce que buena parte de los incendios son provocados para abrir terreno para la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de la madera de forma ilegal. La Policía Federal ha abierto sobre el tema más de 50 investigaciones.
La ministra brasileña de Medio Ambiente y Cambio Climático, Marina Silva, incluso habla de “terrorismo climático”, y subrayó la responsabilidad de particulares durante una reciente gira por áreas quemada, al decir lapidariamente que su gobierno “no conoce de ningún caso de un incendio provocado por un rayo”.
La Coiab subraya que los incendios, la deforestación y la degradación ambiental, impulsadas por la agroindustria, la minería, la explotación de gas y petróleo y la industria maderera, están llevando a la Amazonía y ecosistemas relacionados a un punto de no retorno.
Para Manchineri “si la humanidad no está en el punto de no retorno, sin duda está muy cerca. De forma prioritaria deben demarcarse los territorios indígenas, así como proteger unidades de conservación y bosques públicos. Sin acciones estructurales de preservación y recuperación de los bosques y territorios, no habrá futuro”.
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Sudamérica literlamente incendiada

 


7.821 incendios forestales siguen activos en Sudamérica, según un informe del Instituto Brasileño de Investigación Espacial

Fecha de Publicación
: 13/09/2024
Fuente: Agencia EFE
País/Región: América del Sur


Sudamérica tiene este miércoles 7.821 incendios forestales activos, concentrados principalmente en Bolivia, Brasil y Paraguay, según datos del Instituto Brasileño de Investigación Espacial (INPE).
Bolivia es el país más afectado, con 3.749 focos de incendio activos, un 47,9 % del total de la región, seguido de Brasil, que suma 2.909 fuegos, un 37,2 %.
Paraguay suma 716 fuegos, un 9,2 % del total, según los datos del INPE, captados por satélite, que en menor medida también han identificado 276 incendios activos en Argentina y 114 en Perú.
La situación es especialmente preocupante en la región amazónica de Bolivia y de Brasil, aunque en este país los fuegos se han propagado también por zonas rurales del centro y del sureste.
Los incendios se han agravado en momentos en los que la Amazonía está atravesando una sequía sin precedentes, agravada por la crisis climática.
La sequía ha reducido el caudal de varios ríos importantes a niveles mínimos, ha dejado comunidades rurales aisladas y causado dificultades en el tránsito de personas y mercancías, que en la región amazónica dependen del transporte fluvial.
El Gobierno de Brasil informó este martes de que unas 6,7 millones de hectáreas de la Amazonía brasileña han sido arrasadas por los incendios desde que comenzó el año, lo que supone un 1,6 % del territorio de la selva.
Las autoridades brasileñas sospechan que la mayoría de los incendios han sido causados por la acción humana.
En tanto, en Bolivia el Gobierno ha declarado la emergencia nacional, después de que el fuego ha destruido más de 4 millones de hectáreas de bosques y pastizales, según datos de organizaciones privadas.
El gran número de incendios ha originado una intensa humareda que desde hace días afecta la calidad del aire en vastos territorios desde el norte de Brasil hasta Argentina, y ha obligado a suspender vuelos en varias ciudades, entre ellos la brasileña de Porto Velho y en la boliviana de Santa Cruz.
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