1 de cada 4 europeos supera el umbral seguro de PFAS

 


¿Por qué preocupan tanto las PFAS, los denominados "químicos eternos"?

Un estudio exploratorio con 110 voluntarios europeos encontró que uno de cada cuatro supera el valor de referencia sanitario para PFAS de cadena larga, mientras que el TFA -una de estas sustancias de cadena ultracorta- apareció en el 100% de las muestras con los niveles más altos jamás registrados en este tipo de estudios.

Uno de cada cuatro europeos analizados supera el umbral recomendado de PFAS, un grupo muy amplio de sustancias químicas sintéticas, conocidas como perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, que apenas se degradan en la naturaleza y se acumulan en los seres vivos y en el cuerpo humano. Se trata de miles de compuestos artificiales -con estimaciones que van de unos 4.000 a más de 10.000- utilizados durante décadas en numerosos sectores por propiedades muy concretas: repelen el agua, la grasa y la suciedad, resisten el calor y son muy estables químicamente, de ahí su apodo de "químicos eternos".

Lo que encontró el estudio
El trabajo analizó la presencia de nueve PFAS en sangre de 110 voluntarios residentes en Europa, con una edad media de 40 años, en un rango de entre 12 y 78 años, a partir de muestras tomadas durante el verano de 2026. De ese total, 27 participantes -uno de cada cuatro- superaban el valor de referencia sanitario establecido con base en los criterios de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria para la suma de cuatro PFAS de cadena larga. En el 1% de la muestra con las concentraciones más elevadas, los niveles llegaron a multiplicar por 2,6 ese valor de referencia. Los autores aclaran que superar ese umbral no implica que el riesgo de sufrir efectos adversos aumente en la misma proporción, ya que el valor utilizado se deriva de la ingesta semanal tolerable fijada por la EFSA, y remarcan además que su muestra no era representativa de toda la población europea, por lo que debe leerse como una señal de exposición y no como una radiografía definitiva del continente.

Un dato que llamó la atención de los propios investigadores
Uno de los hallazgos más destacados fue la presencia de ácido trifluoroacético, o TFA, un PFAS de cadena ultracorta, en el 100% de los participantes. El TFA representó alrededor del 80% de la masa total de los seis PFAS detectados en el estudio y, según los propios autores, sus niveles fueron los más altos registrados hasta ahora en los estudios de biomonitorización humana que analizaron como referencia. Los investigadores consideran que las concentraciones observadas probablemente reflejan una exposición frecuente a esta sustancia en la vida cotidiana. Sin embargo, actualmente no existe un valor de referencia basado en la concentración de TFA en sangre que permita determinar con precisión si los niveles detectados implican un riesgo concreto para la salud.

Efectos adversos asociados y una generación más reciente
Según diversos estudios publicados en los últimos años, la exposición a PFAS se asocia con efectos adversos sobre el hígado, el sistema inmunitario, el sistema endocrino, la fertilidad y la tiroides, además de riesgos como obesidad, problemas reproductivos, alteraciones del desarrollo, menor respuesta a las vacunas y diversos tipos de cáncer. En julio de este año, un equipo internacional liderado por dos investigadores del Centro Nacional francés para la Investigación Científica identificó, en un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters, efectos neurológicos "no documentados hasta ahora" en ratones y pájaros, como cambios de comportamiento y potenciales consecuencias para el desarrollo cognitivo embrionario, asociados a una nueva generación de PFAS. En el caso específico del TFA, una investigación reciente en células endoteliales humanas -las que recubren el interior de los vasos sanguíneos- encontró que esta sustancia puede interferir con la glucólisis, el proceso mediante el cual esas células producen energía, lo que podría afectar su capacidad de mantener y generar nuevos vasos sanguíneos.

Dónde están y cómo se regulan
Estas sustancias se utilizan en una amplia variedad de productos y procesos: aparecen en utensilios de cocina antiadherentes, envases alimentarios, textiles impermeables, cosméticos, productos de limpieza, lubricantes, pesticidas, espumas contra incendios, componentes electrónicos, piezas de automoción, semiconductores, tuberías, refinerías y materiales desechables para comida. La preocupación no se limita a su presencia en productos de consumo: esas sustancias terminan dispersándose en el ambiente y entrando en la cadena de exposición humana, y se han detectado en sangre, agua potable, aguas superficiales y subterráneas, suelos, frutas, verduras, pescado, cereales y envases alimentarios. El propio TFA, presentado como un derivado o producto de degradación de otros PFAS y de ciertos gases fluorados, tiene presencia destacada tanto en agua como en muestras biológicas. Frente a este panorama, la EFSA recomendó este verano reducir los niveles de exposición permitidos de TFA en los alimentos: tras revisar la evidencia científica más reciente, sus expertos propusieron rebajar 3,5 veces el índice diario aceptable, hasta situarlo en 0,014 miligramos por kilo de peso corporal. En paralelo, el nuevo reglamento europeo para envases y residuos de embalajes, vigente desde el 12 de agosto, incluye nuevos límites para estas sustancias químicas en los envases que están en contacto con alimentos.


Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Chemical & Engineering News (Estados Unidos), Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)

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