El futuro de los alimentos y la amenaza de la crisis climática
Así cambiará la capacidad del planeta para producir alimentos por el calentamiento global
Fecha de Publicación: 13/07/2026
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: Internacional
Investigadores del Instituto de Análisis Económico (IAE) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han desarrollado una plataforma que permite prever cómo el cambio climático erosiona el potencial agrícola en áreas de todo el planeta y que anticipa que, en España, mientras la cornisa cantábrica, Galicia y Pirineos ganarán productividad, buena parte del interior y del centro-este la perderán.
Bautizada como CADI (Climate-Driven Agricultural Decline Index), esta herramienta ofrece estimaciones de la caída de la capacidad máxima de producción agrícola atribuible al cambio climático, así como proyecciones en los diferentes escenarios climáticos previstos por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) si no se lleva a cabo ninguna medida de adaptación.
Según sus responsables, sus predicciones sirven para ayudar a responsables políticos y de las administraciones en la toma de decisiones y en el diseño de medidas de adaptación.
La caída de productividad ya ha empezado
La investigación muestra que el cambio climático ya está mermando la producción de alimentos para cientos de millones de personas.
Alrededor del 16 % de las tierras de cultivo del mundo ya ha perdido más del 10 % de su productividad potencial, según los cambios observados entre los períodos 1980-2000 y 2000-2020.
Según la misma fuente, los efectos sobre la productividad agrícola son muy desiguales, de forma que las regiones tropicales son las más afectadas por las pérdidas, mientras que algunas zonas de latitudes altas «salen ganando», ya que podrían ver aumentada su productividad potencial.
En Europa, el norte del continente y las zonas de mayor altitud (Escandinavia, Finlandia, Escocia o los Alpes) ganan potencial agrícola, mientras que el sur, incluida la península ibérica, lo pierde.
En España, el patrón mundial se reproduce a pequeña escala: la cornisa cantábrica, Galicia y los Pirineos ganan productividad, mientras que buena parte del interior y del centro-este peninsular la pierde, incluyendo zonas en las que se concentran pérdidas severas.
No obstante, los autores advierten de que las ganancias más extremas de las latitudes altas parten de niveles de producción muy bajos, por lo que aunque en porcentaje son «enormes», si se miden en calorías absolutas, son «modestas».
Conflictos internos y entre países
Se estima que para el periodo 2041-2060, y en un escenario de calentamiento medio-alto (aumento global aproximado de la temperatura de 2,1 °C), casi el 50 % de la población mundial podría estar viviendo en zonas agrícolas con su potencial en declive.
El modelo prevé que un pequeño número de zonas críticas concentrará una parte desproporcionada de las pérdidas globales: solo un 5 % de las tierras agrícolas en zonas tropicales suma ya hasta el 35 % de todas las pérdidas.
A mediados de siglo, un 25 % de los países concentrarán entre el 85 y el 90 % de las pérdidas totales a nivel mundial.
Esta desigualdad no se da solo entre países, sino también entre regiones distintas de un mismo país, lo que planteará un reto, incluso donde la productividad aumenta, puesto que el desplazamiento del peso de la agricultura hacia nuevas zonas obligará a reasignar tierra, agua e inversión dentro de las fronteras nacionales.
Estas «tensiones distributivas» pueden alimentar conflictos no solo entre países, sino también en el interior de cada uno, advierten los investigadores.
El proyecto
CADI compara los rendimientos alcanzables (productividad biofísica máxima de un lugar) bajo el clima de distintos períodos de 20 años, con una resolución en la que cada celda mínima tiene aproximadamente 10×10 kilómetros.
Para cada celda, la productividad se calcula manteniendo en todos los períodos (1981-2000 y 2001-2020) y escenarios la misma composición de cultivos observada en 2020, para cuantificar los cambios. Para poder tener una base sobre la que comparar las proyecciones de futuro, toma datos históricos de productividad agrícola y climáticos de la FAO y del programa de observación de la Tierra Copérnico, respectivamente.
La plataforma toma los datos observados y los recalcula bajo los distintos escenarios climáticos del IPCC hasta el año 2100, siempre bajo el supuesto de que no se hace ninguna adaptación y se mantienen los mismos cultivos y prácticas.
El proyecto ha sido coordinado por Laura Mayoral y Hannes Mueller, investigadores del IAE-CSIC y asociados a la Barcelona School of Economics. Junto a ellos, han participado en el desarrollo la organización europea Centre for Economic Policy Research (CEPR); la Foreign, Commonwealth & Development Office (FCDO) del gobierno británico; y la iniciativa Reducing Conflict and Improving Performance in the Economy (CEPR–ReCIPE).
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Políticas alimentarias: más comida pero menos acceso
Los sistemas y políticas alimentarias que socavan la seguridad alimentaria
Fecha de Publicación: 14/05/2026
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
Las compañías agroindustriales transnacionales influyen cada vez más en las políticas alimentarias a nivel mundial. Con el pretexto de ser las más indicadas para abordar los problemas de seguridad alimentaria, buscan obtener mayores beneficios de las innovaciones en la producción, el procesamiento y la distribución de alimentos.
La seguridad alimentaria de la posguerra
Las políticas alimentarias en el Sur global han evolucionado significativamente desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), especialmente tras la independencia de las naciones de Asia y África, a menudo tras haber sufrido privaciones alimentarias durante la guerra.
Los primeros años de la posguerra y la era poscolonial vieron un nuevo énfasis en la seguridad alimentaria, especialmente tras la grave escasez de alimentos antes, durante y después de la guerra.
Muchos murieron de hambre mientras millones sufrían desnutrición aguda. La hambruna de Bengala en la India durante la guerra se cobró más de tres millones de vidas, mientras el primer ministro británico, Winston Churchill, daba prioridad a los intereses imperiales británicos y a las prioridades militares.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias coloniales utilizaron los suministros alimentarios como arma con fines de contrainsurgencia y control de la población, especialmente para vencer la resistencia antiimperialista popular.
Muchos de los fallecidos no fueron bajas militares, sino víctimas de la privación alimentaria deliberada como parte de la contrainsurgencia. Como era de esperar, los esfuerzos en materia de seguridad alimentaria se convirtieron en una prioridad política popular tras la Segunda Guerra Mundial.
Las organizaciones de investigación controladas por Occidente, incluida la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), adquirieron gran influencia, configurando e incluso desarrollando políticas de seguridad alimentaria poscoloniales.
Revolución Verde
Se crearon instituciones de investigación públicas en los países en desarrollo, muchas de las cuales están afiliadas al Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).
La Revolución Verde se centró inicialmente en aumentar los rendimientos del trigo, el maíz y el arroz. Estos esfuerzos incrementaron la producción de cereales de forma desigual durante las décadas de 1960 y 1970.
La lógica maltusiana sostenía que el aumento de la esperanza de vida significaba que el crecimiento demográfico superaba el incremento del suministro de alimentos, limitado por la escasez de tierras agrícolas.
A medida que disminuyó la financiación gubernamental de las naciones ricas, los poderosos intereses corporativos y las organizaciones filantrópicas ganaron aún más influencia. A menudo promovían sus propios intereses a expensas de los agricultores, los consumidores y el medio ambiente.
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida) se creó en la década de 1970, destinando una pequeña parte de los ingresos extraordinarios del petróleo al desarrollo alimentario y agrícola.
Poco después, Estados Unidos transformó su programa de la Ley Pública 480 en el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas. Así, algunas funciones de la FAO se cedieron a fondos y programas de la ONU controlados por donantes, también establecidos en Roma.
Resulta vergonzoso que un informe de la FAO revelara que se retuvieron los suministros alimentarios del PMA destinados a Somalia para evitar que cayeran en manos de la milicia «islamista» Al Shabaab. Chatham House también estimó que esto provocó entre 200 y t300 000 muertes.
Neoliberalismo
La contrarrevolución contra los esfuerzos de desarrollo nacional en la década de 1980 socavó las capacidades fiscales de los gobiernos, la industrialización de sustitución de importaciones y los esfuerzos en materia de seguridad alimentaria.
Se impusieron políticas neoliberales de ajuste estructural que implicaban la liberalización económica a los países en desarrollo altamente endeudados, principalmente en América Latina y el África subsahariana.
El Norte global promovió la liberalización del comercio, socavando la protección y el apoyo anteriores a la producción alimentaria e industrial.
Poderosos conglomerados alimentarios patrocinaron y promovieron indicadores de seguridad alimentaria favorables a las importaciones, socavando la investigación y los esfuerzos de defensa de la FAO y otros actores de la sociedad civil.
Países que apenas producían alimentos ocupaban puestos altos en la clasificación, mientras que las organizaciones de la sociedad civil intentaban contrarrestar esto con sus propios indicadores, centrados principalmente en la soberanía alimentaria.
Trump 2.0
Ha comenzado una nueva fase con la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, tras haber gobernado el país ya entre 2017 y 2021.
La instrumentalización de las políticas y acuerdos económicos por parte del llamado Trump 2.0, incluido el suministro de alimentos, tiene implicaciones inquietantes para los países que intentan afirmar cierta independencia.
Las amenazas económicas y militares se han utilizado con diversos fines, incluidos objetivos económicos, políticos y otros «estratégicos».
Los aranceles y las sanciones forman ahora parte de un variado arsenal de armas de este tipo desplegadas con diversos fines.
Se ha llegado incluso a amenazar a gobiernos con aranceles y sanciones por motivos personales. Trump ha exigido la libertad del expresidente brasileño Jair Bolsonaro tras su fallido golpe de Estado tras perder las últimas elecciones presidenciales.
El despliegue de estas armas económicas ha agravado la creciente estanflación económica mundial, ya que diversas amenazas de las políticas económicas y militares de Trump exacerban las presiones contractivas e inflacionistas.
El PMA, controlado por Estados Unidos, se utilizó durante mucho tiempo para proporcionar ayuda alimentaria de forma selectiva. Pero en Washington queda poca simpatía por las preocupaciones de seguridad alimentaria de otras naciones.
Para recortar el gasto del gobierno federal, Trump ha puesto fin a la ayuda oficial al desarrollo y a la asistencia humanitaria, incluida la ayuda alimentaria, mientras que Estados Unidos sigue siendo el principal exportador mundial de alimentos.
No obstante, Trump podría tomar nuevas medidas inesperadas para impulsar los ingresos de los agricultores y recuperar el apoyo electoral antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
La instrumentalización de la ayuda alimentaria dio un giro ominoso durante el asedio israelí de la Franja de Gaza, al calibrar el acceso a los alimentos para permitir una limpieza étnica selectiva.
La Fundación Humanitaria de Gaza atrajo a residentes hambrientos a sus centros de distribución de alimentos, lo que provocó que familias hambrientas que buscaban comida desesperadamente recibieran disparos mientras la buscaban.
La pobreza se define principalmente por el acceso inadecuado a los alimentos, mientras que la FAO considera que los ingresos son el principal determinante de la inseguridad alimentaria.
Aunque los indicadores de pobreza del Banco Mundial han seguido disminuyendo en general, los indicadores de la FAO sugieren un retroceso en los avances anteriores en materia de seguridad alimentaria durante la última década.
Estas tendencias contradictorias no solo reflejan problemas a la hora de estimar y comprender la pobreza y la seguridad alimentaria, sino que también sugieren que las políticas resultantes están mal fundamentadas, si no peor.
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Los sistemas agrícolas están al límite, la OMM avisa
¿Un mundo sin cosechas? El preocupante informe de la OMM y la FAO sobre el límite de nuestros sistemas agrícolas
Fecha de Publicación: 05/05/2026
Fuente: Portal MeteoRed
País/Región: Internacional
El calor ya no es solo un fastidio; ahora también están cambiando la manera en la que producimos nuestros alimentos. Un informe de la OMM, advierte que los sistemas agrícolas están al límite.
El campo siempre ha vivido de los extremos, pero lo que estamos viendo hoy ya no es parte del “ciclo natural”. El calor extremo se ha convertido en un punto de quiebre que está cambiando las reglas del juego para agricultores, ganaderos y toda la cadena alimentaria.
De acuerdo con un reciente informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor han aumentado de forma notoria en los últimos 50 años. Esto, además de significar días de calor insoportable, también implica eventos más prolongados que impactan directamente la productividad del campo.
El calor ya no es un tema aislado; se ha convertido en una nueva condición crítica que afecta la base misma del sistema agrícola.
El problema no es solo la temperatura en sí. El calor extremo funciona como un “multiplicador de riesgos”, intensificando otros problemas como sequías, plagas, incendios y estrés hídrico. En otras palabras, no llega solo, sino que viene acompañado de un combo de problemas que complican por completo la producción agrícola.
Además, este fenómeno no hace distinciones entre sistemas. Los cultivos, el ganado, la pesca e incluso los bosques están siendo afectados, lo que pone en peligro la producción y sobre todo los medios de vida de millones de personas que dependen del sector agroalimentario.
El calor extremo y su impacto directo en el campo
Cuando hablamos de calor extremo, no solo estamos hablando de “mucho Sol”. En términos agronómicos, existen umbrales críticos que, una vez superados, comienzan a afectar el rendimiento. Por ejemplo, muchos cultivos empiezan a perder productividad por encima de los 30 °C, y algunos como la cebada o la papa son mucho más sensibles.
En el caso del ganado, la situación no es menos delicada. El estrés térmico puede comenzar desde los 25 °C, afectando el consumo de alimento, la reproducción y la producción de leche o carne. Animales como cerdos y aves son aún más susceptibles a las temperaturas extremas porque no pueden regular bien su temperatura corporal.
El calor también impacta a las personas, ya que en algunas regiones el número de días en los que es imposible trabajar debido a las altas temperaturas podría aumentar, afectando la productividad agrícola.
Hoy en día, vivimos en una época en la que cada gota de agua cuenta, y el calor complica la situación al aumentar la evaporación y reducir la disponibilidad de agua, lo que lleva a las sequías repentinas. Mismas que representan un enorme peligro al extenderse rápidamente y dejando poco tiempo para reaccionar en campo.
Las altas temperaturas también ponen en jaque tanto a los ecosistemas acuáticos como a las personas. En los ecosistemas acuáticos, el calor reduce los niveles de oxígeno en el agua, lo que puede causar la muerte de peces y, por lo tanto, afectar la pesca y la seguridad alimentaria en muchas regiones.
Adaptación: lo que sí podemos hacer en el campo
Aquí es donde la situación da un giro de 180 grados. Adaptarse al calor ya no es una opción, sino una necesidad imperiosa. Empieza desde decisiones muy concretas, como elegir mejor qué sembrar. Existen cultivos y variedades que toleran mejor temperaturas elevadas, y esa elección, puede definir el éxito del ciclo.
El calendario agrícola también tiene un peso importante. Mover fechas de siembra unos días o semanas puede evitar que el cultivo entre en su etapa más sensible justo en pleno pico de calor. En el campo se nota y una siembra mal planeada se paga bastante caro.
Otro aspecto de suma importancia es el acceso a la información. Contar con pronósticos y avisos como los que se comparten en Meteored, transforma por completo la forma de trabajar. Nos permite anticiparnos y evitar reacciones tardías.
En el manejo de cultivos, no existen soluciones mágicas, pero sí herramientas que pueden ayudar. Cubrir el suelo, mejorar el riego o generar algo de sombra reduce la presión del calor sobre el cultivo. Estas prácticas no eliminan el estrés térmico, pero sí aportan un mayor margen de maniobra, y a veces ese margen es lo que salva la cosecha.
No todos pueden adaptarse al mismo ritmo, y ahí es donde entran en juego los seguros, los apoyos o el financiamiento. Adaptarse tiene un costo, y muchas veces la diferencia entre prosperar o abandonar la actividad está en contar con ese respaldo económico.
En el campo ya estamos jugando en modo legendario, y seguir haciendo lo mismo que hemos hecho durante los últimos años ya no es suficiente. Aunque no es que vayamos a quedarnos sin cosechas mañana, sí estamos viendo señales de que si no ajustamos el rumbo, lo pagaremos muy caro.
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El calor extremo amenaza la producción mundial de alimentos
Los efectos de las olas de calor en la agricultura amenazan a mil millones de personas
Fecha de Publicación: 24/04/2026
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: Internacional
Un informe publicado por agencias de Naciones Unidas centrado en los efectos adversos del cambio climático en el sector primario denuncia que los episodios de calor extremo amenazan el trabajo, la salud y la productividad de mil millones de personas que dependen de la agricultura, la ganadería y la pesca.
Trabajadores agrícolas y sistemas agroalimentarios se sitúan entre los principales afectados por las olas de calor, concluye un informe publicado este miércoles por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El director general de la FAO, Qu Dongyu, ha destacado que el estudio «pone de relieve cómo el calor extremo multiplica los riesgos y ejerce creciente presión sobre cultivos, ganado, pesca, bosques y las comunidades que dependen de ellos».
Consecuencias de las altas temperaturas
El informe, lanzado en coincidencia con la celebración del Día de la Tierra, alerta por ejemplo de cómo el estrés comienza a afectar a las especies ganaderas por encima de temperaturas de 25 grados centígrados, e incluso algo antes en el caso de pollos y cerdos, que no pueden regular el calor corporal mediante sudoración.
Asimismo, los peces pueden sufrir fallos cardíacos en aguas afectadas por olas de calor extremo, que en 2025 se dieron en más del 90 % de los océanos globales, según el informe anual de la OMM.
A nivel agrícola, los rendimientos de los principales cultivos comienzan a disminuir por encima de los 30 grados centígrados, e incluso menos en el caso de la patata o la cebada.
El estudio también destaca que el calor extremo pasa factura a los trabajadores agrícolas, que en regiones como Asia, África o Latinoamérica pueden sufrir ya más de 250 días al año en los que hace demasiado calor para trabajar de forma segura para su salud.
Junto a estos impactos directos de las altas temperaturas, OMM y FAO recuerdan que el calor tiene un destacado papel en los incendios forestales, las sequías repentinas o la propagación de plagas y enfermedades, entre otros riesgos.
El informe subraya la necesidad de aplicar medidas de adaptación al calentamiento global en el sector primario, desde la mejora genética selectiva, la elección de cultivos, o la modificación de los calendarios de siembra.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, también ha destacado la necesidad de extender los sistemas de alerta temprana, especialmente importantes para que los agricultores puedan responder al calor extremo.
«Proteger el futuro de la agricultura y garantizar la seguridad alimentaria mundial requerirá no solo reforzar la resiliencia en las explotaciones, sino también solidaridad internacional y una voluntad política colectiva para compartir riesgos», concluye el informe.
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1000 millones de TN de alimentos se desperdician cada año
Desperdicio de alimentos: el desafío urgente que marca el Día de Cero Desechos
Fecha de Publicación: 01/04/2026
Fuente: ONU
País/Región: Internacional
Cada año se desperdician alrededor de 1000 millones de toneladas de alimentos y cerca del 60% del desperdicio ocurre en los hogares. Las agencias llaman a gobiernos, empresas y ciudadanía a adoptar medidas urgentes, desde mejorar la gestión de residuos hasta promover hábitos de consumo responsables.
El mundo enfrenta una crisis silenciosa, pero de enormes proporciones: el desperdicio de alimentos. En el marco del Día Internacional de Cero Desechos, conmemorado este 30 de marzo, organismos de la ONU advirtieron que esta problemática no solo agrava el hambre global, sino que también acelera el cambio climático y genera fuertes pérdidas económicas.
La jornada, impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ONU-Hábitat, pone el foco en 2026 en un dato alarmante: cada año se desperdician alrededor de 1000 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a casi una quinta parte de todos los alimentos disponibles para el consumo humano.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, fue contundente al señalar que diariamente se tira comida suficiente para preparar mil millones de comidas, mientras cerca del 9% de la población mundial padece hambre. “Estamos poniendo en riesgo nuestro clima, nuestros ecosistemas y nuestra capacidad de alimentarnos en el futuro”, advirtió.
Responsable del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero
El impacto ambiental es igualmente preocupante. La pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de hasta el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y de aproximadamente el 14% de las emisiones de metano, uno de los gases más contaminantes. Estas cifras colocan al desperdicio de alimentos como uno de los principales factores de la llamada “triple crisis planetaria”: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación.
Además, el problema tiene una dimensión estructural. Cerca del 60% del desperdicio ocurre en los hogares, mientras que el resto se distribuye entre servicios de alimentación y comercios. Esto evidencia fallas en toda la cadena, desde la producción hasta el consumo, lo que exige una transformación profunda hacia sistemas alimentarios más eficientes y sostenibles.
Frente a este escenario, la ONU insiste en que la solución está al alcance. Pequeños cambios en los hábitos de consumo, como planificar las compras, aprovechar mejor los alimentos o reducir las sobras, pueden tener un impacto significativo. Al mismo tiempo, se requiere la acción coordinada de gobiernos y empresas para rediseñar los sistemas alimentarios, mejorar la distribución y reducir pérdidas.
Iniciativas internacionales como Food Waste Breakthrough buscan reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030, lo que permitiría disminuir emisiones, mejorar la seguridad alimentaria y evitar pérdidas económicas estimadas en hasta un billón de dólares anuales.
El mensaje es claro: avanzar hacia un modelo de cero desechos no es solo una opción ambiental, sino una necesidad urgente. Reducir el desperdicio de alimentos es una de las acciones más efectivas y accesibles para construir un futuro más sostenible, justo y resiliente para el planeta y sus habitantes.
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Millones de personas en peligro por la sequía en Somalia
La sequía en Somalia afecta a 4,61 millones de personas, advierte la ONU
Fecha de Publicación: 05/02/2026
Fuente: Agencia SWI
País/Región: Somalia
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) advirtió este lunes de que 4,61 millones de personas se han visto afectadas por la sequía en Somalia, donde la escasez de agua y alimentos llevó al Gobierno a declarar una emergencia nacional a finales del pasado noviembre.
«Las condiciones de sequía se han intensificado en toda Somalia, lo que ha provocado una escasez generalizada de agua, la pérdida de cosechas, la muerte de ganado y desplazamientos», señaló la agencia en su último informe sobre la situación en el país.
Así, la falta de lluvias y las elevadas temperaturas redujeron la disponibilidad de agua superficial y subterránea, lo que dejó fuera de servicio 171 pozos y «alteró» la producción agrícola y ganadera en muchas regiones del país.
«Sin una asistencia urgente y ampliada, es probable que la convergencia de la sequía prolongada, el colapso de los medios de vida, el desplazamiento, los brotes de enfermedades y la reducción de la cobertura humanitaria provoque un mayor deterioro de la seguridad alimentaria, la nutrición, la salud y la protección, con el riesgo de una mayor dispersión geográfica y un impacto humanitario más profundo en los próximos meses», señaló la OCHA.
La agencia recordó que se requieren 852 millones de dólares (unos 712 millones de euros) en ayuda humanitaria para asistir a 2,4 millones de personas, si bien la cifra de necesitados real asciende a 4,8 millones, lo que deja «importantes brechas en los servicios esenciales».
«Los socios humanitarios están proporcionando alimentos, dinero en efectivo, agua, salud, refugio, nutrición y asistencia de protección, pero la respuesta se ve gravemente limitada por la escasez de fondos y la insuficiencia de recursos», lamentó la organización, en un contexto marcado por los recortes de ayuda humanitaria internacional impuestos en el último año.
La OCHA elevó a 490.730 el número de personas desplazadas en Somalia por la sequía, por encima de los 120.000 desplazados que registró entre los pasados septiembre y diciembre.
La situación en el país ha empeorado tras la ausencia de lluvias de julio a septiembre pasado en el norte, y la falta de precipitaciones de octubre a diciembre en todo el país.
Las regiones del norte sufrieron una cuarta temporada de lluvias fallida consecutiva, con niveles de precipitación un 60 % por debajo del promedio, las condiciones más secas registradas desde 1981.
La crisis no está haciendo más que agravarse con la llegada de la temporada seca, que se extiende entre enero y marzo, lo que ha provocado condiciones de «extrema sequía».
El calor extremo (35-40 °C) ha acelerado la pérdida de agua, dejando pastizales resecos y pozos de agua agotados, lo que está incrementando el coste del preciado líquido del agua y agravando los riesgos para la salud pública.
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Una dieta saludable es hasta mejor para el planeta
Comer sano resulta más barato y respetuoso con el clima, según un estudio
Fecha de Publicación: 30/12/2025
Fuente: Agencia Servimedia
País/Región: Internacional
Una dieta saludable puede ahorrar dinero y causar menos emisiones de gases de efecto invernadero que las opciones alimentarias actuales de la mayoría de las personas.
Esa es la conclusión de un nuevo estudio global que examina los costes de los alimentos, la nutrición y el impacto climático en todo el mundo.
Dirigido por investigadores de la Escuela de Ciencias y Políticas de la Nutrición Gerald J. y Dorothy R. Friedman de la Universidad de Tufts (Estados Unidos), el estudio identifica los alimentos disponibles localmente que cubrirían las necesidades nutricionales básicas con el menor nivel posible de emisiones de gases de efecto invernadero y el menor coste económico, y comparó dichas dietas con los alimentos realmente consumidos.
Los hallazgos, publicados en la revista 'Nature Food', desafían la creencia generalizada de que una alimentación saludable y respetuosa con el medio ambiente implica pagar más por productos de alta calidad.
"La gente no puede ver ni saborear las emisiones causadas por cada alimento, pero todos pueden ver el precio del artículo y, dentro de cada grupo de alimentos, las opciones menos costosas generalmente causan menos emisiones", según Wiliam A. Masters, autor principal del estudio.
Mientras los gobiernos y las organizaciones internacionales exploran cómo reducir las emisiones del sistema alimentario sin empeorar la inseguridad para comer, los hallazgos abordan una posible situación en la que todos ganan: dietas saludables que sean, a la vez, más baratas y más respetuosas con el clima.
Masters y sus colegas buscaron identificar qué alimentos serían la forma más sostenible de satisfacer los requerimientos nutricionales, basándose en los objetivos de la Canasta de Dieta Saludable utilizados para el análisis global por agencias de la ONU y gobiernos nacionales alrededor del mundo.
Tres tipos
El equipo analizó tres tipos de datos sobre cada alimento: su disponibilidad y precio en cada país, la proporción que representaba del suministro de alimentos de cada país y el promedio global de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a dicho producto.
Para cada nación, modelaron cinco dietas: la más saludable con menores emisiones, la más saludable al menor coste y tres versiones basadas en los alimentos más consumidos.
"En general, elegir opciones más económicas en cada grupo de alimentos es una forma fiable de reducir la huella climática de la dieta", según Elena M. Martínez, coautora del trabajo, quien añade: "Este nuevo estudio lleva esto a los extremos, preguntándose qué productos podrían satisfacer las necesidades de salud con la menor huella climática posible".
En 2021, una dieta saludable basada en los productos más consumidos de cada grupo alimentario emitió 2,44 kilos de emisiones equivalentes de CO2 por persona al día y tuvo un coste medio global de 9,96 dólares.
En cambio, la dieta de referencia para minimizar los daños climáticos habría emitido tan solo 0,67 kilogramos y habría costado 6,95 dólares. La dieta saludable diseñada para minimizar el coste monetario habría emitido 1,65 kilos y costado 3,68 dólares.
Un tercer escenario, que combinaba los productos más consumidos con opciones saludables de menor coste, se situó en un punto intermedio, con un coste de unos 6,33 dólares al día y una producción de 1,86 kilos de emisiones, muy por debajo de las dietas habituales, aunque no tan bajo como las opciones más económicas o con menores emisiones.
Menos combustibles fósiles
En la mayoría de los grupos de alimentos, las opciones de menor coste también generan menos emisiones, ya que generalmente utilizan menos combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y generan menos cambios en el uso del suelo.
Sin embargo, en el extremo opuesto de los bajos costes y las bajas emisiones, existen compensaciones en dos grupos de alimentos importantes: los alimentos de origen animal y los alimentos básicos ricos en almidón.
Entre los alimentos de origen animal, la opción más económica suele ser la leche, cuyas emisiones de CO2 equivalente son mucho menores que las de la carne de res y otras carnes. Sin embargo, pescados como la sardina y la caballa se asocian con emisiones aún menores, con un coste por caloría intermedio.
Entre los alimentos básicos ricos en almidón, el arroz suele ser la opción más económica en países donde el trigo o el maíz serían los productos con menores emisiones.
Sin embargo, las emisiones del arroz son mayores que las del trigo o el maíz, ligeramente más caros, según los investigadores, principalmente por el metano emitido en los arrozales inundados. Este metano microbiano provoca mayores emisiones en el arroz, a pesar de ser un alimento más económico.
"Hay situaciones en las que reducir las emisiones cuesta dinero, ya que implica invertir en nuevos equipos y fuentes de energía. Pero en el supermercado, la frugalidad es una guía útil para la sostenibilidad. La mayoría de las personas pueden reducir las emisiones eligiendo opciones más económicas de cada grupo de alimentos, con importantes excepciones en los extremos de las dietas de bajo costo debido al metano de los lácteos y el arroz", concluye Masters.
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Se proyecta disminución de cosechas por la crisis climática
El cambio climático reducirá drásticamente las cosechas
Fecha de Publicación: 07/11/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
El cambio climático socavará drásticamente la productividad agrícola y el bienestar humano, con algunos de los mayores riesgos concentrados en los países menos capacitados para adaptarse, expuso un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).
Los datos del Pnud muestran que los países más pobres del mundo se enfrentan a algunas de las mayores pérdidas en productividad agrícola, con una proyección de disminución de la producción media nacional de cultivos de entre 25 % y 30 % para finales de siglo, en un escenario de emisiones muy elevadas.
Controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, que calientan la atmósfera, es un objetivo global, y la inmensa mayoría de las naciones, en el Acuerdo de París de 2015, fijó el objetivo de que para finales de siglo la temperatura media del planeta no exceda de dos grados centígrados (°C) sobre los niveles de la era preindustrial.
Ahora, el estudio de la plataforma Human Climate Horizons, del Pnud, afirma que, incluso considerando la adaptación de los agricultores al cambio climático, más de 90 % de los países evaluados (161 de 176 analizados) experimentarán disminuciones en el rendimiento de los cultivos básicos para finales de siglo.
La investigación analizó seis cultivos básicos: maíz, arroz, trigo, soja, yuca y sorgo.
El África subsahariana y partes de Asia, donde los agricultores dependen en gran medida de la lluvia en lugar del riego, son especialmente vulnerables y tienen menos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes.
Pero las potencias agrícolas tampoco se salvan. Las economías consideradas “graneros del mundo” -incluidas las principales productoras de trigo y soja- no están aisladas del impacto.
Bajo un calentamiento severo, esas potencias muestran las mayores pérdidas de rendimiento, con caídas que alcanzan a 40 %, lo que podría generar efectos en cadena sobre los precios de los alimentos, el comercio y la estabilidad global.
De ese modo “el cambio climático no es solo un desafío ambiental; es una profunda crisis de desarrollo”, advierte el experto Pedro Conceição, director de la oficina del Informe Sobre Desarrollo Humano del Pnud.
“Las altas cosechas no solo son importantes para la seguridad alimentaria; también sustentan los medios de vida y abren caminos para la diversificación económica y la prosperidad. Las amenazas a los rendimientos agrícolas son amenazas para el desarrollo humano hoy y en el futuro”, expuso Conceição.
El panorama futuro mostrado se superpone a una crisis ya instalada, y el Pnud recordó que en estos días la FAO en su informe El Estado de la Alimentación y la Agricultura 2025 alertó de que la degradación del suelo causada por el ser humano ya ha reducido la productividad agrícola global en al menos 10 %.
Ese informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) indicó que la sola degradación de os suelos ha afectado la alimentación y modos de vida de unos 1700 millones de personas.
El cambio climático, por lo tanto, “no actúa en el vacío, sino que golpea un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable, creando una tormenta perfecta para la seguridad alimentaria mundial”, expone el reporte del Pnud.
Pero el estudio también ofrece un mensaje de esperanza: reducir las emisiones importa, y cuando los países cortan las emisiones a niveles moderados, las pérdidas de cultivos hacia 2100 son menos de la mitad que bajo escenarios de altas emisiones.
El Pnud considera que hallazgos como los de su estudio “resuenan con la Declaración de Belém sobre el hambre, la pobreza y la acción climática centrada en el ser humano, previa a la COP30 en Brasil”, enfatizando que los sistemas alimentarios y la equidad deben ser centrales en las estrategias climáticas globales.
Se prevé que esa declaración se adopte en una reunión de líderes previa a la COP30 (la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que se desarrollará desde el 10 de noviembre en la ciudad brasileña de Belém, en plena Amazonia.
Conceição remarcó el criterio de que “el camino hacia un futuro sostenible y equitativo reside en una acción climática centrada en las personas”.
“Garantizar que cada persona mantenga el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y confiables no es solo una cuestión de supervivencia; es una piedra angular de la dignidad y el desarrollo humano”, abundó.
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1700 millones de personas viven en zonas con suelos degradados
Degradación del suelo agrícola afecta a 1700 millones de personas
Fecha de Publicación: 04/11/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
Unos 1700 millones de personas viven en zonas donde la producción agrícola disminuye debido a la degradación de la tierra causada por el ser humano, advierte un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicado este lunes 3.
El informe “transmite un mensaje claro: la degradación de la tierra no es solo un problema ambiental, sino que afecta a la productividad agrícola, los medios de subsistencia rurales y la seguridad alimentaria”, destaca el documento.
La FAO define la degradación de la tierra como una disminución a largo plazo de la capacidad de la tierra para proporcionar funciones y servicios ecosistémicos esenciales.
La degradación de la tierra rara vez se debe a una sola causa; suele ser el resultado de una combinación de factores. Entre ellos se incluyen causas naturales, como la erosión y la salinización del suelo, y presiones antropogénicas, cada vez más predominantes.
Actividades como la deforestación, el sobrepastoreo y las prácticas agrícolas y de riego insostenibles se encuentran actualmente entre las principales causas. Dado su profundo impacto en la productividad agrícola, el informe se centra específicamente en la degradación de la tierra causada por el ser humano.
Para medir esto, el informe aplica un enfoque basado en la deuda, comparando los valores actuales de tres indicadores clave -carbono orgánico del suelo, erosión del suelo y agua del suelo- con las condiciones que existirían sin actividad humana en estados nativos o naturales.
El informe estima que alrededor de 1700 millones de personas en todo el mundo viven en zonas donde el rendimiento de los cultivos es 10 % menor debido a la degradación de la tierra causada por el ser humano.
De ellas, 47 millones son niños menores de cinco años que sufren retraso en el crecimiento. En cifras absolutas, los países asiáticos son los más afectados, tanto por la deuda acumulada por la degradación de la tierra como por su alta densidad de población.
La mayoría de las personas afectadas por las brechas de rendimiento viven en regiones caracterizadas por la agricultura de pequeños productores y una aguda vulnerabilidad socioeconómica.
Esos puntos críticos, concentrados en el sur de Asia y el África subsahariana, “representan una preocupante convergencia de tierras degradadas, baja productividad agrícola y privación humana”, subraya el estudio.
El informe también ofrece esperanza: revertir tan solo 10 % de la degradación causada por el ser humano en las tierras de cultivo existentes podría restablecer la producción suficiente para alimentar a 154 millones de personas más cada año.
Ofrece como ejemplo la adopción de prácticas de gestión sostenible de la tierra, como la rotación de cultivos y los cultivos de cobertura para preservar la salud del suelo, reducir la erosión y contribuir a la biodiversidad.
Señala que la degradación de la tierra afecta a explotaciones agrícolas de todos los tamaños, y destaca por ello que las políticas deben adaptarse a la estructura de cada explotación.
Eso porque los pequeños agricultores se enfrentan a limitaciones financieras distintas a las de las explotaciones más grandes, que gestionan la mayor parte de la tierra y tienen mayor capacidad para la implementación a gran escala.
El estudio apunta que en el mundo existen 571 millones de explotaciones agrícolas y, de ellas, 85 % tienen menos de dos hectáreas, por lo que ocupan apenas nueve por ciento de las tierras agrícolas.
En cambio, las explotaciones que superan las 1000 hectáreas representan apenas 0,1 % del total, pero ocupan la mitad de todas las tierras agrícolas.
A pesar de las limitaciones que restringen su productividad, los casi 500 millones de pequeños agricultores de todo el mundo son importantes contribuyentes al suministro mundial de alimentos: producen 16 % de la energía alimentaria, nueve por ciento de las grasas y 12 % de las proteínas de origen vegetal.
De su lado, las grandes explotaciones agrícolas, de más de 50 hectáreas, “tienen una influencia desproporcionada en las tierras agrícolas mundiales y en el suministro de alimentos, por lo que se encuentran en una posición única para impulsar soluciones a la degradación de la tierra”, considera el estudio.
“Debemos actuar con decisión. La gestión sostenible de la tierra requiere entornos propicios que apoyen la inversión a largo plazo, la innovación y la administración responsable”, escribió el director general de la FAO, Qu Dongyu, en el prólogo del informe.
Para impulsar las soluciones, la FAO demanda estrategias integradas de uso de la tierra e intervenciones políticas, incluidas medidas regulatorias como controles de deforestación, programas basados en incentivos, y mecanismos de cumplimiento cruzado que vinculan los subsidios con los resultados ambientales.
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Cambiar la forma en que comemos puede salvar el planeta
Tres cambios cruciales en el sistema alimentario para no devorar el planeta
Fecha de Publicación: 21/10/2025
Fuente: El Economista (México)
País/Región: Internacional
Desde nuestra época como cazadores y recolectores, hemos ido transformando el territorio para lograr obtener los alimentos que necesitamos para subsistir. Hemos talado bosques, roturado tierras, amansado aguas y desarrollado diversas sustancias y materiales con el fin de ir enmendando a una naturaleza revoltosa que se resistía a nuestro apetito. Así, desbordamos las previsiones de Malthus, quien supuso que seríamos incapaces de seguir el ritmo de crecimiento demográfico y que no habría suficientes alimentos para todos.
Pero lo logramos. Tanto como para que en la actualidad haya la misma preocupación por la epidemia de obesidad que por las hambrunas.
Diversas tecnologías han permitido producir, conservar y distribuir un flujo continuo de alimentos por casi todo el planeta. El coste ambiental ha sido demoledor: a la agricultura y la ganadería se le achacan buena parte de nuestro variado surtido de problemas medioambientales.
Diferentes estudios calculan que el sistema alimentario global provoca el 26 % de gases de efecto invernadero, el 80 % de la deforestación y el 70 % del consumo de agua dulce, además de ser la mayor causa de pérdida de biodiversidad terrestre. A esto hay que sumar el impacto de las prácticas agrícolas no sostenibles, que erosionan y salinizan el suelo, agotan nutrientes y acuíferos y contaminan con agroquímicos ecosistemas terrestres y acuáticos.
Ante este panorama, en un reciente estudio publicado en Nature, un equipo internacional de investigadores proponemos revisar el modelo actual de producción de alimentos para mitigar su enorme impacto en el planeta.
Así, sugerimos una serie de estrategias dirigidas a conservar y recuperar los ecosistemas terrestres con el fin, precisamente, de proteger nuestra seguridad alimentaria. Nos referimos a elementos esenciales como son el suelo, el agua y la biodiversidad, tres víctimas de los procesos de desertificación.
1. Reducir el desperdicio alimentario
La primera propuesta es bastante obvia y consiste en no tirar a la basura lo que tanto trabajo, energía y recursos cuesta producir. Puede resultar sorprendente, pero casi un tercio de lo que producimos no nos lo comemos. Es más, en ocasiones estos alimentos ni siquiera llegan a los circuitos comerciales por dos razones.
En primer lugar, la sobreproducción hace que el precio del producto sea inferior a su coste de producción y al agricultor no le merezca la pena recogerlo. La segunda razón es que los alimentos no sean lo suficientemente bonitos y homogéneos, lo que parece espantar a un consumidor más atento al aspecto que a los nutrientes.
Reducir el desperdicio alimentario en un 75 % para 2050 podría liberar más de 13 millones de kilómetros cuadrados de tierra, lo que supone ahorrar recursos y dejar de emitir 102 gigatoneladas (102 000 millones de toneladas) de CO₂-eq.
2. Restaurar suelos degradados
Nuestra segunda propuesta es restaurar el 50 % de las tierras degradadas para 2050, con un enfoque particular en las áreas agrícolas. Con ello se podría recuperar la funcionalidad ecológica de 3 millones de kilómetros cuadrados de zonas agrícolas (con un potencial de mitigación de emisiones de 21 Gt CO₂-eq) y de casi otros 9 millones de km² de zonas naturales (con un potencial de mitigación de 128 Gt CO₂-eq).
Esta restauración no solo impulsa la recuperación de la biodiversidad y la fijación de carbono en los ecosistemas, sino que también fortalece a las comunidades locales y a los pequeños agricultores al promover prácticas sostenibles de gestión de la tierra.
3. Aumentar el consumo de alimentos marinos
La tercera vía destaca el enorme potencial de los alimentos marinos obtenidos de forma responsable, que requieren muchos menos recursos. Sustituir el 70 % de la carne roja producida de manera insostenible y el 10 % de los vegetales por algas y sus derivados podría liberar 17,5 millones km² de tierra destinada a pastos, forraje y piensos (como ocurre con la soja y el maíz forrajero por ejemplo). Al mismo tiempo, se reduciría de forma significativa el impacto del sistema alimentario global: desde las emisiones de gases de efecto invernadero (145 Gt CO₂-eq) hasta la degradación de la tierra, la deforestación, el uso excesivo de agua y la pérdida de biodiversidad.
Los peces pelágicos (aquellos que viven en el océano alejados de la costa), los salmónidos silvestres y los bivalvos de cultivo proporcionan más nutrientes con menos emisiones y una huella hídrica y química sintética casi nula en comparación con la mayoría de las fuentes de alimentos de origen animal terrestre.
Tres convenciones que deben ir en una misma dirección
Nuestra propuesta pretende de esta manera abordar conjuntamente los objetivos de las tres Convenciones de Naciones Unidas surgidas de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992) y dedicadas a los principales retos ambientales de la Tierra:
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), enfocada en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar el cambio climático.
El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), orientado a la conservación de la biodiversidad.
La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), centrada en combatir la degradación de tierras áridas, semiáridas y subhúmedo secas, promoviendo prácticas de manejo sostenible del suelo y fomentando el desarrollo de comunidades afectadas.
A pesar de las claras interdependencias entre las tres convenciones y del papel central que desempeña la tierra para alcanzar sus objetivos, la mayor parte de la investigación sobre su implementación ha tratado los acuerdos de manera separada. En términos de inversiones financieras y de atención, los esfuerzos para combatir la degradación de la tierra son muy desiguales en el caso de los tres acuerdos.
A raíz de las Conferencias de las Partes (COP) de las tres convenciones de Río, celebradas en el último trimestre de 2024, se han impulsado iniciativas conjuntas como el Trío de Río para promover soluciones integradas y sistémicas.
Las COP mostraron un creciente interés en priorizar la tierra y su degradación, así como en reconocer el papel indispensable de los suelos y de la agricultura sostenible para resolver estas crisis.
Sin embargo, los sistemas alimentarios aún no se han incorporado plenamente a los acuerdos intergubernamentales ni reciben la atención suficiente. Las estrategias se centran más en restaurar ecosistemas degradados mediante iniciativas emblemáticas como la Gran Muralla Verde o el Desafío de Bonn.
Aprovechar el potencial de unos sistemas alimentarios sostenibles e integrados no solo ayudaría a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, sino que también permitiría a los países garantizar un derecho humano recientemente reconocido: el derecho a un medio ambiente limpio y saludable.
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La base de los alimentos en manos de un puñado de empresas
Un puñado de empresas controla la producción agrícola mundial
Fecha de Publicación: 20/10/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
Un grupo de poderosas empresas controla gran parte de la producción agrícola mundial, los mercados de insumos y las cadenas de suministro alimentario, lo cual amenaza la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales, advirtieron expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas.
Esa concentración de poder “socava la autonomía de los pequeños agricultores, exacerba la desigualdad y pone en peligro los fundamentos ecológicos de nuestros sistemas alimentarios”, indicaron los expertos, que actúan por mandato del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en esta ciudad suiza.
Los expertos expusieron que “los campesinos y los pequeños agricultores alimentan a la mayoría de la población mundial con alimentos saludables y diversos. Sin embargo, cada vez están más marginados y desposeídos por la expansión de los sistemas alimentarios impulsados por las empresas”.
“El modelo actual de agroindustria, respaldado por Estados poderosos, da prioridad a los beneficios económicos por encima de las personas y el planeta. Esto debe cambiar”, agregaron los expertos en informes a la Asamblea General de la ONU.
Ellos son el jurista canadiense Michael Fakhri, relator especial sobre el derecho a la alimentación, y el grupo de trabajo sobre los campesinos que preside el colombiano Carlos Duarte e integran Geneviève Savigny (Francia), Shalmali Guttal (India), Uche Ewelukwa Ofodile (Nigeria) y Davit Hakobyan (Armenia).
Un reporte de Fakhri afirma que “la concentración del poder empresarial es tal, que hace que un grupo relativamente pequeño de personas determine qué y cómo se cultiva, las condiciones laborales, los precios y lo que se come, con el objetivo último de maximizar los beneficios en lugar de obrar por el bien público”.
“Muchas empresas agroalimentarias transnacionales se dedican más a vender productos comestibles que a vender alimentos buenos”, añade Fakhri.
Los expertos advierten sobre prácticas corporativas que han generado, en conjunto, “profundas dependencias que erosionan la resiliencia rural y socavan la autonomía de quienes sostienen nuestros sistemas alimentarios”.
Entre ellas, la adquisición de tierras a gran escala, la monopolización de semillas y agroquímicos, la especulación alimentaria, la agricultura por contrato explotadora y la captura de los espacios decisorios tradicionalmente ocupados por los campesinos y los trabajadores rurales.
Observan que, además, las tecnologías digitales están remodelando a´pun más los sistemas alimentarios, a menudo ampliando el control corporativo mediante la apropiación de datos agrícolas.
“Estas tendencias, junto con la crisis climática, han agravado aún más la amenaza al derecho a la alimentación de millones de personas”, asientan los expertos.
Como muestra de la concentración de poder empresarial, los informes entregan datos por subsectores, semillas y plaguicidas, en el que cuatro empresas (las alemanas Bayer y Basf, la estadounidense Corteva y la suiza Syngenta) controlan 56 % del mercado mundial de semillas comerciales y 61 % del de plaguicidas.
Estas empresas recurren cada vez más a organismos modificados genéticamente y a la inteligencia artificial para impulsar el desarrollo de semillas.
En fertilizantes, cinco empresas, OCP de Marruecos, Mosaic y Nutrien de Estados Unidos, ICL de Israel y Sinofert de China, controlan 25 % del mercado de fosfato.
Maquinaria agrícola: cuatro firmas, Deere y Agco de Estados Unidos, Kuboita de Japón y CNH Industrial de Países Bajos controlan 43 % del mercado mundial y están invirtiendo en la agricultura de precisión impulsada por la inteligencia artificial.
En preparados farmacéuticos para animales, las 10 empresas más importantes controlan 68 % del mercado, y las cuatro primeras (las estadounidenses Zoetis, Merck y Elanco, y la alemana Boehringer) casi 50 %.
Y en genética avícola tres empresas, Tyson Foods (Estados Unidos), EW Group (Alemania) y Hendrix Genetics (Países Bajos), controlan el sector. En Estados Unidos suministran 98 % del material genético para pollos, y en Brasil, China y África el control del mercado es similar.
Para los relatores de la ONU el poder empresarial “supone un problema cuando las empresas tienen la capacidad de aumentar sus beneficios subiendo los precios (especialmente de los insumos) o bajando los salarios”.
Agregan que “las empresas también se hacen con el control de las condiciones materiales, como la tecnología, las condiciones laborales, las prácticas de procesamiento y los entornos alimentarios, de forma que se reducen las opciones a disposición de los consumidores”.
Frente a ello “los Estados tienen la obligación de regular la actividad empresarial, prevenir los abusos y las violaciones contra los derechos humanos y garantizar el acceso a la justicia de las víctimas”, indicaron.
Hicieron finalmente un llamamiento a todos los gobiernos, al sector privado y a los organismos de la ONU, para que sitúen a los pequeños agricultores, pescadores, pastores y trabajadores rurales en el centro de las políticas alimentarias.
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Se necesita repensar los sistemas alimentarios para el futuro
Reformar los sistemas alimentarios para evitar el agravamiento de la crisis de la tierra
Fecha de Publicación: 21/08/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
Las tasas actuales de degradación de las tierras representan una grave amenaza ambiental y socioeconómica, impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las crisis sociales. La producción para alimentar a más de 8000 millones de personas es el uso predominante de la tierra en el planeta. Sin embargo, esta actividad a escala industrial conlleva un alto costo ambiental.
Prevenir y revertir la degradación de las tierras son objetivos clave de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (Cnuld) y también son fundamentales para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).
Estas tres convenciones surgieron de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 para abordar las crisis interconectadas de la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la degradación de las tierras.
Un artículo publicado este mes en Nature por 21 destacados científicos argumenta que los objetivos de estas convenciones solo pueden alcanzarse invirtiendo la curva de la degradación de las tierras, y que la transformación de los sistemas alimentarios es fundamental para lograrlo.
El autor principal, Fernando T. Maestre, de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdullah (Kaust) de Arabia Saudí, afirma que el artículo presenta un conjunto de medidas audaces e integradas para abordar conjuntamente la degradación de las tierras, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, así como una vía clara para su implementación para 2050.
Al transformar los sistemas alimentarios, restaurar las tierras degradadas, aprovechar el potencial de los productos del mar sostenibles y fomentar la cooperación entre naciones y sectores, podemos frenar la degradación de las tierras y revertirla, a la vez que avanzamos hacia los objetivos de la Cnuld y otros acuerdos globales.
El coautor Barron J. Orr, científico jefe de la Cnuld, afirma: “Una vez que los suelos pierden fertilidad, los mantos freáticos se agotan y se pierde la biodiversidad, restaurar las tierras se vuelve exponencialmente más costoso».
«El ritmo constante de degradación de las tierras contribuye a una serie de crecientes desafíos globales, como la inseguridad alimentaria e hídrica, la reubicación forzada y la migración de la población, el malestar social y la desigualdad económica”, añade.
La degradación de la tierra no es solo un problema rural; afecta los alimentos que consumimos, el aire que respiramos y la estabilidad del mundo en que vivimos. No se trata de salvar el medio ambiente, sino de asegurar nuestro futuro compartido.
Los autores sugieren un objetivo ambicioso pero alcanzable de restauración de 50 % de la tierra para 2050 (actualmente la meta es de 30 % para 2030), con enormes beneficios colaterales para el clima, la biodiversidad y la salud mundial.
Titulado “Reducir la curva de la degradación de la tierra para alcanzar los objetivos ambientales globales”, el documento de los 21 científicos argumenta que es imperativo reducir la curva de la degradación de la tierra deteniendo la conversión de tierras y restaurando la mitad de las tierras degradadas para 2050.
“Los sistemas alimentarios aún no se han incorporado plenamente en los acuerdos intergubernamentales ni reciben la atención suficiente en las estrategias actuales para abordar la degradación de las tierras. Sin embargo, reformas rápidas e integradas centradas en los sistemas alimentarios mundiales pueden impulsar la recuperación de la salud de las tierras y garantizar un planeta más sano y estable para todos”, se dice en partes del documento.
En este contexto, los autores innovan al cuantificar el impacto de reducir el desperdicio de alimentos en 5 % para 2050 y maximizar la producción sostenible de alimentos provenientes de los océanos; medidas que por sí solas podrían preservar un área mayor que África.
Afirman que restaurar 50 % de las tierras degradadas mediante prácticas sostenibles de gestión de la tierra equivaldría a la restauración de tres millones de kilómetros cuadrados (km²) de tierras de cultivo y 10 millones de km² de tierras no cultivables, lo que suma un total de 13 millones de km².
Se enfatiza que la restauración de tierras debe involucrar a las personas que viven en ellas y las gestionan, especialmente a los pueblos indígenas, los pequeños agricultores, las mujeres y otras personas y comunidades vulnerables.
Otra coautora del estudio, Dolors Armenteras, profesora de Ecología del Paisaje de la Universidad Nacional de Colombia, afirma que la degradación de las tierras es un factor clave en la migración forzada y los conflictos por los recursos.
Las regiones que dependen en gran medida de la agricultura para su sustento, especialmente los pequeños agricultores, que alimentan a gran parte del mundo, son particularmente vulnerables. Estas presiones podrían desestabilizar regiones enteras y amplificar los riesgos globales.
Para apoyar a estos segmentos vulnerables de la población, el documento insta a intervenciones como la transferencia de subsidios agrícolas de las granjas industriales a gran escala a pequeños productores sostenibles, incentivando la gestión responsable de la tierra entre los 608 millones de agricultores del mundo y fomentando su acceso a la tecnología, la garantía de derechos territoriales y mercados justos.
“La tierra es más que suelo y espacio. Alberga biodiversidad, recicla el agua, almacena carbono y regula el clima. Nos proporciona alimento, sustenta la vida y alberga profundas raíces ancestrales y de conocimiento», afirma otra coautora, Elisabeth Huber-Sannwald, profesora del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, San Luis Potosí, en México.
Añade que «hoy en día, más de un tercio de la superficie terrestre se utiliza para cultivar alimentos, alimentando a una población mundial de más de 8000 millones de personas”.
Sin embargo, actualmente, continúa, “las prácticas agrícolas modernas, la deforestación y el uso excesivo están degradando el suelo, contaminando el agua y destruyendo ecosistemas vitales. La producción de alimentos por sí sola genera casi 20 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
«Necesitamos actuar. Para asegurar un futuro próspero y proteger la tierra, debemos reimaginar cómo cultivamos, cómo vivimos y cómo nos relacionamos con la naturaleza y entre nosotros”, afirma Huber-Sannwald.
Con un estimado de 56,5 millones de km² de tierras agrícolas, de cultivo y de pastoreo que se utilizan para producir alimentos, y aproximadamente 33 % de todos los alimentos producidos se desperdician, de los cuales 14 % se pierde después de la cosecha en las granjas y 19 % en las etapas de venta minorista, servicios de alimentación y hogares, reducir el desperdicio de alimentos en 75 % podría, por lo tanto, ahorrar aproximadamente 13,4 millones de km² de tierra.
Las soluciones propuestas por los autores incluyen políticas para prevenir la sobreproducción y el deterioro, la prohibición de las normas de la industria alimentaria que rechazan los productos «feos», el fomento de las donaciones de alimentos y la venta con descuento de productos próximos a caducar, campañas educativas para reducir el desperdicio doméstico y el apoyo a los pequeños agricultores de los países en desarrollo para mejorar el almacenamiento y el transporte.
Otras soluciones propuestas incluyen la integración de los sistemas alimentarios terrestres y marinos, ya que la carne roja producida de forma insostenible consume grandes cantidades de tierra, agua y pienso, y emite importantes gases de efecto invernadero. Los mariscos y las algas marinas son alternativas sostenibles y nutritivas. Las algas marinas, por ejemplo, no necesitan agua dulce y absorben el carbono atmosférico.
Los autores del estudio recomiendan medidas como sustituir 70 % de la carne roja producida de forma insostenible por productos del mar, como pescado y moluscos silvestres o de piscifactoría. Sustituir tan solo 10 % de la ingesta mundial de verduras por productos derivados de algas marinas podría liberar más de 0,4 millones de km² de tierras de cultivo.
No obstante, señalan que estos cambios son especialmente relevantes para los países más ricos con un alto consumo de carne.
En algunas regiones más pobres, los productos animales siguen siendo cruciales para la nutrición. Por lo tanto, la combinación de reducción del desperdicio de alimentos, restauración de tierras y cambios en la dieta permitiría preservar o restaurar aproximadamente 43,8 millones de km² en 30 años (2020-2050).
Las medidas propuestas en conjunto también contribuirían a los esfuerzos de reducción de emisiones al mitigar aproximadamente 13,24 gigatoneladas de CO₂ equivalente al año hasta 2050 y ayudarían a la comunidad mundial a cumplir sus compromisos en diversos acuerdos internacionales, incluidas las tres Convenciones de Río y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.
En general, los autores instan a que las tres convenciones de Río de la ONU (CDB, Cnuld y Cmnucc) se unan en torno a objetivos compartidos en materia de tierras y sistemas alimentarios, fomenten el intercambio de conocimientos de vanguardia, monitoreen los avances y adapten la ciencia a políticas más eficaces, todo ello para acelerar la acción sobre el terreno.
Un paso en la dirección correcta: las 197 Partes de la Cnuld, en su última Conferencia de las Partes (COP16) celebrada en Riad, ya adoptaron una decisión para evitar, reducir y revertir la degradación de las tierras y los suelos agrícolas.
Los hallazgos del documento científico en cifras:
- 56 %: Aumento proyectado en la producción de alimentos necesario para 2050 si mantenemos la trayectoria actual.
- 34 %: Porción de la superficie terrestre libre de hielo que ya se utiliza para la producción de alimentos, que se espera alcance el 42 % para 2050.
- 21 %: Porcentaje de las emisiones globales de gases de efecto invernadero producidas por los sistemas alimentarios.
- 80 %: Proporción de la deforestación impulsada por la producción de alimentos
- 70 %: Cantidad del consumo de agua dulce que se destina a la agricultura
- 33 %: Fracción de los alimentos mundiales que actualmente se desperdician
- Un billón(millón de millones) de dólares: Valor anual estimado de los alimentos perdidos o desperdiciados a nivel mundial
- 75 %: Objetivo ambicioso de reducción del desperdicio de alimentos a nivel mundial para 2050
- 50 %: Propuesta de restaurar la porción de tierra degradada para 2050 mediante la gestión sostenible de la tierra
- 278 000 millones de dólares: Déficit de financiación anual para alcanzar los objetivos de restauración de tierras de la Cnuld
- 608 millones: Número de explotaciones agrícolas en el planeta
- 90 %: Porcentaje de todas las explotaciones agrícolas con menos de 2 hectáreas
- 35 %: Proporción de los alimentos mundiales producidos por pequeñas explotaciones agrícolas
- 6500 millones de toneladas: Rendimiento potencial de biomasa utilizando 650 millones de hectáreas de océano para el cultivo de algas
- 17,5 millones de km²: Superficie de cultivo estimada que se ahorraría si la humanidad adoptara la dieta propuesta por Río+ (menos carne roja producida de forma insostenible y más productos alimenticios derivados de algas y mariscos de origen sostenible)
- 166 millones: Número de personas que podrían evitar las deficiencias de micronutrientes con una mayor ingesta de alimentos acuáticos
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Bajará un 8% el rendimiento de los cultivos mundiales en 2050
El cambio climático baja el rendimiento mundial de los cultivos, incluso con adaptaciones
Fecha de Publicación: 21/06/2025
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: Internacional
El aumento de las temperaturas globales mermará la capacidad mundial de producir alimentos a partir de la mayoría de los cultivos básicos, incluso después de tener en cuenta el desarrollo económico y la adaptación de los agricultores a las nuevas circunstancias.
Una investigación que publica Nature y encabeza la Universidad de Stanford (EE. UU.) estima que cada grado centígrado adicional de calentamiento global de media mermará la capacidad mundial de producir alimentos en 120 calorías por persona y día, es decir, un 4,4 % del consumo diario actual.
“Si el clima se calienta 3 grados, es básicamente como si todo el mundo en el planeta renunciara a desayunar”, un coste elevado para un mundo en el que más de 800 millones de personas pasan a veces un día o más sin alimento debido a la falta de acceso, indicó Solomon Hsiang, uno de los firmantes del artículo, citado por la Universidad de Stanford.
El estudio modelizó el rendimiento de seis cultivos básicos: trigo, maíz, arroz, soja, cebada y mandioca, en varios escenarios de calentamiento y adaptación.
En 2050, el cambio climático reducirá el rendimiento de los cultivos en un 8 %, independientemente del aumento o disminución de las emisiones de dióxido de carbono en las próximas décadas, pues estas permanecen en la atmósfera, atrapando el calor y causando daños durante cientos de años.
Para 2100, los autores estiman que el rendimiento mundial de los cultivos se reducirá un 11 % si las emisiones caen rápidamente a cero neto y un 24 % si siguen aumentando sin control.
El estudio se basa en observaciones de 12.658 regiones de 55 países y analiza los costes de adaptación y los rendimientos de los seis cultivos que aportan dos tercios de las calorías de la Humanidad.
Los modelos apuntan a una probabilidad de un 50 % de que solo el rendimiento mundial del arroz aumente en un planeta más cálido, en gran parte porque este cultivo se beneficia de noches con más temperatura.
Sin embargo, las probabilidades de que el rendimiento disminuya a finales de siglo oscilan entre el 70 % y el 90 % para cada uno de los otros cultivos básicos.
En un escenario de emisiones elevadas, a finales de siglo la producción de maíz puede disminuir hasta un 40 % en EE. UU., China oriental, Asia central, África meridional y Oriente Medio, mientras que las pérdidas de trigo oscilan entre un 15 y 25 % en Europa, África y Sudamérica y entre un 30 y 40 % en China, Rusia, EE. UU. y Canadá.
Como novedad, este estudio tiene en cuenta la adaptación realista de los agricultores a las condiciones cambiantes, suponiendo una adaptación ‘perfecta’ o ninguna.
Así, en muchas regiones, por ejemplo, cambian las variedades de cultivos, modifican las fechas de siembra y cosecha o alteran el uso de fertilizantes.
El equipo calcula que estos ajustes compensan aproximadamente un tercio de las pérdidas relacionadas con el clima en 2100 si las emisiones siguen aumentando, pero el resto se mantiene.
Cualquier nivel de calentamiento, “incluso teniendo en cuenta la adaptación, provoca pérdidas en la producción agrícola mundial”, afirmó Andrew Hultgren, de la Universidad de Illinois (EE. UU.).
Las pérdidas más acusadas se producen en los extremos de la economía agrícola: en los modernos graneros que ahora disfrutan de algunas de las mejores condiciones de cultivo del mundo y en las comunidades agrícolas de subsistencia que dependen de pequeñas cosechas de yuca.
Un clima favorable, añadió, contribuye en gran medida a que las tierras de cultivo sigan siendo productivas de generación en generación, “pero si dejas que el clima se deprecie, el resto es un desperdicio. La tierra que dejes a tus hijos servirá para algo, pero no para cultivar", dijo Hsiang
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Tres cuartos de los cultivos dependen de las abejas
El 75% de los cultivos alimentarios del mundo depende de las abejas
Fecha de Publicación: 21/05/2025
Fuente: La Vanguardia (España)
País/Región: Internacional
Casi el 90% de las plantas con flores necesitan la polinización para reproducirse y el 75% de los cultivos alimentarios del mundo y un 35% de las tierras agrícolas del planeta dependen en cierta medida de polinizadores como las abejas, que no solo contribuyen a la seguridad alimentaria, sino que son indispensables para conservar la biodiversidad.
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) aporta esos datos, recogidos por Servimedia, con motivo del Día Mundial de las Abejas, que se celebra este martes.
Las abejas y otros polinizadores, como las mariposas, los murciélagos y los colibríes, están cada vez más amenazados por los efectos de la actividad humana. La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de muchos cultivos y plantas silvestres.
Para crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible, la ONU declaró el 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas con el fin de protegerlas junto a otros polinizadores para que puedan contribuir de forma significativa a resolver los problemas relacionados con el suministro de alimentos en el mundo y acabar con el hambre en los países en desarrollo.
Esa fecha coincide con el cumpleaños de Anton Jansa, quien en el siglo XVIII fue pionero en las técnicas modernas de apicultura en su Eslovenia natal y elogió a las abejas por su capacidad para trabajar tan duro y necesitar tan poca atención.
El tema de este año, 'Inspiradas por la naturaleza para nutrirnos a todos', destaca el papel fundamental que desempeñan las abejas y otros polinizadores en los sistemas agroalimentarios y la salud de los ecosistemas de nuestro planeta. De hecho, los polinizadores están cada vez más amenazados por la pérdida de hábitats, las prácticas agrícolas poco sostenibles, el cambio climático y la contaminación. Su declive pone en peligro la producción de alimentos, aumenta los costes y agrava la inseguridad alimentaria, especialmente en las comunidades rurales.
La polinización es esencial para los sistemas agroalimentarios, ya que contribuye a la producción de más del 75% de los cultivos del mundo, incluidas frutas, hortalizas, frutos secos y semillas. Además de aumentar el rendimiento de los cultivos, los polinizadores mejoran la calidad y la diversidad de los alimentos.
Más de 200.000 especies animales son polinizadores, la gran mayoría silvestres, entre ellas mariposas, pájaros, murciélagos y más de 20.000 especies de abejas.
Las abejas y otros polinizadores también sirven como indicadores de la salud del medio ambiente, al proporcionar información sobre los ecosistemas y el clima. Proteger a los polinizadores también mejora la biodiversidad y los servicios ecosistémicos fundamentales, según Naciones Unidas.
Las prácticas agrícolas respetuosas con la naturaleza, como la agroecología, los cultivos intercalados, la agroforestería y el manejo integrado de plagas, ayudan a proteger a los polinizadores, garantizando cosechas estables y reduciendo la escasez de alimentos y el impacto ambiental.
Los esfuerzos encaminados a la protección de los polinizadores fomentan en última instancia la conservación de otros componentes de la biodiversidad, lo que mejora servicios ecosistémicos como el control de plagas, la fertilidad del suelo y la regulación de la calidad del aire y el ciclo del agua.
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Estudio alerta de una disminución de la diversidad de cultivos
Peligro global inminente para los principales cultivos por el calentamiento
Fecha de Publicación: 06/03/2025
Fuente: Europa Press
País/Región: Internacional
La seguridad alimentaria mundial puede verse notablemente afectada por una marcada disminución de la diversidad de cultivos si las temperaturas aumentan de forma sostenida en el tiempo más de 1,5 °C sobre la era preindustrial, como ya ocurrió en 2024, revela una nueva investigación.
Investigadores de la Universidad Aalto estudiaron cómo los futuros cambios en la temperatura, las precipitaciones y la aridez afectarán las condiciones de crecimiento de 30 especies importantes de cultivos alimentarios en todo el mundo. Descubrieron que las regiones de baja latitud enfrentan consecuencias significativamente peores que las de latitudes medias o altas. Dependiendo del nivel de calentamiento, hasta la mitad de la producción agrícola en áreas de baja latitud estaría en riesgo a medida que las condiciones climáticas se vuelven inadecuadas para la producción. Al mismo tiempo, esas regiones también verían una gran caída en la diversidad de cultivos.
“La pérdida de diversidad significa que la variedad de cultivos alimentarios disponibles para el cultivo podría disminuir significativamente en ciertas áreas, lo que reduciría la seguridad alimentaria y dificultaría la obtención de calorías y proteínas adecuadas”, dice en un comunicado Sara Heikonen, la investigadora de doctorado que dirigió el estudio, publicado en Nature Food.
Reducción grave de cultivos básicos
El calentamiento reducirá gravemente la cantidad de tierras de cultivo disponibles para cultivos básicos (arroz, maíz, trigo, papa y soja), que representan más de dos tercios de la ingesta energética alimentaria mundial. Además, “los cultivos de raíces tropicales como el ñame, que son clave para la seguridad alimentaria en las regiones de bajos ingresos, así como los cereales y las legumbres, son particularmente vulnerables. En el África subsahariana, la región que se vería más afectada, casi tres cuartas partes de la producción actual está en riesgo si el calentamiento global supera los 3 °C”, dice Heikonen.
Por el contrario, las áreas de latitudes medias y altas probablemente conservarán su tierra productiva en general, aunque las zonas para cultivos específicos cambiarán. Es probable que estas áreas también experimenten un aumento en la diversidad de cultivos. “Por ejemplo, el cultivo de frutas templadas, como las peras, podría volverse más común en las regiones más septentrionales”, afirma Heikonen.
Plagas y meteorología extrema
Sin embargo, incluso si las condiciones climáticas son favorables, otros factores podrían obstaculizar la agricultura en estas áreas, afirma el autor principal del estudio, el profesor Matti Kummu. “Mostramos que existe potencial climático pero, por ejemplo, el calentamiento podría traer nuevas plagas y fenómenos meteorológicos extremos, que nuestro modelo no incluye. Así que la situación no es realmente tan clara”.
Muchas de las regiones de baja latitud amenazadas por el calentamiento ya son vulnerables de muchas maneras. Se enfrentan a problemas de suficiencia alimentaria y las fuerzas económicas y sistémicas las hacen menos resilientes que los países del norte. Sin embargo, Kummu ve formas en que estas regiones podrían, al menos en parte, enfrentar el desafío.
“En muchas áreas de baja latitud, especialmente en África, los rendimientos son pequeños en comparación con áreas similares en otras partes del mundo. “Podrían obtener mayores rendimientos con acceso a fertilizantes e irrigación, así como reduciendo las pérdidas de alimentos a través de la cadena de producción y almacenamiento. Sin embargo, el calentamiento global en curso agregará mucha incertidumbre a estas estimaciones y probablemente se necesiten aún más acciones, como la selección de cultivos y la mejora genética novedosa”, dice. “Pero siempre digo que la modelización y el análisis son la parte fácil; entender cómo hacer que ocurran los cambios es la parte más difícil”.
Si bien los responsables de las políticas en los países de latitudes bajas deben trabajar para cerrar esas brechas, en las regiones de latitudes medias y altas los agricultores y los responsables de las políticas necesitan más flexibilidad, dice Kummu. El calentamiento probablemente cambiará los cultivos que se cultivan en esas áreas, y se producirán más cambios a partir de la variedad de presiones sobre el sistema alimentario mundial. Hacer frente a esos cambios requerirá la capacidad de ajustar y adaptarse a medida que se desarrollen las consecuencias del cambio climático.
“Si queremos asegurar nuestro sistema alimentario en el futuro, necesitamos mitigar el cambio climático y adaptarnos a sus efectos”, dice Heikonen. “Aunque los mayores cambios se produzcan en las regiones ecuatoriales, todos sentiremos los efectos a través del sistema alimentario globalizado. Necesitamos actuar juntos para abordar estos problemas”.
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