Las guerras empujan a la biodiversidad al borde del colapso

 


Conflictos armados y biodiversidad: el daño que casi no se discute en la COP17

En la frontera entre Armenia y Azerbaiyán, una reserva clave del Cáucaso Sur pierde bosque junto a las posiciones militares, mientras especialistas reclaman mecanismos para financiar la recuperación de ecosistemas dañados por guerras.

Mientras los gobiernos negocian en Ereván cómo financiar la protección de la biodiversidad, un bosque en el sur del país anfitrión de la COP17 muestra las huellas de un problema que casi no figura en la agenda: el daño que los conflictos armados dejan en la naturaleza. En la reserva natural de Shikahogh, en el sur de Armenia, cerca de la frontera con Azerbaiyán, el bosque desaparece de forma abrupta a menos de 100 metros de las posiciones militares de ambos países.
La reserva fue creada en 1958 en la provincia de Syunik. Abarca casi 12.000 hectáreas, alrededor del 94% cubiertas de bosque. Alberga al leopardo del Cáucaso, la cabra montés bezoar, el oso pardo, la víbora armenia y numerosas aves. Tiene, además, unas 1.100 especies de plantas, 70 de ellas incluidas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Los especialistas la consideran una de las joyas ecológicas del Cáucaso Sur.

Acusaciones cruzadas
Marat Harutyunyan, vicealcalde de la ciudad armenia de Kapan, afirmó que los cambios se hicieron más visibles desde los enfrentamientos de 2022. Denunció que fuerzas azerbaiyanas talaron bosque para instalar posiciones militares y abrir caminos. Esas afirmaciones no pudieron verificarse de manera independiente. También se observaron indicios de tala y movimientos de suelo del lado armenio, cerca de instalaciones militares, cuya finalidad las autoridades se negaron a explicar.
Desde Azerbaiyán, Amin Mammadov, cofundador de la coalición Primero la Protección Ambiental, sostuvo que Armenia enfoca de manera selectiva los problemas ambientales. La acusó, además, de ignorar la contaminación de ríos transfronterizos causada por la minería. La coalición pidió a la presidencia de la COP17 decisiones concretas y mensurables. Azerbaiyán no participó de la conferencia.
El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, había reconocido días antes, en la cumbre de líderes previa a la COP17, que el conflicto de más de 30 años con Azerbaiyán dañó la biodiversidad de su país. “Las zonas de conflicto suelen contener campos minados”, señaló. Pashinyan planteó que los temas ambientales podrán abordarse con más profundidad cuando se ratifique el acuerdo de paz rubricado entre ambos países, que comparten ríos.

Minas, miedo y pérdidas
Las consecuencias alcanzan a las comunidades cercanas. Según Harutyunyan, los habitantes evitan ciertas zonas por temor a las minas terrestres. Vladik Agatelyan, un agricultor de 60 años, perdió dos vacas por la explosión de una mina. “Los riesgos son demasiados, así que dejé de criar ganado”, contó. Su esposa empezó a trabajar como docente rural por unos 100 dólares mensuales.
Manvel Arzumanyan, veterinario jubilado, describió la zona como un corredor ecológico que conectaba hábitats de Armenia, Azerbaiyán e Irán, y señaló que los avistamientos de fauna son ahora menos frecuentes. El zoólogo de la reserva, Harut Marzynyan, advirtió que el conflicto dificulta el trabajo de campo. Según explicó, las rutas, la infraestructura militar y la fragmentación del paisaje pueden aislar a las poblaciones animales.

Más allá del Cáucaso
El fenómeno se repite en otros frentes. George Mitri, de la Universidad de Balamand, en el Líbano, indicó que más de 11.000 hectáreas se quemaron por incendios vinculados al conflicto entre Israel y Hezbolá. Otras miles de hectáreas fueron dañadas por explosiones y actividades militares. Jen Maman, de Greenpeace, estimó que al menos 65.000 olivos se quemaron en el sur del Líbano y advirtió sobre el uso de fósforo blanco. Maman vinculó el daño ambiental con la agricultura, la pesca, la ganadería y la seguridad alimentaria. Gaza y Ucrania aparecen como otros ejemplos de destrucción ambiental en zonas de guerra.
Mitri sostuvo que el impacto ecológico de la guerra excede la superficie directamente afectada. Propuso documentar sistemáticamente la destrucción con imágenes satelitales, relevamientos de campo y evaluaciones científicas. Ese trabajo debería contar con ecólogos, hidrólogos, especialistas en suelos y toxicólogos, además del conocimiento de las personas desplazadas.

Un tema ausente en la cumbre
En la COP17, los gobiernos negocian una agenda de 50 puntos para aplicar el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, pero casi no se discuten mecanismos de financiamiento para los ecosistemas dañados por las guerras. Mitri propone vincular las evaluaciones ambientales con compensaciones, planes de recuperación y apoyo financiero internacional. La secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, evitó pronunciarse sobre la disputa entre Armenia y Azerbaiyán.


Fecha de Publicación
: 31/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: IPS Noticias, Gobierno de Armenia

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