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Siria sufre la sequía y el agua es un lujo

 


Crisis del agua en Siria: una región que se marchita

Fecha de Publicación
: 15/12/2021
Fuente: Agencia DW
País/Región: Siria


El noreste de Siria sufre la peor sequía de los últimos 70 años, según la ONU. Además del cambio climático, el conflicto con Turquía amenaza el suministro de agua y la electricidad para millones de personas.
El sol de septiembre se pone sobre el viejo olivar mientras Ahmad Mahmoud Alahri camina pensativo entre los árboles. El hombre, de 52 años, rompe un trozo de madera seca de uno de ellos y lo deja caer sobre el suelo gris y polvoriento. "Una vez planté aquí 8.000 árboles con mi hermano. No solo olivos, sino también limoneros y vides”, recuerda Alahri. "Cuando gobernó aquí el Estado Islámico (organización terrorista islámica radical conocida como ISIS por sus siglas en inglés) y nos cortó el agua para someternos y murieron 3.000 de nuestros árboles, pensamos que la situación no podía ser peor”. Pero este año se han marchitado otros 3.000 árboles, nos cuenta Alahri. "Porque no tenemos agua”, lamenta.
Y eso que Ayid Saghir, el pueblo de 1.000 habitantes donde vive Alahri, está situado a tan solo tres kilómetros de la presa de Tabqa, en el Éufrates, el mayor río de Siria. Desde el olivar de Alahri, a lo lejos se ve el embalse de Assad frente a la presa, o más bien, lo que queda del mismo.
Desde 2020, el nivel del pantano ha descendido seis metros. El nivel de agua del Éufrates es tan bajo, que las estaciones de bombeo que deben abastecer a los pueblos y campos de los alrededores ya no pueden alcanzar el agua del río. Según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), en 2021 alrededor de un tercio de las aproximadamente 200 bombas a lo largo del Éufrates se vieron afectadas por el bajo nivel del agua. Más de cinco millones de personas en la región no tuvieron suficiente acceso al agua, según datos de la ONU.

Cambio climático y tensiones geopolíticas
La crisis del agua en el noreste de Siria tiene dos causas principales. Oriente Medio es una de las regiones del mundo más afectadas por la crisis climática. Por ejemplo, la temporada de lluvias en Siria comenzó con dos meses de retraso en el invierno de 2020-2021 y terminó dos meses antes de lo habitual en la primavera de 2021, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Además, el calor extremo de abril afectó a la cosecha en muchos lugares. En verano, el país sufrió entonces la peor sequía de los últimos 70 años, según la OCHA. La organización de la ONU prevé pérdidas de cosechas de al menos el 75 por ciento en los cultivos de campo y de hasta el 25 por ciento en los cultivos de regadío en todo el noreste de Siria.

La segunda razón es que no llega suficiente agua del Éufrates a Siria desde Turquía. "El insuficiente caudal del Éufrates tiene un impacto directo en la vida diaria de millones de personas. El agua potable escasea en al menos tres distritos gubernamentales de Siria: Deir ez-Zor, Al Raqa y Alepo”, explica a DW Bo Viktor Nylund, representante del Fondo de la ONU para la Infancia, UNICEF, en Siria. "Necesitamos urgentemente una conversación a nivel regional para encontrar una solución lo antes posible”.
El Éufrates atraviesa tres países: Turquía, Siria e Irak. En el lado turco, está embalsado por la presa de Atatürk. Tras su finalización en 1987, Turquía se comprometió a dejar pasar "una media anual de más de 500 metros cúbicos por segundo” de agua del Éufrates a Siria. Pero en los últimos meses, cada vez llega menos agua. En junio, algo menos de 215 metros cúbicos por segundo.

¿Está Turquía cortando el agua a Siria?
El agricultor Ahmad Mahmoud Alahri cree que Turquía es la principal culpable de la fatal situación. "Turquía quiere secarnos, no hay diferencia con el ISIS”, dice. Durante casi tres años, el llamado "Estado Islámico” dominó la aldea de Ayid Saghir antes de que la alianza de combate liderada por los kurdos, las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, por sus siglas en inglés), expulsaran a los islamistas de la región en 2017.
Desde entonces, la región se conoce como "Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria” (AANES) bajo la dirección del partido kurdo PYD. Turquía acusa al PYD de ser el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y lo combate como organización terrorista.
Al igual que Alahri, muchos vecinos de Ayid Saghir creen que Turquía retiene deliberadamente el agua. Pero esto no se puede demostrar, según Bo Viktor Nylund. "Vemos que el agua ha disminuido mucho, pero tenemos que analizar más a fondo por qué los niveles de agua son tan bajos”. El Ministerio de Asuntos Exteriores turco no ha respondido a varias consultas de DW sobre el tema.

Enfermedades y cortes de electricidad
Lo que está claro es que el estiaje tiene graves consecuencias no solo para la agricultura. Según UNICEF, la mala calidad del agua provoca un aumento significativo de enfermedades como la diarrea, especialmente en niños. Además, los bajos niveles de agua pusieron en peligro el suministro de energía. Alrededor de tres millones de personas en el noreste de Siria obtienen su electricidad principalmente de tres centrales hidroeléctricas en el Éufrates.
La crisis del agua es aún más grave en la región de Hasaka, a unos 200 kilómetros al este de Ayid Saghir en línea recta. Hasaka fue llamada en su día la "cesta del pan de Siria”, ya que alrededor de la mitad del trigo sirio procedía de aquí. En la actualidad, los embalses del norte de la capital regional, Hasaka, se han reducido a grandes charcos donde los jóvenes pescan con sus propias manos.
El río Jabur de la ciudad, destinado al suministro de agua potable por la administración municipal, se ha secado por la falta de precipitaciones. Lo único que le queda a la población de Hasaka en este momento es la estación de bombeo de Alouk, cerca de la frontera con Turquía. Sin embargo, la central, que abastece de agua potable a más de 460.000 personas, solo funciona de forma intermitente desde hace dos años.

Disputa por las obras hidráulicas de Alouk
"La situación es especialmente tensa desde que Turquía ocupó Ras al-Ayn en 2019 y tomó el control de Alouk”, afirma Majda Emin. Antes de la guerra era profesora, hoy es vicealcaldesa de Hasaka.
En octubre de 2019, el Ejército turco entró en el norte de Siria y creó una "zona de amortiguación” de 30 kilómetros de ancho, supuestamente para evitar actos terroristas. La estación de bombeo de Alouk también se encuentra en esta zona. Aunque actualmente está en funcionamiento, desde enero de 2021 la central de agua no funcionó durante casi 90 días y durante más de 140 días funcionó a la mitad de su capacidad. Solamente desde finales de septiembre las bombas han vuelto a funcionar sin mayores incidencias.
Turquía culpa a la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria de las interrupciones. La AANES sigue cortando el suministro eléctrico de la estación, según Ankara, la capital de Turquía. Los intentos de poner a Alouk bajo administración neutral, por ejemplo, por parte de las Naciones Unidas, han fracasado hasta ahora. UNICEF tampoco tiene acceso directo a las instalaciones de agua, según Bo Viktor Nylund.
Ahora, los habitantes de Hasaka obtienen el agua potable de grandes depósitos de agua que se traen a la ciudad en camiones. Pero el agua es cara: 1.000 litros cuestan alrededor de 6.000 liras, algo más de dos euros, mucho dinero en una región donde el salario medio equivale a tan solo 52 euros al mes.

Una cuarta parte del salario mensual para el agua
"Nuestra familia depende del salario de nuestro hijo. Gana 250.000 liras (unos 88 euros) al mes como conductor en el Ejército. Ahora tenemos que gastar 60.000 liras (21 euros) en agua al mes, y el agua apenas alcanza”, lamenta Mohammed Abdo. Este hombre de 60 años vive en el barrio de Khashman. Desde hace unos meses es presidente del consejo del distrito local. Muchos vecinos de Khashman están desesperados porque sus campos se han secado por completo, nos cuenta Abdo.
"Nos han olvidado, nadie nos ayuda, ninguna organización humanitaria, nadie”, se queja. Abdo está enfadado con el municipio, con la comunidad internacional, pero, sobre todo, con Turquía. "Si quieren luchar, que lo hagan en el frente, pero que no utilicen el agua como arma”, dice. "Esto no es vida. Nos están matando, pero lentamente”.
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Siria: la guerra también afecta suministros de agua



Millones padecen ataques contra suministro de agua en Siria

Fecha de Publicación
: 01/09/2015
Fuente: IPS
País/Región: Siria


Imagínese el tener que aventurarse en una zona de guerra en busca de agua debido a que las fuerzas insurgentes y gubernamentales atacaron las cañerías y luego imagínese caminando kilómetros bajo el sol ardiente del verano, para luego esperar durante horas en un grifo público para llenar sus recipientes.
Ahora imagínese que en ese momento se da cuenta de que esos recipientes pesan demasiado para llevarlos de vuelta a casa.
Esta escena, presenciada por un ingeniero del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), es cada vez más habitual en Siria. En este caso, la persona enviada a buscar el agua era una niña que se sentó en el piso y comenzó a llorar cuando comprendió que no podría llevar el preciado recurso a su familia.
Agravada por una ola de calor, con temperaturas que alcanzaron 40 grados Celsius en la ciudad norteña de Alepo, la escasez de agua de Siria está alcanzando niveles críticos, advirtió la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el miércoles 26.
En un comunicado de prensa, Unicef criticó a las partes en guerra por sus ataques intencionales contra el suministro de agua, y añadió que solo este año registró 18 cortes deliberados de agua en Alepo.
Estos ataques, prohibidos por el derecho internacional, agravan la situación de millones de civiles desesperados por la guerra, y se calcula que cinco millones de personas soportaron extensas interrupciones a su abastecimiento de agua en los últimos meses.
“El agua potable es una necesidad básica y un derecho fundamental, en Siria como en cualquier otro lugar”, aseguró Peter Salama, director regional de Unicef para Medio Oriente y el Norte de África.
“Negarle el acceso al agua a la población civil es una violación flagrante de las leyes de la guerra y debe cesar”, subrayó.
En algunas localidades los grifos estuvieron sin agua durante 17 días consecutivos. En otros, la sequía duró más de un mes.
Muchas veces la tarea de ir a buscar agua a los puntos de recolección o los grifos públicos recae en los niños y niñas. No solo es una tarea agotadora, sino que es muy peligrosa en el país en conflicto. Unicef denunció que tres niños murieron en Alepo en las últimas semanas mientras salieron a buscar agua.
En ciudades como Alepo y Damasco, así como en la sudoccidental Deraa, las familias se ven obligadas a consumir agua de fuentes subterráneas no protegidas y sin regular. Como probablemente estén contaminadas, estas fuentes ponen a los niños en peligro de contraer enfermedades transmitidas por el agua, como la fiebre tifoidea.
Como el suministro es escaso y la demanda crece día a día, los precios del agua se dispararon hasta 3.000 por ciento en lugares como Alepo, lo que hace que las familias tengan aun más dificultades para obtener este recurso imprescindible para la vida.
Los combates y los ataques aéreos arrasaron gran parte de la infraestructura hídrica del país, al destruir estaciones de bombeo y romper cañerías sin que los trabajadores municipales puedan acceder a ellas para hacer las reparaciones necesarias.
Por si fuera poco, los frecuentes cortes de energía impiden que los técnicos bombeen el agua a las zonas civiles.
Unicef distribuyó agua en camiones a más de medio millón de personas, 400.000 de ellas en Alepo.
La agencia también rehabilitó 94 pozos que atienden a 470.000 personas y distribuyó 300.000 litros de combustible para reforzar los sistemas de distribución de agua pública en Alepo y Damasco, donde la escasez afectó a 2,3 millones y 2,5 millones de personas, respectivamente.
En Deraa, un cuarto de millón de personas también padecen los recortes.
Un déficit de financiación de 40.000 millones de dólares impide que Unicef refuerce sus operaciones para mejorar la situación del agua, la higiene y el saneamiento en Siria.
Solo para remediar la crisis en Alepo y Damasco la agencia asegura que necesita con urgencia 20 millones de dólares, un pedido de improbable cumplimiento dado el déficit que aqueja a las operaciones humanitarias de todo el sistema de las Naciones Unidas.
En general, la disponibilidad del agua en Siria es aproximadamente la mitad de lo que era antes de marzo de 2011, cuando un multitudinario movimiento de protesta contra el presidente Bashar al Assad se convirtió rápidamente en una insurrección violenta en la que actualmente participan cuatro grupos armados, entre ellos el extremista Estado Islámico.
A casi cuatro años y medio de su inicio, la guerra no muestra señales de amainar.
La ONU conmemora la Semana Mundial del Agua del 23 al 28 de este mes, mientras que el mundo observa a las partes en conflicto en Siria, que deberán rendir cuentas por utilizar el agua para alcanzar sus objetivos militares y políticos.
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Siria podría ser la primer guerra por causa del clima



¿Es la guerra de Siria la primera propiciada por el calentamiento global?

Fecha de Publicación
: 05/03/2015
Fuente: Ecoticias
País/Región: Siria


Una sequía sin precedentes que asoló Siria en 2006-2010 probablemente fomentada por el cambio climático causado por el hombre puede haber ayudado a impulsar el levantamiento sirio de 2011.
Los autores explican que la sequía, la peor que se ha registrado en la región, destruyó la agricultura en la fructífera región del norte de Siria, desalojando a los agricultores hacia las ciudades, donde la pobreza, la mala gestión del Gobierno y otros factores crearon el malestar que explotó en la primavera de 2011.
Desde entonces, el conflicto ha evolucionado en una compleja guerra multinacional que ha matado al menos a 200.000 personas y ha provoado millones de desplazados. "No estamos diciendo que la sequía provocó la guerra --matiza el coautor Richard Seager, científico del clima en el Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, Estados Unidos--. Decimos que sumada a todos los otros factores de estrés, ayudó a lanzar las cosas por encima del umbral en un conflicto abierto. Y una sequía de esa gravedad fue mucho más probablemente inducida por el hombre en esa región".
Un creciente cuerpo de investigación sugiere que el clima extremo, incluyendo altas temperaturas y sequías, aumenta las posibilidades de violencia, desde ataques individuales hasta guerras a gran escala. Algunos científicos estiman que el calentamiento global causado por el hombre aumentará los conflictos futuros o sostienen que puede estar ya haciéndolo. Y artículos periodísticos recientes y otros informes han vinculado la guerra en Siria, Irak y otros lugares, en parte, a cuestiones ambientales, especialmente la falta de agua.
El nuevo estudio, cuyos detalles se revelan este lunes en un artículo que se publica en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', combinando datos del clima, sociales y económicos, es tal vez el primero en analizar tan minuciosa y cuantitativamente estas cuestiones en relación a la guerra actual.
La reciente sequía afectó el llamado Creciente Fértil, parte de Turquía y gran parte de Siria e Irak, donde se cree que la agricultura y la ganadería comenzó hace unos 12.000 años. La región siempre ha sfurido cambios climáticos naturales, pero mediante el uso de estudios existentes y su propia investigación, estos expertos mostraron que desde 1900, el área ha sido objeto de un calentamiento de entre 1 a 1,2 grados centígrados y una reducción del 10 por ciento en las precipitaciones de la estación húmeda.
Los autores de este trabajo mostraron que la tendencia coincide perfectamente con los modelos de calentamiento global de influencia humana y, por lo tanto, no puede atribuirse a la variabilidad natural. A su juicio, el calentamiento global ha tenido dos efectos: en primer lugar, parece que ha debilitado indirectamente los patrones de viento que llevan aire cargado de lluvia desde el Mediterráneo, reduciendo las precipitaciones durante la temporada de lluvias de noviembre a abril.
En segundo lugar, las altas temperaturas han aumentado la evaporación de la humedad de los suelos durante los veranos generalmente calientes. La región experimentó sequías importantes en los años 1950, 1980 y 1990, pero 2006-10 fue fácilmente la peor y más larga desde que comenzaron los registros fiables. Los investigadores concluyen que un episodio de esta severidad y duración habría sido poco probable sin cambios a largo plazo.
Otros investigadores han observado la tendencia a la sequía a largo plazo a través de todo el Mediterráneo y han atribuido al menos parte de ella al calentamiento provocado por el hombre; como un estudio anterior de la Dirección Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha predicho que el ya violento Oriente Medio se secará más en las próximas décadas a medida que avanza el calentamiento inducido por el hombre.
Los autores del estudio señalan que Siria se volvió especialmente vulnerable a otros factores, como el simple crecimiento demográfico --de 4 millones en 1950 a 22 millones en los últimos años. Además, la familia gobernante al-Assad animó a la exportación de cultivos de alto consumo de agua, como el algodón. La perforación ilegal de pozos de riego agotó drásticamente las aguas subterráneas que podrían haber proporcionado reservas durante los años de sequía, apunta el coautor Shahrzad Mohtadi, estudiante graduado en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de Columbia, que se encargó de los componentes económicos y sociales de la investigación.
Los efectos de la sequía no se hicieron esperar: la producción agrícola, por lo general un cuarto del producto interior bruto (PIB) del país, cayó en un tercio. En el muy perjudicado nordeste, los rebaños de ganado fueron prácticamente destruidos; los precios de los cereales se duplicaron, y las enfermedades relacionadas con la nutrición entre los niños registraron un aumento espectacular.
Nada menos que 1,5 millones de personas huyeron del campo a la periferia de las ciudades que ya estaban tensas por la afluencia de refugiados de la vecina guerra en Irak. En estos suburbios inmediatos caóticos, el régimen de Assad hizo poco para ayudar a las personas dotándolas de empleo o servicios, según Mohtadi, por lo que fue en gran parte de estas áreas donde comenzó el levantamiento. "Los rápidos cambios demográficos fomenta la inestabilidad --señalan los autores--. Si fue un factor principal o sustancial es imposible saberlo, pero la sequía puede tener consecuencias devastadoras cuando se acompaña con preexistente vulnerabilidad aguda".
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