Moda rápida y ropa usada desbordan basurales en la región

 


América Latina se llena de ropa descartada por la moda rápida y la importación de prendas usadas

La sobreproducción textil, el consumo acelerado y el ingreso masivo de ropa usada llenan los basurales de la región, desde el desierto de Atacama hasta Ciudad de México, con niveles de reciclaje casi nulos.

La moda rápida cambió la forma de vestir de millones de latinoamericanos y dejó una montaña de ropa sin destino. Prendas baratas que se compran con un clic, se usan pocas veces y terminan en basurales, mientras la región importa toneladas de ropa usada que nadie puede reutilizar. En México, Chile, Brasil y Colombia el panorama se repite: mucha producción, mucho descarte y muy poco reciclaje.
“Tenemos una sobreproducción de ropa. Es un problema sistémico que se ha desbordado”, resumió Diana Hernández, fundadora de la plataforma mexicana Fundamentally, dedicada a la moda sostenible. La tendencia se aceleró en la última década con el comercio electrónico, que hizo de las prendas de bajo costo una de las favoritas de la llamada generación Z.

Atacama, el símbolo
Chile es el caso más visible. Sin industria textil propia, es el mayor importador de ropa usada de América Latina y uno de los diez mayores del mundo. En 2022 recibió unas 124.000 toneladas de prendas usadas, de las cuales cerca del 75% no era reutilizable y terminó en vertederos como los del desierto de Atacama. Apenas el 1% de esos residuos se recupera.
Para enfrentar el problema, el Ministerio del Medio Ambiente chileno declaró en junio de 2025 a los textiles como séptimo producto prioritario de su Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, que obliga a fabricantes e importadores a hacerse cargo de los productos hasta el final de su vida útil. Por ahora, deben registrarse y declarar cada año lo que ponen en el mercado; un decreto todavía pendiente fijará las metas de recolección y valorización. El país también cuenta con una Hoja de Ruta de Economía Circular al 2040, con un plan específico para textiles que busca reducir el consumo excesivo y eliminar los vertederos ilegales.

México, Brasil y Colombia
En México, los consumidores compran entre 2.500 y 3.500 millones de prendas por año, según cifras de la industria. Solo la capital desecha unas 150.000 toneladas de residuos textiles anuales, de las que se reprocesa el 1%. El país aprobó en 2025 una Ley General de Economía Circular, pero no incluye esquemas para el sector textil y no existe una regulación específica sobre fabricación, materiales o reciclaje de ropa.
Brasil produjo 2,2 millones de toneladas de textiles en 2024 y generó más de 152.000 toneladas de residuos, de los que recicla unas 60.000. Es además el segundo mayor empleador de la industria manufacturera del país, con 1,33 millones de trabajadores directos. En Colombia, unas 10.000 empresas hilaron cerca de 174.000 toneladas en 2024, mientras los desechos textiles rondan las 200.000 toneladas, con un reciclaje muy bajo. Ambos países tienen estrategias nacionales de economía circular, aunque en el caso colombiano la estrategia textil sigue en preparación.

Alternativas desde abajo
Frente a ese escenario, crecen las iniciativas de segunda mano, reparación y curaduría de ropa usada. Tania Palacios, socia del emprendimiento mexicano Ciclo Curaduría Textil, contó que antes consumía sin cuestionarse demasiado y que hoy apuesta por darle una segunda vida a las prendas.

El impacto en Argentina
La situación también tiene eco en la Argentina. Según un proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados de la Nación, que propone prohibir por cinco años la importación de ropa usada, en 2025 ingresaron al país 4.628.000 kilos de indumentaria de segunda mano, más de 10 millones de prendas. Con datos de la Fundación ProTejer, los fundamentos señalan que la importación se multiplicó en un año hasta representar el 12% de las compras externas de indumentaria, y que el 84% ingresó por la aduana de Jujuy, principalmente desde Chile.
El texto también cita a la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, que estima que alrededor del 40% de las prendas que llegan a Chile termina descartado en Atacama, buena parte de ellas fabricadas con fibras sintéticas como el poliéster, difíciles de reciclar. La iniciativa exceptúa las donaciones a entidades registradas y advierte sobre el impacto en la producción local y el empleo.
Para la región, el desafío es doble: frenar la sobreproducción y, al mismo tiempo, evitar que América Latina se convierta en el destino final de la ropa que otros descartan.


Fecha de Publicación
: 16/10/2026
País/Región: 
América Latina
Fuentes Consultadas: Agencia IPS, Ministerio del Medio Ambiente de Chile

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