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Población de ancianos supera a la de niños

 


Por primera vez en la historia humana la población de ancianos supera a la de niños a nivel global


Informes de organismos internacionales confirman una inflexión demográfica histórica marcada por el envejecimiento acelerado de la población y el desplome sistemático de las tasas de natalidad a escala mundial.

Por primera vez desde que existen registros consolidados de la humanidad, el número total de personas mayores de 65 años ha superado al de niños menores de cinco años a escala global. Esta transformación de la estructura demográfica planetaria representa un punto de quiebre histórico resultado de dos dinámicas convergentes: el incremento progresivo en la expectativa de vida debido a los avances médicos y de salubridad, y una caída drástica y sostenida en las tasas de fecundidad en casi todas las regiones del mundo. La inversión de la pirámide poblacional dejó de ser una proyección futurista de la sociología para convertirse en una realidad estructural presente, con profundas implicancias sobre la economía global, la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, la arquitectura del cuidado y la demanda de recursos socioambientales.

Transición demográfica, baja fecundidad y sostenibilidad socioeconómica
Durante décadas, las políticas públicas y los modelos de desarrollo económico se articularon sobre la hipótesis de un crecimiento poblacional continuo donde una amplia base de población joven sustentaba el consumo y financiaba la seguridad social de los adultos mayores. Sin embargo, el fenómeno de la transición demográfica se ha acelerado de manera abrumadora en Europa, Asia Oriental y gran parte de América Latina, extendiéndose rápidamente a economías en desarrollo. La urbanización masiva, el mayor acceso a la educación y a la planificación familiar, junto con las crecientes presiones económicas asociadas al costo de vida, han conducido a que decenas de países registren tasas de fecundidad sustancialmente inferiores al nivel de reemplazo generacional (fijado teóricamente en 2,1 hijos por mujer).
Para comprender las múltiples dimensiones y desafíos emergentes de este hito demográfico global, los especialistas destacan los siguientes factores estructurales:
- Presión sobre los sistemas de salud y previsión social: La proliferación de patologías crónicas no transmisibles asociadas a la vejez demanda un vuelco masivo de recursos hacia la medicina preventiva, el tratamiento asistido y las pensiones.
- Transformación de los patrones de consumo y uso de suelo: El envejecimiento de las sociedades modifica la demanda de bienes, priorizando la accesibilidad urbana, el transporte adaptado y la infraestructura de cuidados sobre la construcción escolar.
- Impactos en la huella ecológica global: Un cambio poblacional a largo plazo influye de forma compleja en la demanda energética y de insumos biológicos, reconfigurando las proyecciones sobre consumo de agua, alimentos y emisiones de carbono.

El reto del cuidado y las políticas de envejecimiento activo
La nueva configuración de las edades exige una reestructuración profunda de las políticas públicas comunitarias y nacionales. Diversos analistas señalan que los Estados deben transitar desde un enfoque reactivo asistencial hacia estrategias integrales de "envejecimiento activo" y saludable, que promuevan la inserción comunitaria, el bienestar físico y cognitivo, y la autonomía de las personas mayores. Asimismo, la crisis del cuidado —historicamente invisibilizada y recaída sobre los hogares y las mujeres— requiere la creación de sistemas estatales y comunitarios de apoyo que profesionalicen la atención geriátrica y garanticen condiciones dignas tanto para quienes reciben asistencia como para las redes de cuidadores.

Rediseñar las sociedades para un planeta con nueva longevidad
La superación del número de niños por parte de la población adulta mayor no constituye por sí misma una catástrofe, sino la consecuencia directa del progreso científico y social de la humanidad. No obstante, gestionar con éxito esta nueva longevidad requiere abandonar paradigmas productivistas del siglo pasado y diseñar ciudades, economías y ecosistemas institucionales capaces de funcionar armónicamente en un mundo con menor natalidad y mayor expectativa de vida. La capacidad de adaptación de las naciones ante este giro demográfico determinará la calidad de vida, la equidad intergeneracional y la cohesión social de las próximas décadas.


Fecha de Publicación: 07/09/2026
País/Región: Internacional
Fuentes originales consultadas: Actualidad RT, División de Población de las Naciones Unidas (UN DESA), Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)
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Subida del nivel del mar, una amenaza para millones de personas

 


Naciones Unidas alerta sobre el impacto devastador del ascenso oceánico en las comunidades costeras globales


Un contundente informe de la Organización de las Naciones Unidas proyecta que más de 770 millones de habitantes en áreas litorales de baja altitud enfrentarán severos riesgos de inundación, salinización de acuíferos y desplazamiento forzado debido al avance acelerado del nivel del mar.

La crisis climática global está alcanzando una de sus manifestaciones más críticas y territorialmente irreversibles con el constante y acelerado ascenso del nivel de los océanos. Según las proyecciones más recientes divulgadas por agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y paneles científicos internacionales, aproximadamente 770 millones de personas —equivalentes a cerca de 10 % de la población mundial— que habitan en zonas costeras situadas a menos de diez metros sobre el nivel del mar se encuentran bajo una amenaza directa y creciente. El fenómeno, impulsado de forma simultánea por la expansión térmica del agua marina y el derretimiento acelerado de las masas de hielo continental en Groenlandia y la Antártida, ha dejado de ser una advertencia teórica a largo plazo para convertirse en una emergencia socioambiental inmediata que redefine los mapas de riesgo poblacional, la economía global y la estabilidad geopolítica del planeta.

Desglose de los riesgos de la erosión costera y el ascenso del mar
Para analizar de manera rigurosa la complejidad y la escala de los impactos que genera este fenómeno oceánico en los territorios costeros, la comunidad científica y los organismos de gestión de desastres desglosan la problemática en los siguientes vectores críticos:
- Inundaciones permanentes y marejadas extremas: El ascenso del nivel base del océano multiplica la frecuencia y la violencia de las intrusiones marinas durante ciclones, huracanes y sudestadas, transformando eventos meteorológicos episódicos en catástrofes recurrentes.
- Salinización de acuíferos y suelos agrícolas: La intrusión de agua salada en las cuencas subterráneas de agua dulce compromete el suministro de agua potable para millones de habitantes y destruye la fertilidad de los suelos de cultivo en deltas fluviales clave.
- Pérdida de infraestructura estratégica y desplazamiento: Puertos, centrales energéticas, carreteras litorales y centros urbanos enteros sufren daños estructurales severos, forzando olas de migración climática y reubicaciones poblacionales masivas.

La crisis existencial de los Pequeños Estados Insulares
El impacto del ascenso marino no se distribuya de forma homogénea, alcanzando niveles de tragedia existencial en los llamados Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), ubicados principalmente en el océano Pacífico, el Índico y el Caribe. Archipiélagos como Tuvalu, Kiribati, las Islas Marshall y las Maldivas enfrentan la posibilidad real de quedar sumergidos o volverse inhabitables antes de que finalice el presente siglo. En estos países, donde el punto más elevado del terreno a menudo no supera los dos o tres metros sobre el nivel del mar, la erosión destruye playas, la salinización inhabilita los pozos de agua dulce y las mareas altas cubren de forma rutinaria viviendas e infraestructuras públicas. Los líderes de estas naciones han denunciado repetidamente en las cumbres climáticas de la ONU que sufren las consecuencias más extremas de un problema que ellos no generaron, exigiendo indemnizaciones financieras por pérdidas y daños a los países industrializados de mayores emisiones.

Megaciudades litorales y la presión sobre la economía mundial
Más allá de los territorios insulares, las grandes metrópolis costeras del mundo concentran enormes niveles de vulnerabilidad económica y demográfica. Ciudades como Alejandría, Daca, Bangkok, Yakarta, Lagos, Miami y Nueva York albergan infraestructuras financieras y comerciales vitales que requieren inversiones multimillonarias e inmediatas en ingeniería de defensa costera, tales como murallones de contención, barreras flotantes, sistemas de bombeo industrial y la restauración ecológica de humedales costeros y manglares. Los economistas del clima advierten que la incapacidad de adaptar estas grandes urbes ante el avance del mar desencadenará crisis financieras sistémicas, causadas por la desvalorización masiva de activos inmobiliarios, la pérdida de viabilidad en las cadenas de suministro portuarias y el incremento exponencial de las primas de seguro en áreas de alto riesgo.

Un llamado urgente a la adaptación y a la justicia climática
La conclusión unánime de los expertos internacionales es que, incluso si las emisiones globales de gases de efecto invernadero se redujeran de manera drástica en el corto plazo, la inercia térmica de los océanos garantizará que el nivel del mar continúe elevándose durante décadas. Ante este escenario, la agenda de políticas públicas de las naciones costeras debe volcarse hacia el fortalecimiento de las medidas de adaptación estructural y la planificación territorial de largo plazo, incluyendo la retirada estratégica gestionada de las poblaciones más expuestas. La comunidad internacional se enfrenta al desafío ético e histórico de financiar la resiliencia de las comunidades más vulnerables del Sur Global, asegurando que la respuesta a la subida del mar combine rigor científico, equidad económica y respeto irrestricto a los derechos humanos de los futuros desplazados climáticos.


Fecha de Publicación
: 02/09/2026
País/Región: Internacional
Fuentes originales consultadas: Agencia IPS Noticias, Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
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Maltusianismo en el siglo XXI

 


La polémica propuesta de los científicos para frenar la crisis climática: "reducir la población por la mitad"

Fecha de Publicación
: 21/08/2026
Fuente: Portal MeteoRed
País/Región: Internacional


Un estudio propone que la población mundial deje de crecer y descienda gradualmente hasta unos 4.000 millones en 2200, mediante educación, planificación familiar y menor impacto ambiental.
Un reciente estudio científico plantea una propuesta que seguramente generará debate: que la población mundial pueda reducirse de forma gradual hasta unos 4.000 millones de habitantes hacia el año 2200.
Publicado en la revista Sustainable Development, el trabajo, liderado por Anastasia Pseiridis, analiza un escenario en el que la humanidad primero detiene su crecimiento y luego comienza a disminuir lentamente durante las próximas generaciones.
Pero no se trata de una propuesta de control obligatorio de la natalidad ni de una reducción demográfica abrupta. El planteo es mucho más lento y apunta a que la humanidad deje de crecer durante las próximas generaciones, mientras disminuye también el impacto ambiental asociado a cada persona.
Según los autores, una población menor, combinada con un consumo más moderado, podría aliviar la presión sobre los recursos naturales, reducir la contaminación y favorecer la conservación de ecosistemas y especies.

Menos habitantes, pero también menor impacto
Aquí aparece uno de los aspectos centrales del estudio. La cuestión ambiental no depende únicamente de cuántas personas viven en la Tierra.
Durante décadas, el debate demográfico se ha apoyado muchas veces en una relación aparentemente sencilla: más población implica más consumo y, por lo tanto, mayor presión sobre el planeta. Sin embargo, las diferencias en los niveles de consumo hacen que la realidad sea bastante más compleja.
No todas las personas utilizan la misma cantidad de energía, alimentos o materias primas, ni generan las mismas emisiones. Por eso, los investigadores plantean actuar sobre dos variables al mismo tiempo: reducir progresivamente la población y disminuir la huella ambiental de cada habitante.
Una humanidad de 4.000 millones de personas con un consumo elevado de combustibles fósiles podría seguir generando una enorme presión sobre los ecosistemas. Del mismo modo, una población de más de 8.000 millones podría reducir considerablemente su impacto si utilizara menos recursos y energía contaminante.
Por eso, los 4.000 millones no representan una supuesta capacidad máxima de la Tierra. Son, en cambio, el escenario demográfico que los investigadores utilizan para imaginar una sociedad con menor presión sobre el ambiente.

Educación y libertad reproductiva, las claves
¿Cómo podría alcanzarse una cifra semejante? El estudio no plantea esterilizaciones, límites obligatorios de hijos ni otras medidas coercitivas. Su propuesta se apoya en herramientas conocidas: educación, planificación familiar y libertad reproductiva.
La experiencia de distintos países muestra que, cuando las mujeres tienen acceso a educación, atención sanitaria y medios para decidir cuándo tener hijos y cuántos desean, la fecundidad suele disminuir.
Los autores citan, entre otros ejemplos, a Irán, donde la tasa de fecundidad pasó de 4,08 hijos por mujer en 1992 a 1,94 en 2001. En Corea del Sur cayó de 4,07 en 1972 a 1,93 en 1984, mientras que Costa Rica pasó de 4,16 en 1972 a 1,98 en 2009.
El proceso, de hecho, ya está ocurriendo en buena parte del mundo. La población mundial continúa creciendo, pero lo hace a un ritmo cada vez menor. A medida que mejoran la educación, la supervivencia infantil, los ingresos y el acceso a la salud reproductiva, las familias tienden a tener menos hijos.
En algunos países, incluso, la preocupación comienza a ser la contraria: el envejecimiento y la pérdida de población.

Un futuro con menos habitantes también tendría desafíos
El escenario propuesto tampoco está exento de problemas. Una reducción demográfica sostenida implicaría una población cada vez más envejecida, con menos personas en edad laboral y una mayor proporción de habitantes dependientes. Los sistemas de salud y de pensiones enfrentarían, por lo tanto, nuevos desafíos.
Por eso, la pregunta de fondo quizá no sea simplemente cuántas personas debería haber en la Tierra. El verdadero debate apunta a algo más profundo: ¿qué tipo de sociedad queremos construir si el crecimiento permanente de la población y del consumo deja de ser considerado una condición necesaria para progresar?
El estudio sostiene que detener gradualmente el crecimiento demográfico y reducir al mismo tiempo el impacto ambiental individual podría beneficiar tanto a la naturaleza como a las sociedades humanas.
En definitiva, los 4.000 millones son apenas una cifra dentro de un escenario posible. El desafío ambiental, mucho más amplio, seguirá dependiendo de una cuestión fundamental: no solo cuántos seamos, sino cómo decidamos vivir.
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Profundos cambios demográficos en marcha

 


Ignorar las realidades demográficas

Fecha de Publicación
: 11/07/2026
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


Las realidades demográficas están ampliamente documentadas y los gobiernos conocen desde hace tiempo los profundos cambios demográficos que ya están en marcha. Sin embargo, muchos responsables de formular políticas siguen restándoles importancia o, directamente, las ignoran.
Esta reticencia suele reflejar la tensión entre las prioridades políticas de corto plazo y las realidades demográficas de largo plazo. Como consecuencia, los gobiernos con frecuencia se muestran reacios a reconocer la verdadera magnitud de las transformaciones demográficas que están reconfigurando sus sociedades.
En algunos casos, el negacionismo demográfico sirve para proteger intereses políticos o económicos consolidados. Sin embargo, con mayor frecuencia refleja la falta de voluntad para afrontar decisiones políticamente difíciles, como aumentar los impuestos, ampliar la inmigración, elevar la edad de jubilación o destinar más recursos a las pensiones, la atención sanitaria y otros programas de protección social.
Como los cambios demográficos suelen producirse de manera gradual, los dirigentes políticos suelen priorizar medidas que ofrecen beneficios políticos o económicos inmediatos en lugar de reformas orientadas a enfrentar desafíos de largo plazo, como la disminución de la población y el envejecimiento demográfico. Los incentivos electorales y las consideraciones políticas de corto plazo suelen pesar más que la necesidad de adaptarse a una realidad demográfica en constante transformación.
Los gobiernos también pueden minimizar las tendencias demográficas porque hacerlo les permite avanzar con prioridades políticas e ideológicas inmediatas mientras postergan los ajustes fiscales y de políticas públicas que esos cambios exigen.
Además, algunos responsables de formular políticas continúan impulsando medidas destinadas a recuperar los patrones demográficos del pasado reciente, pese a que las probabilidades de éxito son escasas.
Las condiciones demográficas del siglo XX fueron históricamente excepcionales. El crecimiento de la población, las tasas de fecundidad, la estructura por edades, la disminución de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida alcanzaron niveles sin precedentes, especialmente durante la segunda mitad del siglo.
Estas condiciones fueron el resultado de una combinación única de factores históricos, económicos, tecnológicos y de salud pública, difícilmente repetible. En lugar de intentar recrear el contexto demográfico del pasado, los gobiernos deberían concentrarse en adaptar sus instituciones, políticas y finanzas públicas a las realidades demográficas actuales.
La población mundial casi se cuadruplicó durante el siglo XX: pasó de 1600 millones de habitantes en 1900 a 2500 millones en 1950 y alcanzó los 6200 millones en el año 2000.
En la actualidad, la población mundial ronda los 8300 millones de personas, más de cinco veces la registrada en 1900. Aunque se prevé que continúe creciendo, el ritmo de ese crecimiento se desaceleró de manera considerable. Según las proyecciones actuales, la población mundial alcanzará un máximo cercano a los 10 300 millones hacia mediados de la década de 2080 y luego disminuirá levemente hasta alrededor de 10 200 millones hacia finales del siglo .
La tasa de crecimiento de la población mundial, que era del 1,7 % en 1950, alcanzó un máximo cercano a 2,3 % a comienzos de la década de 1960. Hacia finales del siglo XX había descendido hasta aproximadamente 1,4 %. En 2026 se estima que el crecimiento demográfico mundial será de alrededor de 0,8 % y las proyecciones indican que continuará disminuyendo hasta llegar a aproximadamente -0,1 % hacia finales del siglo.
Además, muchos países ya experimentan una disminución de la población, con más defunciones que nacimientos. En 63 países, donde vive cerca de 28 % de la población mundial, el número de habitantes ya alcanzó su máximo. Durante los próximos treinta años, se espera que otros 48 países y territorios también lleguen a ese punto antes de iniciar un descenso demográfico.
Los niveles de fecundidad también disminuyeron de forma drástica respecto de los elevados valores registrados a mediados del siglo XX. La tasa mundial de fecundidad, que a finales de la década de 1950 superaba los cinco hijos por mujer, se redujo aproximadamente a la mitad al comienzo del siglo XXI.
Para 2026, se estima que la fecundidad mundial será de alrededor de 2,2 hijos por mujer. Además, más de la mitad de los países ya registran niveles inferiores al de reemplazo generacional, situado en torno a 2,1 hijos por mujer.
El envejecimiento de la población constituye otra de las tendencias demográficas que definen nuestra época. En 1950, apenas alrededor de 5 % de la población mundial tenía 65 años o más. En 2026 esa proporción ya se duplicó con creces y alcanzó casi 11 %. El porcentaje de personas de 85 años o más aumentó todavía con mayor rapidez, al pasar de apenas 0,2 % en 1950 a cerca de 1 % en 2026.
A medida que las poblaciones envejecen, las personas también viven más tiempo que nunca. La esperanza de vida al nacer aumentó considerablemente en todo el mundo: pasó de unos 46 años en 1950 a aproximadamente 74 años en 2026.
La esperanza de vida a los 65 años también creció de forma significativa. A escala mundial pasó de unos 11 años adicionales en 1950 a aproximadamente 18 años adicionales hacia mediados de la década de 2020. En muchos países, sin embargo, ese aumento fue aún mayor y supera los 20 años. En Japón y Francia, por ejemplo, una persona de 65 años puede esperar vivir alrededor de 23 años más.
En lugar de adaptarse a la persistencia de la baja fecundidad, el envejecimiento de la población y el menor crecimiento de la fuerza laboral, muchos gobiernos siguen impulsando políticas destinadas a revertir estas tendencias y restablecer condiciones demográficas más propias de mediados del siglo XX.
En numerosos países con baja fecundidad, los gobiernos destinaron importantes recursos públicos a medidas pronatalistas, como transferencias monetarias, incentivos fiscales, guarderías subvencionadas y asistencia para el acceso a la vivienda. Si bien estas políticas pueden aliviar las dificultades económicas inmediatas de las familias, en general solo produjeron aumentos modestos y, muchas veces, temporales de la fecundidad.
Al mismo tiempo, pese al aumento de la tasa de dependencia de las personas mayores y a la persistencia de la escasez de mano de obra, las políticas migratorias siguen siendo políticamente controvertidas y, en algunos países, muy restrictivas. Esto ocurre en un contexto de creciente presión fiscal sobre los sistemas previsionales de reparto y de una demanda cada vez mayor de servicios de salud y cuidados de larga duración.
Aunque la esperanza de vida continúa aumentando, especialmente en las edades más avanzadas, reformas como el incremento gradual de la edad de jubilación, la ampliación de la base tributaria, la reestructuración de los sistemas previsionales y la adaptación del financiamiento sanitario suelen avanzar con lentitud debido a la resistencia política.
Como consecuencia, los ajustes fiscales suelen quedar rezagados respecto de los cambios demográficos, lo que incrementa las presiones presupuestarias y, en algunos casos, agrava las tensiones entre generaciones.
En algunos países, los dirigentes políticos respondieron a tendencias demográficas incómodas debilitando la independencia de los organismos estadísticos, reduciendo el financiamiento destinado a la investigación demográfica y a la recopilación de datos, despidiendo estadísticos, desplazando a especialistas o cuestionando públicamente evidencia demográfica ampliamente aceptada.
Estas acciones pueden dificultar que tanto los responsables de formular políticas como la ciudadanía evalúen con precisión los cambios demográficos, analicen las distintas alternativas y desarrollen respuestas eficaces de largo plazo.
Del mismo modo, en lugar de modernizar los sistemas públicos de protección social, diversificar las fuentes de ingresos o aplicar reformas graduales en los sistemas de jubilaciones y pensiones, muchos gobiernos postergan las decisiones más difíciles para reducir el costo político en las urnas.
Sin embargo, esas demoras prolongadas pueden poner en riesgo la sostenibilidad financiera de los programas públicos y aumentar la probabilidad de que los fondos de pensiones y de seguros sociales se vuelvan insolventes o requieran medidas correctivas drásticas.
Otra forma de evasión política consiste en mantener políticas migratorias restrictivas a pesar de la persistente escasez de trabajadores. En muchos países, la inmigración contribuyó históricamente a compensar la disminución de la población provocada principalmente por una fecundidad sostenidamente inferior al nivel de reemplazo.
Sin una inmigración suficiente, es probable que tanto la reducción de la población como el envejecimiento demográfico se aceleren en estas sociedades.
Los grandes cambios demográficos del siglo XXI, entre ellos la disminución de la población, el envejecimiento demográfico, la fecundidad persistentemente inferior al nivel de reemplazo, el aumento de la longevidad, la migración, los desplazamientos de refugiados y las presiones sobre los sistemas de asilo, están ampliamente documentados y son reconocidos.
Aun así, muchos gobiernos siguen priorizando los esfuerzos por revertir estas tendencias, mientras dedican comparativamente menos atención a adaptar sus instituciones y políticas públicas a las realidades demográficas de largo plazo.
En lugar de concentrarse principalmente en restaurar las condiciones demográficas del pasado reciente, los responsables de formular políticas podrían obtener mejores resultados si pusieran mayor énfasis en adaptar las instituciones económicas, fiscales y sociales a las realidades demográficas del presente y de las próximas décadas.
Este enfoque reconoce que el cambio demográfico no constituye un desvío temporal respecto de las normas históricas, sino una característica estructural que define al siglo XXI y que exige una adaptación institucional sostenida, más que intentos por restaurar las condiciones demográficas del pasado.

Por Joseph Chamie - Demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas

Desastres climáticos superan a las guerras como causa de desplazamiento

 


El cambio climático provoca más desplazamientos forzosos que las guerras 

Fecha de Publicación
: 27/03/2026
Fuente: RTVE (España)
País/Región: Internacional


Las vidas de millones de personas en todo el mundo se están viendo afectadas por el cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos las están obligando a exiliarse de sus países y la ley no les otorga estatus específico alguno. 
Esta es una de las causas por la que en territorios afectados por la crisis climática ya están surgiendo soluciones en el ámbito local para intentar llenar el vacío legal que les deja desprotegidos.

El cambio climático no hace amigos
Lokkhi Mondol tiene 42 años y vive con su familia en la localidad costera de Chila Mongla, en Bangladés. Desde que se casó vive al lado del río. “Ya hemos perdido tres casas; nadie imagina lo duro que es ver tu casa destruida”, dice desesperada. 
Los ciclones, cada vez con mayor frecuencia, se lo llevan todo por delante. Ella no quiere dejar su país, pero otros, en sus mismas condiciones, se ven obligados a hacerlo. “Veo a mucha gente que viene de distritos afectados por desastres naturales”, relata un ciudadano de Daca, la capital de Bangladés, a la que llegan cada día unos 2.000 refugiados climáticos.
Más de 30 millones de personas huyen de sus pueblos, regiones o países debido a la crisis climática, pero, según el último informe del Banco Mundial, en 2050, podrían ascender a 220 millones.
En la actualidad, hay más personas obligadas a desplazarse por la subida del nivel del mar, por los ciclones o por las sequías que por los conflictos armados.
“Según las previsiones sobre el cambio climático, si se hace realidad el peor de los escenarios, un tercio del país quedará sumergido bajo el agua”, advierte la asesora medioambiental del gobierno bangladesí, Syeda Rizwana. 
Bangladés es el segundo país del mundo más afectado por los ciclones, cada vez más violentos. En los últimos diez años, los desastres naturales ya han causado casi 15 millones de desplazamientos internos y un gran número de estas personas tendrán que ser reubicadas.

Sin refugio y sin derechos
Los fenómenos meteorológicos extremos están dejando a la intemperie a estas personas. Pero también lo está haciendo el derecho internacional. Actualmente, carecen de estatus legal específico y no existe una definición clara de “refugiado climático”. Mucho menos, medidas de protección y compensación. 
“Cuando una persona o grupo social se mueve forzosamente por el cambio climático, se abre una serie de posibilidades de vulneraciones de derechos humanos”, señala Mauricio Madrigal, profesor de Derecho Ambiental de la Universidad de Los Andes de Bogotá.
La comunidad internacional no oculta su temor ante la afluencia masiva de estos desplazados a los países desarrollados. Saskia Bricmont, miembro del Parlamento Europeo y periodista especializada en cambio climático, afirma que “el Norte Global tiene una responsabilidad histórica por lo que hoy viven los pueblos del Sur Global”. 
Y aboga para que desde la Unión se desarrolle una protección jurídica para los desplazados a fin de que puedan ser definidos como refugiados climáticos.
“Debemos reflexionar sobre cómo vamos a afrontar este reto a nivel global, porque el problema no va a desaparecer, sino que va a empeorar”, advierte Walter Kaelin, exrepresentante del secretario general de Naciones Unidas para los desplazados internos.

Colombia, Bangladés e Islas Fiyi, modelos a seguir
Ante la falta de respuesta global, estos tres países, afectados por el cambio climático y la migración, han puesto en marcha iniciativas locales para hacer frente a la emergencia que les afecta.
En Bangladés, Champa Akhter vive en una de las cuatro aldeas construidas para albergar a los damnificados por las catástrofes climáticas. Se les ofrece la oportunidad de empezar de cero y reconstruir sus vidas sin tener que abandonar su país.
“En esta aldea modelo viven 60 familias, la mayoría vino aquí debido a la erosión”, explica, contenta porque es una tendencia a seguir por el gobierno de su país. Pero estas personas, además de refugio, también precisan de derechos. 
Colombia “se toma muy en serio los derechos humanos y la protección de las personas desplazadas”, subraya Andrew Harper, del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Por eso, ha desarrollado un sistema único de clínicas jurídicas en todo el país.
Son centros de asesoramiento, cuya prioridad es la protección de los refugiados climáticos. De hecho, ya se ha promulgado alguna sentencia en la que se incorpora la figura del desplazado por factores ambientales. 
El archipiélago de las Islas Fiyi, en el Pacífico, está sufriendo los efectos del cambio climático con el aumento del nivel del mar y la intensificación de los ciclones. Barney Dunn es el jefe de la aldea Togoru. El cementerio donde reposan sus antepasados está hoy sumergido en el mar. 
Aquí, los que se ven obligados a abandonar su territorio lo hacen con el desgarro de dejar las tierras sagradas de sus ancestros.
“La gente ve ese desplazamiento como una desconexión de la Tierra y su identidad”, explica James Bhagwan, secretario general de la Conferencia de Iglesias del Pacifico, la organización que representa los intereses del 70% de la población de esta zona. 
La solución por la que han optado es por la del “derecho a quedarse”. En 2023, los líderes del Foro de las Islas del Pacífico respaldaron el llamado Marco Regional del Pacífico sobre Movilidad Climática.
Establece un compromiso de solidaridad que proporciona el reconocimiento oficial de un vínculo único con un territorio o el acceso a la propia protección que ya existe. Esto supone que muchas personas podrían evitar un desplazamiento que se vive como un exilio. 
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Envejecimiento y disminución de la población

 


Envejecimiento y disminución de la población

Fecha de Publicación
: 18/02/2026
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


El envejecimiento y la disminución de la población son cada vez más frecuentes en muchos países del mundo.
Una cantidad creciente de gobiernos se enfrenta ahora a este doble desafío demográfico, cada vez más evidente. Los desafíos demográficos que plantean el envejecimiento y la disminución de la población tienen un impacto significativo en la sociedad, afectando diversos problemas económicos, sociales y políticos.
Los gobiernos se ven cada vez más obligados a abordar el impacto económico de mantener a un número creciente de jubilados que viven más tiempo con un número cada vez menor de trabajadores. Estos cambios comienzan a tener efectos notables en los programas de pensiones, los sistemas de salud y las redes de seguridad social.
En aproximadamente 63 países y zonas, que representan alrededor de 28 % de la población mundial de 8200 millones de personas en 2024, el tamaño de su población alcanzó su punto máximo antes de 2024 y ahora está disminuyendo.
En 48 países y zonas, que representan 10 % de la población mundial en 2024, se proyecta que el tamaño de la población alcanzará su punto máximo en los próximos cincuenta años (Imagen 1).
En los 126 países o zonas restantes, que representan 62 % de la población mundial, se prevé que sus poblaciones sigan creciendo hasta 2055, alcanzando potencialmente un pico a finales del siglo XXI o después.
Además de la disminución de la población, muchos países han experimentado un cambio demográfico histórico en sus estructuras de edad. Este importante hito demográfico se produce cuando el porcentaje de personas de 65 años o más supera al de 17 años o menos. En otras palabras, se produce cuando el número de adultos mayores supera al de niños en una población.
El primer cambio demográfico histórico se produjo en Italia en 1995, durante el siglo XX. Cinco años después, se produjo en seis países más: Bulgaria, Alemania, Grecia, Japón, Portugal y España.
Para 2025, 55 países y zonas habían experimentado un retroceso histórico, y se espera que más países experimenten lo mismo pronto. Particularmente impactantes son las características demográficas de Italia y Japón, donde, además de tener poblaciones en declive, el porcentaje de personas de 65 años o más es aproximadamente el doble que el de las de 17 años o menos (Imagen 2).
Las principales fuerzas demográficas que impulsan el envejecimiento y la disminución de la población son las tasas de fecundidad inferiores a los niveles de reemplazo, el aumento de la longevidad y la limitación de la inmigración.
A nivel mundial, más de la mitad de los países y zonas tienen una tasa de fecundidad inferior a 2,1 nacimientos por mujer, lo que se considera fecundidad de nivel de reemplazo.
En muchos casos, las tasas de fecundidad de los países en 2024 han descendido significativamente por debajo de los niveles de reemplazo. Por ejemplo, Corea del Sur (0,73), China (1,01), Italia (1,21), Japón (1,22), Canadá (1,34), Alemania (1,45), Rusia (1,46), Reino Unido (1,55), Estados Unidos (1,62) y Francia (1,64) presentan tasas de fecundidad inferiores a los niveles de reemplazo (Imagen 3).
La ​​esperanza de vida mundial al nacer ha aumentado de 46 años en 1950 a 74 en 2025, con un número creciente de personas que alcanzan la edad centenaria. En 50 países y zonas, se espera que la inmigración mitigue futuras disminuciones del tamaño de la población.
Una medida para abordar el envejecimiento y la disminución de la población es reconocer las realidades demográficas y adaptar las políticas y programas gubernamentales en consecuencia.
Sin embargo, muchos gobiernos se muestran reticentes a aceptar el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones. Estos gobiernos han implementado estrategias para combatir estas importantes tendencias demográficas.
Alrededor de 55 países han adoptado políticas e incentivos para aumentar sus tasas de fertilidad con la esperanza de revertir el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones. Sin embargo, considerando las tendencias mundiales recientes y diversos factores económicos, sociales, de desarrollo, culturales y personales, parece improbable que las bajas tasas de fertilidad actuales vuelvan al nivel de reemplazo en un futuro próximo.
Se han implementado diversas políticas para abordar el envejecimiento y la disminución de las poblaciones. Estas políticas son de amplio alcance e incluyen el aumento de impuestos, el aumento de la edad de jubilación, el aumento de la productividad, el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral, la autorización del suicidio médicamente asistido, la dependencia de la inmigración de trabajadores, la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres y la reducción del gasto en pensiones y atención médica para adultos mayores (Tabla 1).
La mayoría de los gobiernos invierten importantes recursos financieros en pensiones y atención médica para las personas mayores. Algunos funcionarios gubernamentales argumentan que gastar dinero en las personas mayores, mientras su población activa está disminuyendo, no es económicamente viable.
Consideran que los gastos excesivos en las personas mayores generan poca inversión y constituyen una práctica económica desaconsejada. Sugieren aumentar la edad de jubilación para recibir pensiones y alentar a las personas a seguir trabajando en la vejez, en particular a quienes actualmente dependen de las pensiones, la atención médica y las ayudas públicas.
En lugar de depender de programas financiados por el gobierno para el cuidado de las personas mayores, algunos funcionarios gubernamentales creen que las familias deberían cuidar de sus familiares ancianos y frágiles, como ha sucedido a lo largo de gran parte de la historia mundial.
Algunos funcionarios gubernamentales consideran que se debería animar a los numerosos adultos mayores que actualmente dependen de las pensiones y la asistencia pública a incorporarse al mercado laboral y lograr la independencia financiera.
Si bien muchos gobiernos proporcionan o regulan las pensiones y la atención médica, su papel sigue siendo objeto de debate político y económico en numerosos países, donde el nivel y el tipo de programas gubernamentales varían significativamente entre países.
A diferencia del debate entre gobiernos, la mayoría de los ciudadanos de estos países cree que sus gobiernos deberían seguir proporcionando pensiones, atención médica y asistencia a los adultos mayores.
Una encuesta realizada en seis países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España) y Estados Unidos reveló que la mayoría de sus poblaciones reconocen las futuras dificultades financieras que enfrentarán las pensiones públicas.
La mayoría de los habitantes de los países encuestados consideraba que el valor de la pensión estatal era demasiado bajo y se oponía a opciones de reforma comunes, como aumentar la edad de jubilación o reducir la financiación de los servicios para las personas mayores. Además, la mayoría de las personas no jubiladas no confiaban en vivir cómodamente durante su jubilación.
El envejecimiento y la disminución de la población son dos tendencias demográficas importantes para el siglo XXI. Estas demografías, potentes y generalizadas, plantean enormes desafíos para muchos países del mundo.
En lugar de intentar volver a los niveles demográficos del pasado, los gobiernos deberían reconocer el envejecimiento y la disminución de sus poblaciones y actuar en consecuencia para abordar los numerosos desafíos que surgen de estas tendencias.


Por Joseph Chamie. Demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas.
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El clima recortará 10 años de bienestar en los jóvenes de 2100

 


Jóvenes de 2100 perderán hasta 10 años de buena vida sin freno al cambio climático

Fecha de Publicación
: 03/02/2026
Fuente: Portal Forbes
País/Región: Internacional


Si no se reducen ahora las emisiones de CO2, quienes tengan 20 años en 2100 perderán más de una década de vida de calidad, afectando especialmente a hombres y jóvenes.
Si no hay cambios ahora en las emisiones de CO2, quienes tengan 20 años en 2100 pueden perder más de una década de “buena vida”, con los varones y los más jóvenes como los más afectados por el impacto negativo de la crisis climática.
Por el contrario, si se aplican ya políticas decididas que logren limitar a 1.5 grados centígrados el aumento de la temperatura del planeta, quienes vivan entonces disfrutarán de hasta 10 años más de vida de calidad, según los cálculos que acaba de publicar el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA).
Con su estudio, este centro de investigación con sede en Viena no pone el foco en cómo el cambio climático afectará a la economía o incluso a cuántos años se vive, sino a cómo de bueno puede ser ese tiempo en función de si se actúa ya o no contra el cambio climático.
Por eso, el IIASA utiliza un indicador propio, el de “Years of Good Life” (YoGL), que define como un buen año cuando alguien no vive en la pobreza absoluta, está libre de limitaciones cognitivas o físicas y está generalmente satisfecho con sus vidas.
“Utilizamos un modelo matemático dinámico que proyecta y analiza el futuro de las emisiones, la población y la producción económica. Todas estas conexiones aumentan o disminuyen el bienestar de las personas”, explica Sibel Eker, una de las autoras del estudio, sobre el método para calcular cómo puede aumentar o disminuir la calidad de vida en función de si se actúa o no contra el cambio climático.
“En un escenario de optimismo climático, las mujeres y los hombres de 20 años ganan una media de 10.4 y 7.5 YoGL, respectivamente, para el año 2100, mientras que un escenario pesimista se reduce esa cifra en 8.5 y 11.3 años”, resume el estudio.
La salud sigue siendo el principal factor que afecta al bienestar, pero el cambio climático influye además negativamente en aspectos como la educación o la economía, que se contabilizan también al definir lo que es un año de buena vida.
Con todo, Eker aclara que esas cifras son una proyección y una media, y que la realidad puede ser diferente según los diferentes escenarios.
El mensaje principal del estudio es comparar las posibles evoluciones de las políticas climáticas situando el bienestar humano, y no solo factores económicos, en el centro de la toma de decisiones.
En ese cálculo de ganancia o pérdida de años de vida de calidad, los expertos del IIASA advierten de que los hombres tienen más que perder si no hay cambios en las emisiones de CO2, simplemente porque tienen actualmente mayores niveles de bienestar que las mujeres, que sufren desventajas económicas y sociales a nivel global.
“Las mujeres ya están en una situación de desventaja, por eso tienen menos que perder y más que ganar”, resume esta experta en análisis e ingeniería de sistemas y en ciencias sociales.
Respecto a la edad, el estudio del IIASA alerta de que las generaciones más jóvenes soportarán un mayor coste de calidad de vida a no ser que se tomen fuertes medidas de acción climática.
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157 eventos extremos con impacto humanitario en 2025

 


Cerca de 160 eventos meteorológicos con impacto humanitario en 2025

Fecha de Publicación
: 31/12/2025
Fuente: Agencia EFE Verde
País/Región: Internacional


En 2025 se registraron 157 eventos meteorológicos extremos con impacto humanitario según los criterios de World Weather Attribution, iniciativa científica que estudia hasta qué punto el cambio climático causado por el hombre influye en fenómenos extremos e identifica aquellos que impactan gravemente en la vida y la salud de los seres humanos.
Entre esos impactos de alcance humanitario: miles de muertos y heridos, enfermedades, hambrunas, pérdida de medios de vida y hogares, migraciones forzosas, etc.
En 2024, WWA identificó 219 eventos con impacto humanitario, 62 más que en 2025, debido, seguramente, a que el fenómeno de La Niña (enfriamiento del Pacífico) redujo el caletamiento respecto a los récords históricos de ese año.
Inundaciones, olas de calor, tormentas, incendios, sequías y frío
La lista de eventos identificados en 2025 la encabezan inundaciones y olas de calor, con 49 en cada uno de los casos; seguidas de tormentas (38), incendios forestales (11), sequías (7) y episodios de frío (3).
Los científicos estudiaron en profundidad 22 de ellos (3 en África, 7 en América, 5 en Asia, 6 en Europa y 1 en Oceanía) y concluyeron que 17 fueron más graves o más probables debido al cambio climático. En 5, los resultados no fueron concluyentes, principalmente por falta de datos meteorológicos y limitaciones de los modelos climáticos.
En un informe retrospectivo sobre episodios de calor, concluyeron que desde la firma del Acuerdo de París (2015), el calentamiento global ha aumentado 0,3 °C, pero algunas olas de calor se han vuelto casi diez veces más probables.

El calor, lo más mortal
Según los datos de WWA, en 2025, los eventos meteorológicos extremos más mortales fueron las olas de calor y, aunque la mayoría de las muertes relacionadas con el calor no se registran, según uno de sus estudios, unas 24.400 personas murieron durante una sola ola de calor este verano en.
Otros informes mostraron que el cambio climático intensificó olas de calor en Sudán del Sur, Burkina Faso, Noruega, Suecia, México, Argentina e Inglaterra.
Por su parte, los ciclones tropicales y las tormentas también estuvieron entre los eventos más mortales del año.
Uno de los peores ejemplos se produjo cuando varias tormentas simultáneas azotaron Asia y el Sudeste Asiático, causando la muerte de más de 1.700 personas y miles de millones en daños. Apenas unas semanas antes, el huracán Melissa dejó un rastro de destrucción en Jamaica.
WWA mostró que el cambio climático hizo que las precipitaciones asociadas a estas tormentas fueran más probables e intensas.
En cuanto a los incendios, han señalado que independientemente de su origen (hombre o causa natural), la probabilidad de incendios de gran magnitud, como los de Palisades, Los Ángeles y España, aumentó significativamente debido al cambio climático.

Afectan de manera desproporcionada a los más pobres
Según la misma fuente, los eventos meteorológicos extremos impulsados por el calentamiento global afectan de manera desproporcionada a los grupos vulnerables y a las comunidades marginadas.
Esta desigualdad también se observa en la ciencia climática, donde la falta de datos y las limitaciones de los modelos climáticos restringen los análisis de eventos en el Sur Global, según la misma fuente.
Reducir la vulnerabilidad y la exposición de la población salva vidas, pero algunos eventos extremos en 2025 demostraron que el cambio climático ya está empujando a millones de personas cerca de los «límites de la adaptación», advierten los expertos de WWF.
Para los científicos, rebajar drásticamente las emisiones de combustibles fósiles sigue siendo la principal política para evitar los peores impactos del cambio climático.

El coste de los desastre climáticos: 120.000 millones
Los eventos climáticos extremos costaron al mundo más de 120.000 millones de dólares en 2025, según el último informe de la organización Christian Aid, que identifica los diez eventos extremos más costosos del año y otros diez eventos extremos significativos que causaron enormes daños humanos y ambientales, entre los que encuentran los incendios de España.
La mayoría de las estimaciones se basan sólo en pérdidas aseguradas, lo que significa que el coste financiero real probablemente sean aún mayor, a lo que hay que sumar que los costos humanos a menudo no se contabilizan.
En lo que respecta a los eventos más costosos, Estados Unidos fue el país más afectado, con los incendios en California encabezando la lista:  60.000 millones de dólares en daños y más de 400 muertes.
En segundo lugar se situaron los ciclones e inundaciones que azotaron el Sudeste Asiático en noviembre, causando 25.000 millones de dólares en daños y la muerte de más de 1.750 personas en Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, Vietnam y Malasia.
En tercer lugar estuvieron las devastadoras inundaciones en China, que desplazaron a miles de personas, causaron 11.700 millones de dólares en daños y provocaron al menos 30 muertes.
«Estos desastres no son ‘naturales’, son el resultado previsible de la continua expansión de los combustibles fósiles y del retraso político», según a profesora emérita del Imperial College de Londres Joanna Haigh.
Para el director ejecutivo de Christian Aid, Patrick Watt, el sufrimiento causado por la crisis climática «es una elección política» y los desastres climático son una advertencia de lo que nos espera si no aceleramos la transición ecológica
«Ese sufrimiento está impulsado por decisiones para seguir quemando combustibles fósiles, permitir que las emisiones aumenten y romper promesas de financiación climática. En 2026, los líderes mundiales deben actuar, apoyando a las comunidades que ya se están adaptando a nivel local y proporcionando urgentemente los recursos necesarios para proteger vidas, tierras y medios de subsistencia». 
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Vamos hacia un planeta de ancianos

 


El ascenso del planeta de los ancianos

Fecha de Publicación: 09/09/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


Cada vez es más evidente que el planeta Tierra está evolucionando hacia el planeta de los ancianos. En casi todos los países del mundo, el número y el porcentaje de ancianos, definidos comúnmente como personas de 65 años o más, han aumentado rápidamente.
En consecuencia, los ancianos han ocupado cargos en oficinas e instituciones y han hecho valer sus demandas y aspiraciones. Como resultado de estos cambios, se han formado gerontocracias que dictan políticas, programas y gastos, a menudo sin representar verdaderamente a sus poblaciones.
En 1950, los ancianos representaban solo 5 % de la población mundial, con un total de 128 millones. Hoy, la proporción se ha duplicado: ahora constituyen 10% de la población mundial, unos 854 millones de personas. Desde 1950, ¡la población anciana se ha multiplicado casi por siete!
En 2000, solo tres países, Italia, Japón y Mónaco, tenían más ancianos que niños menores de 18 años. Sin embargo, para 2025, esta histórica inversión se ha extendido a aproximadamente 45 países y territorios. Por ejemplo, en Italia, el porcentaje de ancianos frente a los niños era de 25 % frente a 15 %. Japón muestra una inversión demográfica aún mayor, con 30% de ancianos y 14 % de niños menores de 18 años.
Se proyecta que para 2050, los ancianos constituirán 17 % de la población mundial. Para 2080, se espera que las personas de 65 años y más superen en número a los niños menores de 18, reflejando así el creciente ascenso del planeta de los ancianos.
Además, hacia finales del siglo XXI, casi una de cada cuatro personas en el planeta, cerca de 2500 millones de habitantes, será parte de la población anciana.
En muchos países, incluidos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, las proporciones serán incluso mayores para finales de siglo. Por ejemplo, se prevé que en 2100 la proporción de ancianos sea de 34% en Francia y Gran Bretaña, y de 41 % en China (Imagen 1).
En 2025, países como Finlandia, Alemania, Grecia, Italia, Japón y Portugal tendrán aproximadamente una cuarta parte de sus poblaciones compuestas por ancianos. Se estima que esa proporción crecerá a alrededor de un tercio para 2050.
Con el aumento de los ancianos, muchos países en el planeta se están transformando en gerontocracias.
Las gerontocracias suelen tener políticas desconectadas de las necesidades de las generaciones jóvenes. Estas sociedades pueden derivar en estancamiento legislativo y en el afianzamiento de sistemas políticos alejados de los cambios sociales.
Los líderes ancianos tienden a centrarse en cuestiones que afectan principalmente a su grupo etario, lo que genera sistemas políticos que pasan por alto las necesidades de la mayoría. Por ejemplo, gastan menos en bienestar infantil y más en beneficios para personas mayores, marginando los intereses de los jóvenes.
Estos sistemas también son menos propensos a abordar problemas de largo plazo, como el cambio climático, la inseguridad alimentaria, la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Asimismo, pueden sofocar la innovación, reducir la investigación científica y crear barreras para que jóvenes investigadores avancen en sus carreras.
Además de ser más numerosos, los ancianos hoy viven más que en cualquier otro momento de la historia humana. En 1950, la esperanza de vida global a los 65 años era de 11 años para los hombres y 12 para las mujeres.
En 2025, esas cifras aumentaron a 16 años para los hombres y 19 para las mujeres. Se proyecta que hacia finales del siglo XXI, los ancianos vivan en promedio 21 años más en el caso de los hombres y 23 años en el de las mujeres.
Aun con este crecimiento, la gran mayoría de la población mundial, alrededor de 90%, es decir, 7,4 mil millones de personas, no forma parte del grupo anciano. La edad mediana mundial en 2025 es de 31 años, con unos cuatro mil millones de hombres, mujeres y niños.
En contraste, muchos líderes mundiales sí pertenecen al grupo de los ancianos. La mayoría de estos líderes tiene más del doble de la edad mediana de sus poblaciones y son varias décadas mayores que la mayoría de sus ciudadanos (Tabla 1).
Además, crece el número de jefes de gobierno ancianos, muchos de ellos con más de 70 años.
En 2025, las mujeres ocupaban la jefatura de Estado o de Gobierno en 27 países, alrededor de 14% del total. Los hombres dominaban el parlamento y los gabinetes ministeriales, con 73% y 77%, respectivamente.
Entre los problemas potenciales de tener líderes ancianos figuran los riesgos de deterioro cognitivo, menor flexibilidad mental, planificación estratégica ineficaz, resistencia a nuevas ideas, problemas de salud (a menudo ocultos), menores niveles de energía y un enfoque en políticas que benefician principalmente a los mayores.
Una consideración particularmente preocupante entre los ancianos, especialmente en el caso de líderes estatales, es la demencia.
El riesgo de desarrollar demencia se duplica aproximadamente cada cinco años después de los 65. En algunos países, como Estados Unidos, investigadores estiman que 42% de la población mayor de 55 años podría desarrollar demencia en algún momento.
Los líderes ancianos probablemente enfrentan un riesgo aún más alto debido a su edad avanzada, la naturaleza estresante de sus funciones y las presiones sostenidas. Estudios sobre envejecimiento y liderazgo político sugieren que una proporción significativa de dirigentes mayores de 65 años presenta funciones ejecutivas deterioradas, lo que afecta la toma de decisiones complejas, el pensamiento flexible y el control de impulsos.
A esto se suma que los líderes ancianos suelen buscar dejar un legado duradero. Al acercarse al final de sus mandatos y de sus vidas, procuran establecer sistemas, capacidades y estrategias que reflejen su gestión mucho después de su partida.
Una herramienta poderosa en manos de los ancianos es el voto. Mientras que ellos, sin importar la edad, pueden sufragar, los jóvenes, generalmente menores de 18 años, no tienen derecho al voto.
Los ancianos, además, suelen participar más en elecciones que los jóvenes, quienes están ocupados trabajando u otras actividades. Suelen ser más conservadores, favorecer el statu quo y preocuparse más por temas económicos vinculados a la jubilación y la atención sanitaria.
Como resultado del aumento de la población anciana, muchos países enfrentan problemas financieros para sostener los programas de jubilación. Se han propuesto soluciones como aumentar impuestos, retrasar la edad de retiro o limitar beneficios jubilatorios.
Sin embargo, pese a vivir más tiempo, los ancianos se oponen a elevar la edad oficial de jubilación, reducir beneficios o aumentar impuestos a las personas mayores. Cada vez más protestan, resisten y exigen que nada cambie.
Al mismo tiempo, les preocupa la disminución de trabajadores activos que financian sus beneficios de salud y retiro. Como respuesta, han adoptado políticas pronatalistas, promovido valores familiares tradicionales y enfatizado el patriotismo para elevar tasas de natalidad que han caído por debajo del nivel de reemplazo en más de la mitad de los países y territorios del mundo. No obstante, estos esfuerzos aún no logran revertir la tendencia.
Con sus crecientes números, mayores proporciones, el aumento de líderes ancianos y la consolidación de gerontocracias que influyen en políticas, programas y presupuestos, la Tierra está presenciando el ascenso del planeta de los ancianos.

Por Joseph Chamie - Demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.
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La migración internacional plantea retos futuros

 


La lucha demográfica por la migración internacional

Fecha de Publicación
: 16/07/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


Aproximadamente 1300 millones de personas, o 16 % de la población mundial, desean abandonar su país de forma permanente, mientras que más de mil millones creen que se debería permitir la entrada de menos inmigrantes o ninguno.
Esta pugna demográfica entre ambas partes en torno a la migración internacional está causando importantes repercusiones sociales, económicas y políticas para las naciones y sus ciudadanos.
Los 1300 millones de personas que desean emigrar a otro país son más de cuatro veces el número total estimado de inmigrantes en todo el mundo en 2025, que ronda los 305 millones. Si todas las personas que desean emigrar pudieran hacerlo, el número global de inmigrantes ascendería a unos 1.600 millones.
Si bien es fácil obtener una estimación del número total de inmigrantes en el mundo, estimar la cantidad total de inmigrantes no autorizados es mucho más difícil, ya que existen pocas estimaciones fiables a escala mundial.
Si el porcentaje de inmigrantes no autorizados entre todos los inmigrantes en Estados Unidos, aproximadamente 25 %, se aplica a la población inmigrante mundial, el número estimado de inmigrantes no autorizados a nivel mundial sería de alrededor de 75 millones (Imagen 1).
La proporción mundial de quienes desean emigrar permanentemente a otro país ha aumentado significativamente en los últimos años, pasando de 12 % en 2011 a 16 % en 2023.
Además, el deseo de emigrar varía considerablemente entre las distintas regiones del mundo. En 2023, África Subsahariana registró la mayor proporción de quienes deseaban emigrar, con 37 %, un aumento significativo respecto a 29 % de 2011 (Imagen 2).
En casi todas las regiones principales, la proporción de quienes desean emigrar permanentemente experimentó un aumento sustancial entre 2011 y 2023. Por ejemplo, las proporciones para las regiones de Oriente Medio y el Norte de África, así como para América Latina y el Caribe, aumentaron de aproximadamente 18 % a 28 %.
El deseo de emigrar no es exclusivo de las regiones en desarrollo. En la Unión Europea, casi 20 % de la población en 2023 expresó su deseo de emigrar. De igual manera, en Estados Unidos y Canadá, alrededor de 18 % de su población en 2023 deseaba emigrar, un aumento significativo con respecto a 10 % registrado en 2011.
El número de personas que desean emigrar permanentemente supera la cantidad de inmigrantes que los países están dispuestos a admitir, lo que lleva a muchas personas a migrar sin autorización.
Por ejemplo, mientras que aproximadamente 170 millones de adultos desean emigrar a Estados Unidos, el número anual de inmigrantes a los que se les concede la residencia permanente legal ha oscilado entre 1 y 2 millones, y se espera que la inmigración neta promedie poco más de 1 millón anual en el futuro.
De igual manera, en Canadá, alrededor de 85 millones de personas desean emigrar, pero el número anual de inmigrantes admitidos oscila entre 400 000 y 500 000.
El desequilibrio significativo entre el deseo de emigrar y la cantidad de inmigrantes que aceptan los países es un factor demográfico importante que contribuye a la migración no autorizada. Miles de migrantes mueren anualmente en las rutas migratorias intentando llegar a su país de destino deseado.
Además del desequilibrio demográfico, otros factores importantes que contribuyen a la migración no autorizada incluyen la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, las duras condiciones de vida, la violencia, la delincuencia, la persecución, la inestabilidad política, los conflictos armados, la falta de atención médica, las limitadas oportunidades educativas y el cambio climático.
Muchos países de destino de migrantes están experimentando cifras récord de cruces fronterizos ilegales, llegadas no autorizadas y permanencias vencidas, lo que lleva a millones de personas a vivir ilegalmente en esos países.
Los derechos humanos en materia de migración internacional son relativamente sencillos. El artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece que “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.
Si bien todas las personas tienen derecho a salir y regresar a su país, no tienen derecho a entrar en otro sin permiso ni a permanecer más tiempo del permitido en una visita temporal.
Sin embargo, el artículo 14 de la Declaración Universal también establece que “Toda persona tiene derecho a buscar asilo en caso de persecución, y a disfrutar de él, en cualquier país”. Como resultado, muchos migrantes que entran a un país sin autorización solicitan asilo para escapar de la persecución.
Para obtener asilo, una persona debe cumplir con la definición internacionalmente reconocida de refugiado.
La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967 codificaron el derecho de asilo. El derecho de asilo se otorga a toda persona que tenga fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.
Sin embargo, la Convención y su Protocolo no exigen a los gobiernos que concedan asilo a quienes cumplan los requisitos.
Al solicitar asilo, a los migrantes que carecen de autorización legal para entrar se les permite, en principio, permanecer en el país de destino mientras se resuelven sus solicitudes de asilo. Normalmente, el proceso de resolución demora varios años y la gran mayoría de las solicitudes de asilo son denegadas.
Por ejemplo, en Estados Unidos, aproximadamente 70 % de las solicitudes de asilo han sido denegadas en los últimos años. De igual manera, se reportan altos niveles de denegación de solicitudes de asilo, que a menudo superan 70 % en las solicitudes de asilo en primera instancia, en muchos países europeos, como Francia, Hungría, Italia, Polonia y Suecia.
Muchos países de destino, especialmente los ricos y desarrollados, consideran el uso extensivo de las solicitudes de asilo por parte de migrantes no autorizados como un medio para evitar la deportación.
Si bien la mayoría de las solicitudes se consideran infundadas, el gran número de solicitudes desborda la capacidad de los países para revisarlas oportunamente y ejecutar las resoluciones negativas para repatriar a las personas a sus países de origen.
Para abordar el gran número de solicitudes de asilo, algunos países están adoptando diversas políticas. Por ejemplo, algunos países exigen que los migrantes no autorizados esperen en el extranjero mientras se examinan sus solicitudes.
Otros países exigen que los migrantes no autorizados busquen asilo en otro país y también han implementado políticas para transferirlos a diferentes terceros países para procesar su solicitud de asilo o para su reasentamiento.
De cara al futuro, se prevé que la población mundial, actualmente de 8.200 millones, aumente en otros dos mil millones de personas durante los próximos cincuenta años. Durante este período, se proyecta que la población de las regiones más desarrolladas disminuya en unos 70 millones.
En cambio, para 2075, se estima que la población de las regiones menos desarrolladas, excluyendo los países menos adelantados, crezca en cerca de 700 millones. Este significativo aumento demográfico es aproximadamente la mitad del nivel previsto para los países menos adelantados, que, en conjunto, se espera que aumenten en unos 1.400 millones (Imagen 3).
Si bien los países abordan la migración no autorizada, muchos también experimentan o prevén una disminución de la población. A pesar de la disminución actual y prevista del tamaño de la población, los países no están preparados para aceptar grandes cantidades de inmigrantes.
En lugar de aumentar el número de inmigrantes, los países se centran en elevar sus bajas tasas de fertilidad, que han disminuido y se mantienen muy por debajo del nivel de reemplazo.
Los líderes empresariales, los empleadores, diversas organizaciones no gubernamentales, las familias y algunos funcionarios gubernamentales reconocen los beneficios de la migración internacional e incluso podrían tolerar cierta migración no autorizada.
Sin embargo, muchos ciudadanos de los países de destino, en particular aquellos de extrema derecha política, perciben cada vez más a los recién llegados, especialmente a quienes viven en el país sin autorización, como una amenaza para el empleo, la integridad cultural, la seguridad nacional y una carga financiera para los fondos públicos.
En consecuencia, muchos gobiernos de estos países han implementado políticas y medidas para deportar a los migrantes, especialmente a los que no están autorizados.
Además, quienes se oponen al aumento de la inmigración temen que esta afecte negativamente a su cultura tradicional, sus valores compartidos y su identidad nacional. Creen que la inmigración, en particular la migración no autorizada, socava su forma de vida, su seguridad nacional, su patrimonio étnico y su cohesión social.
En conclusión, la migración internacional siempre ha sido un fenómeno demográfico fundamental y determinante, con importantes implicaciones económicas, sociales y políticas a nivel mundial. Actualmente, la población mundial, que supera los 8200 millones de personas, se enfrenta a una creciente lucha por la migración internacional.
Por un lado, se encuentran aproximadamente 1300 millones de personas que desean emigrar, muchas de las cuales optan por hacerlo sin autorización y, a menudo, arriesgando sus vidas para llegar a su destino.
Por otro lado, más de mil millones de personas en los países de destino intentan prevenir esta emigración, reducir el creciente número de inmigrantes y deportar a quienes viven en sus territorios sin autorización, incluyendo a muchos solicitantes de asilo.
Dadas las características demográficas, las significativas diferencias entre ambos bandos y la situación actual en diversos países, es probable que la lucha por la migración internacional persista durante todo el siglo XXI.
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Desplazamiento poblacional de miles de millones para 2070

 


El cambio climático podría obligar a 2.100 millones de personas a dejar sus casas en 2070

Fecha de Publicación
: 31/05/2025
Fuente: La Vanguardia (España)
País/Región: Internacional


El calentamiento global puede provocar que hasta 2.100 millones de personas estén en riesgo de desplazamientos forzoso en 2070, mientras 80 millones de personas forzadamente desplazadas viven actualmente en zonas de riesgo climático.
Esa es una de las proyecciones que figuran en el informe '¿Quién asume el coste? Cómo abordar las desigualdades derivadas del cambio climático y la acción climática', elaborado por la Unesco y la Fundación “la Caixa”, y presentado este miércoles en el Palau Macaya (Barcelona).
El informe indica que 3.600 millones de personas viven ahora en zonas muy vulnerables a los efectos climáticos y 2.500 millones podrían estar expuestas a un calor extremo en 2050, de las cuales 239 millones estarían en condiciones de extrema pobreza y con temperaturas superiores a 35 grados durante más de 12 semanas al año.
Los grupos de población vulnerables, como las mujeres, los pueblos indígenas, los niños y los trabajadores irregulares, corren un riesgo significativamente más alto, y se calcula que 1.400 millones de mujeres podrían verse directamente afectadas entre 2040 y 2060.
Además, unos 325 millones de trabajadores de los sectores manufacturero, minero y energético, incluyendo 108 millones de mujeres y 106 millones de personas mayores de 45 años, están en riesgo por la transición hacia un sistema de producción más limpia.

Patrimonio cultural 
El informe indica que el patrimonio cultural se encuentra cada vez más amenazado, pues se prevé que 238 de los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco se enfrentarán a graves peligros relacionados con el cambio climático en las próximas décadas, pese a que ninguno de ellos está clasificado como en situación de peligro.
La investigación insta a aumentar la financiación climática anual a 1,3 billones de dólares de aquí a 2035, con especial atención a los países del sur del planeta y ampliar la protección social para ayudar a los grupos de población vulnerables durante la transición verde.
“A medida que la crisis climática se acelera, también debe acelerarse nuestro compromiso con los grupos de población más afectados. Para reconstruir la confianza pública en la acción climática, debemos comenzar por las personas, sobre todo las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, ya que corremos el riesgo de acentuar las desigualdades que la propia emergencia climática pone de manifiesto», según Sergi Loughney, director general adjunto de Asuntos Corporativos de la Fundación “la Caixa”.
Gustavo Merino, director de Políticas Sociales de la Unesco, añadió: “Esta colaboración con la Fundación “la Caixa” refuerza la convicción de la Unesco de que las soluciones climáticas justas deben abordar la desigualdad desde el principio”.

Países vulnerables 
Por otro lado, el informe muestra que los primeros efectos del cambio climático global afectan de una manera desproporcionada a países y comunidades que apenas han contribuido a la crisis, pero son extremadamente vulnerables a sus efectos.
Así, un 10% de los países más ricos son responsables de casi el 50% de las emisiones globales de gases que calientan el planeta, mientras que las naciones más vulnerables (como Chad, Sudán del Sur, Níger, República Centroafricana y Somalia) se enfrentan a complejas crisis de pobreza, falta de infraestructuras y estrés climático.
“El cambio climático está provocando transformaciones profundas y a menudo imprevistas en las economías y sociedades de todo el mundo. A pesar de los considerables esfuerzos que se están realizando a escala mundial, el calentamiento global continúa acelerándose y, además, algunas políticas de mitigación están generando sinergias negativas complejas e imprevistas que requieren atención internacional urgentemente”, apuntó Rodolfo Lacy, autor principal del informe.
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El envejecimiento demográfico en marcha

 


La transformación del envejecimiento demográfico mundial

Fecha de Publicación
: 18/03/2025
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


Las poblaciones de todo el mundo atraviesan la transformación del envejecimiento demográfico. Las poblaciones relativamente jóvenes que se experimentaron durante gran parte del siglo XX se están transformando cada vez más en las poblaciones de mayor edad del siglo XXI.
Esta histórica transformación del envejecimiento demográfico plantea importantes preocupaciones económicas, políticas y sociales para los países de todo el mundo.
Son preocupaciones que se relacionan especialmente con la fuerza laboral, el consumo, los impuestos, el derecho al voto, la jubilación, las pensiones, la atención médica, las enfermedades crónicas, los cuidados de larga duración, los servicios sociales, el aumento de los costos y la insolvencia de programas.
Los países atraviesan un envejecimiento demográfico debido a los menores niveles de fertilidad y mortalidad.
Se tienen menos hijos que en el pasado reciente, y las tasas de fertilidad de más de la mitad de los países se sitúan muy por debajo del nivel de reemplazo de dos nacimientos por mujer.
Además, las tasas de mortalidad a nivel mundial son más bajas que en el pasado, acompañadas de una mayor longevidad tanto de mujeres como de hombres, con un número creciente de centenarios.
Un indicador claro del envejecimiento demográfico es la edad media de una población. En los últimos años, la edad media de la población mundial ha aumentado considerablemente.
La edad media mundial aumentó de 22 años en 1950 a 31 años en la actualidad. Para mediados de siglo, se prevé que la edad media aumente a 36 años. Y para finales de siglo, se proyecta que la edad media de la población mundial alcance los 42 años, casi el doble del nivel de 1950 (Imagen 1).
Existe una variación considerable en la mediana de edad de los países.
En 1950, por ejemplo, mientras que algunos países como Austria y Bélgica tenían una mediana de edad de unos 35 años, otros como Níger y Filipinas tenían una mediana de edad de unos 15 años. En 2025, las medianas de edad más altas, de aproximadamente 50 años, se encuentran en Italia y Japón.
En cambio, los países con la mediana de edad más baja, de unos 15 años en 2025, incluyen la República Centroafricana y Níger.
El promedio de edad de las poblaciones nacionales sigue aumentando. Para 2050, por ejemplo, los países con los promedios de edad más altos incluyen Corea del Sur, con 57 años, e Italia y Japón, con 53 años. En cambio, los países con la media de edad más baja incluyen la República Centroafricana, con 19 años, y Chad y la República Democrática del Congo (RDC), con 20 años.
Se prevé que el promedio de edad de los países siga aumentando durante la segunda mitad del siglo XXI.
Para el año 2100, entre los países proyectados como más envejecidos se encuentran China y Corea del Sur, con un promedio de edad de aproximadamente 60 años. Y entre los países más jóvenes para esa fecha futura se espera que se encuentren Chad y la República Democrática del Congo, con una media de edad de 32 años.
Otra medida reveladora que refleja la transformación del envejecimiento demográfico es la proporción de la población de edad avanzada, es decir, de 65 años o más.
Al igual que la media de edad, los porcentajes de personas mayores en la población mundial fueron relativamente bajos durante la segunda mitad del siglo XX, alrededor de 5 % a ​​7 %, y luego aumentaron notablemente, alcanzando 10 % para 2025.
Se espera que estos porcentajes sigan aumentando, alcanzando 16 % para 2050 y 24 % para finales del siglo XXI (Imagen 2).
Al igual que los promedios de edad, la proporción de personas mayores en la población nacional varía considerablemente y sigue aumentando. En 1950, por ejemplo, mientras que en algunos países como Francia y Bélgica la proporción de personas mayores era de 11 %, en otros como Níger y Mauritania era de 1 %.
Para 2025, las mayores estimaciones de personas mayores se encuentran en Japón, con  30 %, e Italia, con 25 %. En cambio, Chad y Zambia, países con el menor porcentaje de personas mayores, con 2 %.
Para 2050, Corea del Sur, con 40 % y Japón, con 38 %, son los países con el mayor porcentaje proyectado de personas mayores. En marcado contraste, la República Centroafricana y Chad, con 2 % aproximadamente, son los países con los porcentajes proyectados más bajos.
Se prevé que, a finales del siglo XXI, China y Corea del Sur presenten las mayores proporciones de personas mayores, con 45 % aproximadamente. Al igual que con la media de edad, las menores proporciones previstas se encuentran en países africanos como Chad y la República Democrática del Congo, con 0 % aproximadamente.
Es ampliamente reconocido, especialmente por gobiernos, organismos internacionales, empresas, organizaciones no gubernamentales y académicos, que las poblaciones de todo el mundo están experimentando la transformación del envejecimiento demográfico.
También se reconoce que este proceso está generando enormes desafíos económicos, políticos y sociales para las naciones.
Los funcionarios gubernamentales están preocupados por el aumento de los costos económicos y las previsibles insolvencias de los programas para las personas mayores.
Además, les preocupan las reacciones negativas del público a los cambios en políticas y programas, especialmente en materia de jubilación, pensiones, prestaciones, servicios sociales y atención médica.
En particular, los intentos y sugerencias de aumentar la edad oficial de jubilación y reducir la cobertura sanitaria para las personas mayores han suscitado objeciones y protestas.
Reacios a aceptar las realidades del envejecimiento demográfico, muchos gobiernos han tendido a posponer la adopción de los cambios necesarios en políticas, programas y gastos para sus poblaciones en proceso de envejecimiento.
En lugar de asumir plenamente la transformación del envejecimiento demográfico, muchos gobiernos han intentado elevar sus bajas tasas de fecundidad, al menos hasta el nivel de reemplazo. Con ello, esperan volver a las estructuras de edad comparativamente jóvenes del pasado.
Los diversos intentos de aumentar las tasas de fecundidad y volver a las estructuras de edad más jóvenes del pasado no han logrado los objetivos deseados. Además, las proyecciones de población internacionales prevén que las tasas de fecundidad se mantendrán por debajo del nivel de reemplazo en el futuro previsible.
En lugar de intentar regresar a las estructuras de edad comparativamente jóvenes del pasado, los países deben reconocer y aceptar la realidad del envejecimiento demográfico de sus respectivas poblaciones.
Tras ese reconocimiento y aceptación, los gobiernos y sus ciudadanos deben comenzar a adaptarse activamente a los numerosos y formidables desafíos que surgen de la transformación del envejecimiento demográfico.
Además, cuanto antes comiencen a realizar los ajustes y cambios necesarios, más fluida y sencilla será la transición hacia el envejecimiento demográfico del siglo XXI.
Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.
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