El agujero de ozono creció pero su recuperación sigue
El agujero de ozono creció este año: por qué eso no significa que la capa dejó de recuperarse
El agujero de ozono sobre la Antártida superó los 25 millones de kilómetros cuadrados a mediados de septiembre, unos 5 millones por encima del promedio histórico y más que todo el máximo de 2025. Pero los científicos de Copernicus y la NASA explican por qué esa expansión no contradice la recuperación de largo plazo de la capa de ozono.
Cada primavera austral se abre sobre la Antártida una zona con muy poco ozono en la estratósfera. Este año llegó con fuerza: según el Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus, el agujero superó los 15 millones de kilómetros cuadrados -más que la superficie de la propia Antártida- a fines de agosto, un poco antes que el promedio y de forma similar a 2025. Durante la primera quincena de septiembre, su área aumentó bruscamente hasta unos 25 millones de kilómetros cuadrados el día 12, alrededor de 5 millones por encima del promedio para ese período. Los datos independientes de la NASA, obtenidos con otros satélites, confirmaron el salto: 25,77 millones de kilómetros cuadrados el 10 de septiembre, frente a una media histórica de 17,85 millones para ese día. La cifra ya supera el pico de todo 2025, cuando el agujero había alcanzado su máxima extensión el 9 de septiembre con 22,86 millones de kilómetros cuadrados.
El contraste con un año alentador
El salto llama la atención porque 2025 había sido un año esperanzador: según la NASA y la NOAA, aquel agujero fue el quinto más pequeño desde 1992, el año en que el Protocolo de Montreal empezó a tener efecto, y Copernicus había informado que se cerró el 1 de diciembre, el cierre más temprano desde 2019. Frente a esta nueva expansión, la pregunta surge sola: ¿se frenó la recuperación? La respuesta de los datos es que no.
Más ancho, pero no más profundo
Para entender por qué, conviene aclarar qué se mide. La NASA explica que el área del agujero es la región encerrada por una línea de 220 unidades Dobson de ozono total, un valor elegido porque nunca se habían observado registros tan bajos sobre la Antártida antes de 1979. El área indica cuánto se extiende la zona empobrecida, pero no cuánto ozono falta en su interior. El mecanismo que abre el agujero depende en gran medida de la temperatura: según Copernicus, el frío intenso permite que se formen nubes estratosféricas polares, que activan la destrucción química del ozono a través de compuestos halogenados cuando vuelve la luz solar en primavera. Este año, el crecimiento rápido coincidió con una caída repentina de la temperatura mínima a unos 20 kilómetros de altura sobre el polo sur. Condiciones más frías, explica la NASA, dan como resultado un área mayor y valores más bajos de ozono en el centro del agujero. Aquí está la clave: según el CAMS, otros indicadores, como el valor mínimo de ozono dentro del agujero y el déficit de masa de ozono, se mantuvieron cerca del promedio. Es decir, el agujero se estiró, pero no se hizo más hondo, algo así como un charco que se desparrama sobre el piso sin que haya caído más agua. "La evolución del agujero de ozono antártico puede variar considerablemente de un año a otro, en función de diversos factores atmosféricos y químicos", señaló Laurence Rouil, directora del CAMS en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, quien remarcó que ningún indicador aislado cuenta la historia completa.
Variabilidad anual, tendencia de largo plazo
El área del agujero es, además, una medida sensible a factores que cambian de un año a otro: la temperatura de la estratósfera, los vientos, la fuerza del vórtice polar y la circulación atmosférica provocan variaciones importantes en su tamaño y duración. Un año frío en la estratósfera puede producir un agujero amplio aunque la cantidad de cloro y bromo en la atmósfera siga bajando de forma sostenida. Por eso los especialistas miran tendencias y no años aislados: la Organización Meteorológica Mundial destacó que la aparición cada vez más tardía del agujero fue identificada como un indicio sólido de la recuperación inicial, mientras que Copernicus señala una tendencia de largo plazo hacia la disminución de su área. Y aunque el agujero de 2026 es grande para los últimos años, no se trata de un récord: el máximo histórico se registró el 25 de septiembre de 2006, cuando alcanzó 29,5 millones de kilómetros cuadrados.
Qué sigue
El agujero suele alcanzar su máxima extensión entre mediados de septiembre y mediados de octubre; después, a medida que la estratósfera se templa, el vórtice polar se debilita y la destrucción de ozono comienza a frenarse, hasta que hacia fines de diciembre los niveles vuelven a la normalidad. La fecha de cierre de este año será otro indicador importante a seguir, mientras que hacia fin de año está prevista la Evaluación Científica 2026, que permitirá actualizar las proyecciones sobre la recuperación de la capa de ozono a largo plazo.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed, Gizmodo en Español (España), Copernicus / NASA / Organización Meteorológica Mundial
León XIV pide superar el modelo consumista
León XIV pide superar el modelo consumista para preservar los recursos del planeta
El Papa recibió en el Vaticano a una delegación del Grupo Hera, la empresa italiana de servicios ambientales que gestiona los residuos de la Santa Sede, y llamó a abandonar la cultura del descarte para avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los recursos limitados del planeta.
León XIV pidió este jueves "superar el modelo consumista" y avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los bienes limitados del planeta, durante una audiencia en el Vaticano con una delegación del Grupo Hera, conglomerado empresarial italiano dedicado a los servicios medioambientales, la gestión de residuos, el ciclo integral del agua y la energía. "El desafío ecológico de nuestro tiempo es, en efecto, más urgente que nunca", aseguró el pontífice, quien advirtió que, por un lado, se asiste a "un consumo incontrolado de los recursos" y, por otro, la gestión y eliminación de enormes cantidades de residuos "se vuelve cada vez más problemática".
Un llamado a cambiar de conducta
Ante esta situación, León XIV llamó a dejar de considerar cada objeto utilizado "como si fuera un simple desecho" y animó a "seguir otro camino". "Se trata, en esencia, de superar el modelo consumista y avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los bienes limitados de nuestro planeta", afirmó. El pontífice subrayó además que, como cristianos, "no podemos resignarnos a aceptar la cultura del despilfarro", sino que están llamados a "hacer un uso sabio de la creación". "A la cultura del despilfarro se le puede oponer con éxito la cultura del cuidado", sostuvo, un concepto que extendió más allá de los objetos para abarcar también el trabajo humano.
El ejemplo puesto en práctica dentro del propio Vaticano
El Papa destacó que la actividad de Hera en materia de reciclaje demuestra que es posible avanzar en esta dirección, y puso como ejemplo el trabajo que la empresa realiza dentro del propio territorio vaticano. La colaboración entre el Vaticano y Hera se formalizó a principios de 2024 con un contrato para el tratamiento de residuos urbanos, y se intensificó durante el Jubileo de 2025, cuando las filiales Herambiente y Aliplast desplegaron un sistema especial de reciclaje de plástico PET en la Plaza de San Pedro y los Museos Vaticanos. Tras asumir la gestión medioambiental integral a fines de ese año, la alianza se consolidó este 2026 con la incorporación de una flota de vehículos 100% eléctricos de alta capacidad para la recolección ecológica dentro del territorio vaticano; en abril, además, la empresa había donado al Estado de la Ciudad del Vaticano un camión totalmente eléctrico, con una autonomía de 60 kilómetros, destinado específicamente a la recolección de residuos.
La continuidad con Francisco
Durante el encuentro, León XIV recordó las enseñanzas de su predecesor, el papa Francisco, y su defensa del reciclaje y la producción circular como una vía para garantizar a las generaciones futuras un ambiente sostenible. El pontífice cerró el encuentro con un pedido de coherencia institucional: "es importante dar ejemplo de coherencia: que la Iglesia sea la primera en poner en práctica aquello mismo que anuncia. A través de nuestra sinergia podremos hacer cada vez más bella y acogedora la casa de todos", concluyó.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Diario Infobae (Argentina), ACI Prensa (Perú), Diario El Comercio (Perú)
1 de cada 4 europeos supera el umbral seguro de PFAS
¿Por qué preocupan tanto las PFAS, los denominados "químicos eternos"?
Un estudio exploratorio con 110 voluntarios europeos encontró que uno de cada cuatro supera el valor de referencia sanitario para PFAS de cadena larga, mientras que el TFA -una de estas sustancias de cadena ultracorta- apareció en el 100% de las muestras con los niveles más altos jamás registrados en este tipo de estudios.
Uno de cada cuatro europeos analizados supera el umbral recomendado de PFAS, un grupo muy amplio de sustancias químicas sintéticas, conocidas como perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, que apenas se degradan en la naturaleza y se acumulan en los seres vivos y en el cuerpo humano. Se trata de miles de compuestos artificiales -con estimaciones que van de unos 4.000 a más de 10.000- utilizados durante décadas en numerosos sectores por propiedades muy concretas: repelen el agua, la grasa y la suciedad, resisten el calor y son muy estables químicamente, de ahí su apodo de "químicos eternos".
Lo que encontró el estudio
El trabajo analizó la presencia de nueve PFAS en sangre de 110 voluntarios residentes en Europa, con una edad media de 40 años, en un rango de entre 12 y 78 años, a partir de muestras tomadas durante el verano de 2026. De ese total, 27 participantes -uno de cada cuatro- superaban el valor de referencia sanitario establecido con base en los criterios de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria para la suma de cuatro PFAS de cadena larga. En el 1% de la muestra con las concentraciones más elevadas, los niveles llegaron a multiplicar por 2,6 ese valor de referencia. Los autores aclaran que superar ese umbral no implica que el riesgo de sufrir efectos adversos aumente en la misma proporción, ya que el valor utilizado se deriva de la ingesta semanal tolerable fijada por la EFSA, y remarcan además que su muestra no era representativa de toda la población europea, por lo que debe leerse como una señal de exposición y no como una radiografía definitiva del continente.
Un dato que llamó la atención de los propios investigadores
Uno de los hallazgos más destacados fue la presencia de ácido trifluoroacético, o TFA, un PFAS de cadena ultracorta, en el 100% de los participantes. El TFA representó alrededor del 80% de la masa total de los seis PFAS detectados en el estudio y, según los propios autores, sus niveles fueron los más altos registrados hasta ahora en los estudios de biomonitorización humana que analizaron como referencia. Los investigadores consideran que las concentraciones observadas probablemente reflejan una exposición frecuente a esta sustancia en la vida cotidiana. Sin embargo, actualmente no existe un valor de referencia basado en la concentración de TFA en sangre que permita determinar con precisión si los niveles detectados implican un riesgo concreto para la salud.
Efectos adversos asociados y una generación más reciente
Según diversos estudios publicados en los últimos años, la exposición a PFAS se asocia con efectos adversos sobre el hígado, el sistema inmunitario, el sistema endocrino, la fertilidad y la tiroides, además de riesgos como obesidad, problemas reproductivos, alteraciones del desarrollo, menor respuesta a las vacunas y diversos tipos de cáncer. En julio de este año, un equipo internacional liderado por dos investigadores del Centro Nacional francés para la Investigación Científica identificó, en un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters, efectos neurológicos "no documentados hasta ahora" en ratones y pájaros, como cambios de comportamiento y potenciales consecuencias para el desarrollo cognitivo embrionario, asociados a una nueva generación de PFAS. En el caso específico del TFA, una investigación reciente en células endoteliales humanas -las que recubren el interior de los vasos sanguíneos- encontró que esta sustancia puede interferir con la glucólisis, el proceso mediante el cual esas células producen energía, lo que podría afectar su capacidad de mantener y generar nuevos vasos sanguíneos.
Dónde están y cómo se regulan
Estas sustancias se utilizan en una amplia variedad de productos y procesos: aparecen en utensilios de cocina antiadherentes, envases alimentarios, textiles impermeables, cosméticos, productos de limpieza, lubricantes, pesticidas, espumas contra incendios, componentes electrónicos, piezas de automoción, semiconductores, tuberías, refinerías y materiales desechables para comida. La preocupación no se limita a su presencia en productos de consumo: esas sustancias terminan dispersándose en el ambiente y entrando en la cadena de exposición humana, y se han detectado en sangre, agua potable, aguas superficiales y subterráneas, suelos, frutas, verduras, pescado, cereales y envases alimentarios. El propio TFA, presentado como un derivado o producto de degradación de otros PFAS y de ciertos gases fluorados, tiene presencia destacada tanto en agua como en muestras biológicas. Frente a este panorama, la EFSA recomendó este verano reducir los niveles de exposición permitidos de TFA en los alimentos: tras revisar la evidencia científica más reciente, sus expertos propusieron rebajar 3,5 veces el índice diario aceptable, hasta situarlo en 0,014 miligramos por kilo de peso corporal. En paralelo, el nuevo reglamento europeo para envases y residuos de embalajes, vigente desde el 12 de agosto, incluye nuevos límites para estas sustancias químicas en los envases que están en contacto con alimentos.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Chemical & Engineering News (Estados Unidos), Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)
Las secuelas de la sequía siguen calentando el planeta
Las secuelas de la sequía calientan el planeta y las lluvias posteriores no lo compensan
Un estudio publicado en Nature Communications, con participación del CSIC y el CREAF, encontró que los efectos de una sequía sobre la temperatura persisten incluso un año después de haber terminado, y que las lluvias posteriores no alcanzan a revertir ese calentamiento adicional, con la Amazonía entre las regiones más vulnerables.
Las secuelas de la sequía pueden persistir incluso un año después de que haya pasado, una situación que las lluvias posteriores no consiguen compensar y que contribuye a intensificar el calentamiento global. Es la conclusión de un estudio realizado a escala mundial y publicado en la revista científica Nature Communications, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, ambos de España.
Un desequilibrio entre lo que se pierde y lo que se recupera
Los resultados muestran que, si el suelo sigue perdiendo humedad a lo largo del año posterior a una sequía, la temperatura aumenta más de lo que disminuye cuando ese mismo suelo recupera la cantidad de agua que había perdido. En concreto, cuando el suelo pierde una determinada cantidad de agua, la temperatura sube 0,13°C, pero cuando recupera esa misma cantidad de agua, la temperatura baja solo 0,06°C: un desequilibrio que deja un saldo neto de calentamiento aun cuando las lluvias posteriores logren restituir el agua perdida. Esto se debe, en parte, a que las plantas no se recuperan al mismo ritmo que el agua del suelo: después de una sequía pueden haber acumulado daños en los tejidos vegetales, y su capacidad de transpirar y absorber dióxido de carbono tarda en reactivarse, lo que reduce el efecto de enfriamiento que normalmente aporta la vegetación y aumenta el calentamiento del planeta.
La Amazonía, entre las zonas más vulnerables
Este efecto prolongado de la sequía se observó en más del 60% de la superficie terrestre, aunque los datos indican que las zonas más afectadas se ubican en Norteamérica, el este de China, África subsahariana y el oeste de la Amazonía. "La Amazonía actúa como el aire acondicionado de todo el planeta gracias a la ingente cantidad de agua que transpira a la atmósfera", explicó el investigador del CSIC en el CREAF Josep Peñuelas. Según detalló, cuando una sequía extrema hace caer la humedad en el oeste de esa selva, los árboles reducen su transpiración, y el ecosistema "no solo deja de enfriar el mundo, sino que frena su función vital como gran sumidero de carbono, acercando el ecosistema a puntos críticos de no retorno".
Cómo se llegó a estas conclusiones
Para sacar estas conclusiones, el equipo analizó datos climáticos y de humedad del suelo desde 1980 hasta 2024. Esa información fue combinada con 17 modelos del sistema terrestre, que simulan las interacciones entre la atmósfera, el suelo, la vegetación y otros componentes del ciclo climático, con el objetivo de identificar específicamente el efecto de una sequía un año después de ocurrida sobre la temperatura, la vegetación, la transpiración y la capacidad de absorción de carbono. El hallazgo se suma a una línea de investigación que el mismo equipo viene desarrollando desde hace años sobre la relación entre sequías, vegetación y clima, y refuerza la idea de que los efectos de estos eventos extremos no terminan cuando cesa la falta de lluvia, sino que pueden proyectarse en el tiempo con consecuencias directas sobre el calentamiento global.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Descargar el Artículo en la Revista Nature
Casi el 40% del mundo respiró ozono en niveles nocivos
Casi el 40% de la población mundial estuvo expuesta a niveles nocivos de ozono en 2026
Un nuevo análisis de Copernicus reveló que el calor extremo y la contaminación de origen humano combinados expusieron a casi el 40% de la población mundial a niveles peligrosos de ozono troposférico durante los primeros ocho meses de 2026, mientras el humo de incendios y el polvo del desierto siguieron cruzando fronteras y continentes enteros.
El calor extremo y la contaminación atmosférica de origen humano se combinaron en 2026 para exponer a casi el 40% de la población mundial a niveles peligrosos de ozono troposférico, un contaminante secundario del que se habla poco pero que resulta nocivo para la salud humana, los ecosistemas y el rendimiento de los cultivos. Así lo revela Atmosphere Watch, un nuevo análisis global publicado por el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus, gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio en nombre de la Comisión Europea. El estudio combina millones de observaciones satelitales, de redes terrestres y de aeronaves con un sistema global de predicción de la contaminación, y ofrece una instantánea de la contaminación transfronteriza -ozono, humo de incendios y polvo del desierto- durante los primeros ocho meses del año. "Atmosphere Watch demuestra que la contaminación atmosférica no conoce fronteras. El humo de los incendios forestales, el ozono y el polvo pueden recorrer miles de kilómetros, afectando a comunidades muy alejadas de su origen", señaló Florian Pappenberger, director general del centro europeo.
Cómo se forma y por qué es tan difícil de controlar
El ozono troposférico se genera cuando contaminantes precursores -óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles provenientes del transporte, la industria, los solventes domésticos, la vegetación y los incendios- reaccionan bajo la luz solar en condiciones meteorológicas favorables, como las grandes olas de calor. Pese a la menor conciencia pública sobre este contaminante, solo el 5% de la población mundial estuvo expuesta este año a niveles considerados "buenos" según las directrices de la Organización Mundial de la Salud. Asia resultó la región más afectada: el 60% de su población estuvo expuesta a niveles extremadamente altos de ozono, una cifra que trepa al 90% si se suman los niveles "deficientes" y "muy deficientes". En Europa, pese a las mejoras logradas en las últimas décadas en otros contaminantes gracias a la Directiva europea de calidad del aire, el ozono sigue siendo un desafío particularmente complejo: el 50% de la población del continente estuvo expuesta este año a niveles "deficientes", "muy deficientes" o "extremadamente deficientes", con las repetidas olas de calor del verano como principal motor. En América del Norte, más de dos tercios de la población sufrió una exposición calificada como "mala" o peor, en parte por los precursores liberados por los incendios forestales extremos de 2026. Sudamérica, en cambio, registró niveles particularmente bajos: el 81% de su población estuvo expuesta a niveles "buenos" o "aceptables". Laurence Rouil, directora del servicio de Copernicus, remarcó que "la contaminación por ozono es un claro recordatorio de lo interconectados que están nuestra atmósfera, nuestro clima, nuestra salud y nuestros medios de vida".
Humo y polvo que cruzan océanos
Otro rasgo definitorio de 2026 fue cómo la contaminación atravesó fronteras y continentes enteros. En julio, durante la Copa del Mundo de la FIFA, el humo de intensos incendios forestales en los Territorios del Noroeste y en Ontario, Canadá, generó plumas que recorrieron miles de kilómetros hacia el Atlántico y provocaron avisos sanitarios de calidad del aire en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey, apenas días antes de la final. Parte de ese humo cruzó el Atlántico y llegó hasta Europa, donde contribuyó al aumento de partículas finas. En el sudeste asiático, los incendios estacionales de Indonesia -intensificados a mediados de julio en Borneo y en las provincias de Kalimantan Occidental y Central, en línea con años anteriores de El Niño- expusieron a millones de personas a contaminación peligrosa a mediados de agosto, con neblina transfronteriza que también afectó a Tailandia y Laos. El polvo del Sáhara, por su parte, se desplazó en repetidas ocasiones mucho más allá de África, llegando hasta Cabo Verde, las Islas Canarias y, a través del Atlántico, hasta el Caribe.
El caso español y las voces de los expertos
El informe destaca en particular los megaincendios de este verano en Francia, España y Bélgica, que generaron un intenso transporte de humo con efectos sobre la calidad del aire a miles de kilómetros de distancia. Ana Rosa Gamarra, investigadora del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, remarcó que en España el informe subraya la relevancia de los incendios en Ávila y Madrid, asociados a emisiones excepcionales de dióxido de carbono y partículas finas, además de la incidencia recurrente del polvo sahariano, especialmente en Canarias, la península y el Mediterráneo. Cristina Linares y Julio Díaz, investigadores del Instituto de Salud Carlos III, señalaron que "el calentamiento global y sus consecuencias tienen un marcado carácter transfronterizo", y advirtieron que el humo de los incendios forestales transporta partículas cuyo impacto en la salud puede ser más perjudicial que el de las emitidas en ambientes urbanos. Por eso, plantearon que la respuesta de salud pública no debe limitarse a un solo factor, sino integrar medidas de protección vinculadas tanto al calor como a la contaminación en su conjunto. Isidro Pérez, de la Universidad de Valladolid, agregó un dato relevante: la estrategia de reducción de emisiones en Europa y América del Norte no logró disminuir el ozono, posiblemente por las condiciones meteorológicas adversas o los propios incendios forestales, lo que confirma la persistencia del problema pese a las políticas ya aplicadas.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed, Science Media Centre España, Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus
Descargar el Informe de Copernicus
El cambio climático ya afecta la piel en 4 de cada 10 países
El cambio climático ya está afectando a la piel: el 42,6% de los países reporta más problemas dermatológicos
Un estudio presentado en el Congreso de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, que relevó a 136 países, encontró que más del 40% reportó cambios relacionados con el clima en sus enfermedades de piel, con un impacto desproporcionado sobre los países de menores ingresos, los que menos contribuyen al calentamiento global.
Un trabajo del Observatorio Mundial de Acceso a la Salud de la Piel (SkinObservatory), una iniciativa dirigida por la doctora Esther Freeman en colaboración con la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas y L'Oréal Dermatological Beauty, reveló que más del 40% de los países del mundo informaron cambios relacionados con el clima en la prevalencia o la gravedad de las enfermedades de la piel, con un impacto desproporcionado en los países de bajos ingresos. El trabajo, que abarca 136 países, se presentó en el Congreso 2026 de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, realizado en Viena.
Un relevamiento global sin precedentes
El cambio climático supone una amenaza creciente para la salud de la piel debido al aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos, la alteración de los patrones de lluvia, la migración relacionada con el clima y la disrupción de los ecosistemas. El estudio invitó a representantes de los 194 países miembros de la Organización Mundial de la Salud a participar del Observatorio, y recopiló datos de 136 naciones que abarcan los cuatro grupos de ingresos definidos por el Banco Mundial. En general, el 42,6% informó cambios en la prevalencia o gravedad de las enfermedades de la piel debido al clima, pero con diferencias significativas según el nivel de ingresos: más de la mitad de los países de bajos ingresos (55,6%) y de ingresos medios-bajos (52,5%) reportaron cambios, frente al 43,8% de los de ingresos medios-altos y apenas el 28,3% de los de altos ingresos. Las diferencias geográficas también fueron sustanciales: los cambios se registraron con mayor frecuencia en la región del Pacífico Occidental (64,7%), seguida por el Mediterráneo Oriental y el Sudeste Asiático (60% cada una), frente a solo el 16,1% en la región europea. En la región africana, el 42,9% de los encuestados dijo no estar seguro del impacto del clima sobre las enfermedades de piel, lo que evidencia posibles falencias en los sistemas de vigilancia y recolección de evidencia local.
Más calor, más erupciones y más enfermedades inflamatorias
Entre los 58 países que sí informaron efectos concretos del cambio climático sobre las enfermedades de piel, el 81% reportó un aumento en las erupciones cutáneas por calor y el 75,9% en enfermedades inflamatorias de la piel. Un 62,1% describió cambios en la epidemiología de enfermedades infecciosas, y la mitad reportó cambios en enfermedades transmitidas por vectores como mosquitos y garrapatas. "El hallazgo más importante de nuestro estudio es que el cambio climático ya está asociado con impactos negativos en las enfermedades de la piel, y estos efectos afectan de manera desproporcionada a las poblaciones de bajos ingresos", explicó Freeman, profesora asociada de dermatología de la Facultad de Medicina de Harvard e investigadora principal del estudio. "A menudo pensamos en los efectos del clima extremo sobre el golpe de calor, los problemas cardiovasculares y las enfermedades respiratorias, pero la piel es nuestra primera línea de defensa contra el cambio climático", agregó. Sobre los mecanismos involucrados, detalló que "las temperaturas y la humedad elevadas pueden aumentar la sudoración y la irritación de la piel, mientras que el calor, la contaminación atmosférica y otras exposiciones ambientales pueden desencadenar o agravar la inflamación", y que los cambios de temperatura y de precipitaciones también pueden alterar los hábitats de mosquitos, garrapatas y otros vectores de enfermedades, permitiéndoles sobrevivir en lugares donde antes eran poco comunes.
Una desigualdad que se retroalimenta
Los autores remarcaron que los países con menos recursos, pese a ser los que menos contribuyen al cambio climático, son los que más reportan alteraciones dermatológicas relacionadas con el clima, algo especialmente alarmante porque suelen ser también los que tienen menor capacidad de adaptación. Muchos de esos países se ubican en regiones que sufren calor extremo, inundaciones y cambios en los patrones de lluvia, mientras enfrentan un acceso más limitado a la atención médica, a dermatólogos, a medicamentos y a infraestructura de salud pública en general. Esa combinación crea una vulnerabilidad agravada, donde los mayores riesgos para la salud coexisten con los sistemas de salud peor preparados para prevenir, identificar y tratar estas enfermedades. Freeman planteó, de cara al futuro, que las consecuencias dermatológicas del cambio climático deberían incorporarse a la política de salud pública en general, en lugar de tratarse únicamente como un asunto de la especialidad dermatológica o como una prioridad secundaria. "Necesitamos empezar a tratar la salud de la piel como parte de la preparación climático-sanitaria", concluyó. Los investigadores abogan por una mayor vigilancia, más educación para médicos y comunidades, y estrategias de adaptación ajustadas a las condiciones climáticas locales y a los recursos disponibles en cada sistema de salud, especialmente en los entornos con menos recursos.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal Infosalus, Agencia Prensa Latina, Dermatology Times (Estados Unidos)
Los océanos absorbieron un calor récord en 2025
Los océanos sumaron en 2025 calor adicional igual a 40 veces el consumo mundial de energía
El décimo Informe sobre el Estado del Océano de Copernicus, elaborado con aportes de 125 científicos, advirtió que los mares del planeta absorbieron en 2025 una cantidad de calor equivalente a cuarenta veces todo lo que consume la humanidad en un año, con impactos que ya alcanzan a los arrecifes de coral, la acidificación del agua y el fitoplancton que sostiene las cadenas alimentarias marinas.
Los océanos absorbieron en 2025 unos 23 zettajulios adicionales de energía, una cantidad equivalente a unas cuarenta veces toda la energía consumida por la humanidad durante ese mismo año, según el décimo Informe sobre el Estado del Océano del Servicio Marino de Copernicus de la Unión Europea. Un zettajulio equivale a 10 elevado a la 21 julios, una unidad utilizada para expresar cantidades extraordinariamente grandes de energía, como el calor acumulado por los océanos. El estudio, elaborado por Mercator Ocean International con aportes de 125 científicos de Europa y del resto del mundo, constató que el aumento del contenido de calor oceánico se acelera de forma sostenida desde 1960. "El océano se está transformando ante nuestros ojos: el calentamiento, la subida del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas de un cambio significativo y a largo plazo", señaló el director general de Mercator Ocean International, Pierre Bahurel.
Un calor que no se ve en la superficie
Copernicus remarca que el aumento de la temperatura del agua alimenta las olas de calor marinas, puede intensificar las tormentas y contribuye a la subida del nivel del mar mediante la expansión térmica, además de alterar los ecosistemas. Los investigadores combinaron observaciones de la superficie con mediciones del contenido de calor hasta unos 40 metros de profundidad, y comprobaron que una parte significativa de esa energía puede permanecer oculta bajo la superficie, por lo que las temperaturas que se miden en la parte más superficial del mar no alcanzan a mostrar por sí solas toda la magnitud del calentamiento. En 2024, el Mediterráneo y el mar Negro registraron olas de calor marinas récord, algunas de más de treinta días de duración, con temperaturas más de 4,6 grados por encima de la media: la temperatura del Mediterráneo se ubicó ese año 1,23 grados por encima de su referencia de largo plazo, y su parte oriental registró sus condiciones de ola de calor marina más extremas desde 2002.
Mares más ácidos y arrecifes en crisis
La acumulación de calor coincide con otros cambios profundos en el océano mundial. El nivel medio global del mar aumentó a un ritmo de 3,8 milímetros anuales entre 1999 y 2025, mientras que en el período más reciente, entre 2012 y 2025, esa velocidad alcanzó los 4,2 milímetros por año. En paralelo, los océanos se volvieron aproximadamente un 17% más ácidos entre 1985 y 2025, un proceso químico que afecta directamente la capacidad de moluscos, corales y otros organismos para construir sus estructuras calcáreas. El impacto sobre los arrecifes ya es severo: entre enero de 2023 y septiembre de 2025, el 84,4% de los arrecifes de coral del planeta estuvo expuesto a niveles de estrés térmico capaces de provocar blanqueamiento, superando el episodio mundial de blanqueamiento masivo anterior.
El fitoplancton, la base de la cadena alimentaria, también cambia
El informe señala además que casi el 5% del océano mundial experimentó durante las últimas tres décadas cambios persistentes en los patrones estacionales de crecimiento del fitoplancton, los organismos microscópicos que sustentan buena parte de las cadenas alimentarias marinas y cumplen un papel esencial en los flujos de carbono del océano. Esas alteraciones, aunque afectan a una porción todavía acotada del océano global, son un indicador temprano de cómo el calentamiento puede reorganizar la base de los ecosistemas marinos.
Los más vulnerables: los pequeños Estados insulares
El documento presta especial atención a los pequeños Estados insulares en desarrollo, particularmente expuestos al calentamiento y a la subida del nivel del mar. Desde 1960, todas sus zonas económicas exclusivas experimentaron calentamiento oceánico, y el 65% de su superficie marítima está expuesta a una aceleración de la subida del nivel del mar desde 1999, una combinación que amenaza directamente la disponibilidad de recursos pesqueros y la estabilidad costera de esos territorios.
Diez años de seguimiento continuo
Copernicus considera que el monitoreo sostenido del océano resulta esencial no solo para documentar estos cambios, sino también para mejorar las alertas tempranas y preparar infraestructuras y comunidades frente a los riesgos futuros. "Diez años después, el Informe Copernicus sobre el Estado del Océano ofrece mucho más que una serie de instantáneas anuales", señaló su directora, Karina von Schuckmann, quien destacó que la observación sostenida y los modelos permiten identificar qué está cambiando, dónde y por qué, y anticipar sus consecuencias.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Copernicus / Mercator Ocean International
El mundo acordó dejar los fósiles pero no sabe cómo
Por qué el mundo acordó abandonar los combustibles fósiles pero aún discute cómo hacerlo
Tres años después de que cerca de 200 países acordaran alejarse del carbón, el petróleo y el gas, solo una docena de los planes climáticos nacionales presentados ante la ONU detalla cómo piensa hacerlo, mientras Brasil intenta armar una hoja de ruta voluntaria de cara a la próxima cumbre climática en Turquía.
Tres años después de que cerca de 200 países acordaran abandonar los combustibles fósiles, el mundo todavía discute qué significa ese compromiso en la práctica. La COP28 de Dubái, en diciembre de 2023, fue la primera cumbre climática de la ONU en mencionar explícitamente la necesidad de alejarse del carbón, el petróleo y el gas en su texto final, pero no incluyó ningún mecanismo para ejecutar esa promesa. De los 146 planes climáticos nacionales actualizados y presentados ante la ONU hasta agosto de 2024, 101 mencionan la transición, pero solo 12 detallan cómo la llevarán adelante, según un análisis de la Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas compartido con el medio especializado Dialogue Earth. La cifra expone la brecha entre la retórica y la acción.
El intento de Brasil por ordenar la transición
Brasil, presidente de la COP30 realizada en Belém el año pasado, intentó convertir una hoja de ruta global en parte de las negociaciones oficiales durante noviembre de 2025, pero las diferencias entre países se lo impidieron. En su lugar, propuso construir durante 2026 un documento voluntario, conocido como TAFF por sus siglas en inglés, en consulta con los gobiernos, para presentarlo antes de la próxima cumbre. Ana Toni, directora ejecutiva de la COP30, describió la propuesta como "un marco" más que un conjunto de directrices, diseñado para mostrar qué está avanzando y no para dictar qué deben hacer los países: "la transición no es un tabú, tiene que discutirse", declaró. La presidencia brasileña identificó cuatro ejes para acelerar la salida de los combustibles fósiles: reformar la arquitectura financiera internacional, fortalecer la capacidad técnica, aumentar la cooperación y priorizar una transición justa. Sin embargo, Alejandra López, directora de diplomacia climática de la organización Transforma, advirtió que el riesgo es repetir los errores de la hoja de ruta de financiamiento climático de 1,3 billones de dólares, que "carece de un plan sobre quién hace qué".
Turquía prioriza la electrificación, sin mencionar los fósiles
Otro obstáculo lo señaló Paola Yanguas Parra, asesora del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible: Turquía, país anfitrión y presidente de la COP31, prevista del 9 al 20 de noviembre en la ciudad de Antalya, no convirtió la transición energética en una prioridad de la conferencia. En cambio, puso el foco en la electrificación, sin abordar directamente la reducción de la producción y el uso de combustibles fósiles. "Si los países no lo impulsan, la hoja de ruta podría caer en el olvido", advirtió Yanguas Parra, y agregó que la meta de electrificación turca "tiene que ocurrir en paralelo con la transición de los fósiles", una coordinación que hasta ahora no observa.
Posiciones enfrentadas entre países productores
Las posturas de los países productores reflejan la tensión de fondo: Rusia argumentó que el gas es un combustible de transición legítimo, mientras Noruega remarcó que su producción de gas ya tiene emisiones relativamente bajas. Las Islas Marshall pidieron mayor claridad sobre la necesidad de reducir la producción de petróleo, gas y carbón, y Vanuatu exigió directamente un tratado vinculante que "apoye una eliminación progresiva gestionada y equitativa". El nivel de participación en el proceso de consulta abierto por Brasil también deja dudas sobre su alcance: de los 195 países que integran la convención climática de la ONU, solo 18 gobiernos, la Unión Europea y dos bloques negociadores -el grupo de 44 Países Menos Desarrollados y la Alianza de 39 Pequeños Estados Insulares- presentaron aportes formales durante la etapa inicial de consultas, en febrero de este año. La COP31, en Turquía, se perfila así como la prueba de fuego para un compromiso que, por ahora, sigue siendo más retórico que real.
Fecha de Publicación: 01/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal EcoNews, Dialogue Earth (Reino Unido), Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas (BOGA)
La Amazonía perdió 33 mil hectáreas de agua en 25 años
Amazonía sin cauce: minería, ganadería y deforestación dejaron a comunidades sin agua para beber
Una investigación periodística que analizó 25 años de datos satelitales sobre cuatro ríos amazónicos de Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela encontró que la región perdió casi 33.000 hectáreas de agua natural, mientras la minería ilegal genera pozas de "agua artificial" que dan la falsa impresión de que el recurso aumenta.
"La gente piensa que como vivimos en la selva tenemos bastante agua, pero la realidad es esta", dice Erick Tijé, poblador indígena harakmbut de la Amazonía sur de Perú, mientras señala el agua turbia del río Inambari. Ese río no es el mismo de hace cinco años: la minería ilegal les robó el agua para devolvérsela contaminada, y hoy la comunidad de Arazaire debe comprar el agua que bebe. Del otro lado de la frontera, en el departamento colombiano de Caquetá, el mayor Lázaro Ibáñez, del pueblo coreguaje, ve cómo la ganadería y el cambio climático reducen la disponibilidad de agua en su territorio: "el ganado ha venido tumbando todo y ahora se ve puro potrero, y ya casi no quedan árboles".
Una investigación con 25 años de datos satelitales
Un equipo de periodistas de Mongabay Latam, El Espectador y Correo del Caroní, junto con científicos del Instituto Serrapilheira de Brasil, analizó más de dos décadas de datos satelitales para entender los cambios en cuatro cuencas amazónicas: el río Beni, en Bolivia; el Caquetá, en Colombia; el Madre de Dios, en Perú; y el Caroní, en Venezuela. El trabajo forma parte de Aguas Partidas, una alianza periodística coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, con apoyo científico de MapBiomas y de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada. Se analizaron 722 microcuencas a lo largo de 25 años, entre 2000 y 2024, con datos históricos cruzados con información de precipitaciones para identificar los tramos más críticos. Más de la mitad de los tramos revisados -393 de 722- registraron una pérdida de agua natural, que en conjunto equivale a casi 33.000 hectáreas. Bajo esas microcuencas viven al menos 74 pueblos indígenas, repartidos en 202 territorios.
El agua que engaña
El fenómeno más llamativo es lo que los científicos llaman "agua artificial o antrópica": cuerpos de agua que surgen o se transforman por el uso humano, como pozas de minería o embalses de represas, y que en los mapas satelitales dan la apariencia equivocada de que el agua disponible aumentó. "El agua antrópica es, en realidad, agua asociada a un uso: puede ser de acuicultura, de minería o represas y embalses. A veces es un cuerpo que se crea donde no había nada. Otras, una laguna que era natural y que, al destinarse a un uso, pasa a ser antrópica", explica la ingeniera ambiental Eva Mollinedo, coordinadora técnica de MapBiomas Agua Bolivia. En las tres cuencas con actividad minera -Madre de Dios, Beni y Caroní- al menos una de cada seis microcuencas analizadas, 121 de 722, pierde agua natural y gana agua artificial al mismo tiempo y en el mismo lugar. De cada cinco hectáreas de esa agua artificial, más de cuatro aparecen dentro de territorio indígena. En Perú, además, el 99,7% del agua artificial nueva se concentra en apenas 45 de las 84 microcuencas con minería, y en la cuenca del Beni las microcuencas con minería ilegal ganaron un 21,5% de superficie de agua mientras las que no tienen minería perdieron un 17,2%. El patrón no se explica por la lluvia: las microcuencas mineras que "ganan" agua son, justamente, las que menos llueve.
Una esponja que se rompe
En Colombia, donde la presión dominante es la ganadería y no la minería, las microcuencas más deforestadas son también las que más agua pierden. La explicación remite a cómo funciona el bosque amazónico: según describió en 2019 un equipo de científicos holandeses, la selva actúa como una esponja que absorbe el agua de lluvia y la libera gradualmente. Un estudio de 1979 del climatólogo brasileño Enéas Salati, convertido desde entonces en referencia sobre el ciclo hídrico amazónico, estableció que la mitad de la lluvia que cae sobre la Amazonía vuelve al aire porque los árboles la absorben con sus raíces y la liberan como vapor a través de las hojas, formando nubes que redistribuyen la humedad hacia el interior de la cuenca. Cuando se tala el bosque, esa esponja se rompe. "Donde se tumban los árboles, se secan los lagos y las cabeceras, que es de donde sale el agua", resume Ibáñez. Un estudio publicado en febrero de 2026, en el que participó el meteorólogo brasileño José A. P. Veiga, encontró que por cada punto porcentual de bosque tropical perdido caen, en promedio, unos 2,4 milímetros menos de lluvia regional al año: la deforestación no solo seca el lugar donde ocurre, sino que altera el clima de toda la región.
Lo que ven las comunidades
Los líderes del resguardo Jácome, en el Caquetá colombiano, cuentan que las estaciones dejaron de ser predecibles. En Tomachi, Bolivia, Roxana Pizza Tupa, presidenta del pueblo indígena leco, observa algo similar desde otro punto de la Amazonía: "el calor aumenta y eso nos afecta los ojos de agua". Los periodistas viajaron a los territorios con mapas impresos para que pobladores de los pueblos harakmbut, coreguaje, leco y pemón ayudaran a reconstruir los cambios en sus propias fuentes de agua: aquellas donde juegan, beben, pescan, se bañan y encuentran sustento, o en algunos casos, donde ya no pueden hacerlo.
Fecha de Publicación: 01/10/2026
País/Región: Amazonas
Fuentes Consultadas: Diario Los Tiempos (Bolivia), Portla Mongabay, Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP)
La FAO advierte que 1.560 millones de hectáreas se degradaron
FAO advierte que hay 1.560 millones de hectáreas degradadas y pide restaurar los bosques
informe "Estado de los Bosques del Mundo 2026" estima que 1.560 millones de hectáreas de tierra están degradadas en el planeta, 460 millones de ellas forestales, y sostiene que restaurarlas es una inversión estratégica que puede devolver hasta 30 dólares por cada dólar invertido.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura presentó en Roma el informe "Estado de los Bosques del Mundo 2026", dedicado a la restauración de bosques y paisajes. El documento estima que unos 1.560 millones de hectáreas de tierra se encuentran degradadas en todo el mundo, de las cuales 460 millones son tierras forestales. A eso se suman las 489 millones de hectáreas de bosque que se perdieron por deforestación entre 1990 y 2025. La presentación coincide con el 28º período de sesiones del Comité de Silvicultura del organismo y con la 10ª Semana Mundial de los Bosques, que se realizan en la capital italiana hasta el 2 de octubre.
Qué provoca la degradación
Según el informe, el crecimiento demográfico, los cambios en el uso del suelo y la creciente demanda de recursos naturales son algunos de los factores que empujan la degradación forestal. A eso se suman los incendios, que afectan cada año a una media de 127 millones de hectáreas. Los bosques ocupan 4.140 millones de hectáreas, alrededor del 32% de la superficie terrestre, almacenan 714 gigatoneladas de carbono y albergan hasta el 80% de la biodiversidad terrestre. Casi un tercio de la población mundial depende de ellos y de los árboles para su seguridad alimentaria y su sustento.
El costo de no actuar
La FAO calcula que no restaurar los ecosistemas forestales degradados tiene un costo global de entre 878.000 millones y 6,3 billones de dólares, un rango que equivale a entre el 2% y el 8,3% del producto bruto anual, según el alcance de la valoración. En sentido inverso, restaurar más de mil millones de hectáreas de tierras forestales degradadas podría generar beneficios por 1,8 billones de dólares anuales, entre ellos mayor biodiversidad, mejor regulación del agua y suelos más sanos. El organismo sostiene además que invertir 2,6 billones de dólares durante 15 años en frenar la degradación de la tierra y la sequía podría dar un retorno social de ocho a uno, y que en condiciones favorables la restauración puede ganar hasta 30 dólares por cada dólar invertido.
El director general de la FAO, QU Dongyu, escribió en el prólogo que la restauración es "una inversión estratégica en sistemas agroalimentarios resilientes y en el desarrollo rural". Según el informe, además crea empleo, revitaliza los sistemas de producción y aporta beneficios que van más allá del ingreso, como mayor bienestar, cohesión social y preservación de la identidad cultural y de los sistemas de conocimiento.
Compromisos que todavía no alcanzan
El documento reconoce avances: los gobiernos de 91 países y territorios se comprometieron a destinar más de 190 millones de hectáreas a la restauración forestal. Entre los proyectos destacados figuran la Iniciativa de la Gran Muralla Verde para el Sáhara y el Sahel, el Programa de los Tres Nortes de China y el Pacto Trinacional de la Selva Atlántica, que involucra a Argentina, Brasil y Paraguay. Sin embargo, la propia FAO advierte que el progreso sigue siendo insuficiente: hoy solo hay 206,5 millones de hectáreas de bosques en proceso de restauración, una fracción de la superficie degradada y de lo que los países prometieron.
Fecha de Publicación: 30/09/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Diario Infobae (Argentina), Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
Diclofenaco en el Báltico: buscan reducir fármacos en el mar
El Báltico, lleno de diclofenaco: así buscan reducir la contaminación por medicamentos
Investigadores de Suecia, Finlandia, Lituania y Letonia sostienen que la contaminación farmacéutica del mar Báltico no se resuelve solo tratando aguas residuales, y proponen actuar desde la receta médica hasta la devolución de los medicamentos sin usar.
El mar Báltico, un mar interior rodeado por nueve países del noreste de Europa, es uno de los más contaminados del mundo. Arrastra la herencia de la munición química vertida tras la Segunda Guerra Mundial, y hoy suma la presión de los microplásticos, los químicos industriales y las escorrentías agrícolas sobre un ecosistema especialmente vulnerable por ser semicerrado. A ese cuadro se agregan los medicamentos: se detectan decenas de fármacos, entre ellos paracetamol, ibuprofeno, carbamazepina y diclofenaco. Un equipo de investigadores de cuatro países busca reducir esa carga con un enfoque que abarca todo el ciclo de vida del medicamento. "No se trata solo del tratamiento de aguas residuales", explicó Marmar Nekoro, investigadora de la facultad de Farmacia de la Universidad de Uppsala, en Suecia.
Cómo llegan los fármacos al mar
Los medicamentos ingresan al Báltico por múltiples vías: las aguas residuales de hogares y hospitales, los vertidos de plantas de producción farmacéutica, la escorrentía agrícola y hasta los desechos de las mascotas cuando no se recogen. Según un informe de hace una década de la UNESCO y la Comisión para la Protección del Medio Marino del Báltico, las plantas de tratamiento liberan por sí solas unas 1.800 toneladas de fármacos al año. La mayoría todavía no cuenta con una cuarta etapa de depuración pensada para eliminar estos contaminantes. Parte del problema nace en el propio cuerpo: "no absorbe todo el fármaco; una parte bastante grande se excreta", explicó Nekoro. La Comisión ya había advertido que el diclofenaco se detecta en aguas superficiales de todos los países ribereños, aunque su distribución y destino en el mar no se comprenden del todo.
Una persistencia que preocupa
Una vez en el agua, algunas sustancias permanecen largo tiempo. La carbamazepina, un medicamento con receta para la epilepsia, el dolor neuropático y el trastorno bipolar, se detectó de forma reiterada en todo el Báltico. Según Nekoro, tarda casi tres años y medio en degradarse a la mitad, por lo que tiende a acumularse. Björn Wettermark, profesor de farmacoepidemiología de Uppsala y responsable del proyecto, aclaró que el riesgo principal no es para quienes se bañan en el mar, salvo por la resistencia a los antibióticos y otros antimicrobianos. La mayor inquietud recae sobre los organismos que viven allí: peces y ranas pueden sufrir feminización por estrógenos sintéticos, con posible impacto en poblaciones enteras, y el mejillón azul, clave por su función de filtrar el agua, puede quedar con menos energía para su metabolismo y su crecimiento al exponerse a ciertos analgésicos.
Recetar mejor, sin dejar sin tratamiento
Una de las vías es mejorar cómo se recetan y usan los medicamentos. Los investigadores aclaran que no se trata de pedir a los pacientes que abandonen los que necesitan, sino de que, cuando existen varias opciones clínicamente adecuadas, el impacto ambiental sea un factor más al elegir. Kristina Garuolienė, de la Universidad de Vilna, planteó que en algunos casos podrían considerarse alternativas al diclofenaco: la idea es avanzar hacia una prescripción racional que también piense en el ambiente. Wettermark recordó que hay estudios que muestran que no siempre se recetan los mejores fármacos y que existe un uso excesivo innecesario. Un estudio reciente en Suecia concluyó, además, que los médicos necesitan formación específica y mejor acceso a información ambiental sobre los medicamentos.
Devolver lo que sobra
Otra vía es evitar que los medicamentos sin usar terminen en la basura doméstica, el fregadero o el retrete. En Lituania creció la conciencia sobre devolverlos a las farmacias, y cada año se entregan más, dentro de un marco normativo sobre cómo hacerlo. Garuolienė lo considera positivo, pero plantea otra pregunta: por qué esos medicamentos no se usaron. Puede que los pacientes no los tomen como se les indicó, o que se receten en exceso. El objetivo final de los investigadores es ir más allá de las decisiones individuales y construir una visión regional para reducir la contaminación farmacéutica en todo el Báltico.
Fecha de Publicación: 30/09/2026
País/Región: Europa
Fuentes Consultadas: Agencia EuroNews), UNESCO, Universidad de Uppsala
Perú. 200 operativos en el año y la minería sigue creciendo
Perú: más de 200 operativos no frenan la minería ilegal en la Reserva Nacional Tambopata
Un reportaje de Mongabay Latam en el corazón de la reserva, en Madre de Dios, muestra que un operativo de cuatro días destruyó unas 100 dragas y 200 campamentos sin detenidos, mientras fiscales advierten que la actividad no baja y que el Estado actúa de forma desarticulada.
La Reserva Nacional Tambopata, en la Amazonía sur de Perú, está siendo devorada por pozas de minería ilegal que aparecen una tras otra como cráteres en medio del bosque, con dos o tres dragas por poza y campamentos completos alrededor. Un equipo de Mongabay Latam recorrió la zona durante dos días junto a la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental y la Marina de Guerra. En cuatro días de operativos, iniciados el jueves 24 de septiembre, se destruyeron al menos 100 dragas y 200 campamentos mineros dentro de la reserva, y las autoridades no reportaron detenidos. "No se detiene la minería ilegal, creería que lejos de disminuir, está en aumento", dijo el fiscal Frank Almanza, coordinador nacional de las fiscalías ambientales.
Lo que se vio en el terreno
En un solo recorrido de unos 20 kilómetros se contaron 20 dragas y al menos 18 campamentos, con árboles talados y quemados alrededor. En uno de los campamentos, abandonado apresuradamente, había comida a medio terminar, ropa y una cocina equipada. Había generadores, equipos de internet satelital y espacios separados para fundir el oro, con envases vacíos de mercurio. Al descender el helicóptero, dos o tres mineros arrojaron el motor de su draga a la poza para evitar que fuera destruido y huyeron. Las balsas y los campamentos se quemaban tras la inspección, y los pocos motores hallados se destruyeron con explosivos. Almanza contó que ya vieron campamentos quemados que volvieron a funcionar, incluso ampliándose a decenas de hectáreas más, con puentes y caminos para trasladar maquinaria.
Las cifras del avance
Según Global Conservation, organización que apoya al Estado en la gestión de áreas protegidas, hay unas 1.000 hectáreas con minería ilegal dentro de la reserva: el reporte inicial era de 600 y creció a 1.000 entre octubre de 2025 y junio de 2026. El sector de Yarinal, sobre el río Malinowski, concentra la mayor densidad: solo en un cuadrante de 50 kilómetros cuadrados hay 228 dragas, y en unos 40 cuadrantes hay entre 20 y 98 cada uno. La reserva tiene 274.690 hectáreas y cinco guardaparques en ese puesto. El monitoreo satelital por radar de Conservación Amazónica registró 1,68 hectáreas perdidas dentro de la reserva entre julio y agosto, y un reporte de mayo hablaba de 500 hectáreas deforestadas acumuladas y más de mil personas vinculadas a la actividad. Sobre el total de dragas, Almanza cree que hay más de 3.000, mientras otros reportes hablan de unas 2.000. La Fiscalía informó 193 operativos de interdicción en Madre de Dios durante 2025 y 201 en lo que va de 2026.
Oro, mercurio y crimen organizado
Perú prohíbe el uso de dragas en ríos y lagunas, y las áreas naturales protegidas no admiten minería. Aun así, según un marino del operativo, cada draga puede extraer hasta 18 gramos de oro por día. Con el gramo a unos 400 soles, cada una generaría unos 7.200 soles diarios, cerca de 2.150 dólares. Para separar el oro se usa mercurio, que contamina suelo y agua: una investigación previa de Mongabay Latam halló niveles superiores al límite de la OMS en el 78% de 3.380 muestras de personas de 102 comunidades a lo largo del río Madre de Dios. Ronal Flores, fiscal adjunto supremo, sostuvo que las organizaciones criminales se sustentan con los recursos de esta actividad. Durante el recorrido se encontraron estuches de armas y portacartuchos, y un bote cargado de bidones huyó tras disparos de advertencia y fue incinerado.
Un Estado sin articulación
Los fiscales fueron duros con la respuesta pública. Sostienen que los grupos criminales actúan de forma coordinada mientras las instituciones del Estado trabajan cada una por su lado, sin un plan estratégico común, y reclaman que Fuerza Aérea, Ejército, Marina y Policía actúen articulados. Piden también que la Sunat controle el tránsito del oro y del mercurio, y que Osinergmin supervise el combustible: en un solo grifo de Puerto Maldonado, dijo Flores, se venden más de 20 millones de galones al año, y Madre de Dios consume más combustible que Lima. Parte del combustible ingresa oculto en camiones que transportan piedra. El Ejecutivo aprobó el 26 de junio el Decreto Supremo 009-2026-EM, que limita la venta directa al tanque a usuarios registrados, exige unidades autorizadas para transportar desde 55 galones y pide DNI a los compradores. La base de Yarinal se instaló para frenar el avance, pero Flores dijo que al volver, mes y medio después, la minería había crecido de forma exponencial.
Fecha de Publicación: 30/09/2026
País/Región: Perú
Fuentes Consultadas: Portal Mongabay, Caretas (Perú), Panamericana Televisión (Perú), Diario Oficial El Peruano (Perú)
Buscan proteger 2.000 km de ríos para la fauna sudamericana
Un proyecto busca proteger más de 2.000 kilómetros de río para que la fauna nativa vuelva a recorrer Sudamérica
Cuatro organizaciones conservacionistas de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay lanzaron Ríos del Yaguareté, una iniciativa inspirada en los movimientos de ese felino que busca proteger y monitorear 2.050 kilómetros de ríos de la cuenca del Paraná para convertirla en un gran corredor de biodiversidad sudamericano.
El primer impulso conservacionista del matrimonio de empresarios estadounidenses formado por Doug y Kris Tompkins, en los años noventa, fue proteger los paisajes que los habían cautivado: en 1991, Doug compró una porción de bosque en el sur de Chile para convertirla en parque nacional y salvar alerces milenarios. Con el tiempo notaron que conservar la belleza de esos lugares no alcanzaba, e impulsaron proyectos para restaurar la biodiversidad perdida. A través de la fundación Rewilding lograron, por ejemplo, reinsertar al yaguareté en zonas de Argentina donde se había extinguido siete décadas atrás. Pero los animales reintroducidos circulaban más allá de los entornos protegidos, lo que hizo necesario acompañar también sus recorridos y proteger sus corredores naturales, sin importar qué fronteras cruzaran.
Un corredor de 2.050 kilómetros
Con ese espíritu nació Ríos del Yaguareté (Jaguar Rivers), una iniciativa conjunta de cuatro organizaciones no gubernamentales de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay que busca restaurar la conectividad a lo largo de la cuenca del río Paraná, que se extiende por unos 2,5 millones de kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a la del mar Mediterráneo. El proyecto abarca 2.050 kilómetros de ríos que serán protegidos y monitoreados, desde el Alto Pantanal, en Brasil, hasta los Esteros del Iberá, en Argentina. "Un pedacito de tierra, que es un parque nacional, no alcanza. Yo he visto extinguirse especies en un parque nacional. Tenemos que pensar un diseño más amplio", explicó Sofía Heinonen, CEO de Rewilding Argentina, durante el evento de lanzamiento realizado en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
Arcas, corredores y liderazgos locales
Para proteger y restaurar los sistemas fluviales, el proyecto propone crear al menos un "arca" en cada ecosistema: un espacio que contiene toda la biodiversidad posible de esa región y que funciona como fuente desde donde la fauna puede dispersarse hacia nuevos territorios. La estrategia contempla además promover economías locales que puedan coexistir con la naturaleza, como el turismo sustentable, e integra a empresas y propietarios privados de campos dispuestos a aportar refugios intermedios que conecten esas arcas entre sí. El último pilar del diseño consiste en construir y fortalecer liderazgos y esquemas de gobernanza local, un referente para cada arca. "Sentimos una inmensa urgencia por salvar lo que vinimos trabajando durante 25 años, que no se puede sostener si no levantamos la mirada al norte, al camino del agua", remarcó Heinonen, y agregó: "hasta ahora habíamos tenido una visión de ecosistemas, pero ahora vemos que los ríos son los que realmente los conectan, son las arterias de los ecosistemas". Junto a ella participaron representantes de las otras tres organizaciones aliadas: Onçafari, de Brasil; Fundación Moisés Bertoni, de Paraguay; y Nativa, de Bolivia.
Seis ecorregiones y un diagnóstico crítico
Los principales ríos que integran la cuenca del Paraná y que forman parte del proyecto son el Paraná, el Iguazú, el Bermejo, el Pilcomayo y el Paraguay, un mosaico donde convergen seis ecorregiones: mata atlántica, yungas, chiquitanía, bosque chaqueño, pantanal y cerrado. La iniciativa parte de un diagnóstico de tres frentes críticos: la deforestación que hace desaparecer los bosques, el desplome de la fauna silvestre -las poblaciones de vertebrados en América Latina cayeron un 94% desde 1970, la mayor caída de biodiversidad registrada en el mundo, según las organizaciones impulsoras- y ríos asediados por el uso no regulado del agua, la contaminación y las represas que alteran el régimen de crecidas y la conectividad de los ecosistemas.
De Nueva York a Buenos Aires
Antes de su presentación en Buenos Aires, la iniciativa ya había sido lanzada en Nueva York, Londres, Ámsterdam y Curitiba, y próximamente tendrá su presentación en ciudades de Bolivia y Paraguay. Se anticipó además que pronto comenzará a monitorearse de forma permanente el corredor de ríos con cuatro embarcaciones donadas por la marca Rolex. El objetivo a largo plazo es que los animales puedan moverse libremente entre ecosistemas -que la nutria del Pantanal llegue hasta Iberá, o que el yaguareté recorra el camino inverso-, más allá de lo que las organizaciones puedan acelerar trasladando ejemplares en avioneta, con la meta de recuperar más de 20 especies nativas hoy amenazadas y lograr que esa fauna coexista de forma pacífica con las comunidades locales.
Kris Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation, quien junto a su marido -fallecido en 2015- compró y protegió más de 810.000 hectáreas en Argentina y Chile, participó del lanzamiento y remarcó el alcance del proyecto que financia: "tengo 76 años y no voy a vivir para ver cómo todo esto se desarrolla, pero me hace muy feliz porque sé que este equipo va a tener éxito en conservar no solo la naturaleza, sino a los muy olvidados miembros de algunas de las comunidades que viven allí". Sobre el escenario, definió la magnitud de la apuesta: "esto cambia la arquitectura de los últimos 100 años de conservación".
Fecha de Publicación: 29/09/2026
País/Región: América del Sur
Fuentes Consultadas: El País (España), Infobae (Argentina), Ladera Sur, ABC Color (Paraguay)
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