Una transición energética extractivista con conflictos locales

 


Renovables con lógica extractivista: un estudio analiza 15 conflictos por proyectos

Una investigación publicada en Ecological Economics revisó proyectos solares, eólicos, hidroeléctricos y geotérmicos del grupo italiano y concluye que reproducen la lógica de los fósiles a costa de los derechos de las poblaciones locales.

La urgencia de abandonar los combustibles fósiles no garantiza por sí sola una transición justa. Una investigación internacional analizó 15 conflictos sociales en torno a proyectos renovables del grupo italiano Enel. Concluyó que estos emprendimientos reproducen la lógica extractivista de los fósiles y vulneran de forma sistemática las necesidades y formas de vida de las poblaciones locales.
Los casos abarcan centrales solares, eólicas, hidroeléctricas y geotérmicas en Estados Unidos, México, Guatemala, Colombia, Chile, Brasil, la India y el Sahara Occidental. Cinco de esos ocho países y territorios están en América Latina.
El trabajo se publicó en la revista Ecological Economics. Su primera autora es Daniela Del Bene, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), y participaron especialistas de otras universidades de Barcelona y Londres. Mediante un ejercicio de contrainformación y entrevistas, el equipo examinó cada conflicto a partir de los valores y lenguajes de valoración de las comunidades afectadas.

Quién define qué es valor
Enel es una de las mayores eléctricas del mundo y accionista mayoritaria de la española Endesa. La empresa aplica el enfoque de “Creación de Valor Compartido”, que presenta como beneficioso para la empresa y para las poblaciones locales. Para los autores, ese enfoque funciona como una actualización moral de la responsabilidad social empresaria. Las corporaciones definen por su cuenta qué cuenta como valor y dejan afuera los lazos culturales con la tierra, la soberanía alimentaria, la salud y la autonomía sobre los bienes naturales. Además, se apoyan en la autoridad moral de la lucha climática para ocultar o deslegitimar los reclamos locales.
Antonio Bontempi, investigador del ICTA-UAB, señaló que el discurso de la responsabilidad corporativa cambia para acomodarse a las críticas, pero el modo de operar de las transnacionales no. «La idea de “crear valor compartido” es un ejemplo de esta contradicción», sostuvo.

Represas, parques eólicos y desiertos
El estudio organiza los impactos en cinco dimensiones: ambiental, socioeconómica, sanitaria, ontológica y política. En todos los casos aparecen daños sobre la flora y la fauna, a menudo junto a quejas por evaluaciones de impacto ambiental incompletas. En la represa colombiana El Quimbo, según las fuentes relevadas, se inundaron más de 8.000 hectáreas, en gran parte dentro de un área protegida, y más de 30.000 personas resultaron afectadas.
En la región brasileña de Cumaru, donde funcionan parques eólicos de la compañía, vecinos denunciaron enfermedades vinculadas al ruido. También relataron casos de depresión, alcoholismo, migración y suicidio, que asocian a la pérdida de la tierra y de los lazos comunitarios. El trabajo describe una situación similar en el desierto de Thar, en el estado indio de Rajastán. En el Sahara Occidental señala problemas graves por su condición de territorio no autónomo.
A esto se suman desplazamientos forzosos, compensaciones insuficientes, falta de información transparente y asimetrías de poder. Para los autores no es un daño colateral que se resuelva con una reubicación, sino una herida en la dignidad y la identidad de las comunidades.
«La transición energética es urgente, pero no puede construirse sobre el sufrimiento de comunidades», afirmó Del Bene. La investigadora consideró contradictorio abastecer a la minería con hidroelectricidad y llamarla verde cuando las comunidades fueron engañadas y desplazadas, y perdieron sus medios de vida, como ocurrió en Chile.
Roberto Cantoni, de la Universitat Ramon Llull, apuntó que el tipo de daño varía según la tecnología, pero la lógica de fondo es la misma: el vínculo de las comunidades con su territorio queda subordinado al lucro.

Un patrón global
Los autores advierten que no se trata de un caso aislado, sino de un patrón trasladable a los megaproyectos renovables de todo el mundo. En ellos, la urgencia climática sirve para acelerar obras que priorizan la rentabilidad sobre el bienestar territorial. Por eso ponen en duda la voluntad de las grandes corporaciones de cumplir con los estándares de debida diligencia y derechos humanos.
Como salida, proponen una gobernanza energética basada en valores plurales y relacionales. Plantean pasar de la consulta a un poder real de codecisión para las comunidades y hacer evaluaciones de impacto que reconozcan valores espirituales y relacionales, incluso hacia otras especies. También piden repartir los beneficios según decisiones colectivas y apoyar los sistemas energéticos comunitarios.
Para América Latina, donde están la mayoría de los países analizados, las conclusiones reabren una discusión de fondo: cómo acelerar la descarbonización sin que quienes habitan esos territorios vuelvan a quedar fuera de las decisiones.


Fecha de Publicación: 27/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: EFE Verde, Newswise, Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), Ecological Economics

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