Vacíos legales impulsan el tráfico de reptiles y anfibios



El comercio de reptiles y anfibios como mascotas crece por vacíos legales y amenaza a especies


Un análisis publicado en Nature advierte que la escasa regulación internacional permite comercializar especies en peligro crítico, varias de ellas latinoamericanas, en un mercado global de unos 2.500 millones de dólares.

Ranas venenosas de Colombia, iguanas de Galápagos y tortugas de México en peligro crítico forman parte de una vidriera global que mueve unos 2.500 millones de dólares. Un comentario publicado en la revista Nature advierte que el comercio internacional de reptiles y anfibios como mascotas crece al amparo de vacíos legales, escasos controles y penas débiles. Lo firman especialistas de la Wildlife Conservation Society (WCS), de la organización alemana Pro Wildlife y de otras instituciones, que alertan que este comercio empuja a muchas especies hacia la extinción.
Más de la mitad de los reptiles y el 40% de los anfibios que se venden en ese mercado fueron extraídos de la naturaleza. Sin embargo, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) solo regula el 9,5% de las especies de reptiles y el 4,2% de las de anfibios. El contraste es fuerte si se considera que, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), uno de cada cinco reptiles y dos de cada cinco anfibios están amenazados.

El caso español
Un operativo de la Guardia Civil en España ilustra cómo funciona el negocio. En septiembre, los agentes incautaron 209 reptiles en criaderos de Jérica y Sot de Ferrer, en la provincia de Castellón. Entre ellos había iguanas en peligro crítico y especies endémicas de Fiyi, y casi la mitad de los animales estaban protegidos por la CITES. También se secuestraron armas de fuego sin licencia y unos 200 cartuchos. Tres personas fueron detenidas por pertenencia a organización criminal, delitos contra la fauna, contrabando y blanqueo de capitales.
Según las autoridades, la banda capturaba reptiles silvestres en América, África y Asia y los criaba sin permisos. Luego los mezclaba con ejemplares legales en ferias europeas de comercio de fauna, aprovechando la zona gris que rodea la documentación sobre el origen de los animales.

Especies latinoamericanas en la mira
América Latina aporta varios de los casos más preocupantes. La rana venenosa de Lehmann (Oophaga lehmanni), endémica de Colombia y en peligro crítico, está amenazada por el comercio de mascotas. La rana arlequín variable (Atelopus varius), también en peligro crítico, es muy buscada por coleccionistas. Ecuador nunca exportó legalmente iguanas terrestres ni marinas de Galápagos. Aun así, existe un mercado de ejemplares supuestamente “criados en cautividad”, que procede sobre todo de Europa y África, y estas especies siguen siendo objeto de contrabando.
En México, la tortuga de lodo de Vallarta, en peligro crítico y con menos de 300 ejemplares en estado silvestre, aparece en el mercado de mascotas. Y una variedad de Anolis cuvieri, un lagarto de Puerto Rico, llegó a venderse en Alemania por 4.000 euros.

Las grietas del sistema
El principal vacío legal es que, en la mayoría de los países y en la Unión Europea, una especie protegida en su país de origen puede venderse legalmente una vez que salió de su territorio. Así, los traficantes ingresan animales protegidos a Europa, los reproducen y venden la descendencia como criada en cautividad. Lo hacen incluso en Estados Unidos, donde eluden la Ley Lacey. En la UE, además, nadie que venda o tenga fauna silvestre está obligado a demostrar su origen legal. «Las importaciones de fauna silvestre en la UE siguen siendo en gran medida una caja negra», advirtió Sandra Altherr, de Pro Wildlife.
A eso se suman datos escasos, corrupción, falta de recursos y sanciones leves. Menos de la mitad de los países prevén penas máximas de al menos cuatro años por delitos contra la fauna, y quienes son atrapados suelen pagar multas pequeñas. Incluir una especie en la CITES también es lento. Las listas se revisan en reuniones cada tres años y los cambios requieren más de dos tercios de los votos, mientras que muchas especies recién descritas entran al comercio en menos de un año.

Qué proponen
Los autores plantean prohibir la venta de fauna protegida en su país de origen, como hace la Ley Lacey. También proponen adoptar listas positivas que solo permitan como mascotas especies previamente evaluadas. Suman sistemas de registro de todo el comercio, códigos de barras genéticos y facturas digitales. Además, piden tratar los delitos contra la fauna como delitos graves dentro de los tratados de la ONU contra el crimen organizado y la corrupción.
Susan Lieberman, de la WCS, propuso avanzar por etapas: mejorar los controles en el corto plazo, cambiar las leyes en el mediano y lograr un nuevo protocolo internacional y un cambio en los hábitos de consumo en el largo. La UICN, por su parte, acordó en su Congreso Mundial de 2025 crear un grupo de trabajo para elaborar directrices sobre la regulación del comercio de mascotas.


Fecha de Publicación: 28/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal Mongabay, Revista Nature, UICN

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