Grave. Preocupa prueba ilegal de geoingeniería en el mar
Arrojaron 65.000 litros de químicos al mar para frenar el calentamiento global: el experimento que alarma a científicos
Fecha de Publicación: 18/03/2026
Fuente: Portal MeteoRed
País/Región: Internacional
La geoingeniería climática vuelve al centro del debate tras un polémico experimento que liberó miles de litros de sustancias químicas en el océano para capturar carbono.
El cambio climático está empujando a la ciencia a explorar soluciones cada vez más audaces. Algunas de ellas parecen sacadas de la ciencia ficción: modificar la atmósfera, reflejar la luz solar o alterar químicamente el océano para absorber dióxido de carbono. A este conjunto de ideas se lo conoce como geoingeniería, y genera tanta esperanza como preocupación.
En este contexto, un experimento reciente generó una intensa polémica: unos 65.000 litros de productos químicos fueron vertidos en el océano con el objetivo de aumentar la capacidad del agua para absorber dióxido de carbono (CO2). El razonamiento es relativamente simple: si el mar puede capturar más carbono de la atmósfera, podría ayudar a frenar el calentamiento global.
Pero el océano es un sistema extremadamente complejo. Intervenir en su química puede ser comparable a agregar un ingrediente desconocido a una receta gigantesca que alimenta a todo el planeta.
Un antiácido para el océano
Los océanos ya cumplen un rol crucial en el equilibrio climático: absorben cerca de un 25 % del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas. Sin esa función natural, el calentamiento global sería aún más intenso.
El problema es que esta “esponja de carbono” tiene un límite. Cuando el mar absorbe demasiado CO2, el agua se vuelve más ácida, lo que afecta a organismos marinos como corales, moluscos y plancton.
El experimento buscó intervenir en ese proceso. La estrategia consiste en añadir sustancias alcalinas al agua, lo que permitiría aumentar la capacidad del océano para capturar carbono sin incrementar tanto su acidez... algo así como darle un Alka Seltzer al mar.
De acuerdo con los investigadores, no se puso en riesgo a la vida marina... el problema es que el océano no es un estómago de laboratorio, sino un sistema dinámico que regula corrientes, biodiversidad y ciclos químicos globales.
Los riesgos desconocidos de intervenir en el océano
Muchos científicos advierten que este tipo de intervenciones podrían generar efectos en cascada difíciles de prever. Cambiar la química del agua podría alterar comunidades de microorganismos, modificar cadenas alimentarias o afectar procesos biogeoquímicos que sostienen la vida marina.
Además, existe una preocupación creciente: la geoingeniería podría convertirse en una “solución tecnológica tentadora” que reduzca la presión para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Algunos investigadores comparan esta estrategia con tomar analgésicos para una enfermedad grave. El dolor puede disminuir temporalmente, pero el problema de fondo sigue presente.
El debate también es político y ético. Los océanos pertenecen a todos los países y a ninguna nación en particular. Por eso, experimentar con el mar plantea preguntas sobre gobernanza global y regulación internacional.
Entre la urgencia climática y los riesgos planetarios
Este experimento resume uno de los grandes dilemas de la era climática. Por un lado, el planeta necesita reducir rápidamente el dióxido de carbono atmosférico. Por otro lado, intervenir directamente en los sistemas naturales del planeta podría desencadenar efectos que aún no comprendemos completamente.
La geoingeniería se presenta como una posible herramienta de emergencia. Pero muchos expertos coinciden en algo fundamental: ninguna tecnología podrá reemplazar la reducción drástica de emisiones.
En definitiva, modificar el clima del planeta podría ser la intervención más arriesgada que la humanidad haya intentado jamás.
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Tecnócratas que impulsan la peligrosa geoingeniería
Geoingeniería: cuando científicos de Silicon Valley quieren tapar el sol para enfriar la tierra
Fecha de Publicación: 08/04/2025
Fuente: Agencia RFI
País/Región: Internacional - Estados Unidos
La inyección masiva de aerosoles para disminuir la radiación solar y limitar el cambio climático es una técnica impulsada por varias empresas estadounidenses. Sin embargo, aunque parezca futurista, la geoingeniería solar presenta múltiples peligros, advierten científicos.
La propuesta de la Planetary Sunshade Foundation se asemeja a un guión de ciencia ficción. Esta iniciativa privada, con sede en Los Angeles, propone desplegar una gigantesca sombrilla en el espacio para reflejar la luz solar y de esta manera disminuir el efecto invernadero en la Tierra.
Y es que con la aceleración del cambio climático - nuestra trayectoria actual nos llevaría hacia un aumento de 3°C de las temperaturas globales -, los defensores de la geoingeniería solar abogan por alterar la radiación a gran escala, además de reducir nuestro uso de los combustibles fósiles, principal causa del cambio climático.
“La geoingeniería solar o lo que se llama ‘modificación de la radiación solar’ (SRM en inglés) agrupa técnicas que buscan reflejar parte de la radiación solar. O sea que la radiación que llega al planeta se refleje hacia el espacio en orden de reducir el calentamiento global”, explica Alex Godoy Faúndez, profesor asociado en la Universidad del Desarrollo en Chile y miembro comité científico asesor en temáticas de cambio climático del gobierno de Chile.
Los modelos de ingeniería solar proponen “inyectar a nivel estratosférico aerosoles como sulfato o carbonato de calcio o bien con el blanqueamiento de nubes marinas para aumentar el reflejo de la radiación en términos geográficos enormes, como si fuese un espejo”, agrega en entrevista con RFI.
Dicha tecnología, sin embargo, está en fase experimental. Según la plataforma Geoingeneering Monitor, que compila los proyectos de geoingeniería a nivel global, existen actualmente 17 proyectos de geoingeniería solar. El Great Barrier Reef MCB en Australia plantea, por ejemplo, pulverizar gotas de agua de mar para que las partículas de sal aumenten el potencial reflectivo de las nubes, y así limitar el deterioro de los corales bajo el efecto del calor.
“La mayoría de los estudios que existen son modelaciones climáticas en computador. Sin embargo, el interés por este tipo de aproximación ha aumentado entre el año 2015 y 2022, precisamente porque se ha agravado el efecto del cambio climático”, observa Alex Godoy Faúndez.
Rechazo contundente de la comunidad científica
“El problema que existe es un riesgo ético. La posibilidad es que [la geoingeniería solar] se use como excusa para no salir de los combustibles fósiles. Esta preocupación ya lo despertó el IPCC (Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático, GIEC), del cual me tocó ser parte del año 2018”, advierte el investigador chileno.
“Otro aspecto tiene que ver con la inequidad, porque cambiar el balance climático es cambiar los equilibrios energéticos del planeta”, alerta Godoy Faúndez.
“¿Qué pasa si un país unilateralmente decide aplicar un experimento a gran escala que perjudique a muchos países? Los modelos incluso sugieren que una inyección mal calibrada podría alterar desde los monzones africanos asiáticos, afectando la agricultura y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas”, recuerda el especialista.
En el 2022, más de 400 científicos y expertos de 60 países firmaron una carta abierta para solicitar un acuerdo internacional de no uso unilateral de la geoingeniería. “Apostamos por alternativas que hoy son más seguras y efectivas con una transición energética justa, una conservación de los ecosistemas, la promoción y la inversión en tecnologías limpias y apuntar hacia una justicia climática global”, concluye Alex Godoy Faúndez, firmante de dicha carta.
El sueño 'tecnosolucionista' de la Silicon Valley
Bombardear la atmósfera con aerosoles para reducir la radiación solar plantea también serios retos en materia de justicia climática y varias pruebas se han hecho a espaldas de las comunidades locales, advierte por su parte el colectivo ambientalista HOME (Manos fuera del planeta por su abreviatura en inglés).
El proyecto Scopex, financiado por Bill Gates y lanzado en 2019, que consistió en la liberación de carbonato de calcio y sulfato desde un globo a gran altitud para reflejar la luz solar, fue finalmente abandonado el año pasado debido al rechazo de comunidades locales en Suecia. Este caso fue un emblema de la falta de consenso social en torno a la geoingeniería según Silvia Ribeiro, periodista de investigación y asesora de la plataforma HOME, que monitorea los proyectos de geoingeniería en el mundo.
“Lo que impulsa este tipo de arreglos tecnológicos es que cualquier problema que cause el cambio climático no es necesario ir a las causas porque se puede manejar con tecnología y esto es exactamente el tipo de mentalidad de Silicon Valley, o sea, de las grandes empresas tecnológicas que en este momento también son los hombres más ricos del mundo”, constata Silvia Ribeiro.
En México, la startup estadounidense Make Sunset liberó dióxido de azufre en territorio mexicano sin el consentimiento de las autoridades ni de la población local. El cofundador del proyecto, Luke Iseman, un empresario estadounidense, dice haberse inspirado de una novela de ciencia ficción, Termination Schock (William Morrow, 2021), y propone 'créditos de refrigeración' a clientes que buscan compensar sus emisiones de CO2.
Después de la revelación de estos experimentos. El gobierno mexicano declaró la prohibición de la geoingeniería solar en su suelo en virtud del principio precautorio.
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La geoingeniería, lejos todavía de poder ser implementada
Para la crisis climática todavía no hay atajos
Fecha de Publicación: 02/03/2023
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional
Modificar la radiación solar, para contener la crisis climática derivada del calentamiento del planeta, todavía requiere mucha investigación sobre riesgos y beneficios antes de considerar su posible despliegue, advirtió en un nuevo informe el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
Un panel de expertos reunidos por el Pnuma señaló que la Modificación de la Radiación Solar (MRS) -un conjunto de tecnologías experimentales para enfriar la Tierra, que se estudia ante el retraso de la acción climática- aún no está lista para su despliegue a gran escala.
La MRS, concluyó el grupo de expertos, “no puede sustituir la necesidad urgente de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (que calientan la atmósfera) y el compromiso por reducirlas debe seguir siendo la prioridad mundial”.
Andrea Hinwood, directora científica del Pnuma, dijo que “el cambio climático está llevando al mundo a tierras inexploradas, y aún se buscan todas las posibles soluciones viables”.
“Sin embargo, todas las nuevas tecnologías deben ser comprendidas y estudiadas en profundidad, y se deben identificar los posibles riesgos o consecuencias antes de ponerlas en práctica”, apuntó.
Las medidas temporales de emergencia como la MRS se plantean en el discurso científico y público porque los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no están en camino de cumplir con el Acuerdo de París.
Ese pacto de casi todos los países del mundo, adoptado en 2015, prevé esfuerzos globales para reducir las emisiones de modo que la temperatura del planeta no exceda de 1,5 grados centígrados sobre los niveles de la era preindustrial (1850-1900), ni de dos grados al finalizar la centuria.
Mediante la MRS se pretende enfriar la Tierra a corto plazo al reflejar un pequeño porcentaje de la luz solar en el espacio.
Algunos científicos han considerado el uso de pantallas, espejos o partículas de polvo, capaces de bloquear la radiación solar lo suficiente como para mitigar los efectos del calentamiento global.
El reporte del Pnuma reconoce que maduran algunas tecnologías de MRS, como la inyección de aerosoles estratosféricos, y que los experimentos al aire libre se están llevando a cabo activamente.
Pero la revisión realizada por el panel de expertos encuentra problemas críticos no resueltos en su conjunto.
Existen incertidumbres significativas sobre los impactos sociales y ambientales de la MRS, así como sobre su seguridad y viabilidad.
“La MRS no hace frente a las causas del cambio climático, por lo que no solucionará de raíz ni cambiará los impactos que ya estamos experimentando”, indicaron los expertos.
Los impactos de las tecnologías de MRS en los países de ingreso bajo y mediano siguen siendo poco estudiados, a pesar de que a menudo están en la primera línea del cambio climático y enfrentarían los impactos potenciales de las tecnologías de MRS si se desplegaran.
Asimismo, se plantean aspectos adicionales como la gobernanza de los experimentos a pequeña escala al aire libre; el despliegue operativo, el desarrollo tecnológico y la financiación; así como diversos retos éticos y de equidad relacionados con el consentimiento.
“Se ha avanzado mucho en la investigación sobre la MRS y se han logrado importantes avances en la modelización, pero necesitamos muchas más pruebas empíricas sobre los riesgos y las posibles consecuencias antes de exponer nuestra única atmósfera a esas tecnologías”, dijo Hinwood.
Consideró que “el sector privado y las autoridades reguladoras deben abordar las dudas asociadas con estas tecnologías, responder gran parte de las preguntas fundamentales sobre las implicaciones en seguridad, y priorizar el principio de precaución antes de que se contemple modificar la radiación solar”.
Los expertos consideraron que no se justifica el despliegue a corto y medio plazo de la MRS y que sería imprudente utilizarla por el momento. Sin embargo, admiten que esta opinión puede cambiar si la acción climática sigue siendo insuficiente.
Para Hinwood “no hay atajos ni sustitutos a la necesidad de que los países reduzcan drásticamente sus emisiones nocivas y no hay mejor alternativa para nuestra paz, salud y bienestar que un cambio hacia una economía circular, en armonía con la naturaleza”.
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La idea de la geoingeniería en América Latina
Geoingeniería en América Latina: ¿solución o un mayor problema?
Fecha de Publicación: 16/02/2023
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Agencia IPS
«Cada vez hacía más calor”. Así comienza El Ministerio del Futuro, novela de Kim Stanley Robinson publicada en 2020. A diferencia del resto de los trabajos del escritor estadounidense, en los que suele plantear historias en un futuro distante, este libro está ambientado en 2025 y describe las consecuencias realistas del cambio climático que ya están sufriendo muchas personas, como olas de calor intensas y prolongadas, inundaciones y caos político.
Los más recientes escenarios planteados en el Grupo Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) indican que cada vez es más probable que la temperatura de la tierra supere el 1,5°C. El libro describe olas de calor intensas y prolongadas, inundaciones y caos político.
La urgencia de la crisis climática despertó el debate entre científicos y gobiernos sobre métodos para frenar la subida de la temperatura.
Allí aparece la geoingeniería, un término que engloba todos aquellas técnicas diseñadas para modificar el clima y aliviar los efectos del calentamiento global, de acuerdo al glosario del IPCC.
La comunidad científica los divide en dos tipos: remover gases de efecto invernadero de la atmósfera (GGR, en inglés), y gestionar la radiación solar (SRM, en inglés). Allí se incluyen una gran variedad de técnicas, desde pintar una azotea de blanco para reflejar los rayos solares hasta inyectar aerosoles a la estratosfera.
América Latina es una de las regiones con menor desarrollo en este campo. Existen pocos proyectos, y muchos de ellos persiguen intereses comerciales por fuera de la agenda climática. Sin embargo, científicos y organizaciones quieren invertir en investigación para entender las consecuencias de los métodos en el caso de su avance.
“Conforme nos acercamos a los 2 °C de temperatura global, muchos creen que la geoingeniería se convierte en una posibilidad para gestionar algunos de los riesgos del calentamiento global. El debate cambió completamente de no estar en la agenda a estar esencialmente en todas partes”, sostiene Janos Pasztor, director ejecutivo de la iniciativa de gobernanza climática Carnegie (C2G) y una de las personas más involucradas en las discusiones de alto nivel sobre la geoingeniería.
“Si no tenemos reglas claras, cualquiera podría hacer lo que quiera. Es un debate que debe involucrar a todo el mundo. Sin embargo, solo algunos países lo han hecho, aunque sea de manera incipiente”, agrega.
Geoingeniería en América Latina
Según información actualizada del Monitor de Geoingeniería, una iniciativa de la sociedad civil que localiza los proyectos de geoingeniería, en el mundo hay 764 proyectos activos relacionados con la geoingeniería. La mayor parte de estos se concentran en Estados Unidos, Europa y China.
América Latina solo registra 22 proyectos, en siete países y territorios: Brasil, Argentina, México, Chile, Jamaica, Puerto Rico y República Dominicana. De todos los proyectos desarrollados en la región, la mitad están dedicados a la remoción de gases de efecto invernadero. Estas técnicas, como su nombre lo indica, tienen el único objetivo de sacar gases de efecto invernadero de la atmósfera, como el dióxido de carbono (CO2).
Algunas se basan en procesos naturales, como la plantación de bosques. Otras son procesos mixtos, como la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono, la cual cultiva plantas para obtener combustible y energía, capturando el CO2. Otras son puramente tecnológicas, como la captura y almacenamiento de carbono en el aire, que consiste en extraerlo químicamente y concentrarlo.
Todas las técnicas son polémicas en un sentido u otro. Eliminar CO2 de la atmósfera a la escala que se necesita sería probablemente caro y requeriría mucha energía y recursos. Además, su aplicación traería desafíos logísticos.
Para la climatóloga argentina Inés Camilloni, profesora del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet), todavía no existen proyectos grandes de geoingeniería en la región.
“Son técnicas más localizadas, de corto alcance y sin ningún tipo de impacto global”, sostiene.
En América Latina, la mayoría de los proyectos provienen de iniciativas privadas y son de bajo impacto: sirven para remover la producción de gases de una o dos industrias. Tal es el caso del acuerdo entre la empresa Air Liquide y Coca-Coca Femsa en Brasil.
Desde 2012, la primera empresa se comprometió a captar y almacenar CO2 de su producción para carbonatar las gaseosas producidas por la segunda. No existe registro público del volumen captado y almacenado.
Existen también algunos proyectos de mayor escala vinculados a gobiernos y empresas petroleras nacionales o extranjeras, como la empresa Highly Innovative Fuels Global (HIF Global), que desde 2016 inició el desarrollo de plantas eFUEL. La empresa tiene plantas en Chile para producir combustibles sintéticos como el metanol a partir de la combinación de CO2 capturado, agua e hidrógeno.
Reflejar el sol con espejos
La gestión de la radiación solar, el otro enfoque principal de la geoingeniería, es compleja, sostiene Camilloni, cuyo trabajo se centra en el manejo de la radiación solar. Camilloni explica que el objetivo principal es reflejar los rayos solares lejos de la Tierra, pero estas técnicas están aún menos desarrolladas que la eliminación del carbono.
“La más básica es la de pintar superficies de color blanco, que no tiene impactos globales. Como esta hay varias formas terrestres como cubrir el hielo con láminas. También están las no terrestres, como la siembra de nubes en los océanos, la instalación de espejos en niveles altos de la atmósfera, y el más peligroso de todos: la inyección de aerosoles a la estratosfera (SAI, en inglés). También es el más viable para lograr un efecto global”, sugiere.
La SAI surgió en junio 1991, cuando el volcán Pinatubo, en Filipinas, hizo erupción como nunca lo había hecho en la historia. Fue un fenómeno que se estudió por décadas.
En 2005, más de una década después, John Church, investigador del Centro de Investigaciones Marinas y Atmosféricas CSIRO, de Australia, demostró que aquel volcán había detenido momentáneamente el calentamiento atmosférico y oceánico. Al parecer había formado una cortina de humo gigantesca que logró reflejar grandes cantidades de radiación.
Según Andy Parker, director general de Degrees Initiative, una organización con sede en Londres que se dedica a promover la investigación sobre los posibles efectos de la radiación solar en el Sur Global, la SAI puede ser realmente útil.
“Esta es la única forma conocida de detener o revertir rápidamente el aumento de las temperaturas globales si no reducimos nuestras emisiones globales de gases de efecto invernadero”, explica.
“Pero estos métodos también podrían ser muy peligrosos. No conocemos enteramente los efectos de implementar este tipo de tecnología. Puede haber cosas por ahí que los científicos aún no hayan descubierto. Sabemos que si lo hacemos sin moderación o de forma irregular se pueden alterar los patrones climáticos”, agrega Parker.
Parker se refiere a los importantes efectos secundarios que podría traer la radiación solar, como la lluvia ácida, el agotamiento de la capa de ozono o cambios en los patrones meteorológicos.
En América Latina, la Iniciativa Degrees ha financiado dos proyectos de investigación que miden los posibles efectos de la inyección de aerosoles en la estratosfera: uno en Buenos Aires, dirigido por Camilloni, y otro en Jamaica, dirigido por Leonardo Clarke, profesor del departamento de física de la Universidad de las Indias Occidentales.
En general, los reportes publicados hablan de una baja general en las temperaturas, y también, una modificación en los ciclos hídricos.
“En la cuenca de la Plata, nuestros resultados nos indican que puede haber un aumento en las lluvias. ¿Qué quiere decir esto? De implementarse el SAI en el mundo, la Argentina tendrá que ver qué pasa con las represas hidroeléctricas del río Paraná, y los cultivos de la zona”, precisa Camiloni.
Por su parte Clarke, explica que en Jamaica y en el Caribe, según los datos recabados “habría un aumento de lluvias en ciertas partes del año, y más sequías en otras”. Este tipo de conclusiones, según coinciden ambos científicos, son necesarias a la hora de debatir las reglas del juego.
Tensión entre países respecto a la geoingeniería
Pasztor, director ejecutivo de la iniciativa de gobernanza climática Carnegie (C2G), trabaja en diferentes partes del mundo para impulsar la discusión entre representantes de diferentes grupos de negociaciones sobre la geoingeniería. Sin embargo, explica que todavía no muchas personas se animan a definirse al respecto.
“Primero porque no hay nada concreto y segundo porque es un tema que puede generar mucha tensión entre los países que podrían implementar esta tecnología,” sostiene.
C2G está actualmente trabajando con gobiernos y con diferentes grupos de negociación climática como el G77 + China para impulsar la discusión sobre la gobernanza de la geoingeniería.
En América Latina ya han hablado con funcionarios de alto nivel en Argentina, Uruguay, Chile, Colombia. Este año tienen planificadas visitas a Panamá, México, Costa Rica y Brasil.
“Los ministerios de Ambiente nos han asegurado que existe una preocupación seria respecto a los riesgos de la geoingeniería”, explica Pasztor.
El único país de la región que hasta ahora se pronunció públicamente acerca de la geoingeniería fue México a principios de año.
La Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) se pronunciaron en contra de la «experimentación con geoingeniería solar» en el país e implementarán una estrategia para prohibir estas prácticas dentro del territorio nacional.
La decisión se tomó luego de que Making Sunsets, una startup estadounidense fundada en octubre de 2022, realizara un experimento no autorizado el año pasado, enviando globos inyectados con partículas de dióxido de azufre a la atmósfera desde el estado de Baja California. El gobierno sostuvo que el experimento se realizó “sin previo aviso y sin consentimiento”.
“La Semarnat implementará una estrategia que prohíba estas prácticas dentro del territorio nacional, que sirvan para robustecer las primeras referencias a nivel mundial”, informan en un comunicado de prensa.
Para adelante, C2G cree probable que la geoingeniería se discuta en la conferencia de cambio climático COP28 próxima en Emiratos Árabes este año.
“Queremos que los grupos de negociación de América Latina tengan todas las cartas en la mesa”, sostiene Paztor. Esto, según sostiene, podría generar un debate político más profundo en América Latina sobre el rol de la geoingeniería.
En El Ministerio del Futuro, la geoingeniería era una de las principales formas que tenía la humanidad de mitigar el calentamiento global. Sin embargo, ese futuro tuvo un gran costo: millones de personas murieron y miles se convirtieron en refugiados climáticos.
En el mundo real, es necesaria una mayor investigación para evitar los peligros que advierten los científicos.
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Otra propuesta de geoingeniería para asustarse
Científicos proponen extraer polvo lunar y esparcirlo en el espacio para combatir el calentamiento global
Fecha de Publicación: 11/02/2023
Fuente: Agencia DW
País/Región: Internacional
Los autores del nuevo estudio subrayan que este solo explora el impacto potencial de esta estrategia, en lugar de evaluar si estos escenarios son viables desde el punto de vista logístico.
Ya sea una idea original o un signo de desesperación, los científicos propusieron este miércoles (08.02.2023) transportar regularmente polvo lunar a un punto de gravedad entre la Tierra y el Sol para atemperar los estragos del calentamiento global.
Durante décadas se han barajado ideas para filtrar la radiación solar y evitar el sobrecalentamiento de la Tierra, desde pantallas gigantes en el espacio hasta la producción de nubes blancas reflectantes.
¿Fantasiosos planes de geoingeniería?
Pero la persistente incapacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta ha hecho que los otrora fantasiosos planes de geoingeniería pasen a ocupar un lugar central en la política, la inversión y la investigación climáticas.
Bastaría con bloquear entre el 1 % y el 2 % de los rayos solares para reducir la temperatura de la superficie terrestre en uno o dos grados centígrados, aproximadamente la misma cantidad que se ha calentado en el último siglo.
La técnica de radiación solar más utilizada hasta ahora es la inyección permanente de miles de millones de brillantes partículas de azufre en la atmósfera superior.
La llamada inyección de aerosoles estratosféricos sería barata, y los científicos saben que funciona porque las grandes erupciones volcánicas hacen básicamente lo mismo. Cuando el Monte Pinatubo, en Filipinas, explotó en 1991, las temperaturas del hemisferio norte bajaron unos 0,5 ºC durante casi un año.
Pero hay efectos secundarios potenciales graves, como la alteración de los patrones de lluvia de los que dependen millones de personas para cultivar alimentos.
Polvo lunar como escudo solar
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista PLOS Climate explora la posibilidad de utilizar el polvo lunar como escudo solar.
Un equipo de astrónomos aplicó a la Luna de la Tierra los métodos utilizados para seguir la formación de planetas alrededor de estrellas lejanas, un proceso desordenado que levanta grandes cantidades de polvo espacial.
Las simulaciones por ordenador demostraron que situar el polvo lunar en un punto gravitatorio óptimo entre la Tierra y el Sol "bloqueaba una gran cantidad de luz solar con una pequeña cantidad de masa", afirma el autor principal Ben Bromley, profesor de Física de la Universidad de Utah.
Según informa The Guardian, este concepto implicaría la extracción de millones de toneladas de polvo de la Luna y su posterior "eyección balística" a un punto del espacio situado a un kilómetro de la Tierra, donde los granos flotantes bloquearían parcialmente la luz solar entrante.
Los científicos probaron varios escenarios con distintas propiedades y cantidades de partículas en diferentes órbitas, buscando el que arrojara más sombra.
El polvo lunar fue el que mejor funcionó. Las cantidades necesarias, dijeron, requerirían el equivalente de una gran operación minera en la Tierra.
Falta calcular la viabilidad logística
Los autores subrayaron que su estudio estaba diseñado para calcular el impacto potencial, no la viabilidad logística. "No somos expertos en cambio climático ni en cohetería", afirma Benjamin Bromley, coautor del estudio y profesor del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica.
"Solo estábamos explorando diferentes tipos de polvo en una variedad de órbitas para ver lo eficaz que podría ser este enfoque", añadió. "No queremos perdernos un cambio de juego para un problema tan crítico".
Expertos ajenos al estudio elogiaron su metodología, pero dudaron de que funcionara realmente.
"Colocar el polvo lunar en el punto medio de gravedad entre la Tierra y el Sol puede, efectivamente, reflejar el calor", dijo el profesor de la Universidad de Edimburgo Stuart Haszeldine.
"Pero esto es como intentar equilibrar canicas en un balón de fútbol: en una semana la mayor parte del polvo ha salido de su órbita estable".
Para Joanna Haigh, profesora emérita de atmosférica del Imperial College de Londres, el estudio es una distracción.
El principal problema, según ella, "es la sugerencia de que la aplicación de estos planes resolverá la crisis climática, cuando lo único que hace es dar a los contaminadores una excusa para no actuar".
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Otra idea para Geoingeniería. Ahora desde el MIT
Así son las "burbujas espaciales", la nueva idea del MIT para invertir totalmente el cambio climático
Fecha de Publicación: 12/07/2022
Fuente: Xataka
País/Región: Internacional - Estados Unidos
Un grupo de investigadores del prestigioso MIT han desarrollado una singular idea para invertir de forma completa el cambio climático o al menos minimizarlo. La idea se basa en la creación y despliegue de una serie de burbujas hechas de silicio ultrafino. Estas singulares estructuras, a las que denominan "burbujas espaciales" luego se encargarían de ofrecer una especie de protección extra frente al sol.
Geoingeniería. El Senseable City Lab del MIT se ha encargado de desarrollar una idea basada en la geoingeniería, que estos investigadores califican como la que "podría ser nuestra única y última opción". Sin embargo la mayoría de ideas que surgen en esta disciplina están "ligadas a la Tierra, lo que plantea riesgos tremendos a nuestro ecosistema", afirman.
Así que hagamos algo en el espacio. En lugar de plantear soluciones desplegadas en nuestro planeta, la idea del MIT es la de desplegarlas en el espacio. Según sus cálculos, "si desviamos el 1,8% de la radiación solar incidente antes de que llegue a nuestro planeta, podríamos invertir totalmente el calentamiento global actual".
Burbujas protectoras. En 2006 Robert Angel describió la idea por primera vez, y el equipo del MIT ha ido algo más allá evaluando el comportamiento de esas burbujas en condiciones similares a las del espacio exterior.
Una matriz del tamaño de Brasil. Tras ser infladas y desplegadas en el espacio, estas burbujas, fabricadas con una fina película de silicio, irían acercándose para formar una especie de malla circular que llegaría a tener el tamaño de Brasil.
¿Dónde se las ponemos, jefe? Los científicos del MIT indican que esas burbujas deberían ser enviadas al punto L1 de Lagrange, que es la localización exacta en la que la gravedad entre la Tierra y el Sol se cancelan la una a la otra. De ese modo las burbujas podrían flotar sin ser atraídas por estos cuerpos, aunque para evitar la presión de la radiación solar se situarían ligeramente más cerca del Sol.
En teoría esto solucionaría el cambio climático. Por ahora todo es una teoría, pero según el MIT la idea permitiría reducir la radiación solar en un 1,8% e invertir totalmente el cambio climático. Incluso si la reducción fuera menor, el impacto para mitigar los efectos del cambio climático sería también notable.
Todo por hacer. La idea es por el momento eso, y por ejemplo se necesitaría algún tipo de nave capaz de inflar y desplegar allí las burbujas. El equipo seguirá estudiando esta idea y también planteando otras alternativas para enviar esas burbujas, por ejemplo a través de aceleradoras magnéticos.
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Científicos alertan nuevamente sobre la geoingeniería
Grupo de expertos critica proyectos de geoingeniería solar contra cambio climático
Fecha de Publicación: 18/01/2022
Fuente: InfoBae (Argentina)
País/Región: Internacional
Unos 60 científicos pidieron este lunes que no se utilice la geoingeniería solar para enfriar la superficie de la Tierra, un método de lucha contra el cambio climático que estos expertos consideran excesivamente impredecible.
La geoingeniería solar o climática implica la manipulación a gran escala de la atmósfera para provocar cambios que ayuden a frenar el calentamiento del planeta. Concretamente se utiliza la dispersión de billones de partículas de azufre en la capa más exterior de la atmósfera, para aumentar la refracción de los rayos solares.
Los efectos secundarios podrían superar los beneficios, indicó este documento publicado en la revista WIREs Climate Change.
"El despliegue de la geoingeniería solar no puede ser gestionado a nivel mundial de manera justa, inclusiva y eficaz. Pedimos en consecuencia a los gobiernos, a la ONU y a otros actores que adopten medidas políticas inmediatas para impedir la normalización de la geoingeniería solar como opción contra el calentamiento del planeta", explican los expertos.
La temperatura del planeta ya ha aumentado aproximadamente un 1,1 °C desde la era preindustrial, lo que ha provocado un aumento de los fenómenos climáticos extremos, ya sean grandes sequías, inundaciones o tempestades, según los científicos.
La comunidad internacional ha ratificado su compromiso de limitar el aumento de la temperatura media a menos del +2 ºC, preferentemente a +1,5 ºC, aunque los expertos de la ONU estiman que ese umbral de +1,5 °C podría ser superado en 2030.
La historia de los fenómenos naturales como las erupciones volcánicas han demostrado que los gases que llegan a la parte superior de la atmósfera enfrían la temperatura media del planeta. Eso fue lo que sucedió con la gran erupción del volcán Pinatubo en Filipinas en 1991.
Pero una modificación de la atmósfera hecha a propósito podría perturbar el sistema de monzones en el sur de Asia y en el oeste de África, afectando grandes extensiones cultivos y provocar hambrunas, según estudios ya publicados.
Esta tecnología no impediría por otro lado la concentración de CO2 en la atmósfera causada por la actividad humana.
Los firmantes de esta carta pública, entre ellos Aarti Gupta de la universidad holandesa de Wageningen, o el presidente de la Agencia del Medio Ambiente alemana, Dirk Messner, consideran que esta tecnología podría "disuadir a los gobiernos, a las empresas y a las sociedades de hacer todo lo que esté en sus manos para lograr la neutralidad carbono", es decir, el equilibrio entre las emisiones y la retención de gases de efecto invernadero.
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La peligrosa idea de Bill para enfriar el planeta
El sorprendente proyecto para ‘atenuar’ el Sol que respalda Bill Gates
Fecha de Publicación: 25/01/2021
Fuente: El Tiempo
País/Región: Internacional
El principal objetivo de esta investigación es provocar un efecto de enfriamiento global.
Por más absurdo que parezca, el fundador de Microsoft, Bill Gates, buscaría ‘tapar’ el Sol. Para esto está dando respaldo financiero al desarrollo de una tecnología de atenuación solar que reflejaría la luz solar fuera de la atmósfera de la Tierra.
El objetivo sería para frenar los devastadores efectos que el calentamiento global está generando en nuestro planeta.
Este no es el primer proyecto ecológico que apoya el cuarto hombre más rico del mundo, cuyo patrimonio neto es de casi $ 121 mil millones de dolares según ‘Forbes’.
A lo largo de varios años el multimillonario ha adquirido 242.000 acres de tierras de cultivo en Estados Unidos, convirtiéndose así en el propietario de tierras agrícolas privadas más grande de ese país. De acuerdo con ‘The Land Report’, Gates hasta construyó una enorme cartera de tierras agrícolas que abarca 18 estados.
¿Su intención con eso? aportar para que la agricultura estadounidense sea sostenible.
Ahora, su nuevo reto consiste en controlar el aumento de la temperatura de la Tierra, que podría alcanzar un punto crítico de inflexión en 20 o 30 años, según advirtieron expertos.
Por esta razón, si el calentamiento global sigue su ritmo actual, el planeta perdería casi la mitad de capacidad para absorber las emisiones de carbono causadas por el hombre.
¿De qué se trata la investigación para ‘bloquear’ el Sol?
El nuevo proyecto ecológico que el magnate estadounidense está financiado es llevado a cabo por científicos de la Universidad de Harvard y lleva el nombre de ‘Experimento de Perturbación Controlada Estratosférica' (SCoPEx). Este tiene como objetivo provocar un efecto de enfriamiento global con el uso de la geoingeniería solar.
Consistiría en rociar polvo de carbonato de calcio (CaCO 3) no tóxico en la atmósfera, un aerosol que refleja el Sol y que puede contrarrestar los efectos del calentamiento global.
El primer paso de la investigación de SCoPEx se realizará en junio de este año cerca de la ciudad de Kiruna, en Suecia. Allí la Corporación Espacial Sueca lanzará un globo con equipo científico a 20 km de altura.
Este lanzamiento no liberará el polvo de CaCO 3 a la atmósfera, sino que servirá como prueba para maniobrar el globo y examinar las comunicaciones y los sistemas operativos.
Si resulta exitoso, la investigación podría seguir a su segunda etapa experimental para liberar una pequeña cantidad de aerosoles estratosféricos.
¿Por qué es una propuesta controversial?
La investigación generalizada sobre la eficacia de estos métodos se detuvo durante años debido a que opositores y ambientalistas aseguran que la geoingeniería solar conlleva riesgos impredecibles.
Entre estos se encuentran cambios extremos en los patrones climáticos similares a las tendencias de calentamiento que ya se presentan en el mundo.
De igual manera, se teme que un cambio dramático en la estrategia de mitigación sea interpretado como un aval para no cambiar los patrones actuales de consumo y producción y continuar emitiendo gases de efecto invernadero.
¿Es peligroso? Lo cierto es que nadie sabe lo que pasará cuando se libere el polvo de CaCo 3 a la atmósfera y la única forma de saberlo sería llevando a cabo el experimento.
Así lo asegura David Keith, profesor de física aplicada y políticas públicas en la Universidad de Harvard y quien reconoce las “muchas preocupaciones reales” de la geoingeniería.
Keith, en 2017, escribió un artículo que sugiere que esta sustancia en realidad repondría la capa de ozono al reaccionar con moléculas que la destruyen.
“La investigación adicional sobre este y otros métodos similares podría conducir a la reducción de los riesgos y mejorar la eficacia de los métodos de geoingeniería solar”, publicaron Keith y sus colegas científicos de SCoPEx .
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La peligrosa geoingeniería sigue acechando
Fecha de Publicación: 11/09/2019
Fuente: El Diario (España)
País/Región: Internacional
Que los efectos del cambio climático provocarán tensiones entre los países ya nadie lo duda. La sequía y la falta de alimentos han sido causas de guerra desde el principio de los tiempos. Pero tratar de evitar esos efectos también podría ser una fuente de conflictos. Lo único que hace falta es que unas naciones decidan por su cuenta dedicarse a bloquear rayos del sol usando técnicas de geoingeniería. El climatólogo Alan Robock, uno de los autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), dice en declaraciones a eldiario.es que el riesgo de conflicto será especialmente alto si unos países lo hacen sin el consentimiento de otros "que se perciban como perdedores de la geoingeniería solar".
Basada principalmente en dos mecanismos (dificultar la llegada de los rayos esparciendo partículas en la estratosfera o facilitar que los infrarrojos salgan de la atmósfera una vez que rebotan en la tierra), el problema con la geoingeniería solar es que nadie sabe bien qué va a provocar. "Los cambios que genere serán diferentes en cada lugar", explica Robock. "Las lluvias podrían disminuir en las regiones que tienen temporada de monzón, como la India, China, o el Sahel". Otros países como Rusia, dice, podrían preferir las temperaturas un poco más altas "para gastar menos en calefacción y disponer de los recursos del Ártico".
Según Robock, esas diferencias pueden ser muy nefastas incluso si no desatan una guerra. "Si el mundo comienza con la geoingeniería y hay alteraciones en el clima, como sequías en India o inundaciones en China, unos países podrían exigir que se termine con el experimento". El dióxido de carbono (CO2) habría seguido emitiéndose durante el período de geoingeniería, explica, por lo que su retirada abrupta podría desencadenar un calentamiento "mucho más rápido y peligroso que si no hubiéramos hecho nada".
El profesor de Ética Pública y miembro del consejo de Cambio Climático del Gobierno australiano, Clive Hamilton, escribió sobre el tema en un ensayo de 2014: "Los científicos del clima están tan radicalmente divididos por el tema de la geoingeniería como en su día estuvieron los científicos del Proyecto Manhattan por las armas nucleares". Hamilton se dio cuenta de que muchos de los científicos que hoy investigan la geoingeniería solar antes trabajaron en laboratorios de armas nucleares en Estados Unidos. Todo parte de la misma creencia, escribió, la de "que el hombre tiene derecho a un dominio total sobre la naturaleza".
Sin contar con la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera (que puede considerarse como una especie de geoingeniería involuntaria), ya ha habido varias intervenciones humanas para modificar el clima. La más conocida es la experiencia china de contrarrestar la falta de nieve de la meseta tibetana fabricando un humo que se mezcla con las nubes y provoca precipitaciones.
El efecto del experimento chino fue eminentemente local pero varios indicios apuntan a que la geoingeniería solar a gran escala es una posibilidad cada vez más cercana. Los científicos que asesoran al gobierno de EEUU ya pidieron que fondos federales para investigar la tecnología y la Universidad de Harvard abandera el primer programa de investigación para esparcir desde un globo partículas que reflejen los rayos del sol.
Para el experto en geoingeniería solar de la Universidad de Waterloo en Canadá, Juan Moreno-Cruz, antes que preocuparse por la detención abrupta, el riesgo a evitar es seguir con la tecnología para siempre. "La única razón por la que ahora estamos queriendo limitar las emisiones de dióxido de carbono es porque nos está costando algo en términos de inundaciones, sequías o aumentos en el nivel del mar; pero si hacemos geoingeniería y desaparecen todos esos costes, ¿para qué íbamos a dejar de emitir CO2?"
En su opinión, la única forma de deshacernos de los combustibles fósiles y hacer geoingeniería a la vez es vinculando a los dos en la regulación internacional. "Si usted quiere tener un voto en la coalición de países que decide el uso de geoingeniería, usted primero tiene que demostrar que ha hecho mitigación", explica. Tanto para prohibirla como para regularla, el acuerdo internacional parece inevitable. Según Moreno-Cruz, "hay un vacío en términos de regulación en este momento, por lo que sería muy difícil reaccionar hoy si algún país quisiera hacerlo por su cuenta".
Para Ted Parson, profesor de Derecho Medioambiental en la UCLA y coautor del clásico en la materia The Science and Politics of Global Climate Change, hay que empezar a hablar de geoingeniería cuanto antes, tanto para probar sus posibles beneficios y efectos adversos como para regularla. "El cambio climático está empeorando, la primera solución de reducir emisiones, que es claramente la mejor, no está dando vuelta a las cosas con la rapidez necesaria para evitar riesgos muy graves en las próximas décadas y es poco probable, teniendo en cuenta las limitaciones técnicas y los fracasos actuales de la política, que lleguemos con la reducción al nivel mínimo para alcanzar los objetivos del IPCC. Es imposible predecir, pero la alternativa es llegar a fines de siglo a un calentamiento de tres grados centígrados, tal vez cuatro, por encima de la era preindustrial, y eso sería terrible".
Si no para desatar una guerra, la geoingeniería también podría ser un acicate para el autoritarismo, con gobiernos poco democráticos interviniendo sobre el planeta sin consultar a sus ciudadanos. Según Parson, la preocupación es válida pero solucionable: "No creo que a los países democráticos les cueste tanto comenzar con programas de geoingeniería mientras lo hagan de forma gradual, la fuerte oposición que tiene hoy la tecnología refleja el pensamiento de una minoría con una fuerte opinión sobre el tema pero la mayoría no sabe nada del tema".
En su opinión, el camino para llegar a algunos de los objetivos de reducción de emisiones es más preocupante desde el punto de vista del riesgo de autoritarismo. "Cuando leo que para reducir las emisiones un 80% en 15 años lo único que tenemos que hacer es comer menos carne y consumir menos energía... ¿qué país democrático puede pedirle eso a sus ciudadanos? Creo que el autoritarismo es un riesgo serio. Y será mayor cuanto más esperemos y más grave sea el cambio climático", mantiene Parson.
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La espada de Damocles de la ingeniería climática
Ingeniería climática, tema desconocido y riesgoso para la región
Fecha de Publicación: 10/05/2019
Fuente: SciDev
País/Región: Internacional
Aunque algunos gobiernos y empresas apoyan a la geoingeniería como una forma de reducir la temperatura y contrarrestar el cambio climático en las futuras décadas, especialistas latinoamericanos señalan que estas iniciativas pueden vulnerar el futuro de muchos países menos desarrollados, especialmente en un contexto en el que la investigación y las decisiones sobre cómo desarrollar tecnologías en ingeniería climática no son equitativas.
Una de las críticas contra estas técnicas es que detrás de ellas hay una marcada desigualdad entre naciones. En un artículo publicado en International Environmental Agreements, los académicos Frank Biermann e Ina Möller sostienen que “la producción de conocimiento sobre ingeniería climática se mantiene fuertemente dominada por las principales instituciones de investigación en América del Norte y Europa”.
Un ejemplo de esta desigualdad está en la poca participación que los científicos del Sur han tenido en eventos y estudios globales como los que publica el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
De los cuatro reportes que publicó el IPCC entre 1990 y 2007, los especialistas de África y América Latina representaron sólo el 3.1 por ciento de los autores, muy por debajo de los de Europa y Estado Unidos, cuyo porcentaje en conjunto llegó al 37.2 por ciento, hallaron Bierman y Möller. Y la situación no ha variado mucho desde entonces: hay una buena cantidad de países en desarrollo (45 por ciento del total) que nunca han tenido autores en el IPCC.
Esto, según el artículo, propicia que los problemas y los riesgos de los países en desarrollo estén poco representados en los reportes científicos más importantes y que, en consecuencia, tengan poca influencia en la agenda climática global. La ingeniería climática, también conocida como geoingeniería, es un buen ejemplo de esta desigualdad.
La geoingeniería se refiere a cualquier tecnología que reduzca deliberadamente la insolación solar o aumente el secuestro de carbono de la atmósfera a gran escala que pueda afectar a la diversidad. Muchas de ellas no se han investigado lo suficiente y aún se desconoce el tipo de efectos que generarían.
Por eso, aunque algunos gobiernos y empresas apoyan estas técnicas como una forma de reducir la temperatura y contrarrestar el cambio climático en las futuras décadas, especialistas latinoamericanos señalan que pueden vulnerar el futuro de la región.
“En reuniones internacionales, en América Latina, no hay ningún debate sobre la geoingeniería”, dijo a SciDev.Net Elizabeth Bravo, bióloga e investigadora de la organización civil Acción Ecológica. “La desigualdad que yo veo es, por un lado, el desconocimiento que hay sobre el tema y, por otro, las intenciones de llevar a cabo experimentos en la región, con todos los impactos que puede implicar”, agregó.
Para la ambientalista uruguaya Silvia Ribeiro, directora en América Latina del Grupo ETC —organización global que monitorea el impacto de las tecnologías emergentes— los países más interesados en desarrollar estas tecnologías para pruebas experimentales, como Estados Unidos o Rusia, son de los que generan más emisiones.
Por eso, “es una injusticia a nivel geopolítico”, señaló a SciDev.Net. “Es muy injusto que todos los países que sufren las consecuencias del cambio climático tengan que enfrentar, además, las consecuencias de tecnologías de alto riesgo. Lo que tendría que suceder es que los grandes emisores hicieran reducciones del tamaño de la contaminación que han generado”, agregó.
¿Geoingeniería en América Latina?
La técnicas de geoingeniería pueden dividirse en dos grandes grupos: por un lado, las de Manejo de Radiación Solar (MRS), cuyo objetivo es bloquear la luz solar o reducir su reflejo para disminuir así la temperatura de la Tierra, como la inyección de aerosoles estratosféricos o el aumento del albedo en océanos. El albedo es el porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre ella.
Y, por otro lado, existen las tecnologías de Remoción de Gases de Efecto Invernadero (RGEI), como la captura de dióxido de carbono de la atmósfera, la bioingeniería o la aforestación (plantar bosques en donde no los había).
A pesar de que ninguna de estas técnicas se ha implementado formalmente en América Latina, algunos intentos de hacerlo por parte de empresas privadas han alertado a la sociedad civil y a la comunidad científica.
En 2017, la empresa canadiense Oceaneos anunció públicamente sus intenciones de emprender un proyecto de fertilización de océanos en Chile y Perú. En esencia, esta técnica se basa en verter hierro en los océanos para fertilizar el fitoplancton, éste crece aceleradamente y entonces absorbe más CO2. Cuando el fitoplancton muere, se va al fondo del mar. Así, teóricamente, se propicia un aumento en el secuestro de carbono.
Sin embargo, la técnica no toma en cuenta la complejidad del ecosistema marino. “El fitoplancton no se queda en el fondo del mar porque vuelve a subir por efecto de las cadenas alimentarias marinas. Y, por otro lado, el florecimiento de plancton súbito de gran escala produce un gran desequilibrio dentro de esas mismas cadenas y además produce anoxia, falta de oxígeno en las capas intermedias del mar”, explicó Silvia Ribeiro.
De acuerdo con Samuel Leiva, consultor de políticas públicas medioambientales, basado en Chile, el problema con Oceaneos es que no anunció el proyecto como de fertilización de océanos sino como “siembra” (ocean seeding), es decir, para producir más algas y, en consecuencia, más peces. Leiva dice que así Oceaneos busca promocionarse como una compañía altruista que ayuda a países que lo requieren.
“La compañía usa el argumento de generar un beneficio económico directo para las comunidades que dependen de las pesquerías, aprovechando que están en colapso o sobreexplotadas. Puede parecer una buena idea, pero no considera los efectos no deseados, como el crecimiento de algas nocivas para la vida marina y humana”, afirmó el chileno.
En 2007, también hubo un intento para desplegar geoingeniería en Ecuador. “En las islas Galápagos la empresa estadounidense Planktos pretendió arrojar nanopartículas de hierro sobre un área de 10 mil kilómetros cuadrados para generar un boom de algas que aceleren la absorción de CO2” recordó Elizabeth Bravo. Gracias a la organización y la negativa del gobierno y la comunidad científica del Ecuador, lograron detener esta iniciativa y la compañía quebró en 2009.
Sin embargo, el director ejecutivo de Planktos, Russ George, siguió con sus intentos de fertilizar el océano, hasta que lo consiguió en julio de 2012 cuando derramó 100 toneladas de sulfato de hierro en el Océano Pacífico en un remolino de 370 kilómetros al oeste de las islas canadienses de Haida Gwaii.
George convenció a la población indígena de Haida para llevar a cabo el proyecto, con el argumento de que se multiplicaría la producción de salmón y sin decir los potenciales riesgos. Actualmente, las autoridades canadienses siguen investigando el caso.
En otros países, como Argentina, Brasil, México y Venezuela, se han implementado proyectos que buscan modificar el clima, como la siembra de nubes o los cañones antigranizo. Sin embargo, por tener efectos locales, no se toman en cuenta como técnicas de geoingeniería, que se caracterizan por modificar el clima global.
De acuerdo con Leiva, muchos de los involucrados en estos proyectos tienen intereses comerciales más que científicos. “Los experimentos de geoingeniería, para cambiar la atmósfera o los océanos, no provienen del Sur, no son empresas ni universidades nacionales (…) Cualquier proyecto tiene un componente comercial muy importante, por eso son las empresas las que quieren desarrollar ciertas tecnologías, para luego transformarlas en una patente comercial y después venderle esa tecnología a otros países”, explicó.
Hay que explorar los riesgos
Uno de los problemas paralelos a los intentos de desplegar técnicas de geoingeniería son los huecos legales que caracterizan a prácticamente todos los países de la región.
“No tengo conocimiento de que una ley ambiental en ningún país de Latinoamérica se haga cargo de la geoingniería como tal. Sólo Brasil ha desarrollado algunas regulaciones respecto a las estrategias como la siembra de nubes pero no mucho más”, afirmó Leiva.
Los que sí hay, desde 2010, son acuerdos globales que limitan la implementación de técnicas de geoingeniería en el mundo. Ese año, el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) de Naciones Unidas adoptó una moratoria para solicitar a los gobiernos que no permitan ninguna actividad de geoingeniería debido a que se desconocen sus posibles efectos en el clima y en la diversidad biológica, además de que algunas de ellas no han logrado ser eficaces, seguras ni asequibles.
También en 2010 el Protocolo de Londres adoptó una enmienda que prohíbe cualquier actividad que implique la fertilización de los océanos, es decir, usar micronutrientes como el hierro para secuestrar dióxido de carbono (CO2).
Pero aunque estos acuerdos globales existen, tienen un carácter más de recomendación que de prohibición con consecuencias jurídicas. Además, parte del discurso global en cambio climático no descarta el desarrollo de geoingenierías sino que propone explorar sus riesgos. Así lo subrayaron algunos especialistas durante la COP23, que se llevó a cabo en Bonn, Alemania, en 2017.
“Los riesgos del cambio climático son enormes, los riesgos de no hacer nada son enormes; pero los riesgos de la geoingeniería también son enormes. Tenemos que explorar esos riesgos, porque ¿quién sabe?, podemos terminar entrando en un mundo muy riesgoso sin entenderlo (…) Los riesgos de la geoingeniería no se comprenden bien y deben explorarse”, dijo Hugh Hunt, del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Cambridge.
Son pocas, pero ya hay algunas investigaciones basadas en modelos climáticos, que evalúan cómo estas tecnologías podrían afectar de manera negativa a varios países de la región, al modificar sus patrones de lluvias y de temperaturas, lo que impactaría en su agricultura, suministro de agua y energía, y biodiversidad.
Un artículo del 2013, por ejemplo, advierte que las técnicas de Manejo de la Radiación Solar podrían alterar los ciclos hidrológicos globales y que la precipitación en América Latina se reduciría en un 6 por ciento, con mayores efectos en la zona amazónica, América Central y el norte de Sudamérica.
También se ha evaluado qué pasaría si finalmente se implementaran tecnologías como la MRS. “Si se desplegara la inyección de aerosoles en la estratósfera, que es la técnica más considerada, y consiste en imitar una nube volcánica para tapar los rayos del sol, tendrían que seguir haciéndolo por 70 años o más para tener un impacto sobre la disminución de la temperatura”, afirmó Ribeiro.
Pero en el momento en que se interrumpa, aparecería lo que los científicos llaman un ‘shock de terminación’, es decir, una especie de “rebote” de la temperatura. “El cambio climático se pondría otra vez en escena de forma súbita y, por lo tanto, sería mucho más difícil adaptarse; entonces el impacto sobre las especies, las sociedades humanas y la economía sería peor”, explicó Ribeiro.
Existe, además, el riesgo de tipo moral. Según los ambientalistas, estas tecnologías pueden servir de justificación para que los países o empresas que más emiten puedan seguir haciéndolo, porque las compañías que llevan a cabo estas técnicas pueden vender bonos de carbono a otras empresas o individuos que quieren compensar sus emisiones.
En busca de la igualdad entre Norte y Sur
En su análisis, Biermann y Möller proponen una serie de mecanismos para contrarrestar el poder de los países más desarrollados y poner a todas las naciones en condiciones más equitativas para decidir qué tecnologías aplicar y en dónde.
Proponen, por ejemplo, “que las comunidades científicas de los países menos desarrollados busquen un papel más importante en las comunidades epistémicas emergentes en la ingeniería climática”; y que “haya una autoridad reguladora en el sistema de las Naciones Unidas que garantice cierto balance entre el Norte y el Sur”.
También sugieren que se tomen acuerdos multilaterales en función del medio ambiente, en los que todos los países se comprometan; y que los países pobres puedan llevar los casos a la Corte Internacional de Justicia para se garantice la legalidad o ilegalidad de las tecnologías de ingeniería climática.
Aunque estas propuestas son razonables para los especialistas en América Latina, también implican retos. “Todos parecen ir en la dirección correcta pero tenemos que ir más allá. Aquí no hay una fórmula única, todo depende de factores políticos, tecnológicos, económicos”, opinó Leiva.
“Podemos hacer acuerdos multilaterales para asegurar que todos estemos apuntando en el mismo lugar, pero ningún ente tiene la capacidad de obligar a nadie. Esos compromisos se rompen cuando llega un Jair Bolsonaro y retira su oferta de ser parte de la COP25, por ejemplo, o un Donald Trump que tiene una guerra personal contra las políticas de cambio climático”, agregó. “Por eso no basta con la discusión científica, hay que tomar en cuenta comunidades políticas y a la sociedad civil”.
Por otro lado, Silvia Ribeiro opina que si bien debe haber investigación sobre los posibles impactos de las geoingenierías en América Latina, esta no debe ser por imposición. En cambio, considera que los recursos humanos y económicos deben dirigirse a otras formas más sustentables y menos riesgosas de contrarrestar el cambio climático, como la preservación de los ecosistemas, el cambio en los sistemas agroindustriales actuales y, sobre todo, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono.
“Tenemos que restaurar ecosistemas: bosques, turberas y humedales, porque tienen un enorme potencial de captación. Pero sobre todo tiene que haber una reducción significativa de los grandes emisores”, concluyó Ribeiro.
Académicos y ambientalistas coinciden en que los riesgos para los países del sur, especialmente en América Latina, son consecuencia de la falta de investigación y conocimiento en estas técnicas. Por eso apuntan como una necesidad crucial que los países en la región tengan un rol más activo en la construcción del conocimiento de la ingeniería climática, para que se tomen en cuenta sus problemas y prioridades.
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Peligroso experimento para frenar el calentamiento
Fecha de Publicación: 05/04/2017
Fuente: RT
País/Región: Estados Unidos - Internacional
El mayor programa de geoingeniería solar hasta la fecha estudiará la viabilidad y los riesgos de alterar el clima de manera deliberada para frenar el calentamiento global.
Científicos de la Universidad de Harvard (EE.UU.) lanzarán inyecciones de aerosoles a la estratosfera de la Tierra —a 20.000 metros de altitud— para estudiar la viabilidad y los riesgos de alterar el clima de manera deliberada con el fin de frenar el calentamiento global, en el marco del programa de geoingeniería solar más grande del mundo hasta la fecha.
El proyecto, de 20 millones de dólares y sustancialmente financiado por Bill Gates y otras fundaciones, se pondrá en marcha dentro de unas semanas y su objetivo será establecer si la tecnología puede simular con seguridad los efectos de enfriamiento atmosférico provocado por una erupción volcánica. En el pasado, grandes emisiones arrojaron millones de toneladas de dióxido de azufre al cielo y eso contribuyó a disminuir las temperaturas globales en los meses siguientes.
Así, en algún momento del próximo año los profesores David Keith y Frank Keutsch lanzarán un globo capaz de mantenerse a gran altitud, que incluirá una góndola equipada con propulsores y sensores. Tras las pruebas iniciales, ese dispositivo pulverizará materiales como dióxido de azufre, óxido de aluminio o carbonato de calcio y los sensores medirán la reflectividad de las partículas, el grado en que se dispersan o se unen y la forma en que interactúan con otros compuestos de la estratosfera.
Primeros experimentos oficiales
La revista 'MIT Technology Review' indica que serían de los primeros experimentos oficiales de geoingeniería llevados a cabo fuera de un laboratorio controlado o un modelo por ordenador, un hecho que pone de relieve la creciente sensación de urgencia entre los científicos por el cambio climático.
Janos Pasztor, el asesor principal del secretario general de la ONU sobre el Cambio Climático, ha subrayado que los científicos de Harvard solo dispersarán cantidades mínimas de esos compuestos, que se someterán a estrictos controles.
Posibles efectos secundarios
En un video promocional del proyecto, el equipo de Harvard sugiere la reorientación del 1 % de los actuales fondos de mitigación del clima a la investigación de geoingeniería con el argumento de que la Tierra se podría proteger con un escudo solar por 10.000 millones de dólares al año.
Sin embargo, algunos científicos de alto nivel de la ONU temen que esos avances restarían financiación a tecnologías de mitigación ya probadas, como las energías eólica y solar, para otorgársela a otras que podrían provocar desastres no deseados, informa 'The Guardian'.
Kevin Trenberth, autor principal del panel intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, también advierte que "reducir la radiación solar entrante afecta al clima y al ciclo hidrológico", con lo cual "promueve la sequía", genera desestabilización e, incluso, "puede causar guerras", debido a sus "muchos efectos secundarios" y a que los modelos existentes "no son lo suficientemente buenos para predecir los resultados".
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Fertilizar los océanos no fue muy efectivo
Fecha de Publicación: 12/11/2014
Fuente: EP
País/Región: Internacional
La fertilización con hierro en los océanos del hemisferio sur como estrategia para capturar dióxido de carbono y mitigar el cambio climático puede ser menos eficiente de lo esperado, según revela un estudio internacional en el que ha participado la profesora Icrea de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Patrizia Ziveri.
El estudio, publicado en la revista 'Nature Geoscience', revela que los ecosistemas marinos "responden de manera compleja" a la fertilización y reducen la eficiencia del transporte de dióxido de carbono en las profundidades, ha informado este lunes la UAB en un comunicado.
De hecho, los investigadores han descubierto que esta técnica promueve el crecimiento de pequeños organismos con concha que se alimentan del fitoplancton: los organismos producen dióxido de carbono al construir sus conchas calcáreas.
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La geoingeniería quedó fuera del debate
Fecha de Publicación: 04/04/2014
Fuente: Grupo ETC
País/Región: Internacional
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) presentó ayer su 5 Reporte de Evaluación (AR5), en cuyo Resumen para Elaboradores de Políticas no se encuentra ninguna referencia a la geoingeniería, aunque abunda sobre sus efectos negativos en su informe completo.
Publicado después de una semana de negociaciones del Grupo de Trabajo II (WGII, que trabaja sobre las vulnerabilidades humanas y ecológicas frente al cambio climático y las opciones para adaptación), el informe de ahora representa una victoria precaria sobre la creciente presión que sufre el IPCC por parte de los promotores de la geoingeniería y algunos gobiernos —como Rusia, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido— para legitimar la geoingeniería como solución al cambio climático.
La publicación del reporte del WGII también puede interpretarse como un reflejo de la calma que precede a la tormenta, pues la geoingeniería podría regresar a la agenda cuando el Grupo de Trabajo III (WGIII) se reúna en Berlín el próximo mes.
A diferencia del Grupo de Trabajo I (WGI), cuya contribución al AR5 publicada en septiembre pasado incluyó puntos referidos al Manejo de la Radiación Solar (MRS) y las tecnologías para Remoción de Dióxido de Carbono (RDC), el WGII no mencioma la geoingeniería en su Resumen para Elaboradores de Políticas. El resumen mismo tiene mucha influencia porque se negocia lína por línea y es acordado por los gobiernos.
“Es motivante que el Grupo de Trabajo II se haya enfocado en su mandato y no haya caído en distracciones por el remiendo técnico que es la geoingeniería”, afirmó Neth Daño del GRupo ETC desde Yokohama. “El reporte del Grupo de Trabajo I en septiembre hizo pensar a algunos que los gobiernos y el IPCC estaban ofreciendo a los países contaminadores una forma de evadirse de sus compromisos para reducer las emisiones”, agregó.
El Grupo de Trabajo II, sin embargo, en el total de su reporte enfatiza los impactos potencialmente negativos de la geoingeniería. Entre ellos:
-La fertilización oceánica podría dañar las ecologías existentes al extinguir el oxígeno, estimulando florecimientos de algas tóxicas o dispersando patógenos.
-El manejo de la radicación solar podría empeorar la acidificación del océano, ocasionar sequías en ciertas áreas, limitar la eficacia de la generación de energía solar y otras consecuencias de largo alcance sociales y ambientales.
-La geoingeniería representa una “amenaza moral” en el sentido de que podría cambiar el foco de la acción, de la reducción de emisiones a la elaboración de promesas que a fin de cuentas no podrían cumplirse.
-Los esquemas de geoingeniería podrían tener impactos diferidos geográficamente, ocasionar conflictos entre países y regiones, y podrían usarse con propósitos hostiles.
-Las medidas para “retirar” el carbon tal vez sean las más aceptadas socialmente, pero son increíblemente costosas. El optimismo acerca de tales opciones podría invitar a la complacencia respecto de los esfuerzos para la mitigación.
“La geoingeniería es una solución falsa. No ayudará a los afectados por el cambio climático a desarrollar habilidades para adaptarse, y podría empeorar mucho las cosas al alterar los patrones de lluvia, introducir nuevos contaminantes, impactar el uso de la tierra y la agricultura. Tiene el potencial de agravar el sufrimiento de los más afectados por el cambio climático; quienes investigan las estrategias de adaptación tienen razón de estar escépticos,” dijo Neth Daño.
La lucha contra la geoingeinería en el IPCC
En 2011, más de 160 grupos de la sociedad civil de todo el mundo advirtieron que el IPCC en su “Reunión de expertos sobre geoingeniería” (en Lima, Perú) ponía en riesgo al Panel mismo alejándolo de su mandato y distrayéndolo con falsas promesas de los promotores de la geoingeniería.(1)
En Septiembre de 2013, el periódico inglés The Guardian reveló que el WGI del IPCC enfrentó presión de Rusia para incluir una señal de apoyo a la geoingeniería como “solución posible”(2) pero finalmente acordó una declaración en la que indicaba que medidas de geoingeniería “se habían propuesto”. El reporte del WGI citó la “limitada evidencia” para la evaluación de las medidas de geoingeniería.
Algunos observadores vieron referencia explícita a la decifiencia de la información como una forma de abrir la puerta a las pruebas de las técnicas de geoingeinería. Ken Caldeira, uno de los promotores de la geoingeniería vió la inclusión del tema en el reporte del WGI como “un reflejo del creciente interés de los gobiernos en esas propuestas.”(3)
En el resumen del WGI, la referencia a la geoingeniería fue gratuita y fuera de contexto. El mandato del Grupo de Trabajo I es indagar sobre la ciencia del clima, no sobre las soluciones. El reporte no contenía referencia alguna a la energía solar, los automóviles eléctricos, la agroecología u otras formas potenciales de reducción de carbono en la atmósfera.
“Estamos ante un intento deliberado de explotar el alto perfil y la credibilidad de este organismo a fin de crear más apoyo mediático para la ingeniería climática extrema”, como declaró Silvia Ribeiro a The Guardian en septiembre pasado.
¿Batalla en Berlín?
Algunos anticipan una batalla aún mayor sobre la geoingeniería en el Grupo de Trabajo III (WGIII), que se ocupa de los efectos de la mitigación en el cambio climático. El WGIII se reúne en Berlín del 7 al 11 de abril. En esa sesión de negociación, se espera que los defensores de la geoingeniería hagan todo lo posible por lograr un lenguaje más fuerte en pro de la geoingeniería en su Resumen para Elaboradores de Políticas.
Un golpe revés para los defensores de la geoingeniería sería una mención en la Sintesis del Reporte del AR5, un mensaje unificado de las contribuciones de los tres grupos de trabajo, que debe publicarse para final de 2014. El AR5 del IPCC es una influencia muy importante en la política internacional para el cambio climático, que incluye el trabajo de informar al Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
1. Carta Abierta al IPCC sobre la geoingeniería: http://www.nomanipulenlamadretierra.org
2. Martin Lukacs, Suzanne Goldenberg y Adam Vaughan, “Russia urges UN climate report to include geoengineering,” (Rusia urge al panel de la ONU sobre cambio climático a incluir la geoingeniería, en The Guardian, 19 de septiembre de 2013) http://www.theguardian.com
3. Daniel Cressey, “Climate report puts geoengineering in the spotlight,” (Informe sobre el clima pone la geoingeniería en el centro), en Nature News, 02 de octubre de 2013: http://www.nature.com/.
Científicos advierten sobre la geoingeniería
Fecha de Publicación: 14/03/2014
Fuente: Portal noticiasdelaciencia.com
País/Región: Internacional
Liberar a la atmósfera partículas de aerosol que aumenten la reflectividad del planeta ante la luz solar recibida, y luego detener el proceso, podría exacerbar los problemas derivados del cambio climático, según las conclusiones de una nueva investigación.
En concreto, llevar a cabo un proyecto de geoingeniería durante varias décadas y luego detenerlo causaría un aumento bastante súbito de la temperatura. La temperatura absoluta terminaría siendo aproximadamente igual a la que habría existido de no haberse desarrollado el proyecto, pero la velocidad del cambio sería tan drástica, que los ecosistemas y organismos no tendrían tiempo de adaptarse él.
El estudio, llevado a cabo por el equipo de la investigadora Kelly McCusker (ahora en la Universidad de Victoria en Canadá) y David Battisti, de la Universidad de Washington en la ciudad estadounidense de Seattle, se centró específicamente en el método de la regulación de la radiación solar, uno de los métodos de geoingeniería propuestos que consiste en rociar con partículas diminutas de compuestos sulfurosos a la atmósfera superior para reflejar más la luz del Sol. El proceso es similar a lo que ocurre tras las grandes erupciones volcánicas, y muchos expertos creen que la técnica es económica y técnicamente factible. Pero lograr su aplicación continua durante años depende del estado técnico de los equipamientos, de que el financiamiento sea constante, de que no haya trabas burocráticas y además, por supuesto, que no vayan a ocurrir efectos secundarios negativos que no hayan sido previstos y que obliguen a detener la operación.
McCusker y sus colaboradores usaron un modelo climático global para mostrar que si la humanidad sigue emitiendo gases de efecto invernadero siguiendo la misma tendencia actual, hasta el 2035, permitiendo un aumento global de las temperaturas de 1 grado centígrado sobre la media de 1970-1999, y entonces se lleva a cabo la operación de geoingeniería durante 25 años, deteniéndose de repente al término de ese período, las temperaturas globales podrían subir 4 grados centígrados en las siguientes tres décadas, lo que representa una tasa de incremento de más del doble de lo que habría sido en ausencia de la geoingeniería, y que sobrepasa además cualquier tasa de cambio de la que se tenga constancia histórica.
La tasa de cambio prevista para el cambio climático actual, sin intervención de estas técnicas, ya de por sí será altamente perjudicial para muchos organismos, así que si lo incrementamos en un factor de 2 a 3, entonces esos organismos van a enfrentarse a un reto mucho peor para adaptarse o emigrar, tal como argumenta McCusker.
Tengamos en cuenta que no estamos hablando solo de especies animales, sino también de la flora, cuya migración es un proceso mucho más lento, que tarda varias décadas y hasta siglos. La migración de la flora, además de las condiciones climáticas, es afectada además por la calidad de los suelos y el uso de la tierra, que es un factor humano, por lo que depende en primer término de la instauración de especies pioneras, capaces de subsistir ante condiciones menos propicias, que después de instaurarse preparan el terreno para la migración de otras especies. De más está decir que también hay muchas especies animales que dependen de la flora para migrar.
En la investigación también han trabajado Cecilia Bitz, de la Universidad de Washington, y Kyle Armour, ahora en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Estados Unidos.
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Geoingeniería: idea poco feliz, 'recongelar' el Ártico
Fecha de Publicación: 27/12/2012
Fuente: Ecofield
País/Región: Ártico
David Keith, un científico de la Universidad de Harvard, propuso una novedosa solución al deshielo del polo. El objetivo: evitar el calentamiento globalEl geoingeniero y científico medioambiental ha propuesto una alternativa extrema para combatir el calentamiento global: “recongelar” el Ártico. El proyecto costaría alrededor de 8 mil millones de dólares.
La idea es diseminar en el ambiente partículas que reduzcan la cantidad de luz solar que ingresa a la Tierra, señaló Keith en el Nature Climate Change Journal y en Environmental Research Letters.
El científico explicó en un diálogo con TED que su inspiración vino de la naturaleza: en 1991, el monte Pinatubo en las Filipinas tuvo una erupción que lanzó a la atmósfera 15 millones de toneladas de dióxido de azufre, bajando durante dos años la temperatura en la zona.
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Geoingeniería con fertilización oceánica en Canadá
Fecha de Publicación: 01/11/2012
Fuente: La Jornada
País/Región: Internacional
Aunque existe una moratoria internacional contra la geoingeniería, los promotores de la manipulación climática no muestran escrúpulos para avanzar sus objetivos, aunque sea ilegalmente y abusando de comunidades indígenas.Un caso de fertilización oceánica a gran escala (una de las técnicas de geoingeniería) realizado recientemente afuera de las costas de Canadá, ha levantado una marea de protestas nacionales e internacionales, llegando hasta la India, a las recientes sesiones del Convenio de Diversidad Biológica que justamente tenía en su agenda el tema de la geoingeniería.
Detrás del proyecto está un conocido cuatrero de la geoingeniería: Russ George, ex director de Planktos Inc, empresa que quebró después de la instalación de la moratoria contra fertilización oceánica en Naciones Unidas. George intentó hacer este tipo de vertidos antes en las islas Galápagos y Canarias, pero fue detenido.
Esta vez, Russ George, renacido como jefe científico del proyecto, realizó un vertido de más de 100 toneladas de partículas de sulfato de hierro a 200 millas de Haida Gwaii, llamado antes Queen Charlotte Islands, en el Pacífico canadiense. Para lograrlo, presentó el proyecto a una aldea de la nación indígena Haida, como recuperación del salmón, alegando que el crecimiento de plancton aumentaría la pesca y la economía de la empobrecida comunidad. Además, les auguró cuantiosos ingresos por la venta de créditos de carbono. Un colega suyo, John Disney, que antes tenía una empresa de créditos de carbono, le ayudó a entrar a la comunidad, porque aunque no es indígena, es oficial de desarrollo del consejo comunitario.
Con estas promesas, sin informarles de las moratorias existentes en Naciones Unidas, y pese a la polémica y divisiones que surgieron en la comunidad por el tema de créditos de carbono, formaron la empresa Haida Salmon Restoration Corporation (HSRC), donde la comunidad es accionaria y es quien aparece ahora como responsable del vertido. Para financiar el proyecto, la empresa recibió más de un millón de dólares de fondos de un fideicomiso para desarrollo de los Haida, y asumió un préstamo de otros 2.5 millones de dólares, dinero que usaron Disney y George para contaminar el mar con este vertido. Así, la eventual bancarrota de este nuevo emprendimiento de estos cuatreros y las deudas que queden, serán cargadas a esta comunidad indígena.
Luego de conocer los hechos, el consejo de la nación Haida emitió un comunicado condenando el proyecto.
George recibió también apoyo de instituciones oficiales de Estados Unidos y Canadá, con sofisticados equipos para realizar y monitorear las actividades. Por tanto, ambos gobiernos contribuyeron a la violación de las regulaciones internacionales, aunque ante el escándalo, alegan que no tenían conocimiento del proyecto en totalidad.
La fertilización oceánica se basa en la teoría de que si se agrega hierro o urea en ciertas zonas del mar, se provoca un aumento súbito de plancton, lo cual absorbe carbono de la atmósfera y luego lo lleva al fondo del mar. Esta teoría llevó a la creación de empresas que pretendían usar el método para obtener créditos de carbono y comerciarlos. Planktos, la más conocida, vendía indulgencias de carbono a cualquier persona, que luego introducir sus datos en una calculadora de carbono en la página electrónica de la empresa –según tamaño de familia, tipo de vivienda, automóvil, etcétera– se le informaba la suma que debía pagar a Planktos para que la empresa echara al mar la cantidad de hierro equivalente a su deuda.
Planktos trató de realizar un vertido a gran escala en 2007 en los mares de las islas Galápagos, pero Ecuador reaccionó a tiempo para impedirlo, y esto fue determinante para que el convenio de Londres (sobre vertidos y contaminación en los mares) llamara a tener extrema precaución con la fertilización oceánica por sus graves impactos potenciales. Posteriormente, el convenio de diversidad biológica (CDB) fijó una moratoria contra la fertilización oceánica, exceptuando experimentos de pequeña escala, solamente para investigación científica y que en ningún caso pueden recibir créditos de carbono. En 2010 extendió la moratoria a la mayoría de las propuestas de geoingeniería, tanto marinas como terrestres y de manejo de la radiación solar.
Existen numerosos estudios científicos que muestran que la fertilización oceánica produce un aumento súbito de plancton, pero esto lleva a un desequilibrio de la cadena alimentaria marina, además de otros efectos graves como falta de oxígeno en las capas más profundas del mar, produciendo muerte de la vida en esos estratos, crecimiento de algas tóxicas y otros. Además, la absorción de carbono no es permanente, ya que vuelve a la superficie a través de la cadena alimentaria.
El vertido realizado ahora en Haida Gwaii cubre más de 10 mil kilómetros cuadrados, por lo que científicos marinos han expresado su alarma y repulsa por el proyecto. Los impactos, afirman, se verán en los próximos meses y años.
Canadá, como firmante de los convenios internacionales que establecen la moratoria contra fertilización oceánica y geoingeniería, deberá dar cuenta ante ellos. En las negociaciones del CBD en India, Canadá obstruyó activamente que se tomaran nuevas medidas para prevenir el uso de la manipulación climática, por ejemplo, que se limitara la investigación solamente a laboratorio. ¿Le bastará con 10 mil kilómetros cuadrados de contaminación marina?
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