El cambio climático podría liberar el mercurio del pasado

 


El mercurio que emitimos hace siglos sigue circulando y el cambio climático podría liberarlo

Un artículo publicado en la revista Science advierte que el 60% del mercurio que hoy circula en la atmósfera es herencia de actividades humanas pasadas, y que el deshielo, los incendios y el calentamiento del océano podrían aumentar su presencia en los peces.

El mercurio que la humanidad liberó durante siglos no desapareció. Sigue circulando entre el aire, los suelos, los ríos y los océanos, y el cambio climático podría volver a ponerlo en movimiento. Esa es la advertencia de un artículo de perspectiva publicado en la revista Science por los investigadores Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-López. Ambos trabajan en el Instituto de Química Física Blas Cabrera, que depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España.
Los autores recuerdan que el mercurio no se degrada. Su eliminación definitiva ocurre recién cuando queda enterrado en los sedimentos del fondo marino, un proceso que puede demorar unos mil años. Mientras tanto, pasa de un ambiente a otro una y otra vez.

Una herencia de siglos
Las cifras muestran el peso de ese legado. Del mercurio que hoy circula en la atmósfera, solo el 30% proviene de emisiones humanas actuales y alrededor del 10% tiene origen natural, como los volcanes. El 60% restante es mercurio heredado de actividades pasadas: la minería, la quema de carbón y la industria.
La historia de ese metal se remonta a la Antigüedad. Hace más de 2.000 años, Roma ya extraía cinabrio en Almadén, en España, una mina que llegó a producir un tercio del mercurio mundial hasta su cierre en 2002. Más tarde, el mercurio se usó de manera masiva en la extracción de plata en América y en la fiebre del oro de California.
Hoy, según datos de las Naciones Unidas, la minería artesanal y de pequeña escala de oro genera alrededor del 40% de las emisiones humanas de mercurio, una actividad con fuerte presencia en América Latina. En la Amazonía, los niveles de mercurio en habitantes de varias comunidades indígenas ya superan los límites internacionales de seguridad.

Cómo lo moviliza el clima
El artículo identifica varios mecanismos por los cuales el calentamiento global puede liberar ese mercurio acumulado. Los incendios forestales lo desprenden de la vegetación y los suelos. Las sequías y los cambios en los vientos y las lluvias alteran los lugares donde se deposita. El calentamiento del océano modifica su intercambio entre el agua y el aire.
Pero el mayor riesgo, según los autores, está en el Ártico. Los suelos helados de esa región, explicó Feinberg, “contienen muchas veces más mercurio que todo el océano”. “Uno de los mayores riesgos del cambio climático es el deshielo de estos suelos”, advirtió el investigador.

Del agua al plato
El problema central es la forma en que el mercurio llega a las personas. Algunos microbios del agua lo transforman en metilmercurio, una forma orgánica mucho más tóxica que afecta al sistema nervioso y es especialmente peligrosa durante el embarazo y la primera infancia. El agua más cálida y las zonas oceánicas con poco oxígeno, que se están expandiendo, favorecen esa transformación.
El metilmercurio se acumula a lo largo de la cadena alimentaria y se concentra en cada eslabón, desde el plancton hasta grandes depredadores como el atún y el pez espada. Por eso, el consumo de pescado es la principal vía de exposición para la mayoría de las personas. Si el clima favorece una mayor transferencia de mercurio desde la tierra al océano, advierten los autores, aumentará el riesgo de acumulación en los peces.
La Organización Mundial de la Salud incluye al mercurio entre las diez sustancias químicas más preocupantes para la salud pública. El caso más emblemático de sus efectos se identificó en 1956 en Minamata, Japón, donde el metilmercurio vertido en la bahía causó daños neurológicos graves e incluso muertes.

Más allá de recortar emisiones
Ese antecedente dio nombre al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, adoptado en 2013 bajo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Gracias a esas políticas, las concentraciones de mercurio en el aire bajan en Europa y América del Norte desde los años noventa.
Sin embargo, los autores advierten que reducir las emisiones podría no alcanzar si el planeta empieza a liberar el mercurio que ya acumuló. A medida que bajen las emisiones actuales, el peso relativo del mercurio heredado será cada vez mayor. El efecto neto del cambio climático todavía es incierto: algunos procesos liberan mercurio y otros, como una mayor absorción por las plantas, podrían retenerlo.
Por eso proponen sostener durante décadas redes globales de medición del mercurio en el aire, el agua y los suelos, especialmente en el Ártico y en los trópicos. También plantean desarrollar modelos que integren su ciclo completo.


Fecha de Publicación: 12/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal Gizmodol, Agencia SINC, Science (CSIC), Organización Mundial de la Salud

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