Golfo de México: la vida marina no se recupera del derrame

 


A 16 años del derrame de BP, la fauna profunda del Golfo de México no logra recuperarse

Un estudio publicado en PNAS detectó caídas cercanas al 60% en peces, crustáceos y cefalópodos de aguas profundas tras el accidente de la Deepwater Horizon, sin señales de recuperación sostenida.

Más de dieciséis años después de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, la vida en las aguas profundas del Golfo de México sigue sin reponerse. Un estudio publicado en la revista PNAS comprobó que las poblaciones de peces, crustáceos y cefalópodos de la zona cayeron en promedio un 60% tras el accidente. Muchas especies todavía no recuperaron su número.
La investigación fue dirigida por Tracey Sutton, oceanógrafo biológico de la Universidad Nova Southeastern, en Florida, junto con científicos de la Universidad Internacional de Florida (FIU). Sutton describió «declives súbitos, severos y persistentes en la abundancia» de la fauna marina, sostenidos durante más de una década.

Un colapso sin precedentes
El equipo combinó más de 2.000 muestras de redes de arrastre a distintas profundidades, relevamientos acústicos con sonar y análisis genéticos. Entre 2011 y 2015, los peces disminuyeron un 63,5%. Los macrocrustáceos, entre ellos camarones y krill, bajaron un 62%, y los cefalópodos, como pulpos y calamares, un 59,7%. Dentro de esos grupos, el krill cayó un 72,8%, los peces linterna un 62,9% y los gonostomátidos, conocidos como bocas de cerda, un 69%. Según los autores, el derrumbe superó cualquier descenso registrado en aguas similares en los 60 años previos. Un relevamiento en 2023 confirmó que muchas poblaciones no lograron una recuperación sostenida.
Estas especies habitan la llamada capa de dispersión profunda, una franja de entre 180 y 1.500 metros de profundidad que abarca más del 90% del volumen del Golfo. Sus integrantes suben y bajan cientos de metros cada día. Ese movimiento funciona como una bomba biológica clave para el secuestro de carbono en el océano profundo. Los grupos que más cayeron son, además, los de mayor importancia ecológica en mar abierto.
Los investigadores descartaron cambios en la temperatura del agua, el oxígeno o la disponibilidad de alimento, ya que ninguna de esas variables acompañó el descenso. El estudio no establece una causalidad directa, pero señala al derrame y a las tareas de respuesta como la explicación más plausible. Para los autores, el Golfo entró en un estado sostenido de baja abundancia que cumple los criterios de un cambio de régimen ecológico.

El rastro del petróleo
La explosión ocurrió en abril de 2010, a unos 80 kilómetros de la costa de Luisiana. Mató a 11 personas e hirió a otras 17. Durante los 87 días que llevó sellar el pozo se liberaron unos 507 millones de litros de crudo, el mayor derrame marino de la historia. También se inyectaron cerca de 770.000 galones de dispersantes químicos junto a la boca del pozo.
Esos productos fragmentaron el petróleo en gotas más pequeñas que quedaron a mayor profundidad. Así, los hidrocarburos aromáticos policíclicos llegaron a la fauna de aguas medias y profundas. Seis años después, los científicos hallaron niveles elevados de estos compuestos en huevos de peces de profundidad y en tejidos de cefalópodos, con graves daños en la reproducción. El crudo residual, aun en dosis no letales, podría además haber alterado las señales químicas que usan peces damisela y rayas para encontrar pareja.
La mortandad masiva y el daño a huevos y larvas también redujeron la diversidad genética. En tres especies de peces linterna se detectó endogamia entre los sobrevivientes, una pérdida que los autores consideraron notable por su velocidad. «La diversidad genética es la póliza de seguro de la naturaleza», resumió Heather Bracken-Grissom, investigadora de FIU. Su colega Pedro A. Peres advirtió que incluso especies abundantes y extendidas, que no se consideraban vulnerables, pueden cambiar mucho sin que nadie lo note si no hay monitoreo.

México, sin compensaciones
Paul Takahashi, vocero de BP, aseguró que la compañía nunca olvidará a las 11 víctimas y que destinó más de 69.000 millones de dólares a la recuperación del Golfo. En 2015, la petrolera aceptó pagar 18.700 millones en multas e indemnizaciones tras las demandas del Departamento de Justicia de Estados Unidos y de cuatro estados.
Del otro lado del Golfo, el panorama es distinto. Las comunidades costeras de México no habían recibido compensación alguna hasta 2020 y siguen esperando, mientras BP niega que el petróleo haya llegado a aguas mexicanas. Los estados de Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo intentaron reclamar por costos de respuesta, contaminación y pérdida de turismo. Pero en 2015 la Corte Suprema de Estados Unidos se negó a revisar el fallo que les cerró el camino, que sostenía que los bienes afectados pertenecen al gobierno federal mexicano.
Para una región que comparte ese mar, el estudio deja una advertencia: los daños de un derrame en aguas profundas pueden prolongarse más allá de una década y media, y su recuperación sigue siendo incierta.


Fecha de Publicación
: 27/10/2026
País/Región: Estados Unidos - México
Fuentes Consultadas: Portal EcoNews, Portal ScienceAlert, Florida International University, Corte Suprema de Estados Unidos

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