Los alimentos llegan a su precio más alto en 4 años
Los precios mundiales de los alimentos alcanzan su nivel más alto en casi cuatro años, por guerras y clima
El Índice de Precios de los Alimentos de la FAO subió a 136 puntos en septiembre, un 5,8% más que hace un año, afectado por las guerras en Ucrania e Irán y por los impactos climáticos, entre ellos un fenómeno de El Niño que ya amenaza las cosechas de arroz en Asia.
El índice de precios de los alimentos subió 1,5% en septiembre, hasta los 136 puntos, un 5,8% más que hace un año, impulsado por las disrupciones en el estrecho de Ormuz y el mar Negro y por los shocks climáticos, según los datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Las guerras en Ucrania e Irán y las sequías están detrás de buena parte de este salto: el maíz subió 5,6%, el azúcar 6,1% y el trigo 6,3%. "Estamos viendo una acumulación persistente y cada vez más generalizada de los precios de los productos básicos, ya que las disrupciones en el estrecho de Ormuz y el mar Negro se combinan con los shocks climáticos, presionando la energía, el transporte y los productos alimentarios clave. Si se mantienen, estas presiones se trasladarán pronto a los precios al consumidor, especialmente en los países dependientes de las importaciones de alimentos y energía", declaró el economista jefe de la FAO, Máximo Torero.
Los cereales, en el centro de la suba
El índice de precios de los cereales subió 5,1% respecto de agosto, y se ubicó 17,2% por encima de su nivel de septiembre de 2025. Los precios mundiales del trigo aumentaron 6,3% por las limitaciones logísticas en el mar Negro y la sequía en partes de América del Norte antes de la siembra, mientras que los del maíz subieron 5,6% por las preocupaciones sobre los rendimientos en Estados Unidos, la menor disponibilidad exportable de Brasil y las disrupciones en el comercio del mar Negro. La incertidumbre sobre el transporte a través del estrecho de Ormuz dio un apoyo adicional a los precios de las materias primas para biocombustibles, como el maíz.
El Niño empuja al azúcar y amenaza al arroz asiático
El índice de precios de los aceites vegetales subió 0,9% por el aumento de los precios mundiales del aceite de palma, asociado a la fuerte demanda de importaciones y a las preocupaciones sobre el impacto de la sequía en el sudeste asiático. El índice de precios de la carne cayó 1,1%, mientras que el de los lácteos bajó 0,1%. El índice de precios del azúcar subió 6,1%, impulsado por las expectativas de una oferta mundial más ajustada en la temporada 2026/27, en un contexto en el que el fortalecimiento de El Niño ya amenaza las cosechas de arroz en el sur y el sudeste de Asia, donde los rendimientos suelen ubicarse entre un 1,0% y un 1,5% por debajo de su tendencia esperada durante este tipo de eventos.
Menos cereales, pero la segunda cosecha más grande de la historia
En su nuevo informe sobre la oferta y la demanda de cereales, la FAO pronostica que la producción mundial caerá 2,1% en 2026 respecto de 2025, hasta 2.979 millones de toneladas, lo que de todos modos seguiría representando la segunda mayor cosecha registrada, solo por detrás del nivel del año pasado. El comercio mundial de cereales, en cambio, se prevé que disminuya 3,5% desde el nivel récord de 2025/26, hasta 505,8 millones de toneladas, debido en gran medida a las restricciones en las rutas marítimas del mar Negro. El Sistema de Información sobre los Mercados Agrícolas, alojado por la FAO, señaló en su boletín mensual que las elevadas tarifas de flete, los mercados de fertilizantes más firmes y las continuas disrupciones logísticas contribuyen a un entorno de mercado más incierto.
Fecha de Publicación: 05/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: ONU, Agencia Prensa Latina, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
Indonesia bajo fuego y los orangutanes pagan el precio
El Niño enciende Indonesia y los orangutanes pagan el precio
Los incendios forestales que arrasan Borneo y Sumatra, potenciados por El Niño, ya afectan a hábitats donde vive más de la mitad de la población de orangutanes de Borneo, una especie en peligro crítico de extinción, mientras la crisis sanitaria y política se profundiza en todo el país.
Los incendios forestales que han arrasado los extensos bosques tropicales de la parte indonesia de Borneo aumentaron la presión sobre los orangutanes de Borneo, una especie en peligro crítico de extinción, informó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Indonesia lleva semanas combatiendo incendios en distintas zonas de Borneo y Sumatra, que generaron una densa y asfixiante nube de humo sobre las islas y también sobre los vecinos Malasia y Singapur. La contaminación ya tuvo consecuencias directas sobre la población: el Ministerio de Salud informó que los casos de enfermedades respiratorias superaron los 170.000 en las provincias de Sumatra y Borneo afectadas por el humo, y otras estimaciones calculan que la crisis afecta en total a unos 40 millones de personas. El fenómeno de El Niño favoreció las condiciones secas, pero los expertos apuntan también a factores humanos, como la tala y quema para despejar terrenos y décadas de degradación forestal. En las turberas, drenadas en muchas zonas para destinarlas al cultivo, el fuego puede arder lentamente bajo la superficie y reavivarse durante días, lo que complica enormemente las labores de extinción.
Más de la mitad de los orangutanes, en la zona de fuego
Los incendios están activos en hábitats que albergan al 52% de la población de orangutanes de Borneo, incluidas 13 de las 20 mayores poblaciones que aún sobreviven, indicó la UICN. "La exposición al fuego y al humo provoca efectos fisiológicos, conductuales y ecológicos cuantificables en los orangutanes que viven en hábitats de bosques de turbera", señaló la organización. Durante los episodios de humo, los animales muestran signos de descomposición de grasas pese a comer más y descansar durante más tiempo, lo que sugiere un aumento de sus necesidades energéticas, probablemente porque su sistema inmunitario se ve obligado a trabajar más intensamente. También se registraron incendios en los hábitats de cinco especies de gibones en Sumatra y Borneo: "los gibones respiran el mismo aire cargado de humo que las personas que viven junto a ellos, y hay razones de sobra para pensar que sufren daños respiratorios similares, además de la pérdida de hábitat y de las alteraciones en los comportamientos que permiten la viabilidad de las poblaciones silvestres", agregó la red de conservación. Hasta el martes anterior a la publicación de este reporte, Indonesia había rescatado a 100 animales amenazados por los incendios, entre ellos 53 orangutanes, según un portavoz del Ministerio de Silvicultura.
Un reclamo por medidas de fondo
Los conservacionistas piden a las autoridades que vayan más allá de la respuesta de emergencia y adopten medidas de prevención estructurales. "La respuesta de emergencia debe ir seguida de una inversión sostenida para prevenir futuros incendios", afirmó Ronna Saab, del Foro para la Conservación del Orangután de Indonesia (FORINA), quien detalló que esas medidas deben incluir proteger y rehumedecer las turberas, abordar el drenaje y la deforestación, y garantizar que los bosques quemados queden protegidos frente a cambios de uso del suelo y sean restaurados adecuadamente. El Gobierno desplegó bomberos y voluntarios en las zonas afectadas y recurrió a la siembra de nubes y descargas de agua desde el aire, aunque con resultados limitados. Las autoridades también revocaron los permisos de cinco empresas acusadas de haber contribuido a los incendios y suspendieron los de varias decenas más, en el epicentro mundial de la industria del aceite de palma.
Una agencia que vuelve, con escepticismo
A fines de septiembre, y tras peticiones de activistas y agrupaciones civiles, el presidente Prabowo Subianto ordenó la reinstauración de la agencia gubernamental encargada de gestionar los ecosistemas de turberas y manglares y de prevenir incendios, 21 meses después de haber cerrado el organismo. Indonesia ya había creado una agencia similar tras los incendios de 2015, que arrasaron más de dos millones de hectáreas y causaron pérdidas estimadas en 16.100 millones de dólares según el Banco Mundial, pero su mandato expiró en 2024 y no fue renovado. La nueva agencia generó escepticismo entre organizaciones ambientalistas: "lo importante es garantizar que su mandato responda al problema de la gestión de las turberas y no se limite a crear una nueva estructura", advirtió Putra Saptian, de la ONG Pantau Gambut. Timer Manurung, presidente de esa misma organización, cuestionó además "errores graves" de la gestión de Prabowo, como el recorte del presupuesto destinado al manejo de estos desastres y la falta de coordinación para la atención de las turberas. Desde Greenpeace Indonesia, la campañista forestal Belgis Habiba pidió al Gobierno declarar el estado de desastre "lo antes posible, porque el número de víctimas está aumentando y la duración podría continuar aumentando".
Casi 900.000 hectáreas quemadas
Según cifras oficiales, más de 202.000 hectáreas ardieron en todo el país entre enero y julio, un 69% más que en el mismo período del año anterior. El proyecto Nusantara Atlas, que utiliza monitoreo satelital, calcula que casi 896.000 hectáreas habían ardido hasta fines de agosto. Según datos de la ONG Pantau Gambut, en los primeros ocho meses del año se detectaron más de 212.000 focos de incendio en turberas indonesias, más del doble que durante el intenso episodio de El Niño de 2015.
Fecha de Publicación: 05/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia DW, Agencia EFE
Movilización contra Syngenta
Ciudadanos de zonas fumigadas alzan la voz contra la empresa Syngenta
El sábado 3 de octubre, organizaciones de Francia, Argentina, Kenia y otros países se movilizaron contra las grandes empresas agroquímicas, denunciando lo que describen como "colonización química": la exportación desde países desarrollados hacia el Sur global de pesticidas que incluyen moléculas prohibidas en sus propios territorios.
El sábado 3 de octubre, en una jornada internacional de acción contra los plaguicidas, agricultores y activistas de todo el mundo se movilizaron para denunciar los productos que venden las grandes empresas agroquímicas, que según afirman dañan su salud y destruyen el medioambiente. "Los plaguicidas se fabrican en Francia y se exportan al Sur Global por empresas que saben perfectamente que contienen moléculas prohibidas aquí. Están ganando dinero, no cumplen con las regulaciones francesas y desafían los derechos humanos", afirmó Fleur Breteau, fundadora de Cancer Colère, una de las cuatro organizaciones francesas que organizaron la campaña. A ellas se sumaron agricultores y organizaciones de todo el mundo -desde Pakistán hasta Argentina- que comparten lo que Breteau describe como "colonización química". "Nosotros, los agricultores, debemos unirnos ante el colonialismo químico de estas poderosísimas empresas agroquímicas", dijo Breteau, que atraviesa un segundo episodio de cáncer de mama.
La preocupación sanitaria en Argentina
En Argentina, Agustín Brun, activista de Exaltación Salud -un grupo que lucha contra el uso de pesticidas químicos en Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires, un pueblo rodeado de campos de soja y maíz-, coincidió con ese diagnóstico. "La Unión Europea y China, grandes compradores de nuestros granos, exportan plaguicidas -algunos de los cuales están prohibidos en sus propios países- mientras importan productos básicos a un precio más barato sin tener que enfrentar los costos socioambientales y los problemas de salud que genera la contaminación por plaguicidas en sus territorios", estimó Brun, y agregó: "en otras palabras, esos países están externalizando sus problemas". Según el activista, los países desarrollados "extraen" productos agrícolas de Argentina que benefician principalmente a grandes empresas farmacéuticas y agroquímicas como Bayer-Monsanto o Syngenta. "En mi pueblo hemos encontrado varias moléculas de agroquímicos, incluida la atrazina, en el suelo, el agua y muestras de sangre humana. Hay una alta tasa de cáncer y otras enfermedades crónicas, más elevada en Exaltación de la Cruz que en las ciudades cercanas", relató. Según Brun, un estudio de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario encontró que los habitantes de municipios fumigados con pesticidas tienen 2,5 veces más probabilidades de enfermarse y morir de cáncer que en otras ciudades argentinas. "Lo sentimos en nuestros propios cuerpos, ¿sabés? Varios miembros de nuestro grupo murieron de cáncer", dijo.
La atrazina, en el centro del reclamo
Existen pruebas científicas que relacionan la atrazina con el cáncer: los científicos la describen como disruptor endocrino, con efectos neurotóxicos, teratogénicos y genotóxicos, además de daño hepático y renal. Según Brun, la atrazina fue desarrollada originalmente por Syngenta, uno de los cuatro gigantes mundiales del sector de semillas y pesticidas junto con BASF, Bayer y Corteva, y también uno de los mayores proveedores de plaguicidas en Argentina. La sustancia está prohibida en 60 países, incluida toda la Unión Europea. En 2019, una avioneta roció ilegalmente plaguicidas sobre una escuela cercana a Exaltación de la Cruz. "Los niños y el personal de la escuela resultaron intoxicados y sufrieron daños a la salud", recordó Brun. Tras ese episodio se introdujo una prohibición de fumigación aérea en todo el municipio -no en la provincia-, aunque la organización viene reclamando esa medida desde 2012.
Una movilización en al menos siete países
Exaltación Salud fue una de las organizaciones que participó de la protesta global, con acciones previstas también en Costa Rica, Pakistán, Hawái, Estados Unidos, Bélgica, Indonesia y Kenia. "Nos hemos dado cuenta de que la ira es saludable. Y nos ha llevado a unirnos y a aunar fuerzas. Somos millones y tenemos razón para estar enojados", declaró Breteau. En Francia, la protesta central se realizó frente a una planta de fabricación de plaguicidas de Syngenta en Saint-Pierre-la-Garenne, a unos 100 kilómetros al noroeste de París, con agricultores, pacientes con cáncer, víctimas de contaminación por plaguicidas, trabajadores de la salud, investigadores y abogados. "Cuatro gigantes de la industria de fabricación de pesticidas y semillas -BASF, Bayer, Corteva y Syngenta- han formado una especie de oligopolio en el que ejercen un poder inmenso a nivel mundial. Están patentando organismos vivos y haciendo que los agricultores dependan de sus pesticidas, semillas y tecnología para cultivar alimentos", denunció Breteau. Syngenta fue adquirida en 2017 por la estatal china ChemChina, subsidiaria de Sinochem Holdings.
La respuesta de Syngenta
La empresa declaró a RFI que los agricultores deben poder contar con una diversidad de soluciones y tecnologías para enfrentar los desafíos interrelacionados de la producción agrícola, el cambio climático y la seguridad alimentaria. "Respetamos plenamente el derecho a reunirse y protestar. Sin embargo, organizar una protesta en las instalaciones de Saint-Pierre-la-Garenne parece infundado dada la realidad de sus operaciones actuales: el 70% de la producción actual de las instalaciones es apta para su uso en la agricultura orgánica", dijo un portavoz de la compañía.
La mirada desde Kenia
En Kenia, Susan Owiti, de la Liga de Campesinos de Kenia -una organización que agrupa a unos 5.000 campesinos en transición hacia la agroecología-, señaló que la mayoría de los plaguicidas usados en el país están prohibidos en el Reino Unido. "Quien te alimenta, te controla. La soberanía alimentaria consiste en tomar el control y la propiedad sobre lo que cultivás. Por eso, al volcar sus productos prohibidos sobre nosotros, el Sur Global, quieren tomar el control de nuestros sistemas alimentarios", afirmó. Owiti, pequeña agricultora de Migori, en el oeste de Kenia, describió su propia práctica: "la agricultura agroecológica ha sido una tradición familiar desde que tengo memoria. Utilizo mis propias semillas, preparo mi propio abono y elaboro mis propios pesticidas basándome en los conocimientos que me transmitieron mi abuela y nuestros mayores. No dependemos de las empresas agroquímicas". Según Owiti, los pesticidas que venden las grandes agroquímicas degradan el suelo, afectan la salud de los agricultores y sus familias, y los atrapan en un ciclo de deudas: "como necesitan los pesticidas para las semillas que compran a estas empresas, los agricultores se ven obligados a pedir dinero prestado a los bancos para pagar los préstamos a las empresas de pesticidas". También relató haber visto a muchas mujeres -la mayoría de los agricultores en Kenia- con enfermedades de piel y pulmonares por no usar equipo de protección al manipular pesticidas, y pidió que el Gobierno ponga en práctica la Estrategia Nacional de Agroecología para la Transformación del Sistema Alimentario 2024-2033, lanzada por el Ministerio de Agricultura en 2024.
Una batalla también política
Breteau acusó además a los legisladores de estar bajo la influencia de los gigantes agroquímicos: "hoy se ha cruzado la línea roja y se ha pisoteado la ética. Los legisladores, en su mayoría del centro a la extrema derecha, están poniendo en duda la evidencia científica que relaciona algunos plaguicidas con las enfermedades que causan. Se están aprobando leyes que reintroducen plaguicidas que antes estaban prohibidos debido a su toxicidad para la salud humana". Breteau se dio a conocer en julio de 2025 cuando gritó desde la tribuna del público, durante el debate del proyecto de ley Duplomb -que incluía el levantamiento de restricciones a plaguicidas como el acetamiprid-, que los legisladores estaban coludidos con el cáncer. En octubre, el Parlamento Europeo examinará un paquete legislativo de simplificación sobre seguridad alimentaria que, según Breteau, "autorizará más del 90% de los plaguicidas que se encuentran actualmente en circulación, incluso si los estudios científicos demuestran que son tóxicos", sin posibilidad de retirarlos del mercado después, aunque se compruebe su toxicidad.
Fecha de Publicación: 05/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia RFI
El agujero de ozono creció pero su recuperación sigue
El agujero de ozono creció este año: por qué eso no significa que la capa dejó de recuperarse
El agujero de ozono sobre la Antártida superó los 25 millones de kilómetros cuadrados a mediados de septiembre, unos 5 millones por encima del promedio histórico y más que todo el máximo de 2025. Pero los científicos de Copernicus y la NASA explican por qué esa expansión no contradice la recuperación de largo plazo de la capa de ozono.
Cada primavera austral se abre sobre la Antártida una zona con muy poco ozono en la estratósfera. Este año llegó con fuerza: según el Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus, el agujero superó los 15 millones de kilómetros cuadrados -más que la superficie de la propia Antártida- a fines de agosto, un poco antes que el promedio y de forma similar a 2025. Durante la primera quincena de septiembre, su área aumentó bruscamente hasta unos 25 millones de kilómetros cuadrados el día 12, alrededor de 5 millones por encima del promedio para ese período. Los datos independientes de la NASA, obtenidos con otros satélites, confirmaron el salto: 25,77 millones de kilómetros cuadrados el 10 de septiembre, frente a una media histórica de 17,85 millones para ese día. La cifra ya supera el pico de todo 2025, cuando el agujero había alcanzado su máxima extensión el 9 de septiembre con 22,86 millones de kilómetros cuadrados.
El contraste con un año alentador
El salto llama la atención porque 2025 había sido un año esperanzador: según la NASA y la NOAA, aquel agujero fue el quinto más pequeño desde 1992, el año en que el Protocolo de Montreal empezó a tener efecto, y Copernicus había informado que se cerró el 1 de diciembre, el cierre más temprano desde 2019. Frente a esta nueva expansión, la pregunta surge sola: ¿se frenó la recuperación? La respuesta de los datos es que no.
Más ancho, pero no más profundo
Para entender por qué, conviene aclarar qué se mide. La NASA explica que el área del agujero es la región encerrada por una línea de 220 unidades Dobson de ozono total, un valor elegido porque nunca se habían observado registros tan bajos sobre la Antártida antes de 1979. El área indica cuánto se extiende la zona empobrecida, pero no cuánto ozono falta en su interior. El mecanismo que abre el agujero depende en gran medida de la temperatura: según Copernicus, el frío intenso permite que se formen nubes estratosféricas polares, que activan la destrucción química del ozono a través de compuestos halogenados cuando vuelve la luz solar en primavera. Este año, el crecimiento rápido coincidió con una caída repentina de la temperatura mínima a unos 20 kilómetros de altura sobre el polo sur. Condiciones más frías, explica la NASA, dan como resultado un área mayor y valores más bajos de ozono en el centro del agujero. Aquí está la clave: según el CAMS, otros indicadores, como el valor mínimo de ozono dentro del agujero y el déficit de masa de ozono, se mantuvieron cerca del promedio. Es decir, el agujero se estiró, pero no se hizo más hondo, algo así como un charco que se desparrama sobre el piso sin que haya caído más agua. "La evolución del agujero de ozono antártico puede variar considerablemente de un año a otro, en función de diversos factores atmosféricos y químicos", señaló Laurence Rouil, directora del CAMS en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, quien remarcó que ningún indicador aislado cuenta la historia completa.
Variabilidad anual, tendencia de largo plazo
El área del agujero es, además, una medida sensible a factores que cambian de un año a otro: la temperatura de la estratósfera, los vientos, la fuerza del vórtice polar y la circulación atmosférica provocan variaciones importantes en su tamaño y duración. Un año frío en la estratósfera puede producir un agujero amplio aunque la cantidad de cloro y bromo en la atmósfera siga bajando de forma sostenida. Por eso los especialistas miran tendencias y no años aislados: la Organización Meteorológica Mundial destacó que la aparición cada vez más tardía del agujero fue identificada como un indicio sólido de la recuperación inicial, mientras que Copernicus señala una tendencia de largo plazo hacia la disminución de su área. Y aunque el agujero de 2026 es grande para los últimos años, no se trata de un récord: el máximo histórico se registró el 25 de septiembre de 2006, cuando alcanzó 29,5 millones de kilómetros cuadrados.
Qué sigue
El agujero suele alcanzar su máxima extensión entre mediados de septiembre y mediados de octubre; después, a medida que la estratósfera se templa, el vórtice polar se debilita y la destrucción de ozono comienza a frenarse, hasta que hacia fines de diciembre los niveles vuelven a la normalidad. La fecha de cierre de este año será otro indicador importante a seguir, mientras que hacia fin de año está prevista la Evaluación Científica 2026, que permitirá actualizar las proyecciones sobre la recuperación de la capa de ozono a largo plazo.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed, Gizmodo en Español (España), Copernicus / NASA / Organización Meteorológica Mundial
León XIV pide superar el modelo consumista
León XIV pide superar el modelo consumista para preservar los recursos del planeta
El Papa recibió en el Vaticano a una delegación del Grupo Hera, la empresa italiana de servicios ambientales que gestiona los residuos de la Santa Sede, y llamó a abandonar la cultura del descarte para avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los recursos limitados del planeta.
León XIV pidió este jueves "superar el modelo consumista" y avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los bienes limitados del planeta, durante una audiencia en el Vaticano con una delegación del Grupo Hera, conglomerado empresarial italiano dedicado a los servicios medioambientales, la gestión de residuos, el ciclo integral del agua y la energía. "El desafío ecológico de nuestro tiempo es, en efecto, más urgente que nunca", aseguró el pontífice, quien advirtió que, por un lado, se asiste a "un consumo incontrolado de los recursos" y, por otro, la gestión y eliminación de enormes cantidades de residuos "se vuelve cada vez más problemática".
Un llamado a cambiar de conducta
Ante esta situación, León XIV llamó a dejar de considerar cada objeto utilizado "como si fuera un simple desecho" y animó a "seguir otro camino". "Se trata, en esencia, de superar el modelo consumista y avanzar hacia un sistema productivo capaz de preservar los bienes limitados de nuestro planeta", afirmó. El pontífice subrayó además que, como cristianos, "no podemos resignarnos a aceptar la cultura del despilfarro", sino que están llamados a "hacer un uso sabio de la creación". "A la cultura del despilfarro se le puede oponer con éxito la cultura del cuidado", sostuvo, un concepto que extendió más allá de los objetos para abarcar también el trabajo humano.
El ejemplo puesto en práctica dentro del propio Vaticano
El Papa destacó que la actividad de Hera en materia de reciclaje demuestra que es posible avanzar en esta dirección, y puso como ejemplo el trabajo que la empresa realiza dentro del propio territorio vaticano. La colaboración entre el Vaticano y Hera se formalizó a principios de 2024 con un contrato para el tratamiento de residuos urbanos, y se intensificó durante el Jubileo de 2025, cuando las filiales Herambiente y Aliplast desplegaron un sistema especial de reciclaje de plástico PET en la Plaza de San Pedro y los Museos Vaticanos. Tras asumir la gestión medioambiental integral a fines de ese año, la alianza se consolidó este 2026 con la incorporación de una flota de vehículos 100% eléctricos de alta capacidad para la recolección ecológica dentro del territorio vaticano; en abril, además, la empresa había donado al Estado de la Ciudad del Vaticano un camión totalmente eléctrico, con una autonomía de 60 kilómetros, destinado específicamente a la recolección de residuos.
La continuidad con Francisco
Durante el encuentro, León XIV recordó las enseñanzas de su predecesor, el papa Francisco, y su defensa del reciclaje y la producción circular como una vía para garantizar a las generaciones futuras un ambiente sostenible. El pontífice cerró el encuentro con un pedido de coherencia institucional: "es importante dar ejemplo de coherencia: que la Iglesia sea la primera en poner en práctica aquello mismo que anuncia. A través de nuestra sinergia podremos hacer cada vez más bella y acogedora la casa de todos", concluyó.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Diario Infobae (Argentina), ACI Prensa (Perú), Diario El Comercio (Perú)
1 de cada 4 europeos supera el umbral seguro de PFAS
¿Por qué preocupan tanto las PFAS, los denominados "químicos eternos"?
Un estudio exploratorio con 110 voluntarios europeos encontró que uno de cada cuatro supera el valor de referencia sanitario para PFAS de cadena larga, mientras que el TFA -una de estas sustancias de cadena ultracorta- apareció en el 100% de las muestras con los niveles más altos jamás registrados en este tipo de estudios.
Uno de cada cuatro europeos analizados supera el umbral recomendado de PFAS, un grupo muy amplio de sustancias químicas sintéticas, conocidas como perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, que apenas se degradan en la naturaleza y se acumulan en los seres vivos y en el cuerpo humano. Se trata de miles de compuestos artificiales -con estimaciones que van de unos 4.000 a más de 10.000- utilizados durante décadas en numerosos sectores por propiedades muy concretas: repelen el agua, la grasa y la suciedad, resisten el calor y son muy estables químicamente, de ahí su apodo de "químicos eternos".
Lo que encontró el estudio
El trabajo analizó la presencia de nueve PFAS en sangre de 110 voluntarios residentes en Europa, con una edad media de 40 años, en un rango de entre 12 y 78 años, a partir de muestras tomadas durante el verano de 2026. De ese total, 27 participantes -uno de cada cuatro- superaban el valor de referencia sanitario establecido con base en los criterios de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria para la suma de cuatro PFAS de cadena larga. En el 1% de la muestra con las concentraciones más elevadas, los niveles llegaron a multiplicar por 2,6 ese valor de referencia. Los autores aclaran que superar ese umbral no implica que el riesgo de sufrir efectos adversos aumente en la misma proporción, ya que el valor utilizado se deriva de la ingesta semanal tolerable fijada por la EFSA, y remarcan además que su muestra no era representativa de toda la población europea, por lo que debe leerse como una señal de exposición y no como una radiografía definitiva del continente.
Un dato que llamó la atención de los propios investigadores
Uno de los hallazgos más destacados fue la presencia de ácido trifluoroacético, o TFA, un PFAS de cadena ultracorta, en el 100% de los participantes. El TFA representó alrededor del 80% de la masa total de los seis PFAS detectados en el estudio y, según los propios autores, sus niveles fueron los más altos registrados hasta ahora en los estudios de biomonitorización humana que analizaron como referencia. Los investigadores consideran que las concentraciones observadas probablemente reflejan una exposición frecuente a esta sustancia en la vida cotidiana. Sin embargo, actualmente no existe un valor de referencia basado en la concentración de TFA en sangre que permita determinar con precisión si los niveles detectados implican un riesgo concreto para la salud.
Efectos adversos asociados y una generación más reciente
Según diversos estudios publicados en los últimos años, la exposición a PFAS se asocia con efectos adversos sobre el hígado, el sistema inmunitario, el sistema endocrino, la fertilidad y la tiroides, además de riesgos como obesidad, problemas reproductivos, alteraciones del desarrollo, menor respuesta a las vacunas y diversos tipos de cáncer. En julio de este año, un equipo internacional liderado por dos investigadores del Centro Nacional francés para la Investigación Científica identificó, en un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters, efectos neurológicos "no documentados hasta ahora" en ratones y pájaros, como cambios de comportamiento y potenciales consecuencias para el desarrollo cognitivo embrionario, asociados a una nueva generación de PFAS. En el caso específico del TFA, una investigación reciente en células endoteliales humanas -las que recubren el interior de los vasos sanguíneos- encontró que esta sustancia puede interferir con la glucólisis, el proceso mediante el cual esas células producen energía, lo que podría afectar su capacidad de mantener y generar nuevos vasos sanguíneos.
Dónde están y cómo se regulan
Estas sustancias se utilizan en una amplia variedad de productos y procesos: aparecen en utensilios de cocina antiadherentes, envases alimentarios, textiles impermeables, cosméticos, productos de limpieza, lubricantes, pesticidas, espumas contra incendios, componentes electrónicos, piezas de automoción, semiconductores, tuberías, refinerías y materiales desechables para comida. La preocupación no se limita a su presencia en productos de consumo: esas sustancias terminan dispersándose en el ambiente y entrando en la cadena de exposición humana, y se han detectado en sangre, agua potable, aguas superficiales y subterráneas, suelos, frutas, verduras, pescado, cereales y envases alimentarios. El propio TFA, presentado como un derivado o producto de degradación de otros PFAS y de ciertos gases fluorados, tiene presencia destacada tanto en agua como en muestras biológicas. Frente a este panorama, la EFSA recomendó este verano reducir los niveles de exposición permitidos de TFA en los alimentos: tras revisar la evidencia científica más reciente, sus expertos propusieron rebajar 3,5 veces el índice diario aceptable, hasta situarlo en 0,014 miligramos por kilo de peso corporal. En paralelo, el nuevo reglamento europeo para envases y residuos de embalajes, vigente desde el 12 de agosto, incluye nuevos límites para estas sustancias químicas en los envases que están en contacto con alimentos.
Fecha de Publicación: 03/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Chemical & Engineering News (Estados Unidos), Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)
Las secuelas de la sequía siguen calentando el planeta
Las secuelas de la sequía calientan el planeta y las lluvias posteriores no lo compensan
Un estudio publicado en Nature Communications, con participación del CSIC y el CREAF, encontró que los efectos de una sequía sobre la temperatura persisten incluso un año después de haber terminado, y que las lluvias posteriores no alcanzan a revertir ese calentamiento adicional, con la Amazonía entre las regiones más vulnerables.
Las secuelas de la sequía pueden persistir incluso un año después de que haya pasado, una situación que las lluvias posteriores no consiguen compensar y que contribuye a intensificar el calentamiento global. Es la conclusión de un estudio realizado a escala mundial y publicado en la revista científica Nature Communications, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, ambos de España.
Un desequilibrio entre lo que se pierde y lo que se recupera
Los resultados muestran que, si el suelo sigue perdiendo humedad a lo largo del año posterior a una sequía, la temperatura aumenta más de lo que disminuye cuando ese mismo suelo recupera la cantidad de agua que había perdido. En concreto, cuando el suelo pierde una determinada cantidad de agua, la temperatura sube 0,13°C, pero cuando recupera esa misma cantidad de agua, la temperatura baja solo 0,06°C: un desequilibrio que deja un saldo neto de calentamiento aun cuando las lluvias posteriores logren restituir el agua perdida. Esto se debe, en parte, a que las plantas no se recuperan al mismo ritmo que el agua del suelo: después de una sequía pueden haber acumulado daños en los tejidos vegetales, y su capacidad de transpirar y absorber dióxido de carbono tarda en reactivarse, lo que reduce el efecto de enfriamiento que normalmente aporta la vegetación y aumenta el calentamiento del planeta.
La Amazonía, entre las zonas más vulnerables
Este efecto prolongado de la sequía se observó en más del 60% de la superficie terrestre, aunque los datos indican que las zonas más afectadas se ubican en Norteamérica, el este de China, África subsahariana y el oeste de la Amazonía. "La Amazonía actúa como el aire acondicionado de todo el planeta gracias a la ingente cantidad de agua que transpira a la atmósfera", explicó el investigador del CSIC en el CREAF Josep Peñuelas. Según detalló, cuando una sequía extrema hace caer la humedad en el oeste de esa selva, los árboles reducen su transpiración, y el ecosistema "no solo deja de enfriar el mundo, sino que frena su función vital como gran sumidero de carbono, acercando el ecosistema a puntos críticos de no retorno".
Cómo se llegó a estas conclusiones
Para sacar estas conclusiones, el equipo analizó datos climáticos y de humedad del suelo desde 1980 hasta 2024. Esa información fue combinada con 17 modelos del sistema terrestre, que simulan las interacciones entre la atmósfera, el suelo, la vegetación y otros componentes del ciclo climático, con el objetivo de identificar específicamente el efecto de una sequía un año después de ocurrida sobre la temperatura, la vegetación, la transpiración y la capacidad de absorción de carbono. El hallazgo se suma a una línea de investigación que el mismo equipo viene desarrollando desde hace años sobre la relación entre sequías, vegetación y clima, y refuerza la idea de que los efectos de estos eventos extremos no terminan cuando cesa la falta de lluvia, sino que pueden proyectarse en el tiempo con consecuencias directas sobre el calentamiento global.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Descargar el Artículo en la Revista Nature
Casi el 40% del mundo respiró ozono en niveles nocivos
Casi el 40% de la población mundial estuvo expuesta a niveles nocivos de ozono en 2026
Un nuevo análisis de Copernicus reveló que el calor extremo y la contaminación de origen humano combinados expusieron a casi el 40% de la población mundial a niveles peligrosos de ozono troposférico durante los primeros ocho meses de 2026, mientras el humo de incendios y el polvo del desierto siguieron cruzando fronteras y continentes enteros.
El calor extremo y la contaminación atmosférica de origen humano se combinaron en 2026 para exponer a casi el 40% de la población mundial a niveles peligrosos de ozono troposférico, un contaminante secundario del que se habla poco pero que resulta nocivo para la salud humana, los ecosistemas y el rendimiento de los cultivos. Así lo revela Atmosphere Watch, un nuevo análisis global publicado por el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus, gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio en nombre de la Comisión Europea. El estudio combina millones de observaciones satelitales, de redes terrestres y de aeronaves con un sistema global de predicción de la contaminación, y ofrece una instantánea de la contaminación transfronteriza -ozono, humo de incendios y polvo del desierto- durante los primeros ocho meses del año. "Atmosphere Watch demuestra que la contaminación atmosférica no conoce fronteras. El humo de los incendios forestales, el ozono y el polvo pueden recorrer miles de kilómetros, afectando a comunidades muy alejadas de su origen", señaló Florian Pappenberger, director general del centro europeo.
Cómo se forma y por qué es tan difícil de controlar
El ozono troposférico se genera cuando contaminantes precursores -óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles provenientes del transporte, la industria, los solventes domésticos, la vegetación y los incendios- reaccionan bajo la luz solar en condiciones meteorológicas favorables, como las grandes olas de calor. Pese a la menor conciencia pública sobre este contaminante, solo el 5% de la población mundial estuvo expuesta este año a niveles considerados "buenos" según las directrices de la Organización Mundial de la Salud. Asia resultó la región más afectada: el 60% de su población estuvo expuesta a niveles extremadamente altos de ozono, una cifra que trepa al 90% si se suman los niveles "deficientes" y "muy deficientes". En Europa, pese a las mejoras logradas en las últimas décadas en otros contaminantes gracias a la Directiva europea de calidad del aire, el ozono sigue siendo un desafío particularmente complejo: el 50% de la población del continente estuvo expuesta este año a niveles "deficientes", "muy deficientes" o "extremadamente deficientes", con las repetidas olas de calor del verano como principal motor. En América del Norte, más de dos tercios de la población sufrió una exposición calificada como "mala" o peor, en parte por los precursores liberados por los incendios forestales extremos de 2026. Sudamérica, en cambio, registró niveles particularmente bajos: el 81% de su población estuvo expuesta a niveles "buenos" o "aceptables". Laurence Rouil, directora del servicio de Copernicus, remarcó que "la contaminación por ozono es un claro recordatorio de lo interconectados que están nuestra atmósfera, nuestro clima, nuestra salud y nuestros medios de vida".
Humo y polvo que cruzan océanos
Otro rasgo definitorio de 2026 fue cómo la contaminación atravesó fronteras y continentes enteros. En julio, durante la Copa del Mundo de la FIFA, el humo de intensos incendios forestales en los Territorios del Noroeste y en Ontario, Canadá, generó plumas que recorrieron miles de kilómetros hacia el Atlántico y provocaron avisos sanitarios de calidad del aire en ciudades como Nueva York y Nueva Jersey, apenas días antes de la final. Parte de ese humo cruzó el Atlántico y llegó hasta Europa, donde contribuyó al aumento de partículas finas. En el sudeste asiático, los incendios estacionales de Indonesia -intensificados a mediados de julio en Borneo y en las provincias de Kalimantan Occidental y Central, en línea con años anteriores de El Niño- expusieron a millones de personas a contaminación peligrosa a mediados de agosto, con neblina transfronteriza que también afectó a Tailandia y Laos. El polvo del Sáhara, por su parte, se desplazó en repetidas ocasiones mucho más allá de África, llegando hasta Cabo Verde, las Islas Canarias y, a través del Atlántico, hasta el Caribe.
El caso español y las voces de los expertos
El informe destaca en particular los megaincendios de este verano en Francia, España y Bélgica, que generaron un intenso transporte de humo con efectos sobre la calidad del aire a miles de kilómetros de distancia. Ana Rosa Gamarra, investigadora del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, remarcó que en España el informe subraya la relevancia de los incendios en Ávila y Madrid, asociados a emisiones excepcionales de dióxido de carbono y partículas finas, además de la incidencia recurrente del polvo sahariano, especialmente en Canarias, la península y el Mediterráneo. Cristina Linares y Julio Díaz, investigadores del Instituto de Salud Carlos III, señalaron que "el calentamiento global y sus consecuencias tienen un marcado carácter transfronterizo", y advirtieron que el humo de los incendios forestales transporta partículas cuyo impacto en la salud puede ser más perjudicial que el de las emitidas en ambientes urbanos. Por eso, plantearon que la respuesta de salud pública no debe limitarse a un solo factor, sino integrar medidas de protección vinculadas tanto al calor como a la contaminación en su conjunto. Isidro Pérez, de la Universidad de Valladolid, agregó un dato relevante: la estrategia de reducción de emisiones en Europa y América del Norte no logró disminuir el ozono, posiblemente por las condiciones meteorológicas adversas o los propios incendios forestales, lo que confirma la persistencia del problema pese a las políticas ya aplicadas.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed, Science Media Centre España, Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus
Descargar el Informe de Copernicus
El cambio climático ya afecta la piel en 4 de cada 10 países
El cambio climático ya está afectando a la piel: el 42,6% de los países reporta más problemas dermatológicos
Un estudio presentado en el Congreso de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, que relevó a 136 países, encontró que más del 40% reportó cambios relacionados con el clima en sus enfermedades de piel, con un impacto desproporcionado sobre los países de menores ingresos, los que menos contribuyen al calentamiento global.
Un trabajo del Observatorio Mundial de Acceso a la Salud de la Piel (SkinObservatory), una iniciativa dirigida por la doctora Esther Freeman en colaboración con la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas y L'Oréal Dermatological Beauty, reveló que más del 40% de los países del mundo informaron cambios relacionados con el clima en la prevalencia o la gravedad de las enfermedades de la piel, con un impacto desproporcionado en los países de bajos ingresos. El trabajo, que abarca 136 países, se presentó en el Congreso 2026 de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, realizado en Viena.
Un relevamiento global sin precedentes
El cambio climático supone una amenaza creciente para la salud de la piel debido al aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos, la alteración de los patrones de lluvia, la migración relacionada con el clima y la disrupción de los ecosistemas. El estudio invitó a representantes de los 194 países miembros de la Organización Mundial de la Salud a participar del Observatorio, y recopiló datos de 136 naciones que abarcan los cuatro grupos de ingresos definidos por el Banco Mundial. En general, el 42,6% informó cambios en la prevalencia o gravedad de las enfermedades de la piel debido al clima, pero con diferencias significativas según el nivel de ingresos: más de la mitad de los países de bajos ingresos (55,6%) y de ingresos medios-bajos (52,5%) reportaron cambios, frente al 43,8% de los de ingresos medios-altos y apenas el 28,3% de los de altos ingresos. Las diferencias geográficas también fueron sustanciales: los cambios se registraron con mayor frecuencia en la región del Pacífico Occidental (64,7%), seguida por el Mediterráneo Oriental y el Sudeste Asiático (60% cada una), frente a solo el 16,1% en la región europea. En la región africana, el 42,9% de los encuestados dijo no estar seguro del impacto del clima sobre las enfermedades de piel, lo que evidencia posibles falencias en los sistemas de vigilancia y recolección de evidencia local.
Más calor, más erupciones y más enfermedades inflamatorias
Entre los 58 países que sí informaron efectos concretos del cambio climático sobre las enfermedades de piel, el 81% reportó un aumento en las erupciones cutáneas por calor y el 75,9% en enfermedades inflamatorias de la piel. Un 62,1% describió cambios en la epidemiología de enfermedades infecciosas, y la mitad reportó cambios en enfermedades transmitidas por vectores como mosquitos y garrapatas. "El hallazgo más importante de nuestro estudio es que el cambio climático ya está asociado con impactos negativos en las enfermedades de la piel, y estos efectos afectan de manera desproporcionada a las poblaciones de bajos ingresos", explicó Freeman, profesora asociada de dermatología de la Facultad de Medicina de Harvard e investigadora principal del estudio. "A menudo pensamos en los efectos del clima extremo sobre el golpe de calor, los problemas cardiovasculares y las enfermedades respiratorias, pero la piel es nuestra primera línea de defensa contra el cambio climático", agregó. Sobre los mecanismos involucrados, detalló que "las temperaturas y la humedad elevadas pueden aumentar la sudoración y la irritación de la piel, mientras que el calor, la contaminación atmosférica y otras exposiciones ambientales pueden desencadenar o agravar la inflamación", y que los cambios de temperatura y de precipitaciones también pueden alterar los hábitats de mosquitos, garrapatas y otros vectores de enfermedades, permitiéndoles sobrevivir en lugares donde antes eran poco comunes.
Una desigualdad que se retroalimenta
Los autores remarcaron que los países con menos recursos, pese a ser los que menos contribuyen al cambio climático, son los que más reportan alteraciones dermatológicas relacionadas con el clima, algo especialmente alarmante porque suelen ser también los que tienen menor capacidad de adaptación. Muchos de esos países se ubican en regiones que sufren calor extremo, inundaciones y cambios en los patrones de lluvia, mientras enfrentan un acceso más limitado a la atención médica, a dermatólogos, a medicamentos y a infraestructura de salud pública en general. Esa combinación crea una vulnerabilidad agravada, donde los mayores riesgos para la salud coexisten con los sistemas de salud peor preparados para prevenir, identificar y tratar estas enfermedades. Freeman planteó, de cara al futuro, que las consecuencias dermatológicas del cambio climático deberían incorporarse a la política de salud pública en general, en lugar de tratarse únicamente como un asunto de la especialidad dermatológica o como una prioridad secundaria. "Necesitamos empezar a tratar la salud de la piel como parte de la preparación climático-sanitaria", concluyó. Los investigadores abogan por una mayor vigilancia, más educación para médicos y comunidades, y estrategias de adaptación ajustadas a las condiciones climáticas locales y a los recursos disponibles en cada sistema de salud, especialmente en los entornos con menos recursos.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal Infosalus, Agencia Prensa Latina, Dermatology Times (Estados Unidos)
Los océanos absorbieron un calor récord en 2025
Los océanos sumaron en 2025 calor adicional igual a 40 veces el consumo mundial de energía
El décimo Informe sobre el Estado del Océano de Copernicus, elaborado con aportes de 125 científicos, advirtió que los mares del planeta absorbieron en 2025 una cantidad de calor equivalente a cuarenta veces todo lo que consume la humanidad en un año, con impactos que ya alcanzan a los arrecifes de coral, la acidificación del agua y el fitoplancton que sostiene las cadenas alimentarias marinas.
Los océanos absorbieron en 2025 unos 23 zettajulios adicionales de energía, una cantidad equivalente a unas cuarenta veces toda la energía consumida por la humanidad durante ese mismo año, según el décimo Informe sobre el Estado del Océano del Servicio Marino de Copernicus de la Unión Europea. Un zettajulio equivale a 10 elevado a la 21 julios, una unidad utilizada para expresar cantidades extraordinariamente grandes de energía, como el calor acumulado por los océanos. El estudio, elaborado por Mercator Ocean International con aportes de 125 científicos de Europa y del resto del mundo, constató que el aumento del contenido de calor oceánico se acelera de forma sostenida desde 1960. "El océano se está transformando ante nuestros ojos: el calentamiento, la subida del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son señales interconectadas de un cambio significativo y a largo plazo", señaló el director general de Mercator Ocean International, Pierre Bahurel.
Un calor que no se ve en la superficie
Copernicus remarca que el aumento de la temperatura del agua alimenta las olas de calor marinas, puede intensificar las tormentas y contribuye a la subida del nivel del mar mediante la expansión térmica, además de alterar los ecosistemas. Los investigadores combinaron observaciones de la superficie con mediciones del contenido de calor hasta unos 40 metros de profundidad, y comprobaron que una parte significativa de esa energía puede permanecer oculta bajo la superficie, por lo que las temperaturas que se miden en la parte más superficial del mar no alcanzan a mostrar por sí solas toda la magnitud del calentamiento. En 2024, el Mediterráneo y el mar Negro registraron olas de calor marinas récord, algunas de más de treinta días de duración, con temperaturas más de 4,6 grados por encima de la media: la temperatura del Mediterráneo se ubicó ese año 1,23 grados por encima de su referencia de largo plazo, y su parte oriental registró sus condiciones de ola de calor marina más extremas desde 2002.
Mares más ácidos y arrecifes en crisis
La acumulación de calor coincide con otros cambios profundos en el océano mundial. El nivel medio global del mar aumentó a un ritmo de 3,8 milímetros anuales entre 1999 y 2025, mientras que en el período más reciente, entre 2012 y 2025, esa velocidad alcanzó los 4,2 milímetros por año. En paralelo, los océanos se volvieron aproximadamente un 17% más ácidos entre 1985 y 2025, un proceso químico que afecta directamente la capacidad de moluscos, corales y otros organismos para construir sus estructuras calcáreas. El impacto sobre los arrecifes ya es severo: entre enero de 2023 y septiembre de 2025, el 84,4% de los arrecifes de coral del planeta estuvo expuesto a niveles de estrés térmico capaces de provocar blanqueamiento, superando el episodio mundial de blanqueamiento masivo anterior.
El fitoplancton, la base de la cadena alimentaria, también cambia
El informe señala además que casi el 5% del océano mundial experimentó durante las últimas tres décadas cambios persistentes en los patrones estacionales de crecimiento del fitoplancton, los organismos microscópicos que sustentan buena parte de las cadenas alimentarias marinas y cumplen un papel esencial en los flujos de carbono del océano. Esas alteraciones, aunque afectan a una porción todavía acotada del océano global, son un indicador temprano de cómo el calentamiento puede reorganizar la base de los ecosistemas marinos.
Los más vulnerables: los pequeños Estados insulares
El documento presta especial atención a los pequeños Estados insulares en desarrollo, particularmente expuestos al calentamiento y a la subida del nivel del mar. Desde 1960, todas sus zonas económicas exclusivas experimentaron calentamiento oceánico, y el 65% de su superficie marítima está expuesta a una aceleración de la subida del nivel del mar desde 1999, una combinación que amenaza directamente la disponibilidad de recursos pesqueros y la estabilidad costera de esos territorios.
Diez años de seguimiento continuo
Copernicus considera que el monitoreo sostenido del océano resulta esencial no solo para documentar estos cambios, sino también para mejorar las alertas tempranas y preparar infraestructuras y comunidades frente a los riesgos futuros. "Diez años después, el Informe Copernicus sobre el Estado del Océano ofrece mucho más que una serie de instantáneas anuales", señaló su directora, Karina von Schuckmann, quien destacó que la observación sostenida y los modelos permiten identificar qué está cambiando, dónde y por qué, y anticipar sus consecuencias.
Fecha de Publicación: 02/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, Copernicus / Mercator Ocean International
El mundo acordó dejar los fósiles pero no sabe cómo
Por qué el mundo acordó abandonar los combustibles fósiles pero aún discute cómo hacerlo
Tres años después de que cerca de 200 países acordaran alejarse del carbón, el petróleo y el gas, solo una docena de los planes climáticos nacionales presentados ante la ONU detalla cómo piensa hacerlo, mientras Brasil intenta armar una hoja de ruta voluntaria de cara a la próxima cumbre climática en Turquía.
Tres años después de que cerca de 200 países acordaran abandonar los combustibles fósiles, el mundo todavía discute qué significa ese compromiso en la práctica. La COP28 de Dubái, en diciembre de 2023, fue la primera cumbre climática de la ONU en mencionar explícitamente la necesidad de alejarse del carbón, el petróleo y el gas en su texto final, pero no incluyó ningún mecanismo para ejecutar esa promesa. De los 146 planes climáticos nacionales actualizados y presentados ante la ONU hasta agosto de 2024, 101 mencionan la transición, pero solo 12 detallan cómo la llevarán adelante, según un análisis de la Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas compartido con el medio especializado Dialogue Earth. La cifra expone la brecha entre la retórica y la acción.
El intento de Brasil por ordenar la transición
Brasil, presidente de la COP30 realizada en Belém el año pasado, intentó convertir una hoja de ruta global en parte de las negociaciones oficiales durante noviembre de 2025, pero las diferencias entre países se lo impidieron. En su lugar, propuso construir durante 2026 un documento voluntario, conocido como TAFF por sus siglas en inglés, en consulta con los gobiernos, para presentarlo antes de la próxima cumbre. Ana Toni, directora ejecutiva de la COP30, describió la propuesta como "un marco" más que un conjunto de directrices, diseñado para mostrar qué está avanzando y no para dictar qué deben hacer los países: "la transición no es un tabú, tiene que discutirse", declaró. La presidencia brasileña identificó cuatro ejes para acelerar la salida de los combustibles fósiles: reformar la arquitectura financiera internacional, fortalecer la capacidad técnica, aumentar la cooperación y priorizar una transición justa. Sin embargo, Alejandra López, directora de diplomacia climática de la organización Transforma, advirtió que el riesgo es repetir los errores de la hoja de ruta de financiamiento climático de 1,3 billones de dólares, que "carece de un plan sobre quién hace qué".
Turquía prioriza la electrificación, sin mencionar los fósiles
Otro obstáculo lo señaló Paola Yanguas Parra, asesora del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible: Turquía, país anfitrión y presidente de la COP31, prevista del 9 al 20 de noviembre en la ciudad de Antalya, no convirtió la transición energética en una prioridad de la conferencia. En cambio, puso el foco en la electrificación, sin abordar directamente la reducción de la producción y el uso de combustibles fósiles. "Si los países no lo impulsan, la hoja de ruta podría caer en el olvido", advirtió Yanguas Parra, y agregó que la meta de electrificación turca "tiene que ocurrir en paralelo con la transición de los fósiles", una coordinación que hasta ahora no observa.
Posiciones enfrentadas entre países productores
Las posturas de los países productores reflejan la tensión de fondo: Rusia argumentó que el gas es un combustible de transición legítimo, mientras Noruega remarcó que su producción de gas ya tiene emisiones relativamente bajas. Las Islas Marshall pidieron mayor claridad sobre la necesidad de reducir la producción de petróleo, gas y carbón, y Vanuatu exigió directamente un tratado vinculante que "apoye una eliminación progresiva gestionada y equitativa". El nivel de participación en el proceso de consulta abierto por Brasil también deja dudas sobre su alcance: de los 195 países que integran la convención climática de la ONU, solo 18 gobiernos, la Unión Europea y dos bloques negociadores -el grupo de 44 Países Menos Desarrollados y la Alianza de 39 Pequeños Estados Insulares- presentaron aportes formales durante la etapa inicial de consultas, en febrero de este año. La COP31, en Turquía, se perfila así como la prueba de fuego para un compromiso que, por ahora, sigue siendo más retórico que real.
Fecha de Publicación: 01/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal EcoNews, Dialogue Earth (Reino Unido), Alianza Más Allá del Petróleo y el Gas (BOGA)
La Amazonía perdió 33 mil hectáreas de agua en 25 años
Amazonía sin cauce: minería, ganadería y deforestación dejaron a comunidades sin agua para beber
Una investigación periodística que analizó 25 años de datos satelitales sobre cuatro ríos amazónicos de Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela encontró que la región perdió casi 33.000 hectáreas de agua natural, mientras la minería ilegal genera pozas de "agua artificial" que dan la falsa impresión de que el recurso aumenta.
"La gente piensa que como vivimos en la selva tenemos bastante agua, pero la realidad es esta", dice Erick Tijé, poblador indígena harakmbut de la Amazonía sur de Perú, mientras señala el agua turbia del río Inambari. Ese río no es el mismo de hace cinco años: la minería ilegal les robó el agua para devolvérsela contaminada, y hoy la comunidad de Arazaire debe comprar el agua que bebe. Del otro lado de la frontera, en el departamento colombiano de Caquetá, el mayor Lázaro Ibáñez, del pueblo coreguaje, ve cómo la ganadería y el cambio climático reducen la disponibilidad de agua en su territorio: "el ganado ha venido tumbando todo y ahora se ve puro potrero, y ya casi no quedan árboles".
Una investigación con 25 años de datos satelitales
Un equipo de periodistas de Mongabay Latam, El Espectador y Correo del Caroní, junto con científicos del Instituto Serrapilheira de Brasil, analizó más de dos décadas de datos satelitales para entender los cambios en cuatro cuencas amazónicas: el río Beni, en Bolivia; el Caquetá, en Colombia; el Madre de Dios, en Perú; y el Caroní, en Venezuela. El trabajo forma parte de Aguas Partidas, una alianza periodística coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, con apoyo científico de MapBiomas y de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada. Se analizaron 722 microcuencas a lo largo de 25 años, entre 2000 y 2024, con datos históricos cruzados con información de precipitaciones para identificar los tramos más críticos. Más de la mitad de los tramos revisados -393 de 722- registraron una pérdida de agua natural, que en conjunto equivale a casi 33.000 hectáreas. Bajo esas microcuencas viven al menos 74 pueblos indígenas, repartidos en 202 territorios.
El agua que engaña
El fenómeno más llamativo es lo que los científicos llaman "agua artificial o antrópica": cuerpos de agua que surgen o se transforman por el uso humano, como pozas de minería o embalses de represas, y que en los mapas satelitales dan la apariencia equivocada de que el agua disponible aumentó. "El agua antrópica es, en realidad, agua asociada a un uso: puede ser de acuicultura, de minería o represas y embalses. A veces es un cuerpo que se crea donde no había nada. Otras, una laguna que era natural y que, al destinarse a un uso, pasa a ser antrópica", explica la ingeniera ambiental Eva Mollinedo, coordinadora técnica de MapBiomas Agua Bolivia. En las tres cuencas con actividad minera -Madre de Dios, Beni y Caroní- al menos una de cada seis microcuencas analizadas, 121 de 722, pierde agua natural y gana agua artificial al mismo tiempo y en el mismo lugar. De cada cinco hectáreas de esa agua artificial, más de cuatro aparecen dentro de territorio indígena. En Perú, además, el 99,7% del agua artificial nueva se concentra en apenas 45 de las 84 microcuencas con minería, y en la cuenca del Beni las microcuencas con minería ilegal ganaron un 21,5% de superficie de agua mientras las que no tienen minería perdieron un 17,2%. El patrón no se explica por la lluvia: las microcuencas mineras que "ganan" agua son, justamente, las que menos llueve.
Una esponja que se rompe
En Colombia, donde la presión dominante es la ganadería y no la minería, las microcuencas más deforestadas son también las que más agua pierden. La explicación remite a cómo funciona el bosque amazónico: según describió en 2019 un equipo de científicos holandeses, la selva actúa como una esponja que absorbe el agua de lluvia y la libera gradualmente. Un estudio de 1979 del climatólogo brasileño Enéas Salati, convertido desde entonces en referencia sobre el ciclo hídrico amazónico, estableció que la mitad de la lluvia que cae sobre la Amazonía vuelve al aire porque los árboles la absorben con sus raíces y la liberan como vapor a través de las hojas, formando nubes que redistribuyen la humedad hacia el interior de la cuenca. Cuando se tala el bosque, esa esponja se rompe. "Donde se tumban los árboles, se secan los lagos y las cabeceras, que es de donde sale el agua", resume Ibáñez. Un estudio publicado en febrero de 2026, en el que participó el meteorólogo brasileño José A. P. Veiga, encontró que por cada punto porcentual de bosque tropical perdido caen, en promedio, unos 2,4 milímetros menos de lluvia regional al año: la deforestación no solo seca el lugar donde ocurre, sino que altera el clima de toda la región.
Lo que ven las comunidades
Los líderes del resguardo Jácome, en el Caquetá colombiano, cuentan que las estaciones dejaron de ser predecibles. En Tomachi, Bolivia, Roxana Pizza Tupa, presidenta del pueblo indígena leco, observa algo similar desde otro punto de la Amazonía: "el calor aumenta y eso nos afecta los ojos de agua". Los periodistas viajaron a los territorios con mapas impresos para que pobladores de los pueblos harakmbut, coreguaje, leco y pemón ayudaran a reconstruir los cambios en sus propias fuentes de agua: aquellas donde juegan, beben, pescan, se bañan y encuentran sustento, o en algunos casos, donde ya no pueden hacerlo.
Fecha de Publicación: 01/10/2026
País/Región: Amazonas
Fuentes Consultadas: Diario Los Tiempos (Bolivia), Portla Mongabay, Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP)
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