Diclofenaco en el Báltico: buscan reducir fármacos en el mar

 


El Báltico, lleno de diclofenaco: así buscan reducir la contaminación por medicamentos

Investigadores de Suecia, Finlandia, Lituania y Letonia sostienen que la contaminación farmacéutica del mar Báltico no se resuelve solo tratando aguas residuales, y proponen actuar desde la receta médica hasta la devolución de los medicamentos sin usar.

El mar Báltico, un mar interior rodeado por nueve países del noreste de Europa, es uno de los más contaminados del mundo. Arrastra la herencia de la munición química vertida tras la Segunda Guerra Mundial, y hoy suma la presión de los microplásticos, los químicos industriales y las escorrentías agrícolas sobre un ecosistema especialmente vulnerable por ser semicerrado. A ese cuadro se agregan los medicamentos: se detectan decenas de fármacos, entre ellos paracetamol, ibuprofeno, carbamazepina y diclofenaco. Un equipo de investigadores de cuatro países busca reducir esa carga con un enfoque que abarca todo el ciclo de vida del medicamento. "No se trata solo del tratamiento de aguas residuales", explicó Marmar Nekoro, investigadora de la facultad de Farmacia de la Universidad de Uppsala, en Suecia.

Cómo llegan los fármacos al mar
Los medicamentos ingresan al Báltico por múltiples vías: las aguas residuales de hogares y hospitales, los vertidos de plantas de producción farmacéutica, la escorrentía agrícola y hasta los desechos de las mascotas cuando no se recogen. Según un informe de hace una década de la UNESCO y la Comisión para la Protección del Medio Marino del Báltico, las plantas de tratamiento liberan por sí solas unas 1.800 toneladas de fármacos al año. La mayoría todavía no cuenta con una cuarta etapa de depuración pensada para eliminar estos contaminantes. Parte del problema nace en el propio cuerpo: "no absorbe todo el fármaco; una parte bastante grande se excreta", explicó Nekoro. La Comisión ya había advertido que el diclofenaco se detecta en aguas superficiales de todos los países ribereños, aunque su distribución y destino en el mar no se comprenden del todo.

Una persistencia que preocupa
Una vez en el agua, algunas sustancias permanecen largo tiempo. La carbamazepina, un medicamento con receta para la epilepsia, el dolor neuropático y el trastorno bipolar, se detectó de forma reiterada en todo el Báltico. Según Nekoro, tarda casi tres años y medio en degradarse a la mitad, por lo que tiende a acumularse. Björn Wettermark, profesor de farmacoepidemiología de Uppsala y responsable del proyecto, aclaró que el riesgo principal no es para quienes se bañan en el mar, salvo por la resistencia a los antibióticos y otros antimicrobianos. La mayor inquietud recae sobre los organismos que viven allí: peces y ranas pueden sufrir feminización por estrógenos sintéticos, con posible impacto en poblaciones enteras, y el mejillón azul, clave por su función de filtrar el agua, puede quedar con menos energía para su metabolismo y su crecimiento al exponerse a ciertos analgésicos.

Recetar mejor, sin dejar sin tratamiento
Una de las vías es mejorar cómo se recetan y usan los medicamentos. Los investigadores aclaran que no se trata de pedir a los pacientes que abandonen los que necesitan, sino de que, cuando existen varias opciones clínicamente adecuadas, el impacto ambiental sea un factor más al elegir. Kristina Garuolienė, de la Universidad de Vilna, planteó que en algunos casos podrían considerarse alternativas al diclofenaco: la idea es avanzar hacia una prescripción racional que también piense en el ambiente. Wettermark recordó que hay estudios que muestran que no siempre se recetan los mejores fármacos y que existe un uso excesivo innecesario. Un estudio reciente en Suecia concluyó, además, que los médicos necesitan formación específica y mejor acceso a información ambiental sobre los medicamentos.

Devolver lo que sobra
Otra vía es evitar que los medicamentos sin usar terminen en la basura doméstica, el fregadero o el retrete. En Lituania creció la conciencia sobre devolverlos a las farmacias, y cada año se entregan más, dentro de un marco normativo sobre cómo hacerlo. Garuolienė lo considera positivo, pero plantea otra pregunta: por qué esos medicamentos no se usaron. Puede que los pacientes no los tomen como se les indicó, o que se receten en exceso. El objetivo final de los investigadores es ir más allá de las decisiones individuales y construir una visión regional para reducir la contaminación farmacéutica en todo el Báltico.


Fecha de Publicación: 30/09/2026
País/Región: Europa
Fuentes Consultadas: Agencia EuroNews), UNESCO, Universidad de Uppsala

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