Detectan más de 200 sismos ocultos en el glaciar Thwaites

 


Tiembla la Antártida: detectan más de 200 sismos en el glaciar Thwaites

Un análisis de trece años de datos sísmicos reveló 362 terremotos glaciares en la Antártida Occidental que los sistemas convencionales nunca habían detectado, la mayoría concentrados en el glaciar Thwaites, conocido como el "glaciar del Juicio Final" por su papel determinante en el futuro nivel del mar.

Un investigador de la Universidad Nacional de Australia identificó 362 terremotos glaciares ocurridos entre 2010 y 2023 en la Antártida Occidental, movimientos que las redes sísmicas convencionales nunca habían llegado a detectar. El hallazgo, publicado en la revista científica Geophysical Research Letters, catalogó dos focos de actividad bien delimitados: la gran mayoría -245 eventos- se concentró sobre el frente oceánico del glaciar Thwaites, el coloso de 192.000 kilómetros cuadrados conocido como el "glaciar del Juicio Final" por su comportamiento determinante para el futuro del nivel del mar. El segundo grupo apareció cerca del vecino glaciar Pine Island, aunque en ese caso los temblores ocurrieron entre 60 y 80 kilómetros tierra adentro, un patrón que los especialistas todavía no logran explicar del todo.

Un rastro sísmico que había pasado inadvertido
Para descubrir estos eventos, el autor del estudio, el geofísico Thanh-Son Phạm, analizó trece años de datos registrados por las estaciones sísmicas instaladas directamente en el continente antártico, y desarrolló un algoritmo que tomó la "huella dactilar" de sismos glaciares ya conocidos para rastrear patrones idénticos en más de una década de archivos. A diferencia de los sismos tectónicos tradicionales, las fracturas de hielo no se producen por el roce de placas bajo la corteza terrestre: el proceso comienza cuando un iceberg alto y angosto se desprende de la pared frontal del glaciar y, al perder estabilidad, se vuelca en el océano e impacta de costado contra la masa de hielo principal. Ese choque mecánico libera ondas de energía equivalentes a una explosión de baja potencia, pero a diferencia de los sismos convencionales, estos eventos ocurren a muy baja frecuencia, lo que exige redes de monitoreo especialmente sensibles y explica por qué pasaron inadvertidos durante tanto tiempo para los sistemas globales.

Qué preocupa realmente a los científicos
Thwaites funciona como una especie de represa natural que retiene una porción masiva de la capa de hielo antártica: si colapsara por completo, el agua liberada podría elevar el nivel global del océano hasta unos tres metros en el transcurso de varios siglos. El período con mayor concentración de temblores en Thwaites ocurrió entre 2018 y 2020, una ventana que coincidió con una aceleración repentina en la velocidad con la que la lengua de hielo se desplazaba hacia el mar, según las mediciones satelitales citadas en el estudio. Según los investigadores, el contacto con corrientes marinas cálidas debilita la base sumergida del glaciar y acelera la ruptura de su frente, y sostienen que el desprendimiento masivo de hielo no depende tanto de las temperaturas del aire como de esa erosión silenciosa causada por el agua oceánica.
Es importante remarcar qué implica y qué no implica este hallazgo: no significa que haya comenzado una cadena de terremotos tectónicos bajo Thwaites, ni demuestra que su colapso sea inminente. La investigación se concentra en detectar y caracterizar señales sísmicas vinculadas al comportamiento del hielo, y sus autores plantean que contar con un registro más preciso de estos temblores puede ayudar a ajustar los modelos climáticos actuales y a entender mejor cómo interactúan el agua tibia, el lecho rocoso y las masas heladas, algo que los propios científicos consideran clave para proyectar con mayor precisión el riesgo que enfrentarán las ciudades costeras de todo el planeta.

Una diferencia clave con Groenlandia
Este tipo de actividad sísmica se estudia en el hemisferio norte desde hace más de veinte años. En Groenlandia, los terremotos glaciares responden a una pauta estacional muy marcada, impulsada por las altas temperaturas del aire durante el verano boreal. El nuevo estudio demostró que en la Antártida el fenómeno obedece a mecanismos distintos: las variaciones térmicas de la atmósfera no alteraron la frecuencia de los sismos registrados, lo que refuerza la hipótesis de que el verdadero motor de la desestabilización antártica es el océano, y no el aire.


Fecha de Publicación: 29/09/2026
País/Región: Antártida
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed, Revista Geophysical Research Letters

Blog del Foro Ambiental Córdoba

Buscar este blog

Blog Archive

Temas

Archivo de Blogs

▲