Caen las emisiones de CO2 de China

 


Las emisiones de CO2 de China caen un 1 % en el segundo trimestre de 2026 impulsadas por un histórico desplome del petróleo  


Por primera vez en la historia del gigante asiático, la reducción general de las emisiones globales de dióxido de carbono respondió de forma directa a la contracción del consumo de petróleo y la electrificación masiva del transporte, pese al persistente uso del carbón.  

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de la República Popular China experimentaron un descenso del 1 % durante el segundo trimestre del año 2026, marcando un hito sin precedentes en las dinámicas de descarbonización del mayor emisor global de gases de efecto invernadero. A diferencia de reducciones históricas previas, las cuales obedecían casi de forma exclusiva a disminuciones en el consumo industrial de carbón, este nuevo descenso estuvo impulsado de manera contundente por una caída del 9 % en la demanda general de petróleo y un vertiginoso recorte del 16 % en el uso de combustibles fósiles dentro del sector del transporte. La combinación entre las disrupciones globales en la cadena de suministro hidrocarburífera, la acelerada sustitución por vehículos eléctricos y la consolidación de redes de transporte público de alta eficiencia ha demostrado que la electrificación de la movilidad en China ha alcanzado un punto de inflexión estructural con potencial para transformar el mercado energético internacional.  

La transición hacia la movilidad eléctrica y el cambio de hábitos
El desplome en el procesamiento de petróleo crudo y la caída de las ventas de derivados del refino hallan su explicación en una reestructuración de fondo de la matriz de movilidad. De acuerdo con el análisis elaborado por el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) y publicado por la plataforma especializada Carbon Brief, el parque de vehículos eléctricos existente en China comenzó a utilizarse con una intensidad significativamente superior a la registrada en períodos anteriores. Este fenómeno, sumado al incremento en el volumen de viajes en redes ferroviarias, subterráneas y transporte colectivo, permitió absorver la demanda de movilidad de la población mientras el uso de autos particulares a gasolina y diésel disminuyó abruptamente.  
Para desglosar la matriz de factores que impulsaron este quiebre en la curva de consumo de hidrocarburos durante el período analizado, los especialistas destacan los siguientes elementos clave:
- Sustitución por vehículos eléctricos: La masiva penetración de autos y colectivos eléctricos desplazó volúmenes récord de consumo de nafta y diésel, superando las estimaciones métricas previas asociadas únicamente al aumento de unidades vendidas.  
- Electrificación de la maquinaria industrial y transporte de carga: La adopción de tecnologías eléctricas en camiones de carga, minería y maquinaria pesada acentuó el declive en la demanda de gasoil, complementando la retracción de la actividad de la construcción.
- Caída en la producción de cemento y acero: El freno continuado en el sector inmobiliario y de obras públicas tradicionales derivó en una menor demanda de energía e insumos fósiles para las industrias electrointensivas.

La paradoja del carbón y los desafíos de la red eléctrica  
A pesar de las señales positivas en el frente del transporte, el informe científico enfatiza que el descenso total del 1 % en las emisiones no fue mayor debido a la persistente dependencia del carbón en la generación eléctrica. Si bien la instalación de capacidad fotovoltaica y eólica en China avanza a ritmos récord, deficiencias estructurales en la gestión del sistema eléctrico y restricciones en la transmisión provincial provocaron que parte de la energía limpia generada fuera vertida o desaprovechada (curtailment). Esta limitación en el acoplamiento de las renovables obligó al sistema a recurrir a centrales térmicas de carbón para cubrir los picos de demanda estival, desacelerando el potencial de descarbonización total del país.

Una meseta en las emisiones con impacto en el clima global
Los datos recopilados por los organismos de monitoreo ambiental confirman que las emisiones de China se han mantenido en un estancamiento prolongado o meseta durante más de dos años, ubicándose sistemáticamente por debajo del pico máximo alcanzado entre finales de 2023 y principios de 2024. Científicos y economistas climáticos sugieren que si la expansión de la infraestructura limpia logra absorber el crecimiento anual de la demanda eléctrica y la flota vehicular eléctrica continúa desplazando al petróleo, China podría haber superado definitivamente su techo histórico de emisiones. La consolidación de esta tendencia resulta determinante para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, enviando una señal inequívoca a las industrias globales sobre el declive paulatino del consumo de combustibles fósiles en el mayor mercado del planeta.


Fecha de Publicación: 05/09/2026
País/Región: Internacional
Fuentes originales consultadas: EcoNews Global, Carbon Brief, Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA)
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