Rusia y el cambio climático

Rusia y el cambio climático

Fecha de Publicación: 07/02/2008
Fuente: Diario de León (España)


LAS CONCLUSIONES del Panel Intergubernamental de Expertos sobre cambio climático de la ONU, reunido recientemente en Valencia -y que vienen a coincidir con el informe Stern encargado por el gobierno británico en 2006- apuntan a que el calentamiento del sistema climático es inequívoco, lo que dará lugar, de no ponerse los oportunos remedios, a una paulatina pero inexorable desertización y a una dramática subida del nivel de las aguas del mar antes del fin de este siglo, suponiendo enormes calamidades para cientos de millones de personas. Sin duda, esta apocalíptica situación tendría la inmediata consecuencia de un éxodo masivo, en busca de otros lugares que pudieran garantizar la supervivencia, para lo cual se precisa agua y tierras cultivables.
Este tipo de migraciones «climáticas» no son ni mucho menos nuevas. Las campañas de los vikingos, en los siglos IX y X, fueron motivadas por un cambio climático que redujo considerablemente la producción de alimento en Escandinavia, forzando a la población excedente a buscarse su sustento en otras partes. Y en el siglo VIII, la desertización sufrida por sus tierras tradicionales impulsó a los árabes desplazarse hacia lugares más fértiles.
La cuestión ahora es saber cuál sería el lugar elegido por esos millones de personas que deberían abandonar sus hogares tradicionales. Pongamos un caso paradigmático: China. Con sus casi 1.400 millones de habitantes, de los que gran parte ya tienen graves problemas de acceso al agua potable, y con una densidad de población casi tres veces la media mundial, ¿a dónde iría ese 22% de la población del mundo?. Todavía más: ¿a dónde iría una población africana presa no ya de unas legítimas ansias de mejoría material, sino simplemente de la sed y el hambre? ¿Hacia una Europa con una densidad de población más del doble de la mundial? ¿A cuantos podría acoger Europa antes de quebrarse completamente por la imposibilidad material de satisfacer las necesidades básicas de su creciente población?
Pensemos que según el reciente informe «El análisis de la huella ecológica en España», elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente, señala que para mantener el ritmo de consumo de recursos, los españoles precisaríamos de un territorio tres veces superior al nuestro. Y eso que no somos el país más desarrollado (España ocupa el lugar 19 del Índice de Desarrollo Humano de la ONU), ni el más densamente poblado, pues estamos netamente por debajo de la media europea. Entonces, ¿qué sería de los países más poblados o con menos recursos propios?. La respuesta podría venir de la mano del país que, en este escenario, se convertiría en el oasis del mundo, quizá en el último refugio sobre la Tierra para la especie humana, en la nueva Arca de Noé; del único país, junto con Canadá, que sería ampliamente beneficiado por el calentamiento: Rusia.
Con la subida de las temperaturas, los ya inmensos recursos naturales del país más grande del planeta -con una densidad de población 10 veces menor que la de España-, se verían incrementados de manera notabilísima, al ir quedando al descubierto territorios inmensos actualmente bajo el hielo, al hacerse productivas nuevas vastas extensiones, accesibles puertos ahora con hielos casi perpetuos, y rentable la extracción de recursos de todo tipo. Y eso que ya ahora dispone de las primeras las reservas mundiales de gas (27% del total) y de las séptimas de petróleo.
Pero si los recursos energéticos son importantes, no despreciemos los recursos hídricos, pues son vitales, y nunca mejor dicho. Del 70% de agua del que consta la superficie terrestre, menos del 3% es agua dulce y, por tanto, directamente aprovechable por el hombre. Pero, en realidad, sólo el 0,5% es de acceso inmediato, ya el resto se encuentra en los casquetes polares o en los glaciales. Lo que significa que quien domine el agua dominará el mundo. Y nadie tiene más agua dulce que Rusia.
Ya su actual impresionante crecimiento económico, espoleado por sus exportaciones de recursos energéticos, está llevando a Moscú a reactivar sus actividades en términos estratégicos, habiendo incrementado sensiblemente sus acciones de inteligencia en el extranjero, reanudado los vuelos estratégicos de vigilancia, ejercido el derecho de veto a resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, potenciado los ejercicios militares conjuntos con China en la Organización de Cooperación de Shangai, suspendido el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, mantenido una abierta oposición a la implantación de parte del Sistema de Defensa Antimisiles norteamericano en suelo europeo, establecido contactos con Irán para la creación de una OPEC del gas, reclamado buena parte del Océano Glacial Ártico y experimentado con la innovadora bomba de vacío.
La gran pregunta sería: si ya ahora Rusia está haciendo sentir su renovada fortaleza en el contexto internacional y tiene capacidad para hacer pasar frío a media Europa con sólo cerrar el grifo del gas, ¿que sería a medida que avanzara el calentamiento del planeta?
A lo mejor no es mala idea comenzar a aprender ruso, o cuando menos recomendárselo a nuestros hijos.

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