El colapso de la AMOC, ausente de los planes climáticos

 


Corrientes del Atlántico: casi ningún país se prepara para un posible colapso de la AMOC

Un estudio que revisó 91 planes nacionales de adaptación encontró que solo Brasil e Irlanda mencionan el riesgo de que se debilite la gran circulación oceánica del Atlántico, y ninguno prevé medidas concretas para enfrentarlo.

La Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC por sus siglas en inglés, es uno de los grandes motores del clima del planeta, y la ciencia advierte que podría debilitarse con fuerza durante este siglo. Sin embargo, casi ningún país se está preparando para ese escenario. Lo muestra un estudio publicado en la revista Nature Sustainability por los investigadores Brenden Jongman y Jim Hall. Analizaron 91 planes nacionales de adaptación presentados ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y encontraron que solo dos mencionan el riesgo de un colapso de este sistema de corrientes. Ninguno incluye medidas concretas para afrontarlo.
Los dos países que sí lo contemplan son Brasil e Irlanda. El plan brasileño advierte que un debilitamiento de la AMOC podría desplazar hacia el sur el cinturón de lluvias del Atlántico tropical, con posibles efectos sobre la Amazonía. Irlanda, cuyo clima templado depende en buena medida de estas corrientes, reconoce en su plan los límites de la adaptación ante un eventual colapso.

Una cinta transportadora de calor
La AMOC funciona como una gigantesca cinta transportadora: lleva agua cálida desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, donde se enfría, se hunde y regresa hacia el sur en profundidad. Ese movimiento distribuye calor entre hemisferios, regula las lluvias de varias regiones e influye en la cantidad de carbono que absorben los océanos. No es la primera vez que se altera: hace unos 17.500 años, tras el período más frío de la última glaciación, se detuvo casi por completo.
En abril, un estudio publicado en Science Advances proyectó que, con un escenario de emisiones intermedias, la circulación podría debilitarse entre un 43% y un 59% hacia 2100. Equivale a alrededor de la mitad de su intensidad, un retroceso mayor que el previsto por modelos anteriores. Los autores aclaran que esa cifra describe la intensidad del sistema y no una probabilidad de colapso, que se considera improbable antes de fin de siglo.
Aun así, la oceanógrafa argentina María Paz Chidichimo, investigadora del CONICET, advirtió entonces que la magnitud y el momento del declive siguen siendo inciertos. “Las naciones deben prepararse ahora”, afirmó, en una frase traducida del inglés.

Qué podría pasar
Los impactos de una alteración profunda serían globales:
- Europa: en el noroeste, la menor llegada de calor tropical podría provocar inviernos mucho más fríos. Un modelo que simula un escenario de grave alteración proyecta temperaturas de hasta 20 grados bajo cero en Londres, aunque se trata de un escenario posible y no de una previsión.
- Monzones: en experimentos con la circulación detenida, el monzón de África Occidental se debilita en promedio un 29% y el monzón de verano de la India un 19%, con riesgos para los recursos hídricos y la seguridad alimentaria.
- Sudamérica: el principal temor es el desplazamiento de las lluvias tropicales, que podría agravar la presión sobre la Amazonía, un ecosistema que ya enfrenta sequías e incendios.

Por qué casi nadie lo planifica
Según los autores, el riesgo recibe poca atención porque es difícil estimar su probabilidad y su momento, aunque su impacto potencial sea enorme. Además, algunas de sus consecuencias, como inviernos más fríos en regiones que hoy se preparan para el calor, podrían contradecir las políticas de adaptación actuales.
Islandia es una de las pocas excepciones fuera de los planes formales. En 2025 llevó la AMOC a su Consejo de Seguridad Nacional como una amenaza potencialmente existencial. El 15 de octubre realizó el cuarto de una serie de ejercicios de simulación sobre un posible colapso, junto con el University College London y la Universidad de Exeter, para evaluar los efectos sobre la seguridad alimentaria, la infraestructura y el transporte. “Una de las funciones clave del gobierno es identificar amenazas y preparar a la sociedad”, sostuvo el ministro de Ambiente, Energía y Clima, Jóhann Páll Jóhannsson, en declaraciones traducidas del inglés.

Las recomendaciones
Los investigadores proponen:
- identificar los países y las inversiones más expuestos;
- someter la infraestructura a simulaciones que incluyan un debilitamiento significativo de la AMOC;
- priorizar soluciones flexibles y escalables;
- reforzar el monitoreo de las corrientes oceánicas;
- revisar las proyecciones climáticas globales.
Anticipar este riesgo, aclaran, no implica predecir una fecha ni desviar recursos de crisis actuales. Y subrayan que la herramienta más eficaz sigue siendo reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero.


Fecha de Publicación: 03/11/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Portal MeteoRed; YourWeather (Meteored UK); Live Science; Bytes Europe; Nature Sustainability; Science Advances

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