Grandes centros de datos son un problema ambiental

 


Crece activismo climático contra centros de datos de grandes tecnológicas

Fecha de Publicación
: 27/10/2022
Fuente: Agencia IPS
País/Región: Internacional


Este es un artículo de opinión de Sebastián Lehuedé, investigador posdoctoral en gobernanza de la tecnología, del Centro de Gobernanza y Derechos Humanos de la inglesa Universidad de Cambridge.
La inteligencia artificial (IA) y otros desarrollos que utilizan grandes cantidades de datos son usualmente presentados como herramientas para aliviar la crisis climática. Como afirman quienes apoyan esta visión, ‘la IA puede ayudarnos a combatir el cambio climático reduciendo las emisiones, mejorando la eficiencia energética, y aumentando el uso de fuentes renovables de energía’. Mientras que el sector privado habla de ‘IA para el planeta’, Naciones Unidas considera que ‘la IA está salvando el planeta’.
Sin embargo, estas afirmaciones entusiastas contrastan con la experiencia de comunidades en distintas regiones del mundo cuyo medio ambiente y sustentabilidad está siendo amenazada por la infraestructura que permite poner en marcha la IA.
No. Estas comunidades no están asustadas por las máquinas súper inteligentes de las películas de Hollywood. En cambio, sus preocupaciones son mucho más concretas y materiales ya que viven cerca de centros de datos — los almacenes donde la información digital es guardada y procesada — afectando su red energética y provisión de agua. Esto ya que procesar datos consume una alta cantidad de energía, y algunos centros de datos utilizan grandes cantidades de agua para enfriar las máquinas de procesamiento.
En septiembre, activistas medioambientales e investigadorxs en Europa y América se reunieron para conversar sobre las metas y los desafíos de los y las activistas oponiéndose a la construcción de centros de datos.
Con el Centro de Gobernanza y Derechos Humanos de la Universidad de Cambridge como anfitrión y financiado por el Alan Turing Institute, las charlas Territorios de Datos exploraron cómo las compañías Big Tech están expandiendo su infraestructura en diversas localizaciones con profundos costos para las comunidades y el medio ambiente. El autor, Sebastián Lehuedé, y Hunter Vaughan, quienes han realizado investigaciones sobre medio ambiente y tecnología, moderaron las charlas.

Activismo de centro de datos en Chile, Irlanda y Holanda
Como parte de Territorio de Datos, tres grupos de activismo socioambiental compartieron sus experiencias de lucha contra centros de datos de Google, Microsoft y Amazon.
Pamela Ramírez compartió su experiencia de resistencia comunitaria contra la construcción de un centro de datos de Google en Cerrillos, un área industrial y residencial en Santiago de Chile. Una de las principales preocupaciones de la comunidad locales fue el uso de agua, el cual equivaldría a 169 litros por segundos en un área enfrentando una mega sequía por años.
En un plebiscito local en 2019, la comunidad votó en contra del centro de datos. Más recientemente, Google anunció que utilizaría un sistema de enfriamiento menos intenso en el uso del agua.
Como explicó Paz Peña del Instituto Latinoamericano de Terraformación, un grupo de Quilicura, otra comuna en Santiago, está actualmente llevando a cabo acciones similares a la luz de un proyecto de centro de datos recientemente anunciado por Microsoft.
Los centros de datos representan solo un nodo dentro del ciclo de vida de la IA, que también involucra extracción de minerales a gran escala, chatarra electrónica y otras prácticas contaminantes.
En el caso de Irlanda, Dylan Murphy presentó la campaña Pulsa pausa en los centros de datos llevada a cabo por Ni aquí ni en ningún lugar (NHNA, en inglés). Se espera que los centros de datos utilicen 27 % de la electricidad en ese país al 2028.
Luego de realizar protestas, peticiones y otras acciones, NHNA tuvo una victoria parcial cuando el ente regulador de servicios públicos nacionales anunció un límite a la construcción de centros de datos en la región de Dublín.
Murphy afirmó que la construcción de centros de datos necesita adherir a estándares democráticos para que puedan beneficiar a las comunidades en vez de a compañías poderosas, y hacerlo de una forma sustentable.
Refiriéndose al caso de Países Bajos, otro activista que se unió a las charlas fue Jan Meijles. Meijles es miembro de Salvemos el Wieringermeer, un grupo local oponiéndose a la construcción de dos centros de datos de Microsoft en su pólder.
El principal objetivo de este grupo ha sido proteger la agricultura abierta que ocurre en la región, así como también los parajes verde que son apreciados por la ciudadanía y los y las granjeros locales. Uso excesivo de agua y energías renovables, contaminación del agua y la liberación de calor al aire han sido parte de sus preocupaciones.

Electricidad, agua y opacidad
La preocupación por la electricidad y el agua de estos y estas activistas no son una coincidencia. La transmisión y procesamiento de cada vez más grandes volúmenes de datos requiere una cantidad considerable de energía. De acuerdo a estimaciones, los centros de datos consumirán alrededor de 1 a 2 % de la demanda global de electricidad.
Hay menos información disponible sobre consumo de agua, pero una ilustración es que Google autoreportó un aumento de 11,5 billones (millones de millones) de litros en 2017 a 15,8 en 2018. Es importante recalcar que los centros de datos representan solo un nodo dentro del ciclo de vida de la IA, la cual también involucra extracción de minerales a gran escala, acumulación de chatarra electrónica y otras prácticas contaminantes.
Un desafío para el activismo de centros de datos ha sido la falta de transparencia y rendición de cuentas por parte de las grandes compañías tecnológica, las llamadas Big Tech.
En Chile, la falta de publicidad sobre el proyecto de Google hizo que la comunidad local activara relativamente tarde los mecanismos legales de participación. En Irlanda, la falta de datos sobre los centros de datos ha hecho difícil contar con datos sólidos a nivel nacional.
En Holanda, investigaciones demostraron que algunos químicos emitidos por los centros de datos podrían generar contaminación de los suelos, un hecho que había sido negado por compañías tras estos proyectos.

Imaginando un futuro diferente
Además de activistas de centros de datos, las charlas Territorios de Datos también incorporó a investigadores e investigadoras sobre las políticas de los centros de datos. Estos y estas investigadores concordaron con muchos de los puntos destacados por los y las activistas, y también destacaron la importancia de imaginar nuevas formas de activismo y futuros alternativos.
Para Paola Ricaurte (Tecnológico de Monterrey), las protestas son cruciales pero necesitar ir acompañadas de propuestas alternativas. Por ejemplo, el desarrollo de micro centros de datos puede activar un tipo de ciudadanía digital diferente de la promovida por Big Tech.
Como Julia Rone (MCTD, Universidad de Cambridge) expresó, existe la necesidad urgente de propuestas regulatorias y de políticas públicas capaces de desafiar el status quo y proveer alternatives viables.
Mél Hogan (Universidad de Calgary) afirmó que el activismo de centro de datos también debe considerar formas de incorporar a la naturaleza en su lucha. Por ejemplo, las ‘rocas del hambre’ que están resurgiendo en Europa contienen mensajes grabados hace siglos que actúan como recordatorio de crisis medioambientales previas. Hogan también destacó el rol del activismo artístico para abrir futuros alternativos.
Llevan a cabo formas creativas de activismo puede ser aún más relevante considerando el futuro distópico descrito por Patrick Brodie (University College Dublin). Para Brodie, alianzas que ya están tomando forma entre empresas tecnológicas y proveedoras de energía pueden dar lugar a circuitos cerrados en los cuales la energía es garantizada para los centros de datos y no para la gente. Si dicha integración ocurre, dijo, no debiera sorprendernos ver Amazon Eólico o Red Energética Amazon en el futuro.

Solidaridad contra Big Tech
El surgimiento de grupos de base en Chile, Irlanda y Holanda está generando atención hacia el impacto concreto de las tecnologías de datos como la IA para las comunidades y el medio ambiente. Mientras que las compañías Big Tech se presentan como ‘verdes’, su comportamiento actual las transforma en importantes contribuyentes en la crisis climática.
El activismo de centro de datos comparte algunas de las metas de grupos como el movimiento de derechos digitales y los sindicatos de empresas tecnológicas.
Quizás, la clave para democratizar la tecnología consiste en que estos grupos unan fuerzas en solidaridad contra un adversario común: un puñado de cada vez más poderosas y ricas empresas tecnológicas socavando la privacidad, la democracia y el medio ambiente a escala planetaria.
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