La deforestación retrocede, pero el fuego preocupa

 


La pérdida de selvas tropicales cayó 36% en 2025, pero los incendios amenazan el progreso global 

Fecha de Publicación
: 01/05/2026
Fuente: World Resources Institute 
País/Región: Internacional


La pérdida de selvas tropicales cayó 36 % en 2025 frente al récord de 2024, de acuerdo con nuevos datos del laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland, disponibles en la plataforma Global Forest Watch del World Resources Institute y en Global Nature Watch.
Los hallazgos sugieren que políticas sólidas y una aplicación efectiva de la ley pueden frenar la pérdida de bosques. Sin embargo, los incendios impulsados por el clima constituyen una peligrosa nueva normalidad, que amenaza con revertir los recientes avances.
En 2025, el mundo perdió 4,3 millones de hectáreas (10,6 millones de acres) de selva tropical primaria, un área aproximadamente del tamaño de Dinamarca. A pesar de la disminución, la pérdida sigue siendo 46 % mayor que hace una década, con los bosques primarios desapareciendo a un ritmo de 11 canchas de fútbol por minuto.
“Una caída de esta magnitud en un solo año es alentadora: muestra lo que una acción gubernamental decidida puede lograr”, dijo Elizabeth Goldman, codirectora de Global Forest Watch del World Resources Institute. “Pero parte de la disminución refleja una pausa tras un año extremo de incendios. Los incendios y el cambio climático se retroalimentan, y con el fenómeno de El Niño en el horizonte para 2026, las inversiones en prevención y respuesta serán críticas a medida que las condiciones extremas de incendios se conviertan en la norma”.
A pesar del progreso reciente, la pérdida global de bosques sigue muy por encima del nivel requerido para cumplir la meta del año 2030 de detener y revertir la pérdida de bosques, un compromiso asumido por más de 140 países en el marco de la Declaración de los Líderes de Glasgow. Los niveles actuales son aproximadamente un 70 % más altos de lo necesario para cumplir esa meta.
Las selvas tropicales primarias son vitales para la estabilidad climática, la biodiversidad y los millones de personas que dependen de ellos para obtener alimentos, ingresos y contar con protección frente a eventos climáticos extremos. Su pérdida libera enormes cantidades de carbono y debilita una de las defensas naturales más importantes del planeta frente al cambio climático.

El progreso de las políticas impulsa reducciones en países clave
Gran parte de la reducción global fue impulsada por Brasil, hogar de la selva tropical más grande del mundo. En 2025, en comparación con 2024, Brasil redujo en 41 % la pérdida de bosque primario no causada por incendios, alcanzando su nivel más bajo registrado.
La disminución coincide con políticas ambientales más sólidas y una aplicación más fuerte de la ley bajo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, incluido el relanzamiento del plan federal antideforestación PPCDAm y el aumento de sanciones por delitos ambientales.
Aunque Brasil aún tiene la mayor área absoluta de pérdida de bosque primario debido a su tamaño, su tasa relativa al área de bosque (0,5 %) es ahora menor que la de varios otros países tropicales.
“El progreso de Brasil muestra lo que es posible cuando la protección de los bosques es tratada como una prioridad nacional”, dijo Mirela Sandrini, directora ejecutiva de WRI Brasil. “Pero el paisaje de Brasil se está volviendo más inflamable, y el aumento del riesgo de incendios significa que la aplicación de la ley por sí sola no será suficiente. Proteger estos avances requerirá ampliar la prevención liderada por comunidades y construir una economía que recompense los bosques en pie”.
Otros países también mostraron avances. Indonesia y Malasia mantuvieron tasas relativamente bajas de pérdida de bosque primario, mientras que Colombia revirtió un repunte observado en 2024. El progreso en estos países reflejó una mejor gobernanza, el reconocimiento de los derechos territoriales indígenas y compromisos corporativos con la producción libre de deforestación.
“Indonesia logró mantener la pérdida de bosques en gran medida bajo control en los últimos años, respaldada por políticas que limitan la nueva tala de bosques y otorgan a las comunidades mayores derechos para gestionar los bosques”, dijo Arief Wijaya, director ejecutivo de WRI Indonesia. “Eso muestra un fuerte compromiso con un uso del suelo más sostenible. Pero las crecientes presiones económicas podrían poner a prueba ese progreso, y que pueda sostenerse bajo presión dependerá de qué tan bien se equilibre el crecimiento con el clima y la naturaleza”.
“La historia de Colombia es una de progreso frágil: la deforestación se desaceleró no porque la presión disminuyera, sino porque la gobernanza logró contenerla”, dijo Joaquín Carrizosa, asesor sénior de WRI Colombia. “El 2026 será la verdadera prueba: sin una aplicación sostenida de la ley y alternativas económicas frente a la tala de bosques, este progreso podría revertirse rápidamente. Existe una ruta creíble hacia un cambio duradero: aumentar la inversión en la protección de la Amazonía, respaldar el liderazgo indígena y construir economías locales que dependan de que los bosques permanezcan intactos”.

Los incendios emergen como una amenaza global creciente
Aunque la expansión agrícola sigue siendo, en términos generales, el principal motor de la pérdida de cobertura arbórea, los incendios fueron un importante factor contribuyente en 2025, al representar el 42 % de los 25,5 millones de hectáreas (63,1 millones de acres) de pérdida de cobertura arbórea en todo el mundo, un área ligeramente mayor que el Reino Unido.
El cambio climático está aumentando el riesgo de incendios al crear condiciones más cálidas y secas que permiten que los incendios se propaguen con mayor facilidad. A su vez, estos incendios liberan enormes cantidades de carbono almacenado, acelerando el cambio climático y reforzando un peligroso ciclo de retroalimentación.
Aunque el riesgo de incendios está creciendo en los trópicos, donde la mayoría de los incendios son causados por el ser humano, los impactos más visibles en 2025 se observaron en regiones boreales y templadas donde el cambio climático está intensificando ciclos de incendios que ocurren de manera natural.
La pérdida impulsada por incendios fue especialmente severa en Canadá, donde los incendios forestales quemaron 5,3 millones de hectáreas (13,0 millones de acres), convirtiendo al 2025 en el segundo peor año de incendios registrado en el país. También se registraron incendios significativos en partes del sur de Europa.
“El cambio climático y la tala de tierras han acortado la mecha de los incendios forestales globales”, dijo Matthew Hansen, profesor de la Universidad de Maryland y director del laboratorio GLAD. “Están convirtiendo perturbaciones estacionales en un estado de emergencia casi permanente. Sin una acción urgente para detener las quemas y gestionar el fuego de manera más efectiva, corremos el riesgo de empujar a los bosques más importantes del mundo más allá de su recuperación”.

La pérdida sigue siendo alta en otras regiones
La pérdida de bosques se mantuvo alta en países como Bolivia, la República Democrática del Congo (RDC), Perú, Laos y Madagascar. Los factores impulsores varían según la región, pero incluyen la expansión agrícola, la minería, los incendios y la dependencia local de los bosques para alimentos y combustible.
Bolivia registró su segundo nivel más alto de pérdida de bosque primario desde que hay registros tras los incendios severos de 2024, y ahora ocupa el segundo lugar en pérdida de bosque tropical primario, superando a la República Democrática del Congo a pesar de que Bolivia tiene 60 % menos bosque primario.
“En Bolivia, como en muchos otros países, la pérdida de bosques está estrechamente ligada a la expansión agrícola, y el fuego se usa con frecuencia para despejar y preparar tierras para la producción”, dijo Stasiek Czaplicki Cabezas, investigador boliviano y periodista de datos de Revista Nómadas. “Esos vínculos mantienen una presión persistentemente alta sobre los bosques. Romper este ciclo requerirá controles más estrictos sobre el fuego y restricciones severas a la conversión de tierras en áreas forestales”.
En la cuenca del Congo, la pérdida de bosque primario continúa en varios países. En la RDC, la pérdida total disminuyó ligeramente en 2025, pero la pérdida no causada por incendios alcanzó un máximo histórico, vinculada en gran medida a la agricultura de pequeña escala, la producción de leña y carbón vegetal, el desplazamiento relacionado con el conflicto y la presión derivada de la minería.
“Hay avances en partes de la cuenca del Congo, pero en otras la deforestación sigue siendo alarmantemente alta”, dijo Teodyl Nkuintchua, líder de estrategia e incidencia para la cuenca del Congo en WRI África. “La minería es un impulsor indirecto de la deforestación mucho mayor de lo que se reconocía anteriormente, y la pérdida de bosques está ocurriendo incluso en áreas manejadas por comunidades. El apoyo y la inversión son esenciales para hacer viable el manejo forestal comunitario y permitir que los pueblos indígenas y las comunidades locales satisfagan sus necesidades básicas”.

Escalar la acción para encaminarse hacia el año 2030
Cumplir las metas globales sobre bosques dependerá no solo de un liderazgo político sostenido y de inversión, sino también de cómo evolucionen desarrollos clave de política y financieros. Esto incluye, por ejemplo, si el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (Tropical Forest Forever Facility -TFFF en inglés) asegura suficiente financiamiento, y qué tan eficazmente se implementan y hacen cumplir regulaciones como el Reglamento de la Unión Europea sobre Deforestación (EUDR).
“El progreso que estamos viendo en países como Brasil y Colombia es alentador, pero está lejos de estar asegurado”, dijo Rod Taylor, director global de Bosques del World Resources Institute (WRI). “Estos son ejemplos inspiradores de lo que puede hacerse para frenar la deforestación, pero también un recordatorio de cuánto depende el destino de nuestros bosques de la voluntad política y de la resiliencia que puede construirse ahora frente a un clima cambiante”.
El año 2026 pondrá esto a prueba, con el fenómeno de El Niño probablemente intensificando el riesgo de incendios y con elecciones nacionales en varios países forestales preparadas para influir en si este progreso continúa.

Innovación tecnológica en el horizonte
El próximo año, la publicación de los datos de pérdida de cobertura arbórea estará plenamente integrada en Global Nature Watch, la plataforma impulsada por inteligencia artificial de WRI construida sobre investigación revisada por pares de Global Forest Watch y el Land & Carbon Lab. Con una interfaz simple, estilo chat, facilita la exploración de datos complejos sobre la tierra.
Durante el próximo año, Global Nature Watch se ampliará para ofrecer toda la profundidad de análisis y la perspectiva a nivel de país de la que hoy dependen los usuarios en Global Forest Watch, haciendo que enormes volúmenes de datos sean más accesibles, oportunos y accionables que nunca antes.
“El progreso del año pasado en la reducción de la pérdida de bosques muestra lo que es posible, pero con El Niño dispuesto a elevar el riesgo, este es el momento de redoblar esfuerzos y convertir los avances en protección duradera”, dijo la Dra. Kelly Levin, directora de Ciencia, Datos y Cambio de Sistemas en el Bezos Earth Fund, socio fundador de Global Nature Watch. “Con los datos de pérdida de cobertura arbórea disponibles a través de Global Nature Watch, será más fácil para las personas que trabajan para proteger y restaurar la naturaleza detectar cambios más temprano y responder con confianza”.
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