Las mentiras del discurso de los ODS



Ningún país del mundo es coherente con el desarrollo sostenible

Fecha de Publicación
: 22/11/2019
Fuente: ABC (España)
País/Región: Internacional


Ningún país del mundo es coherente con el desarrollo sostenible. No desarrollan políticas públicas que pongan en el centro a las personas y la sostenibilidad del planeta, ni asumen de forma suficiente sus responsabilidades globales. Esta es la principal conclusión del primer Índice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo (ICPDS), presentado este sábado por un equipo multidisciplinar de la Coordinadora de ONGD de España en colaboración con la Red Española de Estudios del Desarrollo (Reedes).
El índice toma en cuenta 19 políticas públicas de 148 países que tienen «una contribución positiva al desarrollo sostenible», como la esperanza de vida, el gasto público en protección social, la duración de la baja de maternidad/paternidad, la cobertura universal de salud o la proporción de mujeres parlamentarias, entre otras. También analizan elementos de las políticas «que obstaculizan dichos procesos», como la huella ecológica, las emisiones de CO2 o el nivel de secreto financiero de los países.
Según el análisis de todas estas variables, «ningún país sirve de modelo de desarrollo para el mundo y al que corresponda imitar», aseguró Luisa Gil Payno, una de las autoras del índice.
Del total de 148 países, solo nueve presentan una coherencia alta con el desarrollo sostenible. En el «top» del ranking se encuentra Dinamarca, pese a alcanzar apenas 80 puntos (en una escala de 0 a 100), mientras que España ocupa el noveno puesto (69,37). India está en el vagón de cola como el país menos coherente con el desarrollo sostenible (con 26,76 puntos).
Entre los nueve países con políticas más coherentes con el desarrollo sostenible, cinco son nórdicos (Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega y Finlandia). Se trata de naciones con buenos niveles de bienestar, derechos adecuados a una parte importante de la población pero con enormes impactos ambientales. Esos impactos además recaen sobre otros países y personas, más allá de sus fronteras, advierte el informe.
«Los países nórdicos y otros europeos aparecen como los más incoherentes por el alto impacto que su producción y consumo tienen sobre el planeta», explicó Pablo Martínez Osés, coautor de este índice. El ejemplo más patente es el caso de Noruega que figura en el cuarto puesto.

Noruega, símbolo de la contradicción
Noruega ha prometido para 2030 reducir sus emisiones de carbono un 40 por ciento y es uno de los mayores benefactores de la Amazonía. Sin embargo, es uno de los principales exportadores de petróleo y gas del mundo, con los costos ambientales que conlleva. En 2017, se convirtió en el primer país en ser llevado a los tribunales por emitir nuevas licencias para la extracción de petróleo y gas en el círculo Polar Ártico --las primeras en 20 años-- después de haber firmado y ratificado el Acuerdo de París sobre Cambio Climático.
«Los desafíos del desarrollo es dejar de hablar de países desarrollados y no desarrollados porque el modelo de desarrollo de Noruega por ejemplo se carga el planeta», indicó Martínez Osés.
De hecho entre los 25 países más coherentes desde el punto de vista ambiental no se encuentra ningún país europeo u occidental por la insostenibilidad de sus modelos de desarrollo, alerta el informe, que además subraya que este componente es el que muestra «mayores niveles de incoherencia por parte de todos los países».

España destaca pero con muchas sombras
Aunque España se encuentra en el «top 10» de países coherentes con el desarrollo sostenible, no alcanza los 70 puntos de desarrollo. Tiene buenas posiciones en el ámbito global por su compromiso con los principales tratados de derechos humanos, justicia y el compromiso con los derechos LGTBI e igualdad de género. También se ve beneficiada por un menor nivel de militarización de la sociedad que otros países, especialmente en lo que se refiere a armamento nuclear y a personal de las fuerzas armadas; sin embargo, su gasto militar como porcentaje del PIB es más significativo que el de otros países, señala el informe.
Otro componente en el que España puntúa bien es el productivo. En este sentido, presenta un mayor equilibrio en la dotación de infraestructuras como factores medioambientales y sociales. Por otra parte, aunque presenta una pésima puntuación en el componente ambiental (puesto 80 del ranking), su situación es relativamente mejor que la de otros países que puntúan bien materia económica, social y productiva. Es el quinto mejor país de la UE en este componente.
España se ve penalizada por su alta cifra de paro, la desigualdad entre ricos y pobres y el tamaño de su sector bancario, que es 3,4 veces el PIB del país
Donde mayor margen de mejora presenta en relación con otros países de su entorno es en el componente económico y social. En materia de fiscalidad se encuentra entre los siete países de la UE de los 28 con menores ingresos gubernamentales como porcentaje del PIB. También tiene margen de mejora en la capacidad redistributiva de la política fiscal, señala el informe, que advierte que nuestro país se ve penalizado sobre todo por la desigualdad entre ricos y pobres y el tamaño de su sector bancario, que es 3,4 veces el PIB del país.
En el componente social, España está especialmente penalizada por su elevada tasa de desempleo, además de presentar margen de mejora en los indicadores que miden población por encima de la edad legal de jubilación que recibe una pensión de vejez, ratio alumno-profesorados en educación infantil y en la tasa de permanencia en el último curso de educación secundaria.
EE.UU., potencia económica pero poco sostenible
Entre los 35 países con baja coherencia con el desarrollo sostenible figura Estados Unidos. Ocupa el puesto 91 de los 148 países analizados. Es uno de los países peor puntuados en el componente ambiental por sus elevados niveles de emisiones de dióxido de carbono, su huella ecológica, el uso de ferilizantes y presentar déficil de biocapacidad.
El informe también señala que a ello también contribuye la falta de compromiso con los principales acuerdos internacionales en materia medioambiental y con las energías renovables.
En el ámbito económico se ve muy penalizado por su elevado nivel de opacidad financiera. También presenta importantes déficits en el ámbito de la gobernanza global, lo que se manifiesta tanto en su falta de compromiso con parte importante de los tratados internacionales en materia de derechos humanos y justicia internacional como con su elevado grado de militarización.
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