Por qué necesitamos más y mejores áreas marinas protegidas

 


Por qué necesitamos más y mejores áreas marinas protegidas antes de 2030

Fecha de Publicación
: 31/12/2025
Fuente: The Conversation
País/Región: Internacional


En diciembre de 2022, los países participantes en la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, celebrada en Montreal (Canadá), acordaron proteger al menos el 30 % de nuestras tierras y océanos para 2030, el conocido como “objetivo 30 x 30”. Este compromiso se basa en estudios científicos que sugieren que el 30 % es el mínimo necesario para restaurar la vida marina y todos los beneficios que proporciona a la humanidad.
En un planeta que sufre una crisis ambiental sin precedentes, las áreas marinas protegidas (AMP) son actualmente una de las mejores herramientas –cuando no la mejor– para proteger la biodiversidad marina, conservar los recursos de los océanos, permitir una mayor resiliencia al cambio climático y mantener los servicios prestados por los ecosistemas marinos que aseguren la calidad de vida de las comunidades costeras.
Con el fin de alcanzar de un modo efectivo el objetivo 30 x 30, los expertos abogan actualmente por la creación de “redes de AMP”, un conjunto de AMP individuales que rinden resultados de manera sinérgica, diseñadas para cumplir las metas que una única área no puede lograr por sí sola.
Para ello se requiere, ante todo, limitar las actividades humanas que dañan los ecosistemas que albergan. Estas redes deben incluir distintos tipos de hábitats –desde praderas submarinas hasta zonas profunda– y replicarlos en distintas extensiones para asegurar su resistencia ante cambios o impactos catastróficos.
También es importante variar el tamaño de las áreas según cómo se mueven las especies, e incluir diferentes niveles de protección, desde reservas totalmente cerradas hasta zonas donde se permitan actividades reguladas como la pesca o el buceo.
La conectividad es otro aspecto clave: las AMP deben estar lo bastante cerca unas de otras como para permitir el intercambio de larvas y el movimiento de adultos, reforzando así las poblaciones y beneficiando a zonas no protegidas. Además, la red debe cuidar espacios con ecosistemas únicos, especies emblemáticas o poblaciones pesqueras importantes para la sostenibilidad futura.
Por otro lado, las AMP deben diseñarse y gestionarse con una participación real de todos los sectores implicados –pesca, turismo, ciencia, oenegés y administraciones–, promoviendo una gobernanza eficaz y equitativa que incluya también el conocimiento tradicional y local.

Un compromiso global insuficiente
Aunque casi 200 países se han comprometido con el objetivo 30 x 30, hoy solo el 9,6 % del océano global está bajo algún tipo de protección y menos del 3 % corresponde a AMP altamente o totalmente protegidas. Estas, según muchos ecólogos marinos, son las que verdaderamente restauran ecosistemas y aportan beneficios tangibles a la sociedad. El mundo necesita cuadruplicar el nivel actual de protección en apenas 5 años.
La mayor parte del progreso en AMP durante las dos últimas décadas se ha hecho creando muy pocas áreas extremadamente grandes –más de 100 000 km²– en lugares remotos de las zonas económicas exclusivas (ZEE) de ciertos estados. Es decir, en aquellas áreas marítimas que se extienden hasta 200 millas náuticas desde la costa de un país, donde este tiene derechos soberanos sobre la exploración, uso y conservación de sus recursos naturales (pesca, minerales, energía) y jurisdicción sobre actividades como investigación científica y protección ambiental.
Esto ha hecho avanzar los porcentajes globales, pero tiene un efecto limitado sobre los ecosistemas donde se concentra la biodiversidad y la actividad humana: las aguas costeras. Aunque el 94 % de todas las AMPs del planeta se ubican en aguas dentro de las 12 millas (mar territorial), son tan pequeñas (mediana de 1,1 km²) que colectivamente solo protegen el 0,3 % del océano mundial.
Un estudio reciente ha puesto de manifiesto que para cubrir las lagunas de protección global habría que crear cerca de 300 AMP grandes y unas 188 000 AMP pequeñas. Esto supone añadir 1,68 millones de km² de protección costera y más de 16 millones de km² en aguas exteriores. En términos operativos, esto se traduce en crear unas 85 AMP nuevas cada día entre 2025 y 2030. Algo que, evidentemente, no está ocurriendo.
Como además evidencia este reciente trabajo, el problema no es solo de cantidad, sino de calidad. Un tercio de la superficie marina considerada “protegida” permite actividades incompatibles con la conservación, como pesca industrial, minería marina, extracción de hidrocarburos, energía eólica marina, etc. Y miles de AMP carecen de planes de gestión, seguimiento o vigilancia. En realidad, sólo el 3 % del océano mundial está realmente bien protegido.

Las AMP españolas: un ejemplo de lo que pasa en el resto del mundo
El mar Mediterráneo ofrece un ejemplo especialmente claro de la deficiente aplicación de las AMP: hasta el 95 % de ellas no presentan diferencias normativas y la mayoría no albergan más biodiversidad que las zonas no protegidas.
Además de que casi no existen zonas altamente protegidas (0,23 % de toda su superficie), la red actual está muy fragmentada. La mayoría de las zonas protegidas se concentran en la cuenca noroccidental, lo que da lugar a una conectividad deficiente de la red y a enormes desequilibrios territoriales.
La situación en la costa española, tanto mediterránea como atlántica, no difiere demasiado del diagnóstico global. Si bien en la teoría alcanza un alto porcentaje de protección marina (alrededor de un 23 %) y aspira a alcanzar el 25 % a finales de este año, muchos de los planes de gestión de estos espacios no son efectivos en la regulación real de actividades como pesca, turismo, etc. Así que, en la práctica, estas áreas funcionan como espacios sin protección real.
Por otra parte, menos del 1 % del área protegida de España está clasificada como altamente protegida o totalmente protegida. Por el contrario, más de 150 AMP, que comprenden el 40 % del área protegida del país, se consideran ligeramente protegidas o mínimamente protegidas. Asimismo, resulta alarmante que cerca del 45 % del área protegida se considera incompatible con los objetivos de conservación al permitir actividades como la pesca industrial, las prospecciones petrolíferas, la minería o las eólicas marinas.
Además, con el fin de alcanzar “por la vía rápida” el objetivo 30 x 30, en los últimos años se está recurriendo a incluir en la Red Natura 2000 marina espacios muy grandes, de miles de kilómetros cuadrados que, por el momento, adolecen de falta de medidas efectivas de protección. Ejemplos destacados son el Corredor de migración de cetáceos del Mediterráneo o el Corredor migratorio galaico-cantábrico occidental.
Estas áreas se encuentran a menudo muy lejos de la costa, lo que impide afrontar la protección de la zona costera. Y es aquí donde se dan la mayor parte de las presiones antrópicas, así como las debidas al cambio climático y los conflictos entre usos.
Por su parte, las reservas marinas de interés pesquero, aun siendo de pequeño tamaño, presentan en general buenos resultados, pero actualmente se encuentran afectadas por un drástico recorte de la financiación proveniente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Esta situación podría provocar una abrupta pérdida de los beneficios conseguidos durante los últimos 30 años, debido a una disminución de la vigilancia, sin la cual toda medida de gestión resulta inútil frente a la presión del furtivismo.
Por último, la gobernanza de las AMP españolas, ya sean de índole ambiental –como los espacios de la Red Natura 2000 marina– o de naturaleza pesquera –como las reservas marinas de interés pesquero–, no cuentan con participación efectiva de los diferentes actores locales. Esto dificulta la colaboración y el acuerdo con los sectores implicados, y con ello la creación de nuevas AMP o la ampliación de las ya existentes.
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