La belleza de los cactus es su propia condena



La belleza de los cactus es su condena a la extinción

Fecha de Publicación
: 01/07/2016
Fuente: La Vanguardia (España)
País/Región: Internacional


Los cactus son hermosos, no vamos a negarlo. La gracia de sus espinas, el verdor de su tallo, pero sobre todo el colorido de sus ampulosas flores lo convierten en una apreciada pieza para decorar jardines e interiores. Pero esta belleza es su tragedia, porque más que la agricultura o la urbanización, lo que está matando a los cactus es el tráfico ilegal.
El 30% de la población mundial de cactus, englobadas bajo el nombre científico de cactáceas, están en riesgo de extinción, y pertenecen a un triste Top 5 de las cinco especies más amenazadas del planeta, por detrás de las cigarras, los anfibios, los corales y las coníferas.
“El tráfico de vida silvestre abarca a más especies que a los carismáticos rinocerontes o elefantes, que tienden a ser objeto de atención mundial”, dijo Inger Andersen, directora general de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).
En el caso de los cactus, el tráfico ilegal es responsable del 47% de las extinciones, lejos de otras causas como la ganadería a pequeña escala (31%) y la agricultura (24%), y también los usos medicinales, herencia de la tradición indígena en América.
Pero su captación por la industria pone a especies como la pezuña de venado (Ariocarpus kotschoubeyanus), reconocida como antiinflamatorio, al borde de la extinción.

Aislados pero frágiles
Otras causas, como el avance de las urbanizaciones, no tienen tanta incidencia. Los cactus crecen en tierras áridas, lejos de los núcleos poblados. Precisamente esta es su mayor vulnerabilidad. En México, donde crecen 850 sobre 2.000 especies catalogadas del mundo, es muy difícil controlar los cactus que son robados de parajes difíciles de acceder y donde apenas hay medios de patrullaje.
La depreciación que protagonizó México ha sido escandalosa durante el último cuarto del siglo XX. La variedad lindsay de la Echinocereus ferrerianus, con su flor violeta claro y rojo, fue descubierta en 1975, y al cabo de 25 años ya se declaró como extinta.

Corrupción y falta de controles
El endeble control de las autoridades y la corrupción permitieron que se emitieran miles de permisos ilegales para exportar plantas y semillas.
“En las décadas de los setenta y ochenta, millones de cactáceas silvestres salieron de México hacia los Estados Unidos, Europa y Japón, todas de manera ilegal”, precisan María Elena Sánchez y Juan Carlos Cantú, en un informe elaborado por Teyeliz AC y Greenpeace México.
Recién se pudo poner freno y organizar un mejor control cuando México se integró al CITES (Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre) en 1991. A partir de ese entonces, ninguna autoridad puede expedir un permiso de exportación sin la autorización de este organismo internacional.
Pero los traficantes siguieron burlando los controles y, en vez de traficar ejemplares, se dedicaron a exportar semillas y ejemplares más pequeños. Para colmo, las familias de clase media y alta mexicanas también se sumaron a la moda de tener un cactus en su jardín y el tráfico interno logró superar al externo.
Por ello, desde Greenpeace y otros organismos recomiendan que la población adquiera los cactus cultivados en viveros registrados, que son de un tamaño más pequeño, tienen una mayor simetría y su espinado es más armónico.
En cambio, los ejemplares silvestres muchas veces llegan heridos de muerte por la falta de cuidados, golpeados o mutilados, y su vida tras el trasplante es mucho menor.

Pacto de silencio científico
Además, entre los científicos se hizo un pacto de silencio y, a contrasentido de las reglas esenciales de la investigación, decidieron no difundir públicamente cuando se descubre una nueve especie de cactus, para evitar el saqueo.
Basta recordar que cuanto más exótica es una planta, más se paga en el mercado negro. No hay cifras concretas de cuánto vale cada ejemplar, porque aquí entra el juego de la oferta y la demanda.
Por ejemplo, cuando en 1996 se descubrió una nueva variedad de biznaguita (Mammillaria luethyi), se llegó a pagar hasta 800 euros por los escasos ejemplares que crecían en el estado de Coahuila. Pero diez años después se descubrieron miles y miles de ejemplares, por lo que su precio ahora no pasa de los diez euros en cualquier mercadillo.

Claves para el medio ambiente
Los cactus son plantas esenciales en el cuidado de un ambiente tan frágil como los desiertos y las tierras áridas. Aunque parezcan páramos abandonados de la mano de Dios, allí se desarrolla una intensa vida salvaje.
Este tipo de plantas es una fuente de alimento y agua para diversas especies, desde coyotes, pavos, codornices, venados, lagartijas, tortugas y ratas del bosque, hasta para los colibríes y murciélagos que absorben el néctar de las flores, o las abejas, polillas y otros insectos que contribuyen a polinizarlas.
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