Estamos tan mal que se necesita una 'reserva aérea'

Proponen una 'reserva aérea' para aves  

Fecha de Publicación
: 06/08/2015
Fuente: Clarín (Argentina)
País/Región: Argentina - Internacional


Peligro para el ecosistema en las alturas.Un estudio de un científico argentino, publicado en la revista Science, alerta sobre los daños al ecosistema aéreo por parte del hombres.
Las estrategias de conservación que promueven la diversidad biológica se concentran en reducir el impacto sobre reservas terrestres y más recientemente, en ambientes acuáticos, aunque en este afán terrenal, las reservas aéreas quedan relegadas. El estudio de un científico argentino publicado en la revista Science, alerta sobre la perturbación del espacio aéreo por parte del hombre y la cantidad de especies que se ven amenazadas por esta invasión.
Esta batalla por dominar las alturas conspira contra la condición natural de muchos seres vivos que precisan del aire para desplazarse, alimentarse o reproducirse; como en el caso de las aves, cierto tipo de bacterias y los insectos, entre otros.
Al frente de la información está el doctor en biología Sergio Lambertucci, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo), junto con sus colegas Rory Wilson y Emily Shepard, de la Universidad de Swansea, en el Reino Unido.
Durante el último siglo, la ocupación del ecosistema aéreo por el hombre se acrecentó. “Se ve perturbado por edificios, los tendido eléctricos, las antenas, los molino de energía eólica y también, por los artefactos de vuelo como aviones, helicópteros, al que se suman los drones”, indica Lambertucci.
La mayoría de los animales que se trasladan por el aire maniobran a menos de 200 metros del suelo. Las colisiones con aeronaves se concentran a alturas entre 60 y 120 metros durante el despegue y el aterrizaje.
Además de un costos económicos está en riesgo la vida de hombres y aves. Anualmente, en los Estados Unidos, los accidentes aéreos por colisiones con aves totalizan unos 900 millones de dólares. Para mitigar estos incidentes la propuesta de los investigadores incluye la creación de reservas aéreas y sobre todo “conocer las conductas de los animales, algo que puede ayudar a tomar decisiones que se anticipen a los conflictos”, apunta.
Y aunque existen numerosas reservas naturales cuya finalidad es preservar a aves migratorias, en su mayoría están concentradas en el suelo y rara vez se consideran las amenazas que viven en el aire.
En este sentido, hay tres estrategias posibles. “El primer camino es la mitigación, que contempla una solución al conflicto que ya existe. Es decir, que los edificios tengan luz ultravioleta la cual puede ser vista por las aves pero no por el hombre o coloquen siluetas de aves rapaces en los vidrios. Otro punto es que haya estudios serios sobre cómo se mueven los animales y cuáles son sus rutas migratorias. Finalmente, que se contemple la creación de reservas aéreas temporales, por ejemplo para zonas de migración, o permanentes, en áreas de alta concentración de especies”, advierte Lambertucci.
Otro foco de conflicto son los drones. Y aunque ningún biólogo discute las bondades que ofrecen para estimaciones de variables climáticas o avistamiento y monitoreo de especies, se invierten millones para desarrollar estos dispositivos pero prácticamente no se indagó sobre el impacto que pueden generar en la vida silvestre. “Nadie evaluó el efecto que puede tercer en la vida silvestre, ni tampoco los efecto fisiológico para la reproducción o la alimentación de determinadas especies. Su utilización puede ser muy útil pero es fundamental evaluar primero sus posibles impactos para hacer un mejor uso” señala.
Y si bien algunas aves acuáticas no son intimidades por la presencia de estas máquinas de vuelo, otras especies, como las gaviotas o las rapaces territoriales, se sienten amenazadas cuando vuelan cerca de sus nidos y llegan a atacarlas.
A esto se le suma que el campo visual de muchas aves es más limitado que el humano y estos vehículos a control remoto no ofrecen señales visuales adecuadas para alertar a las aves. Varios estudios apuntan a que los drones, aviones e incluso las pistas de los aeropuertos deberían tener luces intermitentes de un LED azul para alertar a las aves.
Otro enemigo de las aves son los objetos estáticos como carteles y edificios. De acuerdo a la ONG canadiense Fatal Light Awareness Program (Flap), se estima que en América del Norte mueren entre una y diez aves por cada edificio que hay en pie. “Es importante resaltar que no se propone la prohibición del uso de ninguno de estos artefactos o construcciones, sino la instalación y uso de los mismos de manera que reduzca el conflicto con las especies que utilizan ese mismo hábitat aéreo. Muchas veces con modificar levemente la localización de por ejemplo un parque eólico o un aeropuerto se reduce el problema tanto para la vida silvestre como para el hombre, quien reduce los riegos y los costos a posteriori”. Lo indicado es que haya una evaluación ambiental antes de iniciar cualquier obra o instalación de artefactos que utilicen el aire.
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