La ONU urge a América Latina a invertir en resiliencia

 


La ONU pide a América Latina invertir en viviendas resilientes tras un 2026 de desastres costosos

En el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, UNOPS y UNDRR advierten que la región pierde miles de millones por no prevenir y reclaman invertir en hogares e infraestructura más seguros.

Menos de dos minutos alcanzaron para que Viviana Gil perdiera el departamento en el que vivía desde hacía 16 años y cuya última cuota había pagado pocos meses antes. Fue el 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia. Con su historia, dos agencias de Naciones Unidas lanzaron un llamado en el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres: América Latina y el Caribe necesita invertir en viviendas e infraestructura resilientes.
El planteo lo firmaron Dalila Gonçalves, directora regional de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) para América Latina y el Caribe, y Nahuel Arenas, jefe de la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). El texto coincide con el lema elegido este año para la jornada del 13 de octubre: “La resiliencia empieza en casa”.

Un 2026 de pérdidas millonarias
Según los funcionarios, la región ya comprobó dos veces este año lo que cuesta no prevenir. En Venezuela, la UNDRR estimó en unos 37.000 millones de dólares los daños físicos directos de los terremotos de junio, de los cuales 24.000 millones correspondieron a edificaciones, incluidas las viviendas. En Colombia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calculó los daños del sismo de agosto en unos 13.200 millones de dólares, y cerca del 90% recayó en el sector residencial.
Las consecuencias de un desastre dependen en gran parte del terreno donde se construye, de la calidad de las obras y los materiales y del cumplimiento de las normas. En una región donde el 21% de la población vive en asentamientos informales, la autoconstrucción por falta de recursos multiplica el riesgo. Y el impacto no se reparte por igual: según un informe conjunto del PNUD y la UNDRR, el 20% más pobre de la población regional concentra apenas el 7% del riesgo sobre los activos, pero carga con el 37% de las pérdidas de bienestar esperadas.
El peligro no viene solo del suelo. En Jamaica, los daños y pérdidas del huracán Melissa equivalieron al 56,7% del producto bruto interno de 2024, según el Banco Mundial.

El Niño, la amenaza inmediata
A esos riesgos se suma el clima. En septiembre, el Pacífico ecuatorial superó en más de 3 grados su temperatura normal y alcanzó niveles récord, aunque El Niño todavía no llegó a su pico. La Organización Meteorológica Mundial da por casi seguro que el fenómeno se extenderá hasta febrero de 2027 y advierte un mayor riesgo de inundaciones, sequías y calor extremo.
En América Latina, eso puede traducirse en lluvias torrenciales en Ecuador y Perú y en sequías en el Corredor Seco centroamericano y el norte de Brasil. Para muchas familias, eso significa casas inundadas o calor insoportable en viviendas sin aislamiento.

Más que casas: sistemas
Una vivienda puede quedar en pie y volverse inhabitable si se corta el agua o cae el puente que la conecta con el hospital. Por eso, los Principios para la Infraestructura Resiliente de la UNDRR proponen pensar las obras y los servicios como un sistema. En Costa Rica, esos criterios guían el Programa de Emergencia para la Reconstrucción Integral y Resiliente de Infraestructura, financiado con un préstamo de 700 millones de dólares del Banco Centroamericano de Integración Económica, que contempla más de 450 intervenciones en carreteras, puentes, escuelas y viviendas.
Experiencias así siguen siendo la excepción. Según la Coalición para la Infraestructura Resiliente a los Desastres, las pérdidas anuales esperadas solo en la infraestructura de la región alcanzan los 58.000 millones de dólares. Sin embargo, menos del 1% de la ayuda oficial al desarrollo que llegó a América Latina y el Caribe entre 2005 y 2021 se destinó a reducir riesgos, y en México y Brasil esa partida no llega al 0,3% del presupuesto nacional. Y eso pese a que, según el Banco Mundial, cada dólar invertido en infraestructura resiliente en países de ingresos bajos y medios genera en promedio cuatro de beneficio.

Financiamiento y responsabilidad
Los autores piden a los organismos financieros internacionales y a los donantes condiciones que tengan en cuenta la vulnerabilidad de los países y no solo su nivel de ingreso. También reclaman que constructoras y desarrolladores respondan por sus decisiones y que las familias de bajos ingresos accedan a créditos, asistencia técnica, subsidios y seguros para reforzar sus casas. “Exigir seguridad sin ofrecer ayuda no basta”, advirtieron.
La próxima cita será en marzo de 2027, cuando la IX Plataforma Regional para la Reducción del Riesgo de Desastres reúna a los gobiernos en Nassau, Bahamas. Para la UNDRR, la resiliencia en el hogar “no es un lujo”, sino un derecho, una responsabilidad y una inversión.


Fecha de Publicación: 14/10/2026
País/Región: Internacional - América Latina 
Fuentes Consultadas: Agencia EFE Verde, UNDRR, UNOPS, PNUD, Banco Mundial, Organización Meteorológica Mundial (OMM)
 

Blog del Foro Ambiental Córdoba

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