Daño climático asegurado: diez claves para limitar su escala

 


El daño climático ya está asegurado, pero su magnitud aún depende de lo que se haga en esta década

Más de 70 científicos de casi 30 países concluyen que las emisiones pasadas ya fijaron más calentamiento oceánico, subida del mar y pérdida de agua dulce, aunque recortes rápidos todavía pueden limitar la escala del daño.

Las emisiones acumuladas hasta hoy ya comprometieron al planeta con más calor, más aumento del nivel del mar y otros impactos que se prolongarán durante siglos. Sin embargo, la magnitud final de ese daño todavía depende de las decisiones de esta década. Esa es la conclusión central de la edición 2026/2027 de 10 New Insights in Climate Science (10 nuevas claves de la ciencia del clima). El informe fue presentado el 6 de octubre de 2026 en Estocolmo por Future Earth, The Earth League y el Programa Mundial de Investigación Climática (WCRP), copatrocinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El documento fue elaborado por más de 70 investigadores de casi 30 países y sintetiza literatura científica revisada por pares publicada entre enero de 2025 y junio de 2026. No es un estudio con datos propios, sino una síntesis orientada a la toma de decisiones. Lo acompaña un artículo académico que, al momento del lanzamiento, estaba en revisión en la revista Global Sustainability. Su destinatario inmediato son las delegaciones que negociarán en la COP31, en Antalya, Turquía.
Johan Rockström, director del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático y miembro del consejo editorial, fijó el tono: "1,5 °C es un límite que cruzamos bajo nuestra propia responsabilidad". Según el científico, más allá de ese umbral cada décima adicional de grado agrava el riesgo de efectos en cascada y potencialmente irreversibles.

Un planeta que acumula energía
Con datos de la OMM, el informe recuerda que la temperatura media cerca de la superficie fue en 2025 de unos 1,43 °C (± 0,13 °C) por encima de los niveles preindustriales. El período 2015-2025 reúne los once años más cálidos registrados. Las emisiones fósiles de dióxido de carbono alcanzaron un récord de 38,1 gigatoneladas, y la concentración de CO₂ llegó a unas 425,6 partes por millón, un 53 % por encima del nivel preindustrial.
La primera clave se centra en el desequilibrio energético de la Tierra, que es la diferencia entre la radiación que llega del Sol y la energía que el planeta devuelve al espacio. Más del 90 % de ese exceso termina en el océano, cuyo contenido de calor batió en 2025 su récord por noveno año consecutivo. Entre 2005 y 2025, la tasa de calentamiento oceánico alcanzó 0,32 ± 0,12 vatios por metro cuadrado por década, un valor coherente con lo medido por los instrumentos satelitales CERES de la NASA.
El calor tarda unos 25 años en llegar desde la superficie hasta los 2.000 metros de profundidad, de modo que parte del calentamiento ya está asegurado. Wendy Broadgate, directora del centro global de Future Earth, lo resumió así: "El océano ha sido el amortiguador de nuestro planeta". Por esa inercia, explicó, las emisiones de hoy fijan más calentamiento y más subida del mar. Los autores agregan que algunos modelos de baja sensibilidad climática no reproducen el desequilibrio observado, lo que sugiere que el calentamiento real podría superar lo proyectado.

Un mar que sube cada vez más rápido
La tasa de aumento del nivel medio del mar se duplicó en los últimos treinta años, impulsada por la expansión térmica del agua y el deshielo. Unos mil millones de personas viven en zonas costeras a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, y su exposición habría sido subestimada de forma sistemática.
Aun sin calentamiento adicional, los glaciares podrían perder hasta el 39 % de su masa y sumar unos 113 milímetros al nivel del mar a largo plazo. Con las políticas actuales (escenario SSP2-4.5), las emisiones hasta 2050 dejarían comprometidos 300 milímetros adicionales hacia 2300. Si esa trayectoria se extiende hasta 2090, el compromiso asciende a 800 milímetros. Un recorte compatible con el Acuerdo de París (escenario SSP1-1.9) evitaría unos 600 de esos 800 milímetros. La evidencia paleoclimática sugiere, además, que algunos sectores marinos de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida podrían haber cruzado ya umbrales irreversibles.

Continentes que se secan
La tercera clave describe el secado continental. Cerca de tres cuartas partes de la población mundial vive en los 101 países que pierden agua dulce desde 2002. El dato surge de las misiones satelitales GRACE y GRACE-FO de la NASA, que detectan cambios mínimos en la gravedad terrestre provocados por el desplazamiento de masas de agua. La pérdida de agua subterránea explica el 68 % de la disminución del agua almacenada en los continentes, excluidos los glaciares. Desde 2012, esas pérdidas aportaron al aumento del nivel del mar más agua que la Antártida.
El informe propone medir la brecha hídrica, que es la diferencia entre el agua consumida y la disponible de forma renovable y sostenible. Esa brecha ya alcanza 458 kilómetros cúbicos anuales, un volumen similar a las extracciones totales de Estados Unidos o de la India. Crecería alrededor de un 6 % con 1,5 °C de calentamiento y un 15 % con 3 °C. Entre las respuestas posibles, la recarga gestionada de acuíferos podría compensar entre el 4 % y el 6 % del riego insostenible a escala global.

Sobrepasar 1,5 °C: un daño que no se revierte al enfriar
El calentamiento atribuible a la actividad humana llegó a 1,37 °C en 2025 y, al ritmo actual, superará 1,5 °C alrededor de 2030. Los autores lo comparan con un golpe de calor: cruzado cierto umbral, los daños no se deshacen al bajar la temperatura. Océanos, glaciares, permafrost (suelo permanentemente congelado) y capas de hielo conservan durante siglos las huellas del sobrepaso.
Si el pico de calentamiento supera 1,8 °C, volver a 1,5 °C antes de 2100 podría dejar de ser alcanzable. La cifra coincide con el informe Limiting Overshoot, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el 2 de septiembre de 2026, que ubica en 1,8 °C el pico del escenario más optimista. Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, fue tajante: "No hay buenos resultados si permanecemos por encima de 1,5 °C". Ambos documentos coinciden en que la remoción de dióxido de carbono de la atmósfera será necesaria. También coinciden en que no puede reemplazar los recortes profundos de emisiones, por sus costos sobre el agua, los alimentos y la biodiversidad.

Alimentación, economía y responsabilidades
Los sistemas alimentarios generan cerca del 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano. El informe señala el cambio hacia dietas con más alimentos de origen vegetal como la palanca más decisiva del lado de la demanda. Un paquete de 23 medidas combinadas podría evitar unos 182 millones de años de vida perdidos por año hacia 2050 y generar un beneficio social neto equivalente al 7 % del producto bruto mundial. A la vez, acelerará la caída del empleo rural y requerirá políticas de transición justa.
El costo social del carbono estima el daño económico de cada tonelada adicional de CO₂, y según el informe habría sido severamente subestimado: con modelos climáticos actualizados puede multiplicarse hasta por cuatro. Al incorporar el efecto de isla de calor urbana, el daño estimado sube de 187 a 490 dólares por tonelada. Eso equivale a pasar de 0,44 a 1,14 dólares por cada litro de nafta quemado.
La ciencia de atribución, por su parte, ya rastrea la cadena causal completa entre emisiones e impactos. Las emisiones de los grandes productores de combustibles fósiles y cemento pueden vincularse a cerca del 50 % del aumento de la intensidad de las olas de calor desde la era preindustrial. El 10 % más rico de la población multiplicó por siete la probabilidad de calor extremo respecto de una persona promedio. Timothy Naish, presidente del WCRP, sostuvo que este avance cambia la discusión sobre quién debe pagar por los daños.

Comercio, obstrucción y geopolítica
Las últimas claves abordan las barreras políticas. Los clubes climáticos y los mecanismos de ajuste en frontera por carbono pueden limitar la fuga de emisiones hacia países con normas laxas. Un ejemplo es el de la Unión Europea, plenamente operativo desde enero de 2026. Sin embargo, estos mecanismos también pueden imponer costos desproporcionados a las economías en desarrollo.
La obstrucción climática evolucionó desde la negación de la ciencia hacia tácticas de demora y distracción, como el lavado de imagen verde y la desinformación digital. El informe menciona a la Argentina como un caso en el que esa obstrucción excede a los combustibles fósiles y alcanza al agronegocio y al sector energético. Allí, según los autores, las promesas desarrollistas se contraponen a las preocupaciones ambientales.
Por último, las guerras en Ucrania e Irán aceleran la transición en algunos países ricos que apuestan por las renovables, mientras profundizan la dependencia fósil en otros. Peter Schlosser, copresidente de The Earth League, subrayó que el cambio climático dejó de ser un concepto abstracto. La ventana para actuar se estrecha, concluyen los autores, pero sigue abierta.


Fecha de Publicación: 07/10/2026
País/Región: Internacional
Fuentes Consultadas: Agencia EuroNews, Future Earth, The Earth League, Programa Mundial de Investigación Climática (WCRP), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Organización Meteorológica Mundial (OMM)

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