La investigación en geoingeniería avanza en silencio

 


Geoingeniería solar: universidades latinoamericanas investigan con fondos del exterior

Al menos diez proyectos en la Argentina, Brasil, Chile, Jamaica y México estudian técnicas para reflejar la radiación solar con financiamiento externo, en medio de moratorias internacionales y críticas de organizaciones sociales.

Universidades e institutos científicos de América Latina participan en proyectos de investigación sobre geoingeniería solar, financiados en su mayoría desde el exterior. Se trata de un conjunto de técnicas que buscan enfriar el planeta reflejando parte de la radiación del sol. Una investigación periodística identificó al menos diez proyectos en curso en universidades de la Argentina, Brasil, Chile, Jamaica y México, en un contexto de moratorias internacionales y escaso debate público.
Las instituciones involucradas son:
- la Universidad de Buenos Aires (UBA), en la Argentina;
- las universidades federales de Santa Catarina, Itajubá y São Paulo, en Brasil;
- las de Concepción y de la Frontera, en Chile;
- la Universidad de las Indias Occidentales, en Jamaica;
- la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Los estudios modelan los posibles impactos de la llamada gestión de la radiación solar sobre huracanes, olas de calor y energías renovables. También analizan sus vínculos con la economía y la salud, y relevan la percepción pública sobre estas tecnologías.

Quién financia
El principal financiador en la región es la Iniciativa Grados (Degrees Initiative), una organización con sede en Londres que se presenta como dedicada a fortalecer la capacidad de los países en desarrollo para evaluar la modificación de la radiación solar. También aporta fondos la Agencia de Investigación Avanzada e Invenciones del Reino Unido. Grados depende sobre todo de fundaciones filantrópicas vinculadas a multimillonarios del sector tecnológico y financiero. Algunas de esas fundaciones financiaron experimentos al aire libre y la comercialización de estas tecnologías.
Los montos comprometidos hasta 2030 incluyen 513.000 dólares para la UBA, 400.000 para la UNAM y 210.000 para la Universidad Federal de Santa Catarina. Les siguen la Universidad de las Indias Occidentales, con 114.000; la de Itajubá, con 105.000; FLACSO Argentina, con 100.000, y el Instituto Brasileño del Medio Ambiente, con 72.000. El CONICET recibiría otros 600.000, aunque no se precisa la moneda.
A escala mundial existen 1.433 proyectos de geoingeniería, de los cuales 917 apuntan a la absorción de dióxido de carbono y 19 a la gestión solar. Brasil concentra 28 iniciativas, México 13, Chile 8 y la Argentina 5.

Moratorias vigentes
La investigación avanza pese a las restricciones internacionales. El Convenio sobre la Diversidad Biológica adoptó en 2008 una moratoria a la fertilización oceánica y en 2010 otra a la geoingeniería en general; ambas siguen vigentes. El Protocolo de Londres, de la Organización Marítima Internacional, prohíbe la fertilización de los océanos salvo para la investigación científica legítima.
En 2023, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU calificó estas tecnologías de especulativas. Ese mismo año, el relator especial sobre sustancias tóxicas, el chileno Marcos Orellana, advirtió sobre enfoques no comprobados que podrían agravar los daños existentes.
En México, la empresa estadounidense Make Sunsets realizó en 2023 un experimento en Baja California que, según las autoridades, se hizo sin previo aviso y sin consentimiento. Después de ese episodio, el Gobierno prometió prohibir estas técnicas, aunque la medida todavía no se concretó.

Voces críticas
Para Soledad Vogliano, investigadora argentina del Grupo ETC, el auge de estos estudios responde más a la falta de fondos universitarios y al interés de instituciones del Norte global que a una agenda climática pública. “La universidad está desfinanciada, entonces es una buena forma de capturar investigadores de carrera”, sostuvo. A su juicio, la investigación legitima estas tecnologías aun sin resultados concretos, mientras los riesgos recaen en el Sur global. La organización advierte que la inyección de aerosoles en la estratosfera se asocia con posibles daños a la salud, a los ecosistemas y a la capa de ozono, menores rendimientos agrícolas y cambios en las lluvias.
Desde el ámbito académico de la región también hay cuestionamientos al vacío regulatorio. La bioeticista Florencia Luna y sus colegas analizaron el caso mexicano en un trabajo publicado en 2025 en el European Journal of Risk Regulation. Concluyeron que la falta de regulación en América Latina alimenta la desconfianza y la percepción de neocolonialismo, y que a la vez limita la investigación responsable. Para los autores, “el teatral caso de Make Sunsets no está éticamente justificado”. Propusieron, además, una gobernanza transparente y participativa que incluya a la región en las discusiones globales.
El debate gana peso en una región que aporta alrededor del 10% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y donde, según las voces críticas, recaería buena parte de los riesgos de estas tecnologías.


Fecha de Publicación
: 30/10/2026
País/Región: América Latina
Fuentes Consultadas: Agencia IPS Noticias, European Journal of Risk Regulation, Iniciativa Grados

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