La normalidad serán los fenómenos extremos



Los desastres naturales son la nueva normalidad

Fecha de Publicación
: 12/11/2019
Fuente: Noticias ONU
País/Región: Internacional


En la actualidad, el 90% de los desastres naturales tienen como origen el cambio climático. La frecuencia e intensidad de fenómenos como huracanes, sequías, inundaciones, se está convirtiendo en una nueva normalidad, según la responsable de la ONU de mitigar los efectos devastadores de las catástrofes. Mami Mizutori pide a los Estados que tomen más medidas, especialmente para proteger a los vulnerables.
Las catástrofes naturales están perdiendo su carácter de fenómeno extraordinario. En los últimos 20 años, el número de desastres se ha duplicado y el 90% de ellos están relacionados con el cambio climático, de una forma u otra.
La responsable de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDDR) se une al llamado del Secretario General para que los países tomen medidas durante la próxima década, al considerarla decisiva. También destaca la importancia que tendrá el sector privado en el futuro.
Mami Mizutori participó recientemente en México en la conferencia regional ARISE, una alianza del sector privado con las Naciones Unidas en la que participaron dieciocho redes nacionales de ARISE, procedentes de México y otros países centroamericanos y del Caribe. Allí concedió una entrevista a Noticias ONU.

¿Podría explicarnos, tal vez, el escenario de la reducción de desastres en la región? En particular en América Latina y México.
Las Américas y el Caribe son unas de las regiones más expuestas a los desastres y esto es algo que hemos visto a nivel mundial durante décadas, en particular, durante los últimos 20 años. Primero diré que el número de desastres se ha duplicado y el 90% de ellos se deben al cambio climático, de una forma u otra.
Por lo tanto, nos enfrentamos a una situación en la que la intensidad y la frecuencia de las catástrofes se está convirtiendo en la principal preocupación de nuestras vidas. En América Latina esto no es una excepción, un ejemplo reciente es el huracán Dorian que azotó las Bahamas. También están los huracanes que asolaron el Caribe en 2017 y la erupción del volcán de Fuego en Guatemala.
Pero hay muchos otros desastres de corto y medio alcance de los que nunca se ha oído hablar, que no son tan intensos como los que  transmiten los medios de comunicación, pero que igualmente se llevan (por delante vidas y viviendas. Por lo tanto, debo decir que estamos entrando en una nueva normalidad en el mundo y también en América Latina.

¿Cuál es el plan de las Naciones Unidas y de su organismo, en particular, para hacer frente a la amplificación de los desastres?
Existe un acuerdo internacional llamado Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, que se acordó en el año 2015. Este es el modelo que los Estados miembros de las Naciones Unidas deben seguir desde ahora  hasta el 2030 para aumentar la resiliencia frente a las catástrofes.
Pero el Secretario General, António Guterres, ha advertido que los próximos diez años son decisivos, por lo que la ha calificado como la “década de la acción”.
Y hay cuatro prioridades que son muy importantes:
    entender cuál es la naturaleza del riesgo al que nos enfrentamos
    fortalecer a los Gobiernos, a través de normas y reglamentos para combatir los desastres.
    invertir en resiliencia
    mejorar la reconstrucción
Así que, lo que hacemos en la oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, es  apoyar a los países para que puedan alinear sus estrategias nacionales para la reducción de desastres con estas cuatro prioridades y, en última instancia, que puedan conseguir éxitos en la mitigación del riesgo de desastres existentes y evitar la creación de nuevos.
Y para ello hacemos un gran trabajo de fortalecimiento de capacidades. Somos una institución normativa por lo que diseñamos herramientas para que las usen los Gobiernos. Reunimos a todos nuestros socios, no solo los Gobiernos, sino también el sector privado, la sociedad civil y el mundo académico, porque, como dice el Marco de Sendai, los desastres son asunto de todos. Y así es como estamos tratando de lograr lo que este acuerdo pide para el año 2030.

¿Qué importancia tiene el sector privado en el enorme desafío al que nos enfrentamos?
Les daré un ejemplo de la importancia del sector privado: de aquí al año 2040 se estima que se invertirán 90 billones de dólares en nuevas infraestructuras a nivel mundial y el 75% de esemonto lo invertiráel sector privado. Así que, si el sector privado no es suficientemente consciente para construir esta infraestructura de manera informada sobre los riesgos, estamos creando cada vez más nuevos riesgos contra los desastres.
Creo que este es un ejemplo muy importante de la influencia del sector privado. Y no hablamos sólo del sector de la construcción, sino también del sector financiero, que es fundamental. En última instancia, toda empresa necesita ser resiliente porque cuando los desastres golpean, amenazan la continuidad de los negocios. Y, para darles otro ejemplo, las pequeñas y medianas empresas que, en el caso de México, entiendo que representan alrededor del 98% de la economía, la mayoría de ellas nunca se recuperan de los desastres porque, sin un plan de resiliencia, no tienen un plan para la continuidad del negocio. Por lo tanto, es muy importante que el sector privado sea resiliente.

¿Cómo podemos estar seguros de que las personas más vulnerables se beneficiarán de este plan?
Es muy importante prestar atención a las personas más vulnerables. Decimos que no hay que “no dejar a nadie atrás” y eso es, sin duda, uno de los principales principios del Marco de Sendai.
Aquí hablamos de las mujeres, los niños y los jóvenes, las personas que viven con discapacidades, los pueblos indígenas. Y, si no tenemos éxito en su protección, no tendremos éxito en la reducción del riesgo de desastres.
Pero, lo más importante es que también tenemos que hacer que estas comunidades sean agentes de cambio; tienen que  incluirse en la elaboración de estrategias, estrategias locales para la reducción de desastres, porque sólo ellos saben cómo pueden ser resilientes en el momento del desastre.
Por lo tanto, la vulnerabilidad es una de las cuestiones más importantes para los países en desarrollo. Pero no sólo en ellos, incluso en los países desarrollados hay nuevas vulnerabilidades como el envejecimiento de la población. La ola de calor de este verano mató a muchas personas en Europa. Los tifones también  mataron a muchos ancianos en Japón. Por lo tanto, la vulnerabilidad es algo que todos los miembros de las Naciones Unidas deben conocer e incluir en sus planes y estrategias.

¿Cómo definiría la resiliencia?
La resiliencia es el fortalecimiento de una persona, una institución, una comunidad, o un país, para poder superar las dificultades que nos traen los desastres, y los desastres pueden tener un costo debido a las amenazas naturales y las amenazas creadas por la propia mano del hombre. Pero lo importante es que el pueblo y las instituciones puedan recuperarse; recuperarse sin ser destruidos. Para mí, eso es resiliencia.

¿Cuánto tiempo tenemos para hacer este cambio?
No tenemos mucho tiempo. Este septiembre tuvimos cinco cumbres en la semana de alto nivel en Nueva York: la Cumbre de Acción Climática, la Cumbre de la Cobertura Universal de Salud, la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Cumbre para la Financiación para el Desarrollo y la Cumbre en apoyo de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo..
Ahora bien, estas cumbres fueron muy importantes porque reafirmaron el hecho de que necesitamos cumplir con estos acuerdos. Pero lo que ahora dice el Secretario General  es que entramos en la década para la acción, que comienza el próximo año, ya que no tenemos mucho tiempo para luchar contra la rapidez de la emergencia climática y hay muchos riesgos que están interrelacionados actualmente. Así que, a partir de ahora, cada año, el Sistema de las Naciones Unidas con los países miembros, vamos a evaluar en qué medida estamos avanzando en todas y cada una de estas agendas que, por cierto, tienen que avanzar de manera coherente. Entonces, la respuesta breve es: no; no tenemos mucho tiempo, sólo tenemos diez años y el 2030 es un año muy importante.

¿Podemos tener esperanza?
Bueno, cuando entré hace unos 20 meses en las Naciones Unidas mucha gente me dijo que para sobrevivir o seguir trabajando con energía en la Organización, tenía que ser optimista. Si somos pesimistas no podremos hacer nuestro trabajo. Porque los retos son grandes y a veces te preguntas si estás progresando. Pero tiendo a ser optimista sobre  esta situación, porque si perdemos la esperanza, si perdemos nuestra energía, si dejamos de aspirar a lo mejor para todos, y de nuevo para las personas más vulnerables, no hay manera de que podamos existir.
Esa es la única razón por la que las Naciones Unidas son importantes. Estamos aquí con el mandato de cambiar el mundo de manera tal que las personas vulnerables y todos los ciudadanos puedan tener una vida mejor, y por eso prosperamos cada día y trabajamos con los Estados miembros, por lo que necesito ser optimista.

¿Tiene un mensaje para nuestros compatriotas mexicanos?
Nuestra oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres tiene una misión muy importante:  mejorar la vida de cada ciudadano de México frente a los desastres que atacan diariamente y con una intensidad y frecuencia que no habíamos visto anteriormente. Es una tarea mayúscula, pero, junto a nuestros socios—el gobierno de México, gobiernos estatales, municipalidades, el sector privado y la comunidad civil—, tenemos mucha energía para poder alcanzar y cumplir esta meta.
Y por eso estoy aquí en México y vamos a continuar trabajando desde Ginebra, donde está la sede de nuestra oficina, pero también desde nuestra oficina regional en Panamá para que haya una vida mejor, una vida donde no exista más preocupación por los desastres, para un futuro muy resiliente.
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