Solo quedan 10 vaquitas marinas

Quedan solo 10 vaquitas marinas; expertos pierden esperanza de rescatarlas

Fecha de Publicación
: 07/08/2019
Fuente: Plumas Atómicas
País/Región: México


Entrevistamos a expertos ambientalistas y académicos que pronostican un escenario terrible para la vaquita marina, mientras que las autoridades no parecen hacer mucho para rescatarla
Una víctima de la pesca ilegal, la vaquita marina casi ha desaparecido debido a la demanda del mercado chino del totoaba, un pez que comparte su hábitat.
El tráfico de este pez, también en peligro de extinción, está bajo el control de grupos armados que amenazan a defensores del medio ambiente y autoridades que intentan detener la pesca ilegal.
Pese a fuertes declaraciones del gobierno mexicano sobre la restauración y protección de las dos especies, científicos temen que se haya acabado el tiempo para rescatar a la vaquita, de la cual sobreviven sólo 10 especímenes.
El derrame de ácido sulfúrico de hace unas semanas en el Mar de Cortés podría ser la última gota en este desalentador panorama.

¿Cómo llegamos a esto?
La vaquita y el totoaba han sido protegidos desde los 70, cuando investigadores descubrieron que la excesiva pesca del totoaba –particularmente con el uso de redes de enmalle–  estaba erradicando a las poblaciones de las dos.
Tras aprobar su protección, las poblaciones de la vaquita y el totoaba parecían recuperarse, dando ánimo a los ambientalistas, según Dr. Thomas Jefferson, científico de mamíferos marinos y fundador de VIVA Vaquita, una organización estadounidense de investigación que, con otras organizaciones socios, se dedica a combatir la extinción de la vaquita.
Sin embargo, el panorama se tornó amargo para esta especie en 2010 debido a la extinción de otro pez al otro lado del mundo: la bahaba –un pez de la misma familia que el totoaba valorado por las supuestas propiedades medicinales de su buche.
Luego de que se suspendiera la pesca comercial de este pez, los consumidores chinos encontraron a la criatura más parecida, el totoaba. Desde entonces, la pesca ilegal de totoaba con redes de enmalle se continuó en el Alto Golfo de California –parte del Mar de Cortés–, lo que diezmó a la vaquita.
El doctor Jefferson dijo que la estrategia de salvar a la vaquita es sencilla en teoría:
“Toda la pesca con redes de enmalle tiene que ser eliminada en el hábitat de la vaquita.” El uso de las redes es “virtualmente la única amenaza a la supervivencia de la especie”. 
Sin embargo, el gobierno no ha actuado para hacer cumplir las leyes de protección ante la abundante demanda del totoaba, explicó Jefferson.
“Ha sido muy evidente para todos involucrados por muchos años que los esfuerzos para ejecutar estas [medidas] son mucho menores que lo necesario para detener la pesca”, declaró el doctor.
Jefferson abundó que la creación de tecnología alternativa a las redes de enmalle ha fracasado porque “algunos segmentos del gobierno mexicano activamente han hecho todo lo posible para inhibir el desarrollo de herramientas alternativas de pesca. El Instituto Nacional de Pesca, de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, tiene un largo historial de sofocar esfuerzos para cambiar del uso de las redes de enmalle.”
El doctor dio dos razones posibles para la reticencia del gobierno: primero, porque, aunque dañan a las poblaciones de fauna, las redes de enmalle son económicamente atractivas para México, y, segundo, porque “un número de personas en el gobierno es sobornada por gente que tiene muchos intereses en el uso de redes de enmalle: crimen organizado, particularmente los cárteles, han estado muy involucrados en los últimos diez años”.

Crimen y economía
El Alto Golfo de California tiene una fuente económica principal: la pesca. La falta de otras oportunidades en el área significa que cualquier límite puesto por el gobierno en la pesca va a ser mal recibido por los habitantes en el Alto Golfo.
Así lo explicó Kate O’Connell, una consultora de animales marinos del Animal Welfare Institute, una organización sin ánimo de lucro basada en Washington D.C. que ha trabajado para el bienestar de animales por los últimos 70 años.
“El problema siempre ha sido que nunca han prohibido la pesca completamente en esta área, entonces siempre va a haber barcos en el agua que encubren la actividad ilegal… Y las autoridades están reacias para cortar la pesca en el área debido a su importancia económica y la falta de alternativas de empleo local”, abundó.
Muchos de los pescadores ven las medidas de protección y la presencia de ambientalistas como amenazas a sus ingresos. El Alto Golfo es una de las zonas más productivas en términos de pesca de México, pero tiene poca industria o turismo –especialmente por la presencia de cárteles en el área.
Con tanta resistencia a la ley por parte de los locales, organizaciones criminales controlan el tráfico de totoaba. Operan en varios países en dos continentes.
Esta ruta comienza en los pueblos pescadores que rodean el Alto Golfo, donde grupos armados acompañan a los pescadores a recoger sus redes. Luego, los pescadores pasan las vejigas de estos animales a los “narcobucheros”, pandilleros que usan las mismas rutas que la cocaína para traficar el totoaba hasta ciudades grandes como la Ciudad de México o Los Ángeles  o se van hacia el sureste asiático, donde operadores de la mafia china compran y los llevan hasta China.
Lo que hace todo este trabajo tan atractivo es obvio.
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