Represas destruyen ecosistema de río en Brasil

Tocantins, un río de muchas represas en el centro de Brasil

Fecha de Publicación
: 14/01/2018
Fuente: IPS
País/Región: Brasil


Tocantins, un estado brasileño nacido en 1988 para buscar caminos propios al desarrollo en el centro de Brasil, cayó en el callejón común de las fronteras de expansión, basadas en la soja y la hidroelectricidad.
La zona debe su nombre a un río que cruza todo su territorio de sur a norte, pero ya convertido en una secuencia de represas para generar electricidad, casi totalmente destinada a otros estados. Sin industrias y con 1,5 millones de habitantes, su consumo es muy limitado.
“El lago es bonito, pero nos dejó sin el potencial turístico del río y su energía es más cara para nosotros que en otras partes”, criticó el periodista y escritor Edivaldo Rodrigues, editor-jefe del diario Paralelo 13, que fundó en 1987 en Porto Nacional.
La central hidroeléctrica de Lajeado, con capacidad de 902,5 megavatios y que oficialmente lleva el nombre del exdiputado Luis Eduardo Magalhães, muerto en 1998, sumergió playas, siembras y viviendas con su embalse de 630 kilómetros cuadrados, a lo largo de 170 kilómetros del río Tocantins.
“Teníamos playas en el estiaje, islas de arena blanca que atraían muchos turistas”, y todo se perdió con la subida de las aguas, lamentó Rodrigues, en su residencia del barrio histórico de la ciudad y a pocos metros de la orilla del lago.
Autor de 12 libros, crónicas, memorias y novelas, el periodista es un testigo privilegiado de las transformaciones en Tocantins, especialmente en Porto Nacional, cuna cultural del estado, actualmente con unos 53.000 habitantes.
Sus novelas históricas destacan la violencia de viejos hacendados, los “coroneles” nombrados por la Guardia Nacional extinta en 1922, quienes dominaron la prehistoria de Tocantins, además del avance en educación traído por los curas dominicos, venidos de Francia en 1886 para difundir el catolicismo desde Porto Nacional.
“Trajeron conocimientos de Europa, crearon escuelas, y así Porto Nacional se hizo un centro cultural”, y hoy un polo de enseñanza superior, con tres universidades y estudiantes procedentes de todo el país”, destacó el periodista que estudió Comunicación e Historia en Goiania, capital del vecino estado de Goiás.
El río, integrado a la ciudad, se anchó más del doble al hacerse lago, pero sin embargo, se alejó un poco de la población. Quedaron barrancas entre la avenida costera y las aguas, con acceso solo por dos escaleras.
Algunas familias tradicionales de la ciudad tuvieron que mudarse de la orilla mediante indemnizaciones, pero la mayoría de los desplazados eran campesinos ribereños del otro lado, en la orilla izquierda, donde más se extendió el embalse por la llanura.
Anesia Marques Fernandes, de 59 años, es una de esas víctimas.
“Perdimos el río, las playas, los turistas, el pescado cercano y las tierras fértiles sembradas en el estiaje”, recordó la campesina, reasentada junto con su madre a 21 kilómetros del río en el año 2000, antes de que se llenara el embalse el año siguiente.
“Mi madre es la que más sufrió y sufre aún hoy, a los 80 años de edad”, tras haber criado sola a sus cinco hijos en la comunidad rural inundada, Carreira, porque su marido falleció cuando estaba embarazada del quinto último, contó Fernandes.
En el Reasentamiento Flor de la Sierra, donde viven 49 familias desplazadas, las cuatro hectáreas de tierra que les quedaron no llegan a ser ni la décima parte de lo que tenían antes, aseguró. “La vivienda sí mejoró”, reconoció.
Pero lo más importante era la vida comunitaria, la solidaridad entre “vecinos que se ayudaban mutuamente, compartían la carne de un vacuno abatido. Éramos una gran familia que se rompió”, lamentó. En el reasentamiento solo hay tres familias de su mismo origen.
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