La EPA deja de solicitar información sobre emisiones petroleras



El Gobierno de Trump hace patente su nulo interés por la contaminación

Fecha de Publicación
: 06/03/2017
Fuente: Hipertextual
País/Región:


El Gobierno de Trump está cumpliendo con los peores temores de todo el mundo: la EPA ya ha comenzado a tomar medidas contrarias a la protección del medio ambiente y la reducción de gases.
Triste pero cierto: el Gobierno de Trump está cumpliendo con los peores vaticinios. En un asombroso y reciente comunicado, la Agencia de Protección Ambiental, (EPA por sus siglas en Inglés) anunciaba que la entidad va a dejar de solicitar información sobre la emisión y contaminación a los operadores de plantas petrolíferas y refinerías. Esto, básicamente, quiere decir que va a dejar de preocuparse por la contaminación producida por dos de las fuentes de combustibles fósiles más dañinas para la naturaleza. Esta medida, avalada por el director de la agencia, Scott Pruitt, servirá para "rebajar la carga de trabajo de las empresas". ¿A qué precio?

Ni un dato más
Según el comunicado, la EPA retira de forma inmediata las solicitudes que obligaban a las empresas de la industria del petróleo y gas natural a proporcionar información vital sobre los equipos de emisiones y operaciones. No solo eso, las solicitudes que todavía no habían sido satisfechas, para las cuales se había expedido una extensión de tiempo, tampoco deberán cumplimentarse. Por tanto, desde este momento y de manera inmediata, algunas de las empresas potencialmente más contaminantes del mundo ya no tienen que informar sobre la contaminación que producen.
"Con este paso, la EPA muestra su preocupación y compromiso para fortalecer el acuerdo con los estados. La acción de hoy reducirá la carga de trabajo en los negocios mientras analizamos más de cerca la necesidad de información adicional dentro de la industria".
Con estas palabras defendía Scott Pruitt la razón de semejante decisión. Según palabras de la agencia, la acción tiene como objetivo revisar la necesidad de información y la forma de recolectarla. El pasado diez de noviembre, la EPA envió la conocida como Solicitud de Recolección de Información, o ICR, cuya finalidad es conocer la cantidad de emisiones dañinas para el medio ambiente y las medidas que se pueden adoptar para poder reducirlas. Poco después, nueve procuradores generales estatales y los gobernadores de Misisipi y Kentucky enviaron mensajes manifestando su "preocupación" por la existencia de esta petición positiva para el medio ambiente. Con esta demostración, las partes interesadas han ejercido una presión sobre un Gobierno que ya mostraba su intención de adoptar medidas contrarias a la protección del medio ambiente.

¿Qué consecuencias tendrá?
Para entender sus consecuencias, hay que tener en cuenta que Estados Unidos emite unas dieciocho toneladas de dióxido de carbono per capita y año. En comparación, la media mundial es de 4,49 toneladas y la de China, que en conjunto es el mayor emisor mundial, es de seis toneladas. De hecho, aunque en los últimos años, bajo la administración de Obama, el país ha hecho un enorme esfuerzo reduciendo la cantidad de gases invernadero emitidos, están entre los primeros emisores a nivel global. Ahora, con la decisión de la EPA, estos datos se van a volver mucho más difíciles de obtener. Ya no se podrá llevar un control proactivo que trate de mitigar la emisión de un país que es el segundo emisor del mundo. De hecho, hasta la fecha no lo es precisamente por los esfuerzos de control y mitigación propuestos por la administración pública (así como por la voluntad de algunas, aunque pocas, empresas con una visión de un futuro más limpio).
Sin la regulación susodicha, la industria del petróleo y el gas natural, dos importantes fuentes de combustibles fósiles, se saltan una primera barrera que ayudaría a controlar las emisiones dañinas, las cuales tendrán consecuencias muchos años después. A pesar de que seguirán existiendo otras regulaciones en contra de la contaminación, la decisión tan drástica e inmediata muestra la voluntad del Gobierno de Trump de oponerse activamente a las medidas de control de gases de efecto invernadero. También muestra una facilidad pasmosa de ceder a los intereses económicos de empresas y partes claramente en conflicto de intereses con la regulación estatal.
Trump es un conocido negacionista del cambio climático que no ha tardado en hacer realidad los peores temores de todo el mundo. Aunque no es algo que sorprenda, ya que mantuvo su política negacionista durante toda su campaña, lo cierto es que asombra la velocidad y dureza con la que su Gobierno está tomando medidas en contra de las soluciones ambientales adoptadas por su predecesor. Con este precedente, probablemente no tardaremos en ver como el Gobierno de Trump termina por abandonar las medidas propuestas en la Cumbre de París de forma oficial. Trump parece decidido a acabar con todo lo bueno que pudimos ver durante el Gobierno de Obama en cuestiones de cambio climático sin importar las consecuencias.
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