Estamos en el proceso mayor flujo migratorio de la Historia


Vivimos el mayor flujo migratorio urbano de la Historia, advierte un experto

Fecha de Publicación
: 02/01/2017
Fuente: EFE
País/Región: Internacional


En los años 50 del siglo XX "unos 700 millones de personas vivían en ciudades y hoy lo hacen casi 4.000 millones", lo que significa que "experimentamos el mayor flujo de migración mundial de la Historia", ha explicado en entrevista a Efeverde el experto en sostenibilidad Luis M. Jiménez Herrero.
Esta transición urbanita las ha convertido en las principales generadoras de residuos y contaminación además de en las mayores consumidoras de recursos, por lo que “el futuro equilibrio del planeta como ecosistema global pasará por el de las propias ciudades”, ha detallado el antiguo director del Observatorio de Sostenibilidad en España y actual presidente de la Asociación para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedades (ASYPS).
Para este especialista, una buena planificación urbana “debe centrarse en las personas y no en los vehículos como se ha hecho hasta ahora”, puesto que la movilidad es uno de los “factores esenciales” si se quiere reducir el impacto medioambiental y mejorar la calidad de vida en una población.

Transporte
Por ello, es uno de los ejes sobre los que ha centrado su último libro recientemente publicado, ‘Hacia ciudades y territorios inteligentes, resilientes y sostenibles. Gestión y gobernanza para la gran transición urbana’, en el que defiende la necesidad de redefinir la actividad del transporte para centrarlo en “acercar a las personas, y no sólo a las mercancías, a los lugares”.
En su opinión, el transporte “tiene que dar un salto estructural en su concepción” para “sacar a los vehículos del centro de la planificación” y la forma más recomendable pasa por impulsar una urbe “compacta” o de alta densidad, de acuerdo con el modelo de población mediterránea.
“La dispersión es enemiga de la sostenibilidad”, ha advertido Luis M.Jiménez Herrero, al denunciar las poblaciones de modelo anglosajón que se extienden en horizontal, lo que incrementa sus necesidades energéticas y de infraestructuras, así como su dependencia del automóvil y sus problemas de contaminación.
Por contra, cita a Barcelona como ejemplo de ciudad compacta y, ecológicamente, más deseable ya que “todo lo que crezca más en altura que en extensión resulta más sostenible, ya que permite una mayor eficiencia tanto en el uso de recursos como en el tratamiento de residuos”.
Se trata en el fondo de “encontrar un equilibrio dinámico” que permita poner punto y final a la expansión urbana “descontrolada”: un modelo de crecimiento “agotado” pues la humanidad se enfrenta a “tensiones medioambientales” que no pueden seguir incrementándose por su propia supervivencia.

Pautas de consumo
La necesidad de concluir con éxito una transición energética y económica buscando la inversión en el capital natural y convirtiendo los residuos en nuevos recursos es otro punto clave para afrontar lo que algunos expertos ya han bautizado como “la era del Antropoceno, en la que las decisiones humanas marcan los designios de la biosfera”.
En este sentido, Jiménez ha insistido en la necesidad de que tanto los gobiernos como las sociedades de las que surgen cambien su forma de pensar y de organizar las ciudades puesto que “es cierto que en ellas se concentran los problemas, pero también tienen la capacidad de poner en marcha las soluciones de sostenibilidad”.
De ahí surge la idea de dejar en un segundo plano el gobierno “tradicional” y pasar a la “gobernanza”, un concepto que “implica la participación ciudadana y el consentimiento de los gobernados para garantizar el uso sostenible de los recursos y los activos ambientales”, ha explicado.
Los propios ciudadanos “tienen que adquirir las costumbres de la eficiencia” además de concienciarse de “cambiar las pautas de consumo” para reducir el gasto de materias primas y energía y reducir los gases de efecto invernadero.
“No sólo debemos aspirar a ciudades inteligentes, sino que necesitamos que sean resilientes y que tengan la capacidad de anticiparse y prepararse para los riesgos ambientales” que depara el siglo XXI, ha concluido.
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