Trump, fracking y preocupaciones fundadas



Preocupación ante apuesta de Trump por los combustibles fósiles

Fecha de Publicación
: 24/12/2016
Fuente: IPS
País/Región: Estados Unidos


El indígena cherokee Earl Hatley ha atestiguado las consecuencias de la utilización de la fractura hidráulica, también conocida por el vocablo inglés “fracking”, en su tierra natal para la obtención de gas de esquisto.
“El fracking es dañino para las fuentes de agua, la vida silvestre y el valor de las propiedades. Además, ha ocasionado sismos donde no se producían. Desde 2007 empezó a temblar más y más cerca de los pozos, puedo oler las emisiones, que me hacen sentir mal”, refirió a IPS este activista, guardián del agua y fundador de la no gubernamental Acción Local Ambiental Requerida.
Hatley tiene una propiedad en Payne, en el estado de Oklahoma, en el centro de Estados Unidos, que asegura que ya no puede visitar debido a las emisiones tóxicas de los pozos.
“La industria del gas y el petróleo ventea el gas fugitivo y no monitorea las fugas, pues no hay regulaciones en Oklahoma que la obliguen a hacerlo. Tuvimos la oportunidad de evaluar algunos pozos y encontramos que todos estaban mal”, relató.
En Oklahoma están activos casi 50.000 pozos de gas natural y de los cuales unos 4.000 se explotan mediante fractura hidráulica, al menos 200 en  Payne.
Con panoramas similares en otros estados, la preocupación es el denominador común del movimiento estadounidense antifracking con la llegada a la presidencia, el 20 de enero, del magnate republicano Donald Trump y su propuesta de impulsar la industria de los combustibles fósiles, pese a su impacto en el calentamiento del planeta.
Estados Unidos es el país que más intensamente explota el gas y el petroleo de esquisto o lutitas, también conocido por el vocablo inglés shale, lo que le ha permitido convertirse en el mayor productor mundial de hidrocarburos, al ocupar el primer lugar en la extracció de gas y el tercero de crudo.
Trump “manda señales de cuál va a ser la percepción de apoyo al sector y que empeorará los impactos ya conocidos del fracking, como la contaminación del agua y la emisión de metano”, analizó a IPS el argentino Daniel Taillant, presidente del no gubernamental Centro de Derechos Humanos y Ambiente, durante un taller sobre la evolución de la fractura hidráulica en las Américas realizado en Little Rock, la capital del suroriental estado de Arkansas.
En los depósitos de los hidrocarburos de esquito, su molécula  está atrapada en rocas profundas, perforadas y quebradas por la inyección cuantiosa de una mezcla de agua, arena y aditivos químicos, que se consideran nocivos para la salud y el ambiente.
De esa forma, el gas o el petróleo se liberan. Pero la tecnología genera masivos volúmenes de desechos líquidos que deben tratarse para su reciclaje y de emisiones de metano, más contaminante que el dióxido de carbono, el mayor responsable del calentamiento planetario.
Diversidad de estudios confirman los daños al agua, al aire, al paisaje y el desencadenamiento de sismos.
Para la industria del fracking, los buenos tiempos retornarían de la mano de Trump, que en mayo lanzó un plan para los primeros 100 días de gobierno, en caso de  ganar las elecciones de noviembre, en que establecía un decidido impulso para el sector, pese a las denunciadas secuelas ambientales, sociales y económicas.
El programa incluye la supresión de todas las barreras sobre las reservas energéticas, incluyendo el gas natural, petróleo y “carbón limpio”, valoradas por el documento en 50 billones (millones de millones) de dólares, en lo que denomina “revolución energética” destinada a producir una “vasta riqueza nueva”.
Asimismo, el presidente electo prometió eliminar los obstáculos regulatorios existentes contra los fósiles y facilitar el avance de “proyectos de infraestructura energética vitales”, como oleoductos y gasoductos.

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