El tiburón no tiene la culpa...



La otra cara del tiburón

Fecha de Publicación
: 13/01/2015
Fuente: Yahoo Noticias
País/Región: Internacional


Dos simples notas de violoncelo que se repiten in crescendo cada vez más rápido. Un desprevenido bañista chapoteando en una playa abarrotada de gente. Un movimiento de cámara acercándose bajo el agua en zigzag y finalmente gritos, desconcierto, pánico…
En 1975 un joven director llamado Steven Spielberg estrenaba Jaws, traducida al español como Tiburón, una película que terminó colándose en el imaginario popular y que nos ha dejado durante décadas una visión temible y amenazadora de una de las criaturas marinas más espectaculares de todos los tiempos.
Las numerosas cadenas de televisión que se dedican a emitir documentales sensacionalistas tampoco han ayudado a lavar su imagen puesto que vende más esa sangrienta mitología de dientes afilados que las cifras reales. Y lo cierto (en alguna ocasión ya lo hemos comentado) es que anualmente hay más muertes causadas por máquinas de vending que por tiburones.
Es más, otras especies a las que muchos consideran adorables (como el hipopótamo o el elefante) o amistosas (como los propios perros) causan más víctimas que el tiburón. De hecho, las estadísticas muestran que aproximadamente 60 personas fallecen al año por ataques de escualos, un dato inferior al de muertes causadas por otras especies como cocodrilos, osos, medusas, búfalos, serpientes o ranas venenosas…
Hace tan solo unos días el diario británico The Independient publicaba “The truth about sharks”, un delicioso artículo en el que un submarinista llamado Oliver Duff cuenta su historia personal y cómo pasó con el tiempo de temerlos a amarlos.
Lejos de ser esa máquina de matar solitaria y despiadada los tiburones son animales fascinantes que ofrecen una increíble variedad con más de 400 especies diferentes de las cuales tan solo 12 son consideradas peligrosas para el hombre. En realidad, más del 80% de las especies de tiburones apenas alcanzan un metro de longitud y solo un 5% se consideran grandes tiburones (como el tiburón blanco, el tiburón ballena, o el tiburón peregrino).
De hecho, el ser humano es mucho, pero mucho, más peligroso para el tiburón. Cada año se matan 100 millones de tiburones (unos 11.000 cada hora), la gran mayoría de ellos tan solo para cortarles las aletas y destinarlas a fines gastronómicos como la célebre sopa china. Por poneros un ejemplo impactante: en los últimos 20 años la cantidad de tiburones martillo ha descendido en un 90% pasando a considerarse una especie amenazada de extinción.
Mientras tanto olvidamos y perdemos por el camino una infinidad de detalles que convierten a este gran depredador marino en uno de los animales más interesantes que existen. Son animales grupales que desarrollan complejas redes sociales e interacciones de amistad entre ellos, llegando incluso a tener lo que podríamos llamar “mejor amigo” al que acompañan durante toda su vida.
Son animales culturales que transmiten los conocimientos adquiridos a otros sujetos de su grupo. Enseñan a otros a pescar, muestran nuevos trucos o lugares más propicios y se indican unos a otros cómo evitar peligros y depredadores mayores que ellos.
No son todos iguales e incluso dentro de una misma especie o de un mismo grupo, cada tiburón tiene una personalidad diferente. No puedes generalizar comportamientos porque ofrecen una amplia gama de conductas. Algunos más atrevidos, otros más tímidos, unos más sociables, otros más territoriales…
Pueden ser entrenados por los seres humanos para realizar tareas simples, y lo curioso es que aprenden mucho más rápido que los conejos o los gatos, y además retienen lo aprendido durante mucho más tiempo.
A pesar de lo que muchos creen, los tiburones sí sienten dolor o cansancio. La mayoría de las especies no tienen que estar nadando constantemente y duermen plácidamente en los fondos marinos o en recovecos y grietas en las piedras.
Aunque todos conocemos su gran olfato, capaz de detectar una presa a kilómetros de distancia, pocos saben de su excelente vista. Hay gente que cree que los tiburones no ven bien y por eso han desarrollado otros sentidos increíbles como su capacidad para detectar campos eléctricos gracias a sus “ampollas de Lorenzini” cubiertas de una sustancia gelatinosa. Sin embargo, la mayoría de las especies tienen una vista excelente y muchas son capaces de detectar colores incluso en aguas profundas donde la luz del sol apenas llega.
Mientras sigamos con esa vieja imagen que la película de Spielberg grabó a fuego en nuestras mentes no conoceremos realmente la importancia que tienen los tiburones para nuestros ecosistemas marinos. La salud de nuestros mares y océanos depende en gran medida de que las cadenas tróficas no se descompensen y el papel de los escualos, en lo más alto de la pirámide, es esencial para que este equilibrio sea posible.
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