Schwarzenegger versus Bush

Schwarzenegger se enfrenta a Bush por la protección al medio ambiente

Fecha de Publicación: 04/01/2008
Fuente: ABC


Poco se imaginaba George W. Bush que en materia ecológica se le iba a poner enfrente ni más ni menos que Terminator, que además milita en su mismo partido. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, encabeza desde ahora una verdadera cruzada ecológica contra la Casa Blanca, que implica entre otros a los estados de Arizona, Connecticut, Delaware, Illinois, Maine, Maryland, Massachussets, Nuevo México, Oregón, Pennsylvania, Rhode Island, Vermont y Washington.
Todos ellos han recurrido ante un tribunal de apelaciones de San Francisco la decisión de la Agencia (federal) de Protección Ambiental de impedirles fijar sus propios estándares, sus propios límites, para las emisiones de dióxido de carbono, particularmente de los coches. Pensaban fijar límites más severos que los federales.
La polémica está servida. El gobierno de California estima que con «sus reglas», las emisiones que calientan el planeta descenderían en 58 millones de toneladas métricas de CO2 entre 2009 y 2016, mientras que con las reglas federales, el descenso se quedaría en 20 millones de toneladas. Para 2020, calculan que con las reglas de la Casa Blanca habrían reducido 76 millones de toneladas, y con las suyas, 167.
Efectos del calentamiento
Alegan en California que ellos son particularmente vulnerables a los efectos malignos del calentamiento global, como se apreció con los espectaculares incendios del pasado verano. Schwarzenegger teme que se le derrita la nieve de las montañas, que le falte agua en las ciudades, que se le reseque aún más el desierto y que, en fin, allí nadie pueda vivir.
No es la primera vez que California y otros estados promulgan su propia legislación ecológica, y se les respeta. En Estados Unidos la ley federal es una, pero la autonomía estatal es enorme. Sólo hay que ver cómo en unos sitios se aplica la pena de muerte y en otros no, el matrimonio homosexual que es legal en unos estados no lo es en otros, etc. Comparado con estas cuestiones de hondísimo calado ético, ¿por qué es tan difícil permitir a los distintos territorios que fijen sus límites de emisiones, sobre todo si los ponen por debajo, nunca por encima, del federal?
Una decisión «política»
Los querellantes lo tienen muy claro: es una decisión «política», dictada no por el asesoramiento de ningún experto, ni siquiera del sentido común. El fiscal general del estado de California, Jerry Brown, ha llegado a preguntarse en público «si han consultado una güija» para atender las presiones de la industria petrolera y la del automóvil, que no son las menos florecientes en Texas, la cuna política del presidente y de la mayoría de sus colaboradores. ¿Se trata de dejar caer pieles de plátano políticas a los pies de los adalides de la lucha contra el calentamiento global?
Muchos les dan la razón, más ahora que la sensibilidad verde empieza a extenderse seriamente en los Estados Unidos, y a ser uno de los mayores frentes de descrédito de la Administración Bush. Esta nación no es el indiferente gigante contaminante que parece desde fuera, o que hace suponer su actuación en Bali o frente al Protocolo de Kyoto. La procesión va por dentro, cada vez se piden más cuentas sobre el medio ambiente. Ningún político ignora esta cuestión en su agenda.
Larga vida como gobernador
Entonces, los detractores de Arnold Schwarzenegger le acusan también a él de actuar en clave política: su preocupación sería no tanto el calentamiento global como su propia larga vida como gobernador de California. No sería la primera vez que Terminator es reelegido gracias a desmarcarse de la Casa Blanca en temas sensibles para la ciudadanía.
Por otro lado, nadie puede negar que el ex actor austríaco lleva ya tiempo públicamente muy comprometido con el medio ambiente. Si lo hace de cara a la galería, lo hace muy bien. Estuvo el pasado septiembre en Nueva York para participar en la cumbre climática que precedió a la reunión anual de la asamblea general de la ONU. Fue su participante más destacado junto con el Nobel Al Gore, y dio considerable lustre a aquellas sesiones, que George W. Bush intentó contraprogramar con otros cónclaves más en su línea.

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